viernes, 22 de julio de 2016

Editorial: el PSOE no se puede arrinconar


Después de la breve XI legislatura parece que los partidos han arrinconado la hipótesis de una nueva repetición de elecciones. Una repetición electoral estaba en las quinielas de todos los partidos en enero, principalmente del PP y Podemos que esperaban sacar réditos de la polarización en nuevos comicios. Al final solo uno de ellos disfrutó del éxito de tal hipótesis. Pero en este caso en la mente de todos está alejar el fantasma de la repetición electoral. Sería un desastre político nacional e internacional. Pero ello no impide que este desastre sea una baza negociadora. En este caso aparecer como el responsable de unos terceros comicios podrían suponer la muerte de un partido político. 
Con todo, parece que los partidos han desempolvado sus maquinarias y hasta Podemos ha dejado la cantinela de negociaciones en Streaming para, de forma más secreta de lo que había defendido a principios de año, lanzarse a negociar. 
Esta semana ha tenido lugar la configuración de las Cortes y, con ella, de sus órganos rectores. De los cuales el de mayor trascendencia, por tratarse de la tercera magistratura del Estado, es la Presidencia del Congreso de los Diputados. Aunque hasta ahora se trataba de un cargo simbólico, el final del bipartidismo como lo conocíamos ha devuelto al Parlamento el protagonismo, por eso el partido que controle sus tiempos se anota un importante tanto. 
No solo eso, a nadie se le escapa el hecho de que las negociaciones sobre la presidencia de la cámara van íntimamente ligadas a la investidura de un PM, así que los partidos jugaron sus cartas en este sentido. 
El PP maniobró muy bien, aparentemente. Se quiso reservar el control de la cámara y lo ha conseguido. Ha colocado a un cercano colaborador de Rajoy en la presidencia y se ha asegurado el apoyo de Ciudadanos para ello. Así, el centro-derecha se asegura cinco de los nieve miembros de la mesa, incluyendo dos puestos para Ciudadanos.
Ciudadanos ha salido muy bien parado de esta negociación. Personalmente creo que el que más. Sin tener derecho a un solo puesto en la mesa debido a su merma electoral, Cs se hace nada menos que con la vicepresidencia primera y una secretaría. El PP cedió semejante botín ante la esperanza de que Cs tornase su abstención a Rajoy por un SI y trasladase al PSOE la presión de la investidura. No pocos barones socialistas habían hecho público que sería muy difícil decirle NO a Rajoy si éste se presentaba ante la cámara con 170 votos afirmativos. 
El PSOE, por el contrario negoció, según mi opinión, francamente mal. Sánchez parece haber copiado la estrategia que tan bien le salió a Rajoy durante la pasada legislatura. Desde la noche electoral ha desaparecido para que los focos se centrasen en el PP, cuya victoria le otorga la iniciativa de formar gobierno. Personalmente hasta aquí no me parecía mala estrategia, puesto que tanto Podemos como el PP seguían volcando todo tipo de responsabilidades hacia el PSOE. El PP la abstención y Podemos la iniciativa para formar un gobierno alternativo. 
El cálculo del PSOE, con el que coincido, es que el PP forme gobierno y, a ser posible, con otros apoyos que le permitan salvar la cara con un voto en contra. Así el PSOE se asegura la legitimidad de liderar la oposición (legalmente ya lo es al ser el segundo partido) y relega a Podemos a mero tercer partido. Muchos pensamos que la normalidad parlamentaria, lejos de asegurar a Podemos como alternativa según defiende su líder, lo va a desgastar enormemente. La retahíla de fracasos parlamentarios que ha cosechado durante su breve estancia en el parlamento indican un amateurismo que afianza esta hipótesis. 
Pero a mi entender, el PSOE encaró muy mal las negociaciones para la formación de la mesa del congreso. Partió de premisas falsas y por ello el resultado de las negociaciones terminó en fracaso.
