sábado, 2 de enero de 2010

Democracia para un tiempo de crisis: Olof Palme y la socialdemocracia.



La reciente desclasificación de archivos del KGB parecen indicar que el Primer Ministro Olof Palme podría haber sido un espía al servicio de la URSS de los seis mil que operaban en Suecia. La Avispa sería en palabras Jan Guillou, un alto espía soviético. Este dato tan revelador, aunque muy difuso que podría arrojar luz sobre el magbicidio del mandataro sueco aún sin resolver me ha llevado a escribir la tercera entrega sobre la formación y evolución del sistema de Welfare State que en Suecia tiene su modelo más perfecto. Pero no voy a dar crédito a las teorías conspirtorias por divertidas que sean, ésta es la tercera entrega (y última espero) de la serie de entradas que estoy escribiendo sobre la socialdemocracia sueca y el welfare state.

Habíamos dejado al partido socialdeócrata rehén de su propio sindicato para acometer las reformas necesarias para salir de la crisis de los setenta. Había que forzar el modelo y entraron en liza dos nuevos términos:
1. La democracia industrial: gracias a cambios legislativos se logró desvincular las decisiones de los trabajadores de los sindicatos para restarles poder. Se legisló a favor de las consultas forzosas a la hora de reducir plantillas, así como representación y dirección de las empresas. Todo ello estaba en los programas de los sindicatos pero se hizo de una manera que, en esencia, le restaba influencia.
2. La Formación colectiva del capital: permitía al Estado, gracias a cambios legislativos, a invertir directamente en empresas del país. Fue este un punto muy polémico ya que recordaba mucho a la colectivización de los medios de producción propio de la ideología marxista y encontró el rechazo de parte del Partido Socialdemócrata, siendo muestra de duras críticas y oposición por parte de los demás partidos y el gran capital.
Este último punto le pasó factura a Palme que en las elecciones de 1973 perdió popularidad y pudo mantenerse como Primer Ministro gracias a los votos de los comunistas, hasta que la crisis del petróleo se recrudeció y perdió las elecciones de 1976 dejando paso a una coalición de partidos burgueses que se mostró débil y confusa en los seís años que se mantuvieron en el poder.
En 1982 el Partido Socialdemócrata recuperaría el poder hasta 1991, etapa donde el el primer ministro fue asesinado en 1986. Ya no pudo ver cómo su partido se vería obligado a acometer la desamortización de la "democracia industrial" que tanto había gustado a los sindicatos y que tantos problemas daba en una etapa de crisis económica como aquella. El propio Palme había luchado por matizar y moderar la llamada democracia industrial y, más adelante, por desarticularla. Se perdió también la dura etapa de desorientación ideológica que golpeó a la izquierda con la caída del muro de Berlín y que vio a muchos jóvenes echarse en brazos de la derecha burguesa, algo que hubiera sorprendido y dolido mucho a Palme, hijo de un adinerado banquero sueco.
El partido Socialdemócrata se vio obligado a frenar el crecimiento en gasto público, a liberalizar mercados y a acometer peligrosos experimientos autonomistas que cedieron comptencias sociales a los poderes locales. La continuación de la crisis económica llevó al Partido Socialdemócrata a aplicar políticas de austeridad que lo desvincularon de los partidos de izquierdas y que lo reorientaron hacia posturas más burguesas en el arco parlamentario. En 1991 el Partido Socialdemócrata perdería las elecciones con un 37% de los votos, el nivel más bajo desde 1923 y se produjo el reemplazo por la coalición de partidos burgueses que aspiraban a desmantelar por completo todo el gasto público sueco. Pero la coalición no pudo llevar a cabo sus ambiciosos planes ya que la democracia cristiana (socio de la coalición burguesa en el gobierno) se negó en redondo a tocar el gasto público en educación y sanidad. Muchas fueron las ocasiones en la que los socialdemócratas y la democracia cristiana votaron juntos en el Riskdag (parlamento sueco), parecía que el modelo de welfare state sueco no iba a desaparecer fulminantemente. Pero si hubo privatizaciones significativas como teléfonos, correos, líneas aéreas y ferrocarriles.

Los castigos electorales no impidieron que el Partido Socialdemócrata siguiese siendo el principal partido de Suecia, ni que el Estado del Bienestar tal y como lo construyó el partido socialdemócrata se haya venido abajo por completo. Pese a las numerosas críticas que suscitaron si uno observa los datos, el desempleo, la mortalidad infantil, resultados educativos y camas de hospital por habitante, nos da un saldo absolutamente favorable al sistema de Estado del Bienestar. Había, por otra parte una excesiva regulación que se entrometía en la libertad del individuo y le obligaba a vivir de la mano del Estado a pesar de que los socialdemócratas habían rechazado la intromisión directa del Estado en la producción.
El alto grado de éxito del sistema de estado del bienestar hizo que el resto de fuerzas políticas aceptase la validez del modelo (con excepciones, claro) incluso en las filas de los conservadores. Incluso las tendencias neloliberales de finales de los ochenta estuvieron muy atenuadas en Suecia, habían aceptado el alto grado impositivo necesario para financiar los gastos del Estado; no sabemos si por estategia electoral o porque esta forma de Estado ya forma parte de la identidad sueca como nación.

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