domingo, 2 de abril de 2017

Editorial: recomponer el PSOE.


Ayer, tras mucha precampaña por parte de los candidatos, el Comité Federal ha convocado oficialmente las primarias del PSOE. En principio concurren solo tres candidatos: La actual presidenta de Andalucía, Susana Diaz; el exsecretario general del PSOE, Pedro Sánchez y el expresidente del congreso y ex Lendakari, Patxi López. Sobre el papel los tres parecen buenas opciones, al menos por escrito, pero si conocemos a la persona detrás del cargo y sus actos, la cosa cambia. 
Pedro Sánchez. El exsecretario general sacado a empujones del cargo tras el convulso Comité Federal de octubre que muchos tildaron de golpe palaciego. 
Sus puntos flacos son: dos derrotas en electorales generales y responsable indirecto de otras dos derrotas regionales. Se trata de un candidato con muy poco calado ideológico y aún menos sentido de Estado. Es mal orador, el peor valorado en todos los debates realizados. Su postura un tanto ambigua con respecto a Podemos, lo que le hace sospechosos entre parte de la militancia y gran parte de los cuadros dirigentes del partido. No en vano fue el motivo que precipitó su caída. 
Como puntos fuertes destaca su atractivo personal y su telegenia. Pero más allá del mero aspecto personal, su mayor fortaleza es haberse mantenido fiel a su palabra, a su no a Rajoy. Eso le hace para muchos militantes un candidato de fiar aunque haya reducido la base electoral de su partido a cotas desconocidas para el PSOE en esta III Restauración. El modo en que lo sacaron a golpes de la Secretaria General para forzar una abstención en la investidura de Rajoy es un capital político valioso del que carecen los demás candidatos.
De salir elegido podría darse un efecto Corbyn, es decir, un Secretario General que goza del apoyo de la militancia pero carece de apoyos en los cuadros del Partido y entre los diputados. No es diputado, y eso es un punto muy flaco en un sistema parlamentario. En mi opinión, haber entregado el acta de diputado fue una mala estrategia a largo plazo. A corto plazo le permite aparecer limpio y sin mácula, no ha faltado a su palabra, ni tampoco ha desobedecido las directrices de su Grupo Parlamentario. Pero la política en este país se desarrolla en sede parlamentaria y más en esta legislatura. Sería el único líder de los cuatro grandes partidos que no tendría escaño y no podría liderar la oposición durante la sesión de control al Gobierno ni, lo que es peor, en el Debate sobre el estado de la Nación. Su visibilidad estaría siempre disminuida, cosa que beneficiaría al líder morado. Sus declaraciones carecerían del empaque que le otorga la sede parlamentaria y volveríamos a ser testigos del efecto Hernández Mancha, que lastró la oposición del PP a Felipe González durante finales de los ochenta.
Quien sí se ha visto que tiene un gran número de apoyos (actuales y pretéritos) es Susana Díaz, Presidenta de la Junta de Andalucía. En su contra juega el poco predicamento que parece tener entre la militancia, el hecho de aparecer como la conspiradora que propició la caída de Pedro Sánchez y, para algunos, ser la más conservadora de quienes se presentan a la Secretaría General. Parece también tener poco predicamento entre el electorado de centro-izquierda fuera de Andalucía. Hasta hay un chiste que la compara con la cerveza Cruzcampo por la poca popularidad que tiene en el resto de España. Los apoyos recibidos también pueden ser un punto negativo frente a la militancia más joven del partido que no solo no se ve reflejado en los líderes reunidos en IFEMA la semana pasada, sino que los considera parte del problema ideológico del PSOE que ha llevado al partido a posiciones demasiado centradas o, incluso, social-liberales.
Un punto negativo que comparte con Pedro Sánchez es el hecho de que tampoco es diputada en Cortes Generales. Muchos se han preguntado si renunciaría al cargo de Presidenta regional de salir elegida, no parece que ese vaya a ser el caso, pero si espera trasladar el foco de la confrontación parlamentaria de Madrid a Sevilla le auguro poco éxito y estaría dando munición a líderes regionales menores de otros partidos para que brillen con luz propia a su costa.
