domingo, 28 de febrero de 2010

Las dificultades de la construcción europea.


El proceso de construcción europea, como todos los procesos constitutivos en los que se cede algo tan sensible como parcelas de Soberanía a una entidad supranacional no está carente de ciertos recelos o traumas. Pero hay un Estado que por su importancia histórica para Europa está suponiendo un trastorno para el proceso de integración europeo: hablamos del Reino Unido. EL Reino Unido tuvo la oportunidad de oro de capitanear el proceso de integración europeo tras la II guerra mundial, cuando con el Plan Marshall se puso en marcha la OCDE. La Europa destrozada por la guerra veía en el Reino Unido el prestigio del vencedor y se le puso en bandeja la autoridad para llevar a cabo dicho proceso, pero el aislacionismo patológico británico y sus intereses imperiales, de un imperio que ya estaba agonizando, hicieron que las miras británicas se dirigieran a la commonwealth y menos a los asuntos europeos, donde Estados Unidos estaba recogiendo el testigo del Reino Unido, todo esto se evidenció con la Guerra Civil Griega y el asunto de los estrechos en Turquía y la posterior formación de la OTAN.
En 1949 nacía la República Federal Alemana (RFA) como el consecuencia de la unión de las zonas francesa, británica y americana de la Alemania ocupada y con el renacer de una Alemania en democracia nació el actor que sería fundamental para desplazar el eje de la integración europea.
Los británicos iniciaron un proyecto propio: la EFTA, que encuadraba a países tan emprendedores como los escandinavos, Islandia o Portugal en un proyecto que nada significaba. Y como nada significaba se fue por el retrete. Mientras tanto el proceso de construcción europea empezó a girar en torno a la nueva cooperación franco-alemana. Como había comentado en una entrada anterior, la cooperación francesa no fue fruto de su primera voluntad, ya que Francia deseaba una Alemania ruralizada y atrasada (coincidiendo con los deseos de la URSS), pero la guerra fría y los deseos del bloque angloamericano dieron al traste con esta idea, con lo que Francia puso en marcha el plan B, europeizar el problema alemán, es decir, poner todo el potencial industrial alemán al servicio de una Europa controlada por Francia. Nace así la CECA y con ella todo el proceso que dará lugar al Mercado Común y luego, tras Maastricht, la Unión Europea.
Pero el accidentado, y a mi juicio erróneo, proceso de ampliación de 2004-2007 a doce países más, Estados de un dudoso sistema democrático recién salidos de las democracia populares comunistas ha supuesto un auténtico quebradero de cabeza para la Unión que, deseosa de hacer las instituciones operativas para esta nueva Europa de los 27, ha decidido llevar a cabo una nueva modificación de los tratados constitutivos, primero con el fallido Tratado por el que se establece una Constitución para Europa y luego el refrito que supuso el Tratado de Lisboa. 
Esta nueva modificación de los tratados prevé la existencia de un alto funcionario para la política exterior, y un presidente permanente del Consejo de Europa que intentará disminuir el papel de las presidencias de turno que tenía como consecuencia una evolución muy desigual de la política comunitaria dependiendo de qué país estuviera en la presidencia de turno. 