La primera de las falsas premisas fue creer que Podemos era un partido fiable, nada más lejos. Podemos es un partido que solo puede crecer a costa del PSOE. Los dos partidos no pueden ocupar el mismo espacio político a la vez, así que el futuro de uno pasa irremediablemente por el fracaso del otro. Pablo Iglesias sabe esto muy bien. Por eso cuando el PSOE estaba negociando con Errejón la configuración de la mesa del Congreso, Iglesias se preparaba para pactar con los nacionalistas su propio candidato: Xabier Doménech, colocando así al PSOE ante la tesitura de votarles a ellos o aceptar el candidato del PP. Hay que decir que el PSOE pecó de novato pensando que en Podemos Errejón sigue siendo un interlocutor válido. Después de la purga de Enero y de ver cómo Iglesias no tuvo escrúpulos en puentear a su número dos, los socialdemócratas han constatado lo difícil que resultan los contactos con la formación morada. 
Por su parte, Podemos pecó de novato pensando que los nacionalistas iban a dejar de lado su ideología para echarse en brazos de la nueva política. De ahí la sorpresa del profesional politólogo Pablo Iglesias al ver que la derecha Catalana y Vasca pactaba (a cambio de grupo parlamentario propio) con la derecha Española. 
Lo que es menos comprensible, desde mi punto de vista, es la poca pericia del PSOE. Los socialdemócratas sabían que, a pesar de contar con una supuesta buena voluntad de Podemos, los números no daban para sacar adelante a Patxi López y menos sin ayuda de los grupos nacionalistas. Así que, no comprendo que el PSOE haya optado por una automarginación dejando espacio a Iglesias para hacer su propia política. 
El PSOE pecó de ingenuo pensando en que era posible un pacto con Cs y Podemos a la vez para reelegir a López. Cualquier observador ya tendría bastante claro que, tras fracasar la investidura de Sánchez, ambos partidos eran por completo incompatibles. Intentar repetir semejante movimiento es de necios. 
El propio Iglesias se dio cuenta de que los números no daban cuando, en un intento de última hora,  buscó el apoyo recíproco del PSOE para apoyar al candidato que pasase a segunda vuelta. El PSOE respondió airadamente que su candidato era Patxi López pasase lo que pasase. Semejante respuesta evidencia el malestar entre los socialdemócratas por la jugarreta de Iglesias. 
El hecho de que el PSOE haya desechado intentar formar un gobierno alternativo es otra de las consecuencias de esta falta de confianza hacia Podemos. ¿Qué clase de alianza se puede forjar con un partido donde, a la mínima, su líder actúa por su propia cuenta ignorando a su propio negociador y a su supuesto socio?
Así pues, configurada la mesa del congreso se ve el gran triunfo de Ciudadanos y lo precario del pacto del Partido Popular. El acercamiento a grupos nacionalistas parece estar espantando a Ciudadanos que ha amenazado a Rajoy pasar de la abstención a la negativa en su inestidura si sigue en manos de los nacionalistas. Con lo que la pelota vuelve otra vez al tejado del PSOE. Por eso creo que lo más hábil por parte de los conservadores hubiera sido dejar la presidencia para los socialdemócratas y una vicepresidencia a Cs de manera que atase a ambos lados del espectro ideológico. Si al final como parece todo reside en una abstención del PSOE, la presidencia del Congreso hubiera sido un caramelo que podría hacerla algo más digerible. Ahora con dos mediocres puestos en la mesa y apeado de la presidencia parece que el voto negativo de los socialistas se ha afianzado, alejando la posibilidad de una abstención. 
De esta situación es también responsable el propio PSOE que ha optado por negociar con quien sabía no daban los números y desechar una opción similar a la de la legislatura pasada. 
El Partido Socialista no solo es el líder de una futurible oposición, sino que debe actuar como tal y no debe dejarle ese espacio político a Podemos. Iglesias es muy hábil y sabe que se encuentra en una posición marginal del Congreso, fuerte pero apartada de las negociaciones. Si el PSOE quiere que el trabajo parlamentario termine de achicharrar a quien es su enemigo político (declarado) debe dejarle el menor margen posible. 