Sus puntos fuertes radican en que es la única candidata que ostenta un cargo de gobierno, y uno tan importante como la presidenta de una región de más de ocho millones de habitantes, una posición que puede jugar a su favor. Es la única socialista que ha mantenido una autonomía en manos del partido cuando el mapa se tiñó de azul en el 2011 y que ha reeditado una victoria del PSOE en un mar de resultados mediocres. Cuando todo lo demás parece fallar algunos creen que las victorias en Andalucía son el aval más firme que se puede extrapolar al resto del Reino. Veremos.
El tercer candidato en liza y que dependiendo de las encuestas quedaría en segundo o tercer lugar es Patxi López, ex Lehendakari y ex presidente del Congreso. Tiene apoyos modestos de antiguos Sanchistas y, resulta muy curioso, que carezca de primeras espadas debido a lo que ha sido para el partido. Sus puntos flacos son no gozar de grandes apoyos, y un apoyo no demasiado entusiasta por parte de la militancia. Fue el primero que se postuló para la secretaría general y no despertó mucho entusiasmo ni mucha atención mediática. Está siendo eclipsado por el choque entre Susana y Pedro que parecen representar las dos almas del PSOE. Patxi es un candidato centrista y podría acaparar votos de unos y otros, pero parece que la carnicería está servida y polarización de la campaña corre en su contra.
Sus puntos fuertes radican en que podría tratarse de un candidato de consenso que no levanta ampollas en ninguno de los dos bandos. Tras las primarias es quien parece tener más fácil la tarea de unir al partido. Su segundo punto fuerte es el gran perfil institucional, no solo fue presidente en una autonomía vetada a los partidos nacionales, sino que lo fue con apoyo del PP, lo que es un añadido para llegar a consensos, algo muy necesario en la presente legislatura. Fue el Presidente de la Cámara durante la breve XI legislatura y gracias a su capacidad negociadora dejó a Podemos fuera de juego dos veces en la mesa del Congreso. Por último, y no menos importante, tiene un escaño en el parlamento, lo que le permitiría, de ser elegido Secretario General, efectuar una labor de oposición más eficaz. Un Secretario General del PSOE con escaño parlamentario ostentaría el lugar que le corresponde como líder de la oposición.
A no ser que quieran instaurar en el PSOE la bicefalia que tan bien ha funcionado en el PNV, la idea de un secretario general del PSOE sin presencia en el parlamento me parece un escollo difícil de salvar. Personalmente, no me disgusta la idea de un líder del partido separado de las labores parlamentarias para mantener a salvo las esencias del partido y marcar distancias ante las desviaciones tácticas de la vida parlamentaria. Esta visión era la que defendía Pérez Tapias en las anteriores primarias del PSOE. Entendía que la labor parlamentaria se acercaba más a la política de realidades que a la política de intenciones y ahí, en las intenciones, en las promesas y la ilusión debe residir el líder de un partido, pero no necesariamente un candidato. 
El mayor problema al que se enfrenta el PSOE no es tanto de liderazgos como de credibilidad. Las dos son distintas caras de una misma moneda: encontrar un buen líder que dote al partido de la credibilidad que ha perdido. 
Los más de cinco millones de votos en los que se ha quedado el PSOE son una base electoral nada desdeñable dado el calado del candidato que presentaron a la Moncloa, pero obviamente no es suficiente para ganar las elecciones. Los tiempos en los que el bipartidismo hacia que, tras el desgaste del contrario, la Moncloa cayese de forma casi automática en manos del otro partido, han pasado. Ahora el partido tiene la responsabilidad de presentar al mejor candidato posible porque su credibilidad depende ello. 
Ésta puede ser una elección trascendental que marque el carácter del PSOE. Es evidente la importancia de Andalucía para la existencia del partido. Siempre he defendido que el PSOE no seguiría la senda del PASOK porque tenía el granero andaluz. Pero podía darse el caso de ser relegado a una especie de partido regionalista. De ganar Susana Díaz, el PSOE corre el peligro de ahondar en esta tendencia regionalista andaluza y desencantar a los demás territorios. 
Una victoria de Sánchez daría mayor independencia al aparato del partido no solo respecto a  Andalucía, sino también de su propio pasado. La cuestión sería en qué posición queda Susana Díaz. De quedar en segundo puesto por detrás de Sánchez aún tendría posibilidad de moldear la Ejecutiva saliente de las primarias. Pero, de quedar tercera como le augura alguna encuesta, su influencia se vería totalmente diluida. 