La pasada semana, el nuevo y primer Presidente del Consejo, el ex primer ministro Belga, Herman Van Rompuy se estrenó en el euro parlamento de una manera muy accidentada evidenciando la poca disponibilidad de algunos sectores a la construcción europea. Aunque muchos europeístas habíamos puesto nuestras esperanzas en que fuera una persona de talla la que ocupase por primera vez este cargo, se optó por elegir a alguien con un perfil gestor y menos perfil político para no hacer sombra a los jefes de gobierno. Sea como fuere Van Rompuy es nuestro presidente del Consejo, un hombre que llevó a cabo la difícil tarea de formar un gobierno en un país tan dividido como Bélgica. 
Pero si hay algún Estado que pone trabas al proceso de construcción europea es el Reino Unido. Tal vez sea porque los acontecimientos mostraron el fracaso de las dos apuestas británicas: la commonwealth como prolongación de su moribundo imperio y la EFTA como prolongación de sus políticas de libre mercado en el continente. Sea como fuere las apuestas británicas fracasaron y los acontecimientos mostraron que la integración europea llevada acabo por Francia, RFA, Italia y Benelux estaban dando unos beneficios económicos como nunca se habían dado en un continente antaño dividido y enfrentado. Tal vez adhesión británica al Mercado Común (que nunca integración) se llevase a cabo por el fracaso de sus apuestas, o bien por iniciativa estadounidense que deseaba tener a un socio de confianza en la CEE, pero lo que si sabemos es que mientras De Gaulle estuvo en el Elíseo el Reino Unidos jamás entraría en la CEE. Reino Unido tuvo la oportunidad de liderar la integración europea, ahora era la revancha de Francia que quería dar a la CEE un ADN continental lejos del librecambismo anglosajón. 
Por todos estos motivos la enfermedad euroescéptica brota del Reino Unidos y esta semana se mostró patente en los ataques británicos a Van Rompuy y al Euro. Los euroescéticos británicos dijeron del presidente del Consejo que tenía el "carisma de un trapo mojado" y "la apariencia de un gris empleado de banca de medio pelo", ellos que son los que más pegas y problemas han supuesto par ala integración europea se atreven a quejarse de la talla política del Presidente del Consejo, denostando a Bélgica como país diciendo que "viene vd. de un no-país".
Tal vez los británicos estén dolidos porque la Unión no haya elegido a un Presidente Británico. Realmente UK no se merece que la UE elija a ningún representante de importancia de este País, no es lógico que la UK esté presente en los más altos cargos de una Organización a la que detesta, a la que no deja de comparar con la URSS y a la que está continuamente torpedeando, un país que no pertenece a Schengen ni al Euro no debe presidir ninguna de las parcelas de poder de la UE y menos exteriores. 
Ya va siendo hora de que se le enseñe la puerta como hizo el eurodiputado del PPE Joseph Daul que animó al UK a acogerse al artículo del tratado que permite a un Estado salirse de la Unión. 
Los británicos no tuvieron un gran día en la eurocámara ya que cuando el representante de los liberales británicos preguntó por qué UK tendría que pagar el rescate de un país de la zona euro cuando ellos no estaban en ella, Van Rompuy respondió que tal vez un día la UE deba salir al rescate de UK que acumula el déficit más alto de la UE.
Lo peor de todo es que ahora en las filas de los euro-escépticos no están solo los británicos, están toda esta serie de desarrapados de las democracias populares del este que se metieron en la UE para tener acceso a los fondos de desarrollo pero torpedear sistemáticamente todas las iniciativas de la Unión. Así no puede seguirse, así que tal vez haya que enseñar la puerta a más de un país para que Europa empiece a funcionar. 