La ingenuidad de los socialdemócratas al negociar con Podemos dejó en evidencia su derrota. Aunque también evidenció que la división dentro de la formación morada está lejos de solventarse, puesto que según parece, Iglesias llevó a cabo negociaciones paralelas sin el conocimiento de su número dos. 

lunes, 11 de julio de 2016

26J


El pasado 26 de junio la ciudadanía fue llamada a las urnas después una brevísima e infructuosa XI legislatura.
Muchos han tildado esta segunda convocatoria electoral como fracaso de la clase política al devolverle la pelota a la ciudadanía. Estoy de acuerdo a medias. Sí es un fracaso de clase política que no supo ponerse de acuerdo para sacar adelante un ejecutivo. Pero no coincido con quien aseguraba que eran seis meses perdidos. En mi opinión los seis meses de la XI legislatura hicieron que los electores acudiesen a las urnas habiendo dilucidado una serie de incógnitas que sobrevolaban la política en diciembre.
Por un lado la estrategia del PM de no moverse resultó ser un auténtico éxito. Emulando el consejo que Cela le dio a un joven Juan Carlos, en España quien aguanta gana, Mariano Rajoy sacó el mayor de los provechos de estarse quieto. En primer lugar no se expuso a una sesión de investidura que habría supuesto un plebiscito sobre su gestión, así que prefirió que fuesen otros los que se chamuscasen.
El PSOE se expuso al aceptar el encargo del Rey para formar gobierno. Los socialistas vieron una ventana de oportunidad para acceder al gobierno y, de no hacerlo, al menos sería visto como el único partido responsable que dio un paso al frente cuando se avecinaba una parálisis institucional.
Ciudadanos se sumó a la estrategia del PSOE y, consensuando un programa de mínimos, de puso el traje de la responsabilidad institucional mientras el PP le seguían cayendo escándalos en Valencia.
Podemos, por su parte, siguió la estrategia de la oposición de la oposición. Sus resultados aunque buenos en diciembre no habían conseguido la tan ansiado sorpasokización. Es decir, sobrepasar al PSOE por la izquierda y, con ello, arrinconar a los socialdemócratas a la irrelevancia política. Así que su cálculo era evidente, forzar unas segundas elecciones en busca de una nueva oportunidad. Intentó desgastar al PSOE todo lo que pudo en las negociaciones para hacer ver al electorado que era su alianza con ciudadanos la que había arrastrado al país a unos nuevos comicios.
La estrategia de Podemos era el ser visto como la auténtica oposición al PP, mientras el PSOE se había centrado demasiado de la mano de ciudadanos.
Y así se convocaron nuevas elecciones para el 26J
Tanto la precampaña como la campaña se polarizaron en exceso. Parecía haber solo dos opciones, o bien el continuismo de la derecha del PP, o bien un cambio político que sólo podía ser capitaneado por Podemos. Los socialistas estaban amortizados, habían propuesto un gobierno de centro que fue dinamitado por populares y podemos. Cada uno en busca de los réditos electorales de unos nuevos comicios.
Así pues, la campaña de junio puso al PSOE y Ciudadanos entre la espada y la pared del voto útil. No resultaba útil votar ni a uno ni a otro, votar ciudadanos era tirar el voto por la derecha y el PSOE no representaba el cambio que amplias capas de la sociedad deseaba.
Podemos por su parte, para aprovechar esta segunda oportunidad, no desechó la alianza con Izquierda Unida que sí había despreciado en verano. Los cálculos de Iglesias era, al menos, sumar el millón de votos que IU había cosechado el 20D y que, gracias a la ley D'Hont, haría caer los diputados en liza del lado de Podemos. Así pues firmó una alianza con IU que relegaba a ésta última a un puesto secundario, a cambio de asumir la millonaria deuda de IU.
