domingo, 21 de marzo de 2010

La República de Weimar.


En nuestro período escolar aprendemos que la República de Weimar es el período convulso de la historia alemana que va desde el final de la I guerra mundial hasta el ascenso del Nazismo. Aprendemos que nace de una derrota y que nace enfermo con muchos elementos en contra, que nace paralelo a una revolución de signo comunista espartaquista a la que tiene que hacer frente con ayuda de elementos radicales (los Freikorps), aprendemos que, de una manera muy muy tendenciosa, es la causa del ascenso del nazismo cuando realmente la República de Weimar no figura entre las causas del ascenso del nazismo, sino que fue su primera víctima. No una víctima de asesinato rápido como los muchos con los que cuenta en su haber el nazismo, sino su primera muerte lenta por una enfermedad degenerativa: el nazismo.
Por tanto, como la conocemos como el período después de..., antes de..., y donde asciende quien..., nos olvidamos de atender a qué es en realidad la República de Weimar.
Pero la república de Weimar fue el intento de la clase política moderada para construir un régimen político de posguerra que capease las duras condiciones de la paz de Versalles y llevase a Alemania a un lugar digno dentro de las relaciones continentales. La verdad es que lo tenía muy complicado y naufragó por dificultades externas (primero las crisis de Sarre y la inflación; luego el Crac de 1929) y zancadillas internas, es decir, por la acción de grupos sociales inmovilistas heredados de la guerra y de la época guillermina que veían en el nuevo régimen la depravación de los regímenes liberales aliados en un país de arraigada tradición militarista.
Nada más concluir la I guerra Mundial, Alemania cayó en una espiral de caos fruto de la abducación del Kaiser y del vacío de poder. En todas las regiones del Reich surgieron formas de gobierno de lo más pintoresco, pero especialmente violenta fue la reacción en Baviera, donde tras el derrocamiento de la monarquía local se estableció un régimen de corte soviético-leninista (La república soviética de Baviera) que,  liderada por Eugen Levine, duró muy poco debido a que la cancillería liderada por el socialdemócrata Friedrich Ebert llamó a los violentos Freikorps para sofocar el levantamiento. Entraron en Munich y fusilaron a Levine por traición; el experimento que pretendía unir las repúblicas soviéticas de Baviera, Austria y Hungría a la URSS había terminado.
Hay una cuestión en la que es necesario insistir. Es totalmente falso que el horror a la dictadura bolchevique fuese algo limitado a la derecha política. Tanto en Alemania como en otros países, como en la guerra civil española, los adversarios más coherentes de la tiranía bolchevique eran los socialdemócratas. El SPD aplaudió la llegada de Lenin al poder, pero inmediatamente después denunció el carácter atroz que el nuevo régimen estaba tomando. EL SPD rechaza lo que su periódico llamaba "socialismus asiáticus" y proclamaban su rechazo porque bajo ese sistema indeseable el pueblo se estaba muriendo de hambre. Otto Brown, socialdemócrata prusiano, denominaba al sistema como "manicomio ruso". La prensa socialdemócrata denunciaba la violencia utilizada contra los campesinos y contra los obreros descontentos, atribuir este tipo de denuncias solo a la derecha es negar el enorme valor de los socialistas de diversos países que intentaron dar a conocer los hechos del despotismo bolchevique en la época. 
La represión de los experimentos soviéticos en el Reich agrió las relaciones entre comunistas y  socialdemócratas hasta el punto que, con el advenimiento de los nazis en el poder, los comunistas recibieron órdenes desde Moscú de luchar codo con codo con los nazis contra los "socialfascistas" como llamaban a la socialdemocracia. Podríamos introducir en el mismo saco de miseria política y podredumbre ideológica a los nazis y los comunistas. 
Los socialdemócratas odiaban a los comunistas puesto que los veían como meros instrumentos de las "siniestras fuerzas moscovitas" y por su aparente fe en la salvación a través del empobrecimiento más absoluto.
La Alemania que había dejado la época imperial era un país industrial y avanzado que en lo político tenía un sistema de participación parlamentaria más abierto y liberal que el británico, pero que en el gobierno era más autocrático. Si en Rusia el gobierno se paralizase la población -en su mayoría rural- no se moriría de hambre, pero esto no pasaba en Alemania, de ahí que la socialdemocracia no se lanzase a los brazos de experimentos políticos de la mano de los comunistas, pensaban que los alemanes tenían más que perder que ganar de un experimento revolucionario que suponía una regresión en los derechos que ya existían en el II Reich Alemán. Los socialdemócratas no iban a poner en peligro los avances conseguidos en la época guillermina y la guerra para ir en busca de una Utopía. Los nuevos dirigentes de Alemania miraban hacia atrás además de mirar adelante y decidieron no seguir el camino que habían seguido los rusos y que llevaba al caos y la represión. 
