miércoles, 10 de septiembre de 2008

Las vísperas sicilianas.

En el marco de las luchas entre Papado e Imperio en la Italia del siglo XIII, Güelfos y Gibelinos, un episodio interesante lo constituyen las llamadas "vísperas sicilianas", que es el episodio que deja el reino de Sicilia en manos aragonesas.
El rey de Sicilia, Federico II Staufen asciende al trono Imperial con la ayuda del Papa Inocencio III (Lotario de Segni) bajo la promesa de no unir Sicilia al Imperio; promesa rota nada más acceder Federico al Trono Imperial. Con su muerte lo sucede en Sicilia Conrado IV y a éste un hijo bastardo, Manfredo en 1258.
El papado, ante la posibilidad de un retorno del dominio Staufen sobre la península, interviene por vía del Papa Urbano IV para situar un monarca fiel a los Estados Pontificios. Éste será Carlos de Anjou, conde de Provenza y hermano del rey Luis IX de Francia. En medio de las innumerables luchas del papado contra los Staufen, el nuevo aliado venció a Conrado IV en Tagliacozzo en 1268 y lo ajustició, terminando con las esperanzas Gibelinas en la península.
Carlos de Anjou se había vuelto un aliado poderoso para el papado en su lucha contra la Iglesia bizantina por su gran peso en el Mediterráneo; pero hubo un suceso que trastocaría la política exterior del Papado y la propia Francia: El lunes de pascua de 1282 se produjo un gran motín popular en las calles de Palermo conocido como las "Vísperas Sicilianas" contra el impopular gobierno de Carlos de Anjou. Pronto la rebelión se extendió por toda la isla pronto financiadas por el imperio bizantino, deseoso de alejar al Imperio Angevino de atacar Bizancio.
Las más importantes familias Italianas que habían servido fielmente a Federico II Staufen solicitaron la ayuda del Monarca aragonés Pedro III, en virtud de su matrimonio con la hija de Manfredo, y así el 30 de agostro de 1282 fue coronado rey de Sicilia en Palermo.
Con esto se va a internacionalizar, aún más el conflicto, con la entrada de la Corona Aragonesa en el conflicto que, en un prinicpio, era una simple revuelta popular. El papado excomulgó a Pedro III y su reino se mostró fuertemente unido tanto en tierra como en mar donde los aragoneses asestaron una dura derrota a la flota angevina gracias a la comandancia de Roger de Lauria. La misma suerte de derrota corrieron los franceses en su intento de invasión de Cataluña.
El final de la guerra vino propiciado por la desaparición de los principales actores en 1285, ya que fallecieron Pedro III, Carlos de Anjou y el Papa Martín IV. El tratado de Anagni de 1295 supuso un principio de acuerdo para la futura paz de Caltabellota en 1302 por la cual Nápoles iba para los Anjou y Sicilia para la Corona Aragonesa.

Las vísperas sicilianas supusieron el último acontecimiento de la política exterior agresiva del Papado y tras ellas éste llevará a cabo una política pro angevina mucho más cauta.
Sin embargo, el que suscribe no puede sino mostrar sus simpatías por la causa imperial, más si la protagonizan los Stauffen.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Un pelín "aburridillo" el tema del artículo...

Paula dijo...

Es curioso como el enfrentamiento entre Güelfos y Gibelinos modeló el paisaje italiano y las muchas huellas que quedan de este enfrentamiento; especialmente en la Toscana.

Florencia todavía conserva la Vía Güelfa y la Vía Gibelina; ubicadas una en el núcleo antiguo de la ciudad y otra extramuros, en ellas se concentraban ambas facciones.

Otro elemento curioso fue el dar forma a las almenas de las torres para expresar qué facción dominaba las ciudades: cuando la almena remataba de manera recta pertenecía a los güelfos, cuando lo hacía con una hendidura en "V" a los gibelinos.
La mezcla que hoy se ve en las ciudades de la Toscana evidencia que las pertenencias a uno u otro bando no eran inmutables e, incluso, no siempre hacían alusión a la tendencia de la ciudad, sino al alineamiento de las familias nobiliares.

Buen post!

David Alonso dijo...

La verdad es que muy interesante ver como se posicionaban familias y ciudades, como cambiaban de bando a través de la arquitectura y sin saber la historia no se entiende algo que a simple al observador de a pie le puede pasar desapercibido.
No obstante los Stauffen eran unos titanes.

David Alonso dijo...

Ahora al conocimiento le llaman aburrimiento. Si es que quien no está acostumbrado a bragas, las costuras le hacen llagas.

Anónimo dijo...

Yo sólo quise expresar mi opinion,
sin hablar de "bragas" ni hacer
teorías sobre la ropa interior
que el gestor del blog usa...
(es broma, por supuesto)

En mi opinion, aprenderse de memoria
todos los números de una guia telefónica
no es "conocimiento", es perder el tiempo.

Aburrirse es como sentir "perder el tiempo".
Y yo me he aburrido leyendo ese artículo.
Yo digo lo que pienso,
y quise suavizar el término "aburrido"
cambiándolo por el término "aburridillo"...
(al estilo Flanders, vease "los simpsons")

Las críticas dichas con sentido,
nos ayudan a ser mejores...
Esta es mi opinion.

Paula dijo...

Perder el tiempo es tener que saltarse los coñazos supinos que suelta el tal anónimo en sus comentarios.
Eso sí es perder el tiempo...

Anónimo dijo...

Si alguien se salta un comentario,
no debe juzgar dicho comentario,
puesto que no se lo ha leido...

(Es de una lógica aplastante)

David Alonso dijo...

Uff, con este tema me dan ganas de entroncar con Aragón en el siglo XV, uno de mis temas favoritos y el Compromiso de Caspe. Pregunta de examen siempre.

Paula dijo...

No, pero si se ojean si se pueden ver relucir las estupideces.
Cuando estas se dan en todas las intervenciones uno ya adquiere el sistema de saltarse, directamente, según y qué intervenciones... por no perder el tiempo.

Es otra lógica aplastante, pero a algunos hay que explicárselo todo.
Eres un tipo muy cansino, ¿sabes?