viernes, 3 de julio de 2009

¿Un golpe de estado constitucional?


Hoy por la noche se ha vivido un nuevo episodio de este culebrón que es el golpe de estado en Honduras. Si bien me faltan las claves para entender la dinámica interna que ha provocado el golpe, no debemos dejar de lado la debilidad y el déficit en las instituciones democráticas. La mayor parte de los países americanos rienen un sistema constitucional copiado del estadounidense, pero sus escasos índices de alfabetización, subdearrollo regional, cesarismo e intereses de las clases oligárquicas hacen que en este continente la democracia sea un lujo al alcance de muy pocos.
La chispa del golpe fue que se venían sucediendo enfrentamientos entre distintos poderes del Estado debido a una supuesta consulta inconstitucional de carácter chavista para otorgar al Presidente la posibilidad de la reelección indefinida. Ante esto, en lugar de comenzar un proceso de destitución del presidente o "empeachment", sectores del legislativo aliados con el ejército secuestraron al presidente y lo expatriarion bajo el paraguas de querer establecer una consulta inconstitucional.
Por una vez la Comunidad Internacional se ha puesto de acuerdo en la condena del golpe y la unánime condena por parte de la OEA ha provocado la salida de Honduras de esta Organización. Por tanto, solo le queda al llamado gobierno interino la huída hacia adelante y en esas estamos.
Una probable solución para evitar un conflicto civil que se internacionalice a centroamérica podría ser la dimisión del presidente interino, la restitución del presidente legal y su posterior dimisión para una convocatoria electoral posterior. Considero que sería la mejor solución debido a que quedaría restituída la continuidad constitucional legítima y, para evitar problemas posteriores se convocarían unas elecciones a las que no concurrirían ni Micheletti ni Zelaya.

Esta sería la solcución más salomónica y que daría la palabra al pueblo tras la restitución de la legalidad constitucional. Pero es pedir demasiado calado democrático a unos pseudolíderes y a un país con déficits cívicos y democráticos evidentes. Es decir, es pedir peras al olmo.

2 comentarios:

David Alonso dijo...

La verdad es que no tengo ni idea de como analizar este golpe de Estado, así que me gustaría saber algunas opiniones.

Paula dijo...

Supongo que es la eterna canción de las democracias iberoamericanas.
La imperfección de la democracia como sistema político es que para que funcione bien todos los agentes que la componen deben respetar escrupulosamente las reglas de juego. El equivalente político a "en mi casa jugamos así" acaba siendo, en democracia, una negación de la misma. La Democracia (con mayúsculas) es un ejercicio de responsabilidad y prudencia por parte las instituciones, los políticos y los ciudadanos y eso lleva a que se conjuguen muchos factores, internos y externos.
La pobreza y el analfabetismo son dos de los factores que hacen débiles las democracias iberoamericanas; otro el elevado índice de corrupción de los políticos; factores estos que derivan en una completa indefensión de las insituciones democráticas que acaban en manos de una oligarquía, civil o militar -como en Venezuela-, desvirtuándose por completo.

En unas elecciones que pretenden ser democráticas lo que garantiza la legitimidad del resultado es el proceso. Y en estos países es precisamente ese proceso lo primero que está en entredicho, con la eterna sospecha de toda elección ha sido amañada y las consecuentes revueltas y conflictos alimentados desde los partidos perdedores.

El mayor problema es que esto es así, no en Honduras o Ecuador sino en países tan ricos y potentes como México;pensemos en los problemas sociales que se derivaron de las últimas elecciones.

Son un ejemplo de lo que nunca debe ser la democracia