Éstos planteamientos fueron alimentado por la totalidad de las encuestas que auguraban el sorpasso de Podemos en votos al PSOE, aunque en escaños no estaba nada claro.
La unanimidad de las encuestas en esta cuestión polarizó la campaña aún más y arrinconó al PSOE en la disyuntiva de apoyar un gobierno del PP o bien ser la comparsa de Unidos Podemos en un gobierno "del cambio".
La pericia de Iglesias se basó en dos hazañas, la primera es que todos dimos por hecho el sorpasso y la segunda fue juntar 16 partidos en su alianza de manera que recogía votos de muy diversas fuentes.
El PSOE hizo una campaña mediocre debido a este acoso por izquierda y derecha. Y Sánchez hizo lo único que podía: evitar a toda costa responder a quién iba a apoyar en un futurible gobierno y actuar como lo que aún era: el principal partido de la oposición. Quién iba a decir que descargar la responsabilidad de unas nuevas elecciones en iglesias y podemos daría resultados. La machacona cantinela de Sánchez responsabilizando a Iglesias de no lograr un cambio en el ejecutivo terminó por traducirse en la abstención de más de un millón de votantes de podemos.
En esto Podemos y PP coincidían. El PP conseguía alejar los focos de los cuatro últimos años para centrarlos en la gestión del PSOE de los seis últimos meses, y Podemos con ello podía presentarse como la única alternativa al PP.
Al final, el 26J le dio la razón a solo uno de ellos: al PP.
Los resultados electorales evidenciaron dos fracasos: el primero de ellos atañe a todas las encuestas. Todas sin excepción se equivocaron y la única fiable fue el resultado de diciembre. Resulta que el PP no bajó, todo lo contrario, ganó 14 escaños. El PSOE aguantó mejor de lo esperado y no hubo el tan cacareado sorpasso. El segundo gran fracaso de la noche fue el de la alianza de UnidosPodemos. Todo parecía indicar que, por lo menos, ambas formaciones se quedarían con los mismos votos, con los que Iglesias sumaba a los suyos y las confluencias otro millón más de IU. 
Por tanto, por una vez en las elecciones generales no todos ganan. Hay un claro vencedor y fracasos estrepitosos dignos de comentar.
El vencedor de la noche fue el Partido Popular. Sin paliativos. Mariano Rajoy, visiblemente afectado, salió al balcón de Génova 13 a celebrar unos resultados que mejoran los de diciembre. Su estrategia de no hacer nada, esconder al candidato y polarizar el voto le había dado resultado. Aunque no creció mucho en número de votos, sí tradujo en diputados el voto recuperado a Ciudadanos. Aquí pesó más el voto útil que la cascada de escándalos de corrupción que no dejaron de salpicar al PP durante la breve legislatura. Reconozco que, en esta misma bitácora, critiqué el inmovilismo del PM, pero a la vista de los resultados se ha mostrado una estrategia ganadora. 
Si las opciones de formar un gobierno alternativo eran reducidas en diciembre, ahora son prácticamente inexistentes.
Es difícil imaginar un ejecutivo que no pase por el Partido Popular que no nos aboque a una nuevas elecciones.
El Partido Socialista salva los muebles. Aunque ha cosechado los peores resultados (otra vez) de la historia de la III Restauración, a nadie se le escapa que, dado lo que se le venía encima, ha salvado muy bien los muebles. Hecho que dará alas a Sánchez para continuar en la secretaría general a pesar de sus magros resultados. Ha descendido solo unos cien mil votos, pero que curiosamente se ha traducido en unas décimas más del electorado. Con 85 diputados, cinco menos que en diciembre, el PSOE vuelve a ser el árbitro de la situación política, pero sin opciones a intentar una nueva investidura. Sánchez desechó tal opción la noche electoral descargando la responsabilidad de un nuevo ejecutivo conservador en la actuación de Iglesias y Podemos durante la XI legislatura. Los distitos líderes territoriales avalaron tal opción cerrando todas las puertas a una negociación con Podemos, mientras el líder del PSOE hizo lo mas cabal, desaparecer. Si al PM le dio tan buen resultado, él mismo sigue sus pasos. Personalmente creo que es la mejor opción. La responsabilidad de edificar un ejecutivo le corresponde al PP y a Mariano Rajoy, la exposición de Sánchez y del PSOE no sirve de nada y erosionaría al partido. Así que es mejor dejar que quien ha ganado las elecciones lo intente y quienes las han perdido se achicharren ante la luz de los focos.