Sea como fuere ambos tendrían muy complicado configurar una Ejecutiva de consenso que terminase de unir al partido. Los dos representan visiones prácticamente irreconciliables en la que se mezcla una animadversión personal y eso parece haberse trasladado a los militantes que apoyan a uno y a otro. 
Por ello, personalmente, creo que la candidatura de Patxi López es la mejor situada para acometer semejante labor. No solo tiene menos rencillas con unos y otros, sino que su perfil institucional y su puesto como diputado le sitúan como el mejor de los candidatos. 
Considero que el PSOE tiene mayores y mejores perspectivas para recuperar su credibilidad con Patxi López como Secretario General. Además, en mi opinión, supone una base solvente para reconstruir el apoyo del electorado. En un país cuya sociedad se autodefine mayoritariamente como de centro-izquierda, recuperar los valores de la socialdemocracia clásica es vital para el Partido. Sería una negligencia dejar escapar la oportunidad de copar ese espacio de centro-izquierda que Podemos está abandonando a toda velocidad tras la victoria del líder morado en Vistalegre 2. El país necesita una oposición digna de tal nombre que trascienda las bufonadas y salidas de tono de quien se dice "gobierno en la sombra". Es imperativo para la vida política y la estabilidad del Reino que el PSOE recupere el espacio perdido. No en vano, hasta el propio Pablo Iglesias reconoce que el PSOE es el partido sobre el que pivota la III Restauración, de ahí la urgencia por recomponer la socialdemocracia española. Nos va la estabilidad en ello. 

martes, 31 de enero de 2017

Editorial: propaganda, prensa libre y democracia


La confrontación entre democracia y autocracia ya no se libra en el campo de batalla sino en la conciencia de los ciudadanos. Sí, digo ciudadanos porque los habitantes de las autocracias son súbditos de sus regímenes y tienen una oferta que se limita a los medios de propaganda en manos del autócrata de turno.
El campo de batalla real está en la mente y opiniones de los ciudadanos de las democracias occidentales. 
Términos como Postverdad o "alternative facts" tristemente han aparecido para quedarse y esconden una verdad muy simple: son mentiras, falsedades sin doblez alguna con una intencionalidad política de lo más espúrea: moldear una sociedad más cerrada, menos plural y más permeable a los delirios del autócrata de turno. 
El desprestigio de medios tradicionales se ha producido por motivos endógenos y exógenos. 
Las causas endógenas son conocidas y bien cacareadas por los agitadores populistas. Su cercanía al poder los hace sospechosos de partidismo y parcialidad. No solo eso, el hecho de que se trate de empresas privadas los hace dependientes de intereses económicos de los que no siempre escapan a la hora de informar. Esto merma su credibilidad y con razón. Conexiones políticas y económicas que son hábilmente aprovechadas por los enemigos de la prensa tradicional. 
Las causas exógeneas debemos buscarlas en los ataques de los que la prensa tradicional está siendo objeto. La mejor de las mentiras son las medias verdades, así que quienes tratan de desprestigiar a los medios tradicionales mezclan críticas legítimas sobre errores reales con una moralina que descalifica por completo su trabajo y su función para presentar la alternativa del diablo: medios al servicio de autócratas y con un programa político bien definido caracterizado por socavar los cimientos de las democracias occidentales. Se mezcla así el espionaje tradicional con la propaganda. Nada nuevo bajo las estrellas. Siempre hubo medios que eran simple propaganda, sobre todo durante la Guerra Fría ambos bandos hicieron gala de medios que no eran más que mera propaganda. Radio Free Europe o Radio Moscú son dos ejemplos. La BBC durante la II Guerra Mundial fue un instrumento de primerísimo orden al servicio de la victoria aliada. Pues bien, muchos de los que ahora defienden la postverdad hacen enconadas críticas a medios como Radio Free Europe a la vez que proponen y citan fuentes igualmente capciosas. 
Tampoco es vieja la estrategia política de desprestigiar al mensajero. Cuando el mensaje no gusta lo más sencillo es "matar al mensajero". Se consigue con ello centrar la atención en el medio y no en los hechos expuestos por éste, con lo que se hace una enmienda a la totalidad de las informaciones emanadas por éste. 
Además, en no pocas ocasiones son los propios medios libres los que contribuyen a su desprestigio al tirar unos contra otros víctimas de la dictadura de la audiencia y las ventas. 