domingo, 21 de febrero de 2010

La Socialdemocracia: Políticos contra mercados.


Hay pocas veces en las que el Presidente del Gobierno parece socialdemócrata, muy pocas. Solo dialéctica electoral es en muchos casos sus declaraciones socialdemócratas, pero sobre el papel tiene actuaciones demasiado neoliberales, como la liberalización de las loterías y de los taxis, algo a lo que por ideología me opongo férreamente. Pero el otro día en un foro Laborista en el Reino Unido fue un socialdemócrata. Los laboristas estuvieron fuera de las ideas socialdemócratas con la tercera vía de Tony Blair, que no era otra cosa que descafeinar las ideas socialdemócratas con tintes neocon, pero la socialdemocracia se equivoca tirando por ese camino y le ha salido muy caro electoralmente. Solo hay que ver que desde que Gordon Brown llegó al número 10 la brecha entre los Laboristas y Conservadores ha ido estrechándose más y más. Todos daban a Brown muy poco tiempo en el poder y ha sobrevivido estos años, aunque es muy posible la victoria conservadora, veremos que pasa. Gordon Brown está recuperando las políticas socialdemócratas y puede que con ellas parte de sus votantes, aunque tal vez sea demasiado tarde para el Partido Laborista. 
Los votantes socialdemócratas tienen más claro que sus políticos cuales son las ideas socialdemócratas y lo que quieres, por eso Blair acabó como acabó pese haber sido un gran primer ministro y por eso Gerhard Schröder perdió las elecciones en Alemania, por llevar acabo un programa liberal. Por lo mismo que se ha hundido la socialdemocracia en las europeas de 2009 cuando fueron buena parte de las recetas neoliberales los que hundieron la economía mundial, como pasó en 1873, 1929, 1973, 1987... hasta hoy. Lessaire faire y al final pasó. 
Los mercados se hundieron y, como el sistema financero es la columna de la economía al financiar todos los sectores económicos, los Estados salieron al rescate de los grandes bancos en todo el mundo. Y ahora después de que los mercados se han estabilizado y los bancos se han saneado con el dinero del contribuyente, los mercados se atreven a examinar, avalar y hasta suspender la labor de los gobiernos que los han salvado. Después de que la Comisión Europea haya descubierto que Goldman Sach ha falseado la fiabilidad de la deuda griega para sacar tajada se ateven a criticar la deuda de los países de la zona Euro cuando son los países anglosajones los que realmente están en peligro y cuya deuda está desbocada. 
No quisiera caer en las teorías absurdas de la conspiración, pero si que se han sucedido una serie de críticas y acontecimientos que han dañado seriamente la credibilidad de la zona Euro cuando Londres es la Reikjavik del támesis y cuando Washington va a llegar este año a un 112% de endeudamiento del PIB. 
El problema es que los periódicos son productores industriales de distorsión. El problema es que la prensa entra al trapo de lo que mínimamente pueda darle réditos a corto plazo sin pensar los problemas a largo plazo que pueden ocasionar. Darle cabida a críticas absurdas que puedan erosionar la línea editorial del periódico contrario, críticas que por mucho que se digan nunca harán que su periódico alcance los 4'8 millones de lectores. 
Los mercados son lo que son, el ámbito de actuación de la economía, pero no son un barómetro de los gobiernos, los únicos barómetros de la acción de gobierno son los ciudadanos que se expresan en las urnas y no las grandes compañías de inversión que lo único que buscan son beneficios y no fortalecer la democracia. 

jueves, 18 de febrero de 2010

De derrota en derrota hasta la ¿victoria final?

Hemos asistido a otro gran debate entre Mariano Rajoy y Rodríguez Zapatero y como nuestro platonismo exige marcar vencedores y perdedores en un afan simplista, los periodistas se han lanzado a dar un análisis en esta dirección. Es cierto que en muchos casos han ido más allá en sus análisis ofreciendo un punto de vista fresco, pero en otras ocasiones se nos dan datos de encuestas. Entrando en este juego de las etiquetas ¿Quién ha ganado el debate?
Comencemos analizando las espectativas de cada uno de los contendientes, porque dependiendo de las espectativas colocaremos la vistoria de un lado o de otro. Mariano había ido al Congreso con una meta, machacar al Presidente de la crisis, del paro y del déficit, había ido con todos los indicadores a su favor para derrotar sin duda alguna al Presidente y eso es lo que su partido exigía. Porque en los seis años que Zapatero lleva en el Gobierno, Mariano no ha ganado por goleada ninguna vez un gran debate y necesitaba para afianzar un más que dudoso liderazgo dejar KO al Presidente. Necesitaba una goleada porque no podía tener la situación más a su favor.
El Presidente del Gobierno iba al Congreso a intentar mantener el crédito de él mismo como Presidente y con él de todo el gobierno. Iba a no quedarse solo, porque una soledad evidenciaría que sus políticas (en las que no voy a entrar) eran consideradas por la mayoría de la Cámara como un fracaso fruto de la sola responsabilidad del Presidente y no de una coyuntura que es lo que siempre se vende en estos momentos. Aunque el momento en el que compadecía en el Congreso era muy malo para el Presidente no iba del todo desarmado. Iba con datos pírricos que le dieron una pírrica vicoria. Iba con las cifras del Finantial Times que ha variado levemente su linea y avala la economía española, iba con el aval que la economía española obtuvo hoy del FMI e iba con el insólito esperanzador editorial del Wall St Journal que avala la deuda pública española y que hizo que hoy se colocasen más de 12 mil millones de euros en los mercados. 
Rajoy, como buen registrador de la propiedad que es y sabe chapar muy bien, hizo un gran discurso inicial, pero en cuanto se inició el turno de las réplicas y contrarréplicas en el que pesa más la rapidez que el estudio se hundió como le pasa en todos los grandes debates. Arrinconó al Presidente en muchas ocasiones, pero cayó en la trampa del Presidente que le retó a promover una moción de censura, cosa que descolocó al líder de la oposición y que dio a Zapatero la oportunidad de restregarle dos derrotas electorales dejando a la bancada popular con un sabor agridulce. Parecía que el jugoso juego de las espectativas había vuelto a funcionar. A esto se le unió el enroque del Mariano que renunció a un gran pacto de Estado porque piensa que eso le daría oxígeno al Presidente.
Zapatero jugó el juego de las espectativas para obtener algo de oxígeno y lo consiguió porque la prensa es un aliado involuntario cuando se trata de simplificar un debate cuyo fondo es demasiado complejo como la situación económica nacional.