Por otro lado, Podemos fue el gran perdedor de la noche electoral. Aunque en escaños se quedan como estaban (69 de Podemos, compromís, mareas, comú-podem+Unidad Popular-IU) en votos se dejan algo más de un millón. Sólo la alianza con IU hizo que la ley D´Hont no tradujese esa pérdida de votos en un descalabro en escaños. Una doble derrota que el propio Iglesias achacó a que, por primera vez, los electores iban a votar con memoria de lo sucedido en la brevísima XI Legislatura.
Pero como digo muy a menudo, en política los éxitos y los fracasos se miden en función de las expectativas. Las de Podemos eran dos, adelantar al PSOE y convertirse en la fuerza hegemónica de la izquierda y forzarles a pactar con ellos para alcanza la Moncloa. Iglesias entró en el teatro Goya desde el de siguió el escrutinio como PM y salió como líder del tercer partido(s). A pesar de no perder escaños, Podemos no ha conseguido ninguna de sus objetivos. Se abre con este doble fracaso un futuro incierto para la formación morada.
Muchos pensábamos que Podemos era un arma de un solo disparo que tuvo la suerte de tener una segunda oportunidad. Ha fallado en ambas ocasiones situando a su partido en la marginalidad del espectro político. Se está viendo en estos días que el portazo del PSOE a cualquier dialogo con Podemos les está situando en la irrelevancia y que su supervivencia como terceros partidos de la oposición se antoja muy complicado. Veremos si las confluencias aguantan en el seno de Podemos. Por el momento Compromís ha reiterado su voluntad de irse al grupo mixto de no conseguir grupo parlamentario, algo que es casi seguro que no logrará. Si la legislatura dura, se pondrá a prueba la resistencia de las alianzas de podemos, porque recordemos que IU+Podemos tienen 45 escaños y tres millones y medio de votos si las confluencias comienzan a abandonar el barco.
Se leía en la prensa que el fracaso de Podemos pone en tela de juicio el liderazgo de Pablo Iglesias y es una verdad a medias, porque si la repetición de elecciones fue una apuesta personal suya en busca del Sorpasso, no es menos cierto que no hay vida en Podemos más allá de Pablo Iglesias. La mayor virtud del partido es, a su vez, su mayor debilidad y ésta reside en el hiperliderazgo de Pablo. Pero es que hoy por hoy no hay ninguna figura dentro del partido que que pueda ejercer el liderazgo y atraer la fascinación que ejerce Pablo Iglesias.
Ciudadanos fue el otro gran perdedor de la noche, aunque en votos solo retrocedió trescientos mil, eso se tradujo en una pérdida de ocho escaños. Probablemente se tratase del voto prestado del PP que retornó al redil ante la repetición electoral en busca del voto util. Tal vez el pacto con el PSOE le lastrase y para eso muchos votantes prefirieron retornar al PP. Pero lo que parece más evidente es que los treinta y dos escaños de Ciudadanos son más decisivos ahora que los cuarenta de la pasada legislatura. Casi la totalidad de los analistas dan por descontado una alianza entre Cs y el PP para la investidura, acercando a Mariano Rajoy a la mágica cifra de 176 escaños. Veremos quién más se sube al carro. 
Como culebrón de verano, estará más interesante que los devaneos del defraudador Messi o los fichajes de Florentino. 

