viernes, 10 de octubre de 2008

Necesidades y oportunidades.


Cuando la cúpula del Politbureau encontró muerto a un Stalin que se había orinado encima se abrieron muchas posibilidades para un mundo inmerso en la guerra fría. Sus sucesores Malenkov, Kruchov y Beria se encontraron el país en una situación al borde de la recesión y vieron en la distensión no solo una oportunidad, sino una necesidad para rebajar el presupuesto en defensa y aumentarlo en productos de consumo que mejorase el nivel de vida de la sociedad soviética. Pero los americanos no supieron ver la oportunidad por la paz que se abría ante sus ojos y la administración Eisenhower vio una debilidad que aprovechar en lugar de apostar por una paz duradera. Y era lógico porque los hermanos Dulles -el secretario de Estado y el director de la CIA- veían como la posición del mundo libre en Asia y África se debilitaba en beneficio del bloque soviético.
En Europa la cosa no era más propicia para la paz, ya que ambos bloques no quería una unificación alemana si ello podía significar que caería íntegra en el otro bloque o que se alzase como una potencia independiente que enfrentase a los dos bloques en beneficio propio. Pero nunca podían decir que preferían la división para no mermar sus apoyos en cada una de las dos Alemanias.
Con el cambio de administración un elemento clave iba a enturbiar los deseos de ambos de llegar a una paz beneficiosa para ambos: Cuba.
El intento fraguado por la administración Eisenhower y llevado a cabo por la novata administración Kennedy de derrocar el régimen de Fidel Castro pondría en alerta a los líderes soviéticos de que la nueva administración no era de fiar. Así mismo las repetidas mentiras de que la URSS no iba a instalar misiles nucleares en Cuba cuando así lo hizo, iba a sembrar la descondianza en Kruchov en el despacho oval.

Aún así el deseo de paz seguía vivo en ambos bloques. John F. Kennedy pronunció el 10 de junio de 1963 uno de los discursos más sorprendentes y elocuentes de la historia americana, no fueron consultados ni la Secretaría de Estado ni la CIA, de ahí la audacia del mismo.

América deseaba no una Pax americana impuesta al resto del mundo por medio de la fuerza denuestras armas. Ni la paz de la tumba o la seguridad del esclavo. Pienso en una paz genuina, en esa paz que hace que merezca la pena vivir en la tierra, en esa paz que permita tanto a hombres como a naciones crecer y confiar y construir una vida mejor para sus hijos. Una paz no solamente para los americanos, sino para todos los hombres y mujeres; una paz no solo para nuestro tiempo, sino una paz para todos los tiempos.

Ninguno de los dos bloques recogió el guante lanzado por el otro debido a sus políticas domésticas.

2 comentarios:

Paula dijo...

Si no comentas el detalle escabroso de que Stalin se orinó encima antes de palmarla te va mal, no??

Eres incorregible!

David Alonso dijo...

Teniendo en cuenta que mandó matar a unos 10 millones de personas, no es nada. Todo lo que sea denigrar al mayor asesino de la historia me parece poco. Sí se meó en los pantalones y espero que muriera sufriendo un dolor espantoso.