lunes, 9 de febrero de 2009

Uno de los Estadistas más eficaces del siglo XX


La presidencia de Ronald Reagan estuvo plagada de contradicciones. Desde el principio se enfrentaron dos de las principales características del viejo actor de oeste, a saber, la de férreo anticomunista que había luchado desde el sindicato de actores y luchador por la paz. A Reagan le gustaba tan poco los comunistas como las armas nucleares, pero para el final de la segunda había que pasar por el diálogo con los primeros. Echó por tierra los postulados de la distensión por la que tanto había trabajado Nixon bajo un simple razonamiento: "si la distensión perpetúa la guerra fría, acabemos con ella". Por la que se lanzó a desarrollar el más caro e ineficaz programa de defensa, la Iniciativa de Defensa Estratégica o como la llamaron sus detractores la "Guerra de las Galaxias" que obligaría a la URSS a lanzarse a una nueva carrera armamentística en el espacio que financieramente no podían acometer. Por lo tanto Gorbachov decidió -en palabras de Raymond Garstroff- suspender la carrera de armanetos, en lugar de perderla.

Estas contradicciones del presidente se hicieron patentes en la configuración de su administración. Colocando a los halcones en la CIA con William Casey y en Defensa con Weinberger. Cosa que contrastó con la laboriosa paloma que dirigió la diplomacia estadounidense durante casi todo su mandato: George Shulzt.
Las luchas de éste con Weinberger y los halcones de la administración le llevaron a presentar su dimisión en no menos de cuatro ocasiones y en que Reagan nombrase a 6 asesores de Seguridad Nacional, el mayor número de un presidente. Pero Shultz resultó clave para la organización de las cumbres y para crear un ambiente de trabajo óptimo ya que se reunió más de 37 veces con su homólogo soviético, Eduard Schevernazche. Fue sin duda el arquitecto de la distensión de finales de la guerra fría.
Al final del mandato de Reagan, los fiascos del proceso Iran-Contra y la pérdida del Senado hicieron que el Presidente se inclinase más hacia su versión pacifista y hacia el consenso, eligiendo a su último Asesor de Seguridad Nacional: Colin Powel.
Shultz creó un auténtico clima de cooperación entre las distintas ramas de la administración logrando limar sus contradicciones. Fue con ello más eficiente que el solitario Kissinger que quería hacer las cosas a su manera llegando a rivalizar con el propio Presidente. Pero Shultz nunca sacó ls pies del tiesto y se llvó tan bien con Powel que éste bromeó que no se había dado esta situación desde Kissinger había ocupado ambos cargos.
Desde el trabajo de un subordinado obstinado y obediente llegó a ser uno de los estadistas más eficaces del siglo XX, pero con menor publicidad que Kissinger.

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