lunes, 4 de julio de 2016

Brexit


La semana pasada se confirmó lo que parecía una posibilidad muy plausible pero que había ido perdiendo fuerza en las encuestas. El Reino Unido votó por la salida de la Europa Comunitaria y se lanza al abismo donde se encuentran Bielorrusia, Albania o Serbia.
Una semana después del referéndum está quedando bastante claro que todo lo que le rodea fue, es y será un completo desastre. Pero vamos por partes.
La propia convocatoria del referéndum fue un desastre sin paliativos y respondió solo a problemas internos, no ya del Partido Conservador británico, sino de la figura de su PM. David Cameron había ganado las elecciones por mayoría simple en 2010, algo muy inusual en el sistema mayoritario británico que no se había dado desde los años 70. Esto situó al PM en una situación de debilidad en su propia bancada al obligarle a pactar un gobierno en minoría con los Lib-Dem mientras la extrema derecha eurófoba amenazaba con restarle votos. Parte importante de la bancada conservadora veía con buenos ojos el ideario (por llamarlo de alguna forma) anti europeo y antiinmigración del UKIP, así que el PM cometió el común error de adueñarse de la agenda del UKIP para intentar neutralizarlo. Eso le llevó a la promesa de un referéndum que se celebraría antes de 2017. Referéndum que no era una demanda de la sociedad, solo una fuente de inestabilidad personal del PM. 
Y es que David Cameron es, sin duda, un personaje con suerte que salió por los pelos del atolladero del referéndum escocés y pensaba que con esta consulta enterraría la cuestión euroescéptica durante los siguientes treinta años. Contra todo pronóstico Cameron ganó las elecciones de 2015 con una mayoría absoluta muy fuerte y se enfrentaba a un partido Laborista que había elegido un líder, Jeremy Corbyn, sin ninguna posibilidad de ganar unas elecciones. Pero David había prometido un referéndum y la parte eurófoba de su bancada se lo demandó. 
Negoció con Bruselas un nuevo acuerdo de relación bilateral sumamente ventajosa con Londres que levantó no pocas ampollas en los círculos comunitarios. 
Londres blindaba la City como principal plaza financiera del continente y seguía siendo sede de las compañías de compensación que convierten los títulos en euros. Conseguía un importante recorte en la solidaridad europea al recortar el acceso a derechos sociales de ciudadanos comunitarios. Por si fuera poco, se le prometía a Londres eliminar del preámbulo de los Tratados de la Unión la muy simbólica frase de "Con el fin de alcanzar una unión más estrecha".
Se trataba de una serie de concesiones enormemente generosas con el Reino Unido que permitía al PM lavar la cara y pedir el voto por la permanencia. Pero eso no impidió que el propio partido conservador se fracturase durante la campaña. Estaba bastante claro que el popular alcalde de Londres, Boris Johnson, iba a sumarse a la campaña del Leave por motivos personales. No creo que Johnson esté realmente a favor de el Leave o de nada en absoluto, lo hizo como un medio para sustituir a Cameron en Downing Street. A éste se le sumaron algunos miembros destacados del gabinete como el ministro de justicia Michael Gove. 
Pero los referéndums los carga el diablo y, al haber solo dos opciones posibles de voto, polariza mucho el debate político y suelen centrase en los sentimientos más que en argumentos racionales, algo que entendió muy bien la campaña del Leave.
El proceso del referéndum fue también un desastre sin paliativos aunque lo descubriésemos el día después de su celebración. Se dijeron mentiras y muchas medias verdades, sobre todo en el bando del Leave. La alineación de la gran banca y empresa hizo muy fácil al UKIP apelar a las clases populares más castigadas por la globalización que la mejor opción era regresar en una burbuja a 1950 cuando Inglaterra todavía era un imperio, una auténtica quimera. 
