domingo, 26 de octubre de 2008

Un hombre excepcional.

George Kennan había dejado escrito en 1948 que la Guerra Fría terminaría cuando la URSS dejara de competir por el alma de la humanidad, y así ocurrió.

El artífice del final de la Guerra Fría fue Gorbachov. De todos los líderes de la misma, tanto en la URSS como en los Estados Unidos, él fue quien modificó su postura de un modo más sustancial. Consideró que los adversarios capitalistas no constituían una amenaza para la seguridad soviética y que la URSS apenas tenía capacidad de avanzar en el extranjero como sistema, por todo lo cual decidió atender a los asuntos domésticos de la URSS. Esto no habría sido posible sin los interlocutores que encontró en Washington. La mayor aportación de Reagan al final de la Guerra no fue el miedo que inspiró, sino la confianza que dio a los líderes soviéticos y su determinación política, si Gorbachov conseguía un acuerdo con Reagan, sabía que nada lo tumbaría, así forjaron una excelente relación personal. Hasta ellos, Desde Stalin hasta Brezhnev y desde Truman a Carter, sabían que eran actores que representaban formas distintas de organizar una sociedad. Todos tenían el reto de si eran capaces de conseguir objetivos comunes con ideologías distintas. Solo fueron capaces de poner parches a su relación.  La Guerra Fría estalló y duró cuatro décadas porque los líderes de ambos bloques fueron prisioneros de sus ideas y víctimas de los peligros y oportunidades que les ofrecía la coyuntura internacional. Sus creencias acentuaron la sensación de peligro que les asaltaba, así como sus impulsos mesiánicos por organizar la sociedad mundial.  Tuvo que aparecer un hombre excepcional como Gorbachov, para reformular la naturaleza de la amenza y para centrarse en la resurrección interna antes que en las aventuras exteriores. Demostró al mundo que no era una potencia expansiva con hechos. Retiró las tropas de Afganistán, permitió la apertura de fronteras de Hungría lo que dio paso a la caída del muro, la unificación alemana en el bloque de la OTAN. Todo lo cual en el ámbito interno de la URSS llevó a su desintegración. Reagan fue el líder genial que la URSS necesitaba, ya que cambió su discurso inicial del Imperio del mal por otro en el que hacer concesiones a su rival y darle una importancia internacional que la URSS estaba perdiendo a grandes pasos. 

Aquel nexo hizo que la geopolítica y la ideología se dieran la mano de una manera que no se había visto en Europa desde que Stalin y Truman se reunieran a orillas del Elba en 1945 para evaluar por primera vez los riesgos y oportunidades que ofrecía el mundo de posguerra. No esa explicación mesiánica y simplista que dan los neoconservadores del cid victorioso sobre el monstruo comunista.

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