Otro error en el que caen no pocos medios tradicionales, que es también usado por los defensores de la postverdad (o sea, de la mentira), es confundir información con opinión. Es muy sano tener una línea editorial y que ésta quede clara al lector para que éste sepa a qué medio se enfrenta. Pero mezclar la exposición de los hechos con la opinión o, peor, dejar en el tintero deliveradamente determinados hechos hace mucho daño a los medios tradicionales. En mi opinión el buen periodismo es que aquel cuya información va acompañada de un análisis riguroso y por artículos de opinión (bien delimitados) que el medio considere. 
No voy a entrar en un debate filosófico sobre la verdad o la objetividad. La verdad y la objetividad están en tela de juicio desde el momento en que eliges qué noticia va en portada y cuál a la página treinta. No, el principio rector de la prensa libre debe ser el rigor. Se puede ser subjetivo pero riguroso y aquí es donde han fallado los medios de comunicación empujados por la inmediatez. 
El gran problema al que se enfrenta la prensa es la inmediatez. En la era de Twitter y otras redes, el hecho de tener que ser los primeros en dar una noticia es lo que hace que los medios caigan en errores de bulto y pasen por alto los controles sus de calidad. ¿Como puede ser que El País tire por la borda su prestigio y su propio libro de estilo para publicar una foto de Chávez muriéndose? ¿Era necesario publicarla aunque la foto hubiera sido auténtica? ¿Qué añadía a la noticia? 
En un breve encuentro entre una periodista y Denzel Washington, ésta le preguntaba por las noticias falsas y Denzel, en una magnífica respuesta, le echa en cara la responsabilidad que los medios tienen de ser veraces y no solo vender algo los primeros sin importar si es bueno o simplemente cierto. Denzel hace una gran reflexión: "si no lees los periódicos no estás informado, si los lees estas mal informado", ahí radica la responsabilidad de la prensa libre. Una responsabilidad que jamás se echaran a sus espaldas los medios propagandísticos, puesto que éstos no tiene en el rigor o la verdad sus verdaderos objetivos. 
La prensa anglosajona tiene press ombudsman así como El País tiene el defensor del lector donde se publican periódicamente los errores o abusos que han sido detectado por los lectores. ¿Se imaginan a Rusia Today o China Daily News con alguna sección similar? 
A pesar de lo dicho, no toda la culpa recae, en mi opinión, sobre los medios. El público también tenemos nuestra parte de responsabilidad. No solo a la hora de ser lectores exigentes, sino también como consumidores tramposos. No queremos darnos cuenta que es necesario pagar por lo que consumimos. Estamos tan acostumbrados a leer la prensa en sus ediciones on line en abierto que ahora cualquier intento de cobrar por ello podría suponer una pérdida de lectores inasumible para el medio. Experiencia de ello fue la salida de El País online que, en un primer momento, fue de pago y se vio ampliamente sobrepasado por El Mundo como diario de referencia en internet. El experimento duró poco y le que costó mucho al diario en cotas de audiencia y presencia en la red. Por eso los diarios en España son reticentes a dar el paso hacia el muro de pago. Deberíamos acostumbrarnos a que la calidad hay que pagarla y el futuro de una prensa saludable pasa por buenos análisis y reportajes que lleguen al fondo de la cuestión. Algo que un humilde bloguero o un activista de Twitter no puede hacer. Como decía Denzel Washington, la responsabilidad de la prensa radica en ser veraz y no sólo rápido. No obstante, en España las suscripciones aún están empezando a ser asequibles. En esto los norteamericanos nos llevan ventaja. Fue el NYT el que se lanzó primero a la piscina y los demás medios se quedaron a ver cómo le iba al rotativo neoyorquino. Pero hoy el NYT se financia principalmente a través de las cuotas de sus socios más que de los anunciantes, lo que otorga a su audiencia un poder tremendo. El éxito del NYT fue tal que no tardaron en sumársele los grandes rotativos norteamericanos y hoy es norma lo que ayer era una excepción. En España plataformas como Orbyt de El Mundo o la más generalista Kiosko y más están dando pasos hacia suscripciones mucho más asequibles. 
