domingo, 3 de agosto de 2008

Los peones que cobran vida.


Como sucede en el partido de croquet de Alicia en el país de las maravillas, las bolas de croquet formados por los peones de la guerra fría cobraron vida con forma de erizos y dejaron de seguir las trayectorias que las superpotencias, los flamencos, habían trazado para ellos.

Durante la Guerra Fría, en ambos bloques, se dio la casualidad que hubo países que contestaron el liderazgo de Washington y Moscú, o que se sirvieron de este liderazgo para conseguir sus propios objetivos. Pero ¿Cómo podían los Estados pequeños conseguir sus propios objetivos a la sombra de las grandes superpotencias? Un arma era pasarse al movimiento de los no alineados, pero los Estados cuya defensa y existencia dependían directamente de Washington y Moscú no podían hacerlo, con lo que se sirvieron de éstos para lograr sus propios objetivos.
Era imposible que anticomunistas acérrimos como Corea del Sur, Vietnam del Sur o Taiwan amenazasen con pasarse al bando contrario, al igual que era impensable que Corea del Norte o Vietnam del Norte amenazasen con implantar el capitalismo. Pero si podían, en ambos casos, alimentar el temor de que sus regímenes cayeran si no recibían el debido apoyo de sus respectivas superpotencias aliadas. Lo utilizaron las dos Coreas, las dos Vietnam y las dos Chinas.

Pero el caso en el que me voy a centrar es el de las dos Alemanias. El democristiano Adenauer había dejado bien claro que prefería la existencia de una Alemania dividida y su mitad integrada en la OTAN que una Alemania unida y desprotegida del paraguas de Estados Unidos. Adenauer no rechazaba las negociaciones para la reunificación, pero si se encargaba de que éstas no prosperaran, contrariamente a la postura del SPD, que tanto alarmaba a Estados Unidos. Ésto permitió a Adenauer usarlo en su propio beneficio vetando virtualmente cualquier propuesta de negociación que Estados Unidos pudieran presentar respecto a la cuestión alemana, llamando al lobo de su derrota ante los socialdemócratas.
Un paralelismo se desarrolló en Alemania Oriental, aunque en este caso no amenazaba con hundirse un partido político (ya que solo existía uno), sino que amenzaba con hundirse el sistema al completo. La intervención soviética en la DDR salvó al líder Walter Ulbrich; paradógicamente esta debilidad de Ulbrich le dio su fortaleza ante la gran URSS. El líder de la DDR pudo chantajear a sus valedores soviéticos cuando le vino en gana.

La preocupación de Washington y Moscú por su credibilidad internacional había ligado sus respectivos destinos al de sus socios menores y éstos puedieron manejarlos en no pocas ocasiones como el perro que pasea al dueño y no al revés.

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