Mi opinión es que dadas las espectativas de cada uno Zapatero ganó. Tal vez no ganase en términos netos porque eso es imposible dado lo que está cayendo. Pero por lo menso el Presidente obtuvo en el Congreso lo que había ido a buscar: oxígeno para seguir adelante. Mariano se fue del Congreso sin lo que había ido a buscar: un jaque mate al Presidente que convirtiese a Zapatero en un Gordon Brown, en un Lame Duck a la espera del horno electoral, pero no lo obtuvo y volvió a dar la lastimera excusa de que el Presidente no tiene límite de tiempo en los debates parlamentarios...pero se olvida que Zapatero también tenía el tiempo limitado cuando interpelaba al entonces Presidente del Gobierno.

Tal vez el Presidente no ganó, pero desde luego no perdió, lo que es bastante.

viernes, 12 de febrero de 2010

El Rey triste.

Mucho se ha escrito sobre la vida y circustancias que rodearon a Eduardo VIII, Rey de Inglaterra durante 325 días en un período agitado de la historia, nada menos que 1936, por eso este mes la resvista Historia y Vida despliega un dossier intentando arrojar un poco de luz al tema. Recomiendo el artículo porque recorre la totalidad de la vida del personaje, sus intenciones, las hipótesis y una valoración de las mismas por la propia revista.
Comienza narrando la triste infancia de un infante educado para reinar, mediocre en los estudios pero inteligente y ambicioso. Falto de cariño, como todos los miembros de la triste monarquía victoriana, comenzó a desarrollar afecto por los placeres mundanos, las adulaciones y el peloteo, cosa que alcanzó su máxima expresión durante un viaje por la commonwealth ya como príncipe de Gales.
Su papel como príncipe tuvo claroscuros y quiso imitar las maneras de otras monarquías más autoritarias. Pasaba sus veranos en casa de "Tío Willy", el infame y aguerrido Guillermo II de Alemania, y su padrino era el autocrático Zar Nicolás II. Veía la política con muy buenos ojos, algo que preocupaba al establishment político de Westminster. La revolución rusa supuso el afianzamiento de posturas más autocráticas. Veía con agrado la instauración de un sistema autocrático en el Imperio Británico, si bien no tan parecido al Germánico-Prusiano o el Ruso, pero si que admiraba la forma de hacer política de su familiar político Alfonso XIII con quien se sentía muy cómodo en las habituales visitas que el monarca español hacía a la capital británica. Las ambiciones y las opiniones del joven Príncipe de Gales no habían pasado desapercibidas, sobretodo sus elogios al régimen nazi de Alemania. Tales preocupaciones llegaron a ser compartidas por su propio padre Jorge V quien, en su lecho de muerte, auguró la brevedad de su reinado: "Quiera Dios que cuando falte nada se interponga en el camino de Bertie (Príncipe Alberto y hermano pequeño de Eduardo) y Lilibeth (la actual Reina de Inglaterra). Parecieron proféticas sus declaraciones, pero no hizo nada por alterar la normal línea sucesoria al trono, puede que debido a la gran popularidad de la que gozaba el joven príncipe por acercarse a las masas obreras desde una posición siempre paternalista.