Pero quienes demonizan a la prensa no se quedan ahí. Desde su púlpito de superioridad moral critican también a quienes consumimos esos medios como si de una droga tóxica se tratase, son apóstoles de auténtica verdad mientras que nosotros vivimos en una especie de matrix autoimpuesto, pero no quisiera que de estas líneas se concluyese que no hay que criticar a los medios de comunicación, es más, una sociedad sana debe de poner en tela de juicio los medios de comunicación a diario, así como a sus gobiernos, para empujarlos a efectuar de una forma rigurosa su labor de información-análisis-opinión. Pero no es una crítica a la labor o calidad de los medios a la que nos enfrentamos con la postverdad sino a un ataque al concepto mismo de libertad de prensa por parte de la propaganda. Quien defiende ese tipo de medios, esa forma de entender la información no esconden sus preferencias por modelos autocráticos y subordinados al líder, al partido o al Estado. No, es lógico que los medios tengan intereses económicos pero se deben al público y a la audiencia aunque sea para vender y eso los hace mejores que la propaganda. De ahí que estén siendo denostados por los populistas. Criticar a un medio de comunicación no es criticar la libertad de prensa, pero la crítica a la que nos enfrentamos por parte del populismo de uno u otro signo es a la libertad de prensa en su conjunto y eso menoscaba uno de los pilares de la democracia que es lo que buscan en último término los propagandistas. No es de extrañar que ante informaciones adversas suelan matar al mensajero y hasta orquesten campañas contra determinados medios. 
Los medios privados podrán tener conexiones empresariales y accionistas ante los que responder, pero se deben a su público. Si el medio deja de vender la empresa pierde y ahí es donde radica el poder de la audiencia. Por eso estoy radicalmente en contra de las subvenciones a los medios de comunicación, los hace rehenes del gobierno y cercenan su independencia. ¿Qué diferencia podrían entonces esgrimir ante Rusia Today o China Daily News? Solo que mantienen una línea editorial medio independiente, siempre que no sea muy molesta. 
RT o China Daily News son tan buenos en sus oficios porque su finalidad no es ser rigurosos. El rigor cuesta trabajo, esfuerzo y tiempo para crearse una reputación. No, su trabajo consiste en la propaganda, simple y llana, en ofrecer una versión capciosa de los hechos sin la espada de Damocles que supone el escrutinio público porque se dirigen principalmente a una audiencia predispuesta a desconfiar de todo, en busca de una postverdad que amolde las injusticias del mundo a un responsable al que podamos señalar y demonizar. La realidad suele ser muy compleja y multicausal. Analizar cada causa de forma rigurosa es el papel de la prensa libre, buscar un cabeza de turco es el papel de los propagandistas, una tarea, sin lugar a dudas, mucho más sencilla.
Es muy dificil para cualquiera, sea un particular, pseudo partido o propagandista decir que defienden la mentira pura y dura de forma abierta. Por eso el neolenguaje del que no pocos políticos hacen gala les ha llevado a usar los eufemismos de postverdad o hechos alternativos que esconden una realidad: son unos mentirosos cuya única misión y objetivo es la propaganda. Y este artículo no es ni verdad ni postverdad, es simplemente una mera opinión. 

domingo, 22 de enero de 2017

El legado de Obama


He querido resucitar la actividad del blog con un artículo que no podía dejar de publicar. Escribiendo de un hombre, de un político, excepcional y no porque sea un gran político y una gran persona, que lo es, sino porque según parece ha sido una excepción en la política norteamericana.
Los que me siguen saben que mi candidata es Hillary Clinton. Lo era en 2008 y lo ha sido este año electoral. Fui muy crítico con el Obama candidato, bien por el rencor por adelantar a Hillary, bien por el aire de estrella de rock que se daba en plena campaña. Detestaba el personaje del "yes we can" porque estaba llamado a decepcionar a su electorado. Al fin y al cabo estamos solo ante un político, pero menudo político. La carrera que durante ocho años ha tenido que librar contra sí mismo ha sido titánica y su labor no ha sido menor. No dejo de leer que su legado está plagado de claroscuros y, tras el terremoto Trump, probablemente queden en pie pocos logros puntuales de sus políticas. Pero la diferencia entre el político y el estadista es precisamente lo que otorga a Obama su sitio en la historia. Su legado es más intangible. El político piensa en las próximas elecciones, el estadista piensa en la próxima generación y la forma de hacer política de Obama ha reconciliado a toda una generación con la política y ese es el gran legado de Obama.
