viernes, 26 de septiembre de 2008

Hoy como ayer.


Con el auge de los cruceros de bajo standing ha nacido una nueva forma de hacer turismo, los cruceros al servicio de todos los bolsillos, pero esto ha distorsionado lo que es un crucero de verdad, convirtiéndolo en un mero buque de recreo y devaluando la categoría de crucero. Un crucero no es viajar apiñado en un barco grande (que no gran barco) y tardar dos horas en desembarcar, eso no es exclusivo ni es un crucero. Hoy en día solo existe una compañía que siga realizando grandes buques como antes y siga realizando los auténticos cruceros, me refiero a la británica Cunard Line, de donde sino. 
Hoy en día tienen tres buques en servicio, el Queen Elizabeth 2, el Queen Mary 2 y el Queen Victoria y siguen realizando la mítica linea Southampton - Nueva York, como antes. 
Pero el más famoso trasatántico de aquella época era el Queen Mary.
Cuentan que los armadores del Queen Mary querían llamar a su nuevo buque insignia Queen Victoria. Cuando fueron al Rey Jorge V para pedirle permiso, le digeron que su nuevo barco se iba a llamar igual que reina más grande de la historia de Inglaterra. El rey dijo que su esposa estaría encantada, su esposa, por supuesto, era la Reina María.
La compañía Cunard nace en 1839 por Samuel Cunard iniciando la ruta entre EUA y UK con vapores de palas. En un intento por ser la compañía más rápida en cruzar el atlántico, la compañía Cunard construyó el Queen Mary, el mayor trasatlántcio de la historia hasta su mológolo Queen Mary II. La Cunard buscaba el afamado "Gallardete Azul", que era una bandera honorífica que recibía el barco que realizara la travesía más rápida entre Estados Unidos y Europa, fue para el Queen Mary en agosto de 1936 cuando lo cruzó en cuatro días menos tres minutos. El buque rival de la French Line, el Normandie, ganó el título en 1938 y el Queen Mary volvió a ganarlo al recortar en 19 horas el record anterior y lo mantuvo durante catorce años.
Las navieras competían para ofrecer a sus pasajeros la travesía más rápida y lujosa, competencia que condujo a la cosntrucción del Queen Mary. Equiparable a cualquier hotel de lujo de tierra, el Queen Mary llevaba tres clases de pasajeros. 800 pasajeros de primera clase con camarotes adjuntos para sus criados. 800 pasajeros de segunda clase con camarotes más económicos pero elegantes y con acceso a los comedores de primera y 600 de tercera clase que eran los más baratos y ocupaban camarotes espartanos situados en la parte más ruidosa y llena de humo del buque. Lo que no atendía a clases era el mareo, los ingenieros no habían calculado el efecto de las olas y la navegación en el pasaje y el buque llegaba a escorarse hasta 44º en las peores marejadas, con lo que todo lo que no estuviese anclado salía disparado. Cuentan que en una de las habitaciones más lujosas hubo un piano que se soltó de sus anclajes y se estrelló repetidas veces contra las paredes entre horripilantes acordes. Al acabar la travesía lo único que quedaba sin romper era la estructura de acero del piano. Lo mismo pasaba con la piscina interior que se convertía en un infierno en época de mala mar. Los ingenieros actuaron con celeridad y establecieron compartimentos de lastre para darle más estabilidad al buque.
Ahora ya nadie viaja así, salvo la Cunard Line. Los ingleses son unos maestros en mantener vivo el pasado y así hoy como ayer podemos hacer un viaje trasatlántico como lo hicieron John D. Rockefeller o John Jacob Astor, paseando por cubiertas de madera impecables y jugando una afable partida de curling en cubierta. 

Feliz viaje.

2 comentarios:

Vanesa dijo...

Hola,
descubrir tu blog por casualidad y queria decirte q me gustó este post sobre los cruceros. Una de mis grandes ilusiones es hacer 1 crucero pero ,como bien dices , los cruceros de bajo standing no tiene la misma magia q los cruceros de antes, sólo reservados para unos pocos privilegiados.
pero quién sabe, puede q algún dia mi sueño se cumpla.
saludos.

Paula dijo...

Ja, ja, ja!! Qué grande Jorge V, eso sí que es querer a su señora.
Les estuvo genial a los pelotas de la Cunard, seguro que aprendiero a decir las cosas claras!!!

De todos modos, ya sabes lo que opino yo de esos viajes soporíferos. Igualito que el Orient Express... es una suerte que esos "lujos" hayan quedado para los estratos más rancios, carcas y anquilosados de nuestra decadente sociedad.