El segundo argumento era que el Reino Unido perdía más de lo que ganaba estando en la UE. Farage prometió en repetidas ocasiones que con lo que UK dejaría de aportar al presupuesto comunitario, se podría inyectar cien millones de Libras a la semana en el sistema nacional de salud y en educación. Algo que él mismo desmintió al día siguiente. 
El tercer argumento es el control de las fronteras. Los Británicos recuperarían el control de sus fronteras, como si no las controlasen ya al estar fuera de Schengen; sea como fuere hoy día es la colaboración con Francia la que frena la inmigración ilegal. Se defendió que Turquía estaba a las puertas de entrar en la UE con toda la inmigración que ello podría suponer, nada más falso, ya que Turquía sigue en espera desde los años sesenta. 
A la fuerza emotiva y los pesos pesados de la campaña del Leave, se le unió la apatía de los Laboristas. Los resultados han mostrado que fueron las grandes bolsas obreras, feudos laboristas, donde la balanza se había inclinado hacia la salida. El partido laborista y su líder, Jeremy Corbyn, defendió la permanencia pero sin ninguna fuerza. Los únicos laboristas que se pasearon por los platós e hicieron una buena campaña fueron Tony Blair y Gordon Brown, pero la impopularidad del primero y la tardanza del segundo a salir a la palestra hicieron del esfuerzo insuficiente. 
Los partidarios conservadores del Remain se centraron en los fríos análisis económicos y fueron víctimas de las propias mentiras que sobre la UE llevan décadas vertiendo. Distintos gobiernos llevan ocultando al público británico que esas zonas deprimidas que optaron por el Leave llevan años recibiendo fondos europeos, fondos que hoy mismo George Osborne dijo que sería imposible sustituir. 
Los pescadores británicos gozan de la segunda mayor cuota de pesca de la UE y ahora están en vías de encontrarse fuera de los caladeros comunitarios y extracomunitarios donde tendrán que abordar largas negociaciones bilaterales. 
Pasado el referéndum se evidenció que no había ningún plan solvente para gestionar el Leave. El propio Boris Johnson declinó festejar su victoria y solo el inconsciente descerebrado de Nigel Farage lo celebró como una fiesta de independencia. Esta semana el Reino Unido se mueve cual gallina sin cabeza. La política interna está impregnada de un enorme caos, los principales partidos están descabezados o en grave crisis interna, la libra en caída libre y la economía ha iniciado una senda incierta.
A pesar de que el PM dijo que no tendría por qué dimitir de ganar el Leave, la misma mañana del resultado salió a anunciar su dimisión en diferido para otoño, de manera que sería otro líder quien acometiese la labor de iniciar el divorcio europeo. 
Parecía que Theresa May se enfrentaría a la estrella conservadora que capitaneó la campaña del Leave, Boris Johnson, pero resulta que el Brexit también dejó a los conservadores como pollo sin cabeza. El ministro de justicia Michael Gove parece haber dado un golpe palaciego y después de asegurar que apoyaba a Johnson ha propiciado la renuncia de a postularse. 
Los laboristas no están en mejor situación. Podría haber sido oportunidad de oro para un partido que venía apoyado la permanencia a la UE y con alguno de los PM más eurofilos de la política británica. Pero la tibia campaña de un líder que nunca fue aceptado por sus parlamentarios es su estocada final. Durante la presente semana, Jeremy Corbyn perdió una importante moción de confianza sobre su labor como líder de los laboristas. Corbyn había ganado unas primarias abiertas pero siempre contó con el recelo de sus propios diputados. Esta semana la moción y la dimisión del 40% de su propio gabinete en la sombra le sitúa en una posición insostenible. 
A la política de partidos se le ha sumado una fractura territorial. El voto por el Leave se ha concentrado en Inglaterra y Gales, pero Irlanda del Norte y Escocia optaron mayoritariamente por el Remain. Irlanda del Norte no tiene frontera alguna con la república de Irlanda y sus relaciones comerciales y sociales son, tras años de conflictos, fluidas y fructíferas. Unas relaciones que van a cambiar muy a su pesar. En qué medida afectará a la isla en su conjunto está por ver, pero ambas partes es muy consciente que la amenaza de levantar una frontera física existe.