Una vez convertido rey su afición de frecuentar a mujeres casadas alarmó a Westminster que no paraba de ejercer la censura para que la imagen del joven monarca no saliera perjudicada por su lío y posterior romance con la divorciada americana Wallis Simpson. Hay hipótesis que apuntan a que Wallis Simpson solo fue una tapadera para obligar a Eduardo a abdicar, pero lo que si es cierto es que Eduardo sondeó la opinión pública de la Commonwealth en busca de apoyos para su matrimonio con la Americana sin éxito. Todas las naciones de la commonwealth le comunicaron que veían con muy malos ojos ese enlace y solo pudo obtener el apoyo de un leal Winston Churchill quien, años después, se arrepentiría de tal apoyo. El monarca llegó incluso a proponer que se celebrase un matrimonio morganático, de manera que Wallis no tuviera el título de reina y sus hijos fueran excluídos de la sucesión a la Corona. Propuesta también rechazada por el parlamento debido a su dudosa constitucionalidad. 
La gota que colmó el vaso del breve reinado de Eduardo VIII lo trajo la remilitarización de la Renania que suscitó un fuerte debate sobre las posibles respuestas. Se dice que la negativa del gobierno británico a hacer nada vino por las presiones del propio rey, sea como fuere, la cuestión es que durante el verano de 1936 existía una brecha entre Westmisnter y Buckingham. 
En octubre de 1936 la señora Simpson obtuvo el divorcio de su segundo marido provocando otro choque, esta vez el definitivo, entre el Rey Eduardo y el Gobierno de Stanley Baldwin por la decisión de éste de casarse con la divorciada Simpson. Baldwin le advirtió que la commonwealth, la iglesia anglicana y el pueblo se oponían a tal enlace. El rey quiso consultar al pueblo pasando por encima de su propio gobienro lo que provocó la decisión definitiva de la abdicación.
El 10 de diciembre de 1936 Eduardo VIII abdicó y dio explicaciones por la radio de la BBC. Acababan 325 días de reinado, un reinado que su padre ya había augurado breve. No había sido ni coronado por guardar luto por la muerte de Jorge V que, al final, vio satisfecho su deseo de ver al tartamudo Bertie (ahora Jorge VI) en el trono de San Jorge.

Pero quienes pensaban que con Eduardo fuera del trono se acabarían los problemas para una monarquía tocada con uno de los primeros escándalos modernos se equivocaba. Porque el joven ex-rey sería un personaje muy incómodo por su personalidad voluble a Wallis y sus inclinaciones filonazis. 
El artículo cuentra con magistral discurso cómo Eduardo vivió unos años de exilio dorado hasta que comenzó la guerra y fue instrumentalizado por unos y otros. Cómo fue de Inglaterra a París, de ahí a la Costa Azul, a España, a Lisboa y, finalmente a las Bahamas como Gobernador de las Islas hasta que acabase la guerra. 
Archivos recientemente desclasificados del MI5 indican que la Reina había mandado a Blunt a la Alemania de posguerra para recuperar toda la documentación sobre la relación de tío Edward y el régimen del Reich de los mil años. Pero lo que se consiguió sigue siendo un secreto. 

En fin, una lectura muy interesante que bien vale la edición de este mes de Historia y Vida. Narra la vida de un joven snob que al fin y al cabo no dejó de ser un infeliz toda su vida. Un personaje triste de los muchos que da a la Corona esa familia Real fría y estirada que entiende la labor de reinar como si fueran pontífices de la contrarreforma hasta el punto de seguir llamando a sus ciudadanos súbditos del glorioso y eterno Imperio Británico.