La Asamblea Nacional Alemana se reunió en Weimar a mediados de enero de 1919 para redactar y aprobar una constitución republicana; una república democrática y federal, basada en el dualismo entre presidente y parlamento. La Asamblea eligió como primer Presidente del Reich al Socialdemócrata Ebert que llamó al también socialdemócrata Philip Scheidemann a formar gobierno. Un gobierno de coalición entre el SPD, los católicos del partido Zentrum y los liberales del Partido Democrático Alemán.
La presidencia estaba concebida como un cargo electo que tenía unos fines básicamente honoríficos, un cargo que llenaba el vacío dejado por la monarquía guillermina, aunque el Presidente tenía poder para disolver el parlamento, elegir el cargo de Canciller a personas que contasen con la confianza de la cámara y, en virtud del artículo 48, desplegar las fuerzas armadas y promulgar legislación de emergencia. En los inicios de la república de weimar Ebert lo utilizó 136 veces para configurar el nuevos sistema y siempre fueron en asuntos técnicos, mientras que Hindemburg no promulgó ninguno entre 1925 y 1930. Pocos pensaron entonces el posible mal que este artículo desempeñó cuando el viejo Mariscal falleció y dejó la puerta abierta al ascenso a Reichpressident del canciller Hitler. 
El Reichtag adoptó un sistema de elección proporcional que no tenía un mínimo del 5% para salir elegido, lo que situó en la cámara a multitud de partidos marginales, sin embargo el sistema no favoreció el ascenso del nazismo, no tanto más que otros sistemas. Estudios comparativos han señalado que con un sistema como el británico el partido nazi hubiera ganado las elecciones dos tres años antes.
El nuevo Estado no favoreció a las iglesias, ni protestante ni católica, lo que beneficiaba por omisión a los católicos, puesto que en el régimen guillermino eran los protestantes quienes gozaban de una situación privilegiada frente a otras confesiones por su alianza con el trono.
El sistema no era malo, de hecho muchas democracias actuales funcionan igual, la italiana y la alemana sin ir más lejos, pero la república de Weimar estaba herida de muerte nada más nacer por el Tratado de Versalles. 
Hay que entender que Alemania no fue invadido en la I guerra mundial. Se había rendido sin que ningún soldado aliado pisase su territorio, de ahí que muchos sectores se sintiesen engañados por la clase política que firmó el armisticio y los posteriores tratados de paz: la clase política de Weimar. Fue el crimen de noviembre como se conocerá en la dialéctica extremista de la época y un chascarrillo al que los partidos anti-sistema aludirán como fuente de todos los males que aquejaron a la débil república. El tratado fue tan humillante que el mensaje que desde los aliados se daba a Alemania es que era la continuación de la guerra pero por medios económicos, Las escisiones de territorio alemán que iban en contra del principio wilsoniano de las nacionalidades eliminaron cualquier atisbo de fe en el nuevo sistema internacional, por duras que fueran las condiciones económicas, más cuando el propio Senado de los Estados Unidos votó en contra de la ratificación de los tratados de Versalles. 
Los adversarios moderados del tratado intentaron la negociación para dejarlo sin contenido y esta fue la política durante los sucesivos cancilleres de Weimar, pero los enemigos acérrimos de la república se convencieron de que los "criminales de noviembre" eran los responsables de la derrota de Alemania y de aquel tratado de paz. La política exterior de la República era siempre muy corta de miras para quienes tenían tan insaciables expectativas, fue así incluso durante la época de Guillermo II , cuya política exterior nunca había sido lo suficientemente grandilocuente para los sectores ultranacionalistas que ahora habían declarado la guerra a la joven República. 
Un sistema que no era malo, solo tenía demasiados enemigos en el exterior y, más importante, el interior. Probablemente si la comunidad internacional no hubiera maltratado tanto el sistema de Weimar nos habríamos ahorrado muchos problemas, pero la realidad importa poco cuando la gente se deja arrastrar por la histeria. 

4 comentarios:

Alejandro dijo...

Hindemburg ainda vivía cando Hitler subiu a chancelería polo resto o artigo non esta mal.Ainda que fai a tipica concesión anticomunista a colaboración (falsa) de comunistas e nazis.A colaboración da república de Weimar ca URSS vén dada da tentativa de sortear as limitacións militares derivadas de Versalles.O exercito da nova república facía prácticas no territorio soviético.Ademais esta a sinatura do tratado de Rapallo

David Alonso dijo...

Si hombre, ysa sé que fue Hindemburg el que llamó al "cabo" a formar gobierno, pero fue ese art 48 el que dio poderes especiales a hitler cuando asumió la presidencia del reich a la muerte del viejo mariscal.

Alejandro dijo...

me parece que nin agardou a que morrese de todo.E todo por non aceptalo na escola de artes.

Paula dijo...

Muy bien el artículo!
El primer cartel es genial :))