La economía es probablemente el mayor logro del presidente saliente. Con una economía en caída libre y rescatada, Obama, junto con Ben Bernanke en la FED, puso los cimientos para una recuperación que aún no llega en Europa. Inició una política monetaria expansiva que permitió crear doce millones de puestos de trabajo y deja el país en pleno empleo. Pero no fue tan lejos como le pedía en primarias Bernie Sanders, los bancos no han pagado por todos los desastres causados y no es descabellado que regresen a su actividad especulativa.
En política exterior tuvo sonados éxitos y estrepitosos fracasos. Situó en esta cartera a dos pesos pesados, Hillary Clinton y John Kerry, como señal de su compromiso con el mundo. Dio muestras de querer retomar el excepcionalismo americano más idealista de Woodrow Wilson y eso le valió un Nobel de la paz preventivo para empujarle a llevar a cabo la limpieza del desastre que Bush había dejado.
Obama llegó a la Casa Blanca consciente del declive de la potencia norteamericana. Es evidente que Estados Unidos sigue siendo el actor global principal, pero no es menos evidente el auge de China como superpotencia. Las guerras de Iraq y Afganistán supusieron un desastre para Estados Unidos que aceleraron la transición hacia un modelo multipolar.
Obama heredó los conflictos en Oriente Medio y salió bien parado del repliegue en Iraq, pero aún queda demasiado por hacer en Afganistán. Estados Unidos no puede permitirse el lujo de abandonar el país a su suerte al tratarse de un Estado fallido que va camino de terminar desmembrado y dirigido por señores de la guerra.
Los coletazos de la Guerra de Iraq dejaron la desagradable herencia del mal llamado Estado Islámico (Daesh). La desarticulación del régimen de Saddam Hussein sumió al país en un caos que fue aprovechado por Irán para ganar influencia en la región. Con ello se desató de forma más palpable la ya soterrada guerra entre Arabia Saudí y el Irán persa por el liderazgo del mundo musulmán. Los contactos entre Arabia Saudí como patrocinadora de los distintos movimientos wahabistas son numerosos y aquí entra en juego la gran contradicción de la política exterior estadounidense en Oriente Medio: tener como principal aliado en el mundo árabe al principal patrocinador del radicalismo islámico. Uno de los puntos a favor de la gestión de Obama en esta gran contradicción fue la firma del acuerdo nuclear con Irán. A cambio de levantar las sanciones, Irán renuncia a su programa nuclear bélico. Pero no solo eso, gracias a este acuerdo, Irán se une a Estados Unidos y a occidente en su lucha contra el Daesh. Como país persa y Chií se trata de una alianza natural. Este acuerdo con Irán es uno de los mayores logros en política exterior de Obama en aras de normalizar una relación viciada desde la crisis de los rehenes de 1979.
El otro gran dilema al que tuvo que hacer frente la administración Obama en Oriente Medio, este no heredado de su predecesor, fueron las llamadas primaveras árabes. Aquí se entremezclaron el idealismo por la búsqueda de la democracia y la geopolítica. A nadie se le escapa que a una administración como la de Obama, la apuesta por las democracias árabes (por muy contradictorio que sea el término) era un caramelo demasiado tentador como para dejarlo pasar. Así que, en un comienzo, la administración Obama dio cobertura a una serie de movimientos que propiciaron la caída de los gobiernos egipcio, tunecino y que despertó protestas en Libia y Siria.
Las protestas en Libia y el excéntrico carácter del dictador hicieron que Estados Unidos empujase a la OTAN a actuar en pro de los derechos humanos contra el país que tenía el mayor nivel de vida de África. Sin calcular el desastre humanitario que se avecinaba y minusvalorando el carácter tribal de Libia se lanzaron a desarticular un país causando un daño humanitario de primer orden. La oleada de refugiados que día tras día se lanzan al Mediterráneo atestiguan el sonoro fracaso de la operación. Libia es, sin duda, uno de los mayores desastres en política exterior de la Administración Obama. El desastre Libio hizo que la Casa Blanca tirase del freno de mano y dejase de auspiciar estos procesos para colocarse, una vez más, del lado del pragmatismo. Bendijo, así, el golpe de Estado en Egipto que acabó con el experimento democrático que había llevado al partido islamista de los Hermanos Musulmanes al poder en El Cairo y propició el ascenso de una nueva junta militar fuertemente pro occidental. Mientras en Egipto la situación se reconducía del lado de la estabilidad, la situación en Siria no hacía más que complicarse. 
