martes, 24 de junio de 2008

Manifiesto por una lengua común.


"El Castellano es la lengua española oficial del Estado, todo español tiene el deber de conocerla y el derecho a usarla". Artículo 3.1. de la Constitución Española de 1978.


Este derecho, que como constitucional se sitúa en la cima de la jerarquía normativa, por motivos políticos se está cuestionando en el mejor de los casos y tirando a la basura en el peor. El peso demográfico y simbólico que tienen las regiones periféricas que cuentan con lengua propia hacen posible que los dos grandes partidos fusilen o miren para otro lado cuando el derecho constitucional de los ciudadanos a expresarse y vivir en castellano está siendo pisoteado por las administraciones regionales.

Considero que los particulares pueden y tienen todo el derecho del mundo a llevar a cabo iniciativas en defensa y potenciación de las lenguas periféricas, creo que las asociaciones culturales son un bien necesario para la potenciación de dichas lenguas y su conocimiento; pero estoy diametralmente en contra en que éstas asociaciones se conviertan en armas arrojadizas de todo aquel que no comparta sus fines y menos que sean instrumentalizados como fines políticos. Pero me parece que la peor falta que una administración puede hacer es dejar desamparados a parte de sus ciudadanos y esto está ocurriendo. Entiendo y en parte comparto que el vehículo de las administraciones regionales sea su lengua vernácula, pero no entiendo que todo el funcionamiento de la administración esté subordinado a la lengua regional como si ésta en lugar de un medio fuese un fin en si mismo, y lo es.

Los partidos nacionalistas, en los que se han apoyado los gobiernos de uno y otro signo, están destrozando el derecho a que los ciudadanos hablen la lengua oficial del Estado. Porque recordemos que solo hay una lengua oficial en todo el Estado que es el Castellano y las demás son cooficiales con el Castellano, y no al revés.

Por tanto HMS Pinafore y el que suscribe apoya de forma decidida y convencida el Manifiesto por una lengua común que han presentado una veintena de intelectuales. Como docente estoy siendo testigo de la merma que este monolingüismo de sacho y provinciano está haciendo en las futuras oportunidades laborales.
Luego se echarán las manos a la cabeza, mientras tanto escuchamos impasibles estupideces como traductores en el Congreso de los Diputados para los que deseen hablar en la lengua periférica. Esto es en verdad lamentable.

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