Más grave es el caso de Escocia. Los escoceses fueron a las urnas el año pasado y votaron, por la mínima, seguir formando parte del Reino Unido. Uno de los argumentos más manidos en la campaña fue que la independencia escocesa los dejaría automáticamente fuera de la UE. Ésta región de la isla siempre ha sido más eurfila que su vecina del sur y este argumento inclinó la balanza a favor de mantener al unido al Reino. Así que ahora los escoceses se encuentran en la macabra ironía de que se pueden quedar fuera de la UE por la salida del país en su conjunto. Así que, el mismo día de la elección, el fantasma de un segundo referéndum ha sobrevolado la política interna británica. La ministra principal de Escocia ha argumentado, con razón, que el voto de los escoceses para seguir en Reino Unido estaba condicionado a la permanencia en la UE y que el Brexit había cambiado la situación radicalmente. Por ello ya ha anunciado la petición de un segundo referéndum. 
A la caótica situación política se le está uniendo el pánico económico. Las bolsas continentales y el FTSE habían cerrado al alza en los prolegómenos de la consulta ante unos sondeos que daban ventaja a la permanencia. 
La apertura de las bolsas tras el resultado dieron lugar a un batacazo generalizado. La libra se despeñó hasta posiciones de los años ochenta en una sola jornada. Las bolsas continentales bajaron de forma general con especial incidencia en Milán y Madrid que se dejó casi un 20%. 
La economía se verá lastrada hasta que no se concreten los términos del divorcio con Bruselas y, hasta en eso hay diferencias con Bruselas. 
La reacción europea no se hizo esperar y, aunque hubo diferencias en el tono, el mensaje es el mismo: fuera es fuera y el PM debía iniciar cuanto antes la senda del traumático divorcio activando el artículo 50 de los Tratados de la Unión. Los más duros fueron el Presidente de la Comisión, el Presidente francés y el presidente del parlamento Europeo. Instaron a Cameron a iniciar cuanto antes el divorcio para acabar con la inestabilidad creada. Todo ello aderezado por el resquemor que el euroescepticismo británico había hecho al proyecto europeo a lo largo de estos años. El Presidente de la Eurocámara fue el que con más optimismo acogió la noticia como una oportunidad para, por fin, iniciar una integración siempre vetada por Londres. 
La más tibia fue ANgela Merkel que, aunque deseaba una relación fructífera entre ambos, se unía a sus colegas en el mensaje de premura para iniciar las negociaciones. 
El profundo malestar entre las autoridades comunitarias viene de lejos, pero se había intensificado significativamente tras el excepcional acuerdo ofrecido a Londres para su permanencia. Muchos altos funcionarios y el mismo Juncker habían declarado inaceptables para el proyecto europeo semejantes concesiones. 
Los conservadores deberán elegir al sustituto de Cameron que llevará el peso de las negociaciones. La mejor posicionada es Theresa May, Ministra de Interior, que había defendido un racional Remain por cuestiones policiales. La lucha contra el terrorismo global que ya ha azotado Londres, requiere de bases de datos unificadas y órdenes de detención continentales como la Europol del que Londres quedaría excluido. No obstante, dado que este tema es sumamente sensible no es decartable que sea el primero sobre el que ambas partes lleguen a un acuerdo satisfactorio. 
Se abre ahora un proceso muy incierto que podría dilatarse dos años prorrogables a cuatro. Paralelamente al divorcio la UE deberá acometer profundas reformas don de se consolide una Europa a dos velocidades que ya existe de facto. Una Europa con instituciones más cercanas a la ciudadanía, en esa dirección se ha posicionado Martin Schulz que ha propuesto la existencia de una Comisión directamente elegida por el electorado. Éstas y otras propuestas comenzarán a plagar la prensa continental de aquí en adelante.