La guerra de Siria es un proceso tan complejo que no me gustaría meterme en semejante atolladero, al menos por ahora. Pero para lo que nos ocupa solo comentar que se entremezclaron las protestas legítimas ante un régimen dictatorial, tensiones geopolíticas entre Rusia-EEUU y el avance del Daesh. Esto hizo que, inicialmente Estados Unidos apoyase a los rebeldes porque aseguraba un doble objetivo, acabar con una dictadura, aparecer una vez más como adalid de la democracia y, de paso, arrinconaba un poco más a Rusia eliminando sus bases en el Mediterráneo oriental. El problema surgió cuando la guerra se alargó, Rusia se involucró activamente y grupos rebeldes se alistaron en el Daesch. Entonces ya no parecía tan buena idea apoyar a la oposición a Al Asad porque no se sabía muy bien de qué lado iba a caer tal apoyo y menos cuando existía el peligro real de que el Daesh llegase a las fronteras de la OTAN. Así que la administración Obama hizo lo único que podía hacer, poner tierra de por medio en el asunto sirio y dejar que Turquía y Rusia se ocupasen. Con todo, la ligereza con la que Estados Unidos se dispuso a apoyar a unos rebeldes de los que poco sabía responde a la tradición de meterse en Oriente Medio cual elefante en una cacharrería y obtuvo los resultados habituales: un desastre absoluto. 
El otro gran momento de la política exterior de la Administración Obama fue iniciar la normalización de las relaciones con Cuba. Tras la caída de la URSS, hacía décadas que la peculiar relación entre Cuba y Estados Unidos carecía de sentido. Pero el enorme peso de la comunidad anti castrista en Florida, Estado clave en elecciones, hacía que ningún presidente que quisiese someterse a la reelección tomase ese camino. Algo que se extendía mandato tras mandato para tampoco perjudicar las opciones de su partido de mantener o alzarse con la Casa Blanca. Parece que Obama y el equipo electoral de Hillary quisieron jugarse la carta e iniciar el camino de la normalización de las relaciones con su ancestral enemigo. Restablecidas las relaciones diplomáticas, el reto consistía en que un Congreso Republicano aprobase el fin del embargo. Algo, en principio, descartable con la nueva administración. No obstante, haber iniciado ese camino es, sin duda, un punto a favor de la política exterior de Obama.
En otro orden de asuntos que tienen una menor trascendencia como las relaciones rutinarias con el resto del mundo es donde Obama ha obtenido mejores resultados. El gran éxito de la administración Obama, a mi entender, ha sido rebajar el nivel de tensión que existía en las relaciones entre Estados Unidos y el resto del mundo y, con ello, mejorar la visión que el planeta tiene de ellos. Es verdad que el Presidente ha autorizado un sin fin de misiones con aviones no tripulados, pero esta estrategia menos directa, más silenciosa, ha mejorado su soft power y ha trasmitido al mundo una sensación de normalidad en comparación con la Administración Bush. Dentro de estas acciones menos directas podemos resaltar la audaz operación para acabar con la vida de Osama Bin Laden. Después de que la Administración Bush pusiese Oriente Medio patas arriba y sembrase el germen del Daesh en busca de su archienemigo, fue la operación quirúrgica realizada en el primer mandato de Obama la que dio caza y muerte al líder terrorista más buscado del planeta. 
Las relaciones con Europa regresaron a la luna de miel que vivieron con el presidente Clinton. Se rebajaron las tensiones atlantistas-continentalistas hasta el punto de hacerlas parecer algo del pasado. Su apoyo sin fisuras al proceso de integración europea no era una cuestión altruista, tenían como objetivo conseguir que Europa alcanzase una mayor autonomía que le dejase las manos libres para centrarse en el nuevo centro global: Asia-Pacífico. En este escenario el mayor logro fue la firma del Tratado Transpacífico que aunaba a una serie de naciones de ambos lados del océano y, lo más importante, excluía a China. Un movimiento audaz después de que China excluyese de facto a EEUU con el nuevo banco asiático de inversiones, una suerte de FMI made in China. Acuerdo audaz que ya se encuentra en vía muerta gracias a las primeras medidas del Presidente Trump.
Pero dentro de este mundo multipolar las relaciones entre Estados Unidos y Rusia empeoraron. Rusia también fracasó en su intento de resucitar la esfera de influencia soviética con su acuerdo Euroasiático. Ucrania era una pieza de peso en este plan ruso y la división de su clase política entre europeístas y rusófilos fue el caldo de cultivo perfecto para crear una fractura en el país que aún continúa hoy en día. Rusia no podía permitir que una ex República soviética de semejante peso cayese bajo la esfera comunitaria, más teniendo en cuenta que su mayor base naval en aguas cálidas está en Sebastopol. Así que se dispuso a tomar lo que por derecho creía suyo desde Pedro el Grande, provocando una fractura territorial que se extiende a todo el este de Ucrania. Europa no supo gestionar el problema que sigue latente y sumó un punto más de fricción en las relaciones EEUU-Rusia. No obstante la política estadounidense fue enormemente eficaz puesto que económicamente propició la bajada de los precios del petróleo a 46$ el barril. Algo impensable un año antes. Estados Unidos había pasado de ser un consumidor neto de petróleo a un productor, revolucionando el precios de los hidrocarburos y sumiendo a Rusia en una profunda crisis económica. 
El problema de Ucrania sigue latente y sin un final a la vista, pero las nuevas relaciones entre el presidente Trump y Putin podrían anunciar un final al conflicto, aunque no sabemos en qué sentido.
Los padres fundadores establecieron que el Presidente tuviese una mayor proyección que interior, para eso estaba el Congreso. A pesar de esto, uno de los mayores logros de Obama fue en la esfera de los asuntos domésticos. El establecimiento de un sistema que garantizase que todo americano tuviese acceso a un seguro sanitario asequible fue el mayor logro en asuntos sociales del Presidente. Más de 22 millones de personas en Estados Unidos se han beneficiado de la extensión del seguro médico. Aunque el plan dista mucho de crear un sistema público y universal, es un notable avance con respecto a la ausencia de un mecanismo que dejaba a millones de norteamericanos desamparados. El Obamacare fue sustancialmente recortado por un Congreso Republicano, aún así fue un notable avance y, pese a lo que opinan sus detractores, dista bastante de constituir socialismo. El mismo TS de Estados Unidos se pronunció en contra de las aseguradoras que pretendían frenar el plan defendiendo su libertad de empresa.
La extensión de muchos de los derechos sociales, como el matrimonio homosexual en Estados Unidos, es otro gran logro de la época Obama. Que, si bien fue un avance que los Estados ganaron en la Corte Suprema, tener un ejecutivo proclive a ello ayudó a que se consolidase.
En el lado negativo de los asuntos domésticos podemos resaltar que no se ha conseguido atajar los casos de violencia racial. Uno podría pensar que la llegada de un afroamericano a la Casa Blanca ayudaría a la normalización y avance de esta minoría fuertemente asentada a un estatus más digno e igualitario dentro de la sociedad de Estados Unidos.
A pesar de las sombras, el hecho de que Obama haya llegado a la Casa Blanca puede no suponer una excepción para la comunidad. Se ha roto una barrera para la comunidad afroamericana y, tras Obama, ya no parece algo excepcional que un afroamericano opte a la más alta magistratura del Estado. De hecho, Ben Carson se enfrentó a otros colegas en las primarias del Partido Republicano para ser el candidato a la presidencia en estas elecciones de 2016.
Así, aunque el legado de Obama tiene claroscuros muy evidentes, en general creo que su legado es bueno. Su presidencia estuvo alejado de estridencias y Estados Unidos, a pesar de los sonoros fracasos, no supuso un elemento tan desestabilizador como lo fue con su predecesor. 
Decía Felipe González que cuando gobiernas pasas de la política de intenciones a la política de realidades. Ahí es donde me enamoré del político. Fue el momento donde el adolescente candidato se convirtió en un gran presidente, fue el momento en que la crudeza de la política diaria pulió al líder. Se tuvo que enfrentar durante casi todo su mandato a un congreso en contra que le puso no pocos obstáculos, a una situación internacional adversa propiciada por las políticas de Bush y su normalidad, la estabilidad que le dio a la actuación de la gran potencia, así como una recuperación de ese idealismo wilsoniano que ha reconciliado a toda una generación con la política son la mejor factura que Obama lega a su país. 
Le echaremos de menos Señor Presidente.