lunes, 12 de abril de 2010

Negar la evidencia: la política exterior británica y Europa.

La relación del Reino Unido con la Europa comunitaria ha sido siempre difícil. No voy a entrar en los motivos, solo cómo afecta la política europea a las elecciones que se celebrarán el 6 de mayo. 
Sobre el tema ha llamado la atención el Historiador y Catedrático de Estudios Europeos Timothy Garton Ash que llama la atención sobre el silencio que el partido conservador británico está practicando respecto a un tema muy importante para el futuro de Gran Bretaña, mal que les pese a ellos. Y es que los conservadores lo tienen difícil para llevar a buen puerto los intereses británicos en Bruselas debido a las maniobras electorales realizadas en las elecciones al Parlamento Europeo. David Cameron y su ministro de exteriores en la sombra, William Hague, se desvincularon del grupo popular europeo en las pasadas elecciones para pescar votos en el gran caladero euroescéptico de Reino Unido. Tomaron prestados modos y discursos del partido para la independencia del reino unido (UKIP) para arañar unos cuantos escaños, ya que ni Hague ni Cameron pueden negar que gran parte del electorado británico simpatiza con la forma de pensar del UKIP,  reforzados por la gran presencia que tiene la prensa euroescéptica del país. 
Pero por mucho que le pese al electorado británico, a la prensa británica y al partido conservador, La Unión pesa y mucho en el futuro de la política exterior británica. Hague declaró hace no mucho que Europa era cada vez más pequeña en el mapa y, para acallar el debate comunitario, puso el acento en que UK debía trabajar más en las relaciones con los países emergentes y reforzar la colaboración con Estados Unidos. Pero si Europa es pequeña, no digamos esa isla y media perdida en medio del mar del norte. Cameron y Hague son conscientes que la relación "especial" que tienen con Estados Unidos es tanto más "especial" cuanto más peso tenga Londres en Bruselas y pueda influir en sus decisiones. Esto no es nuevo y, en su momento,  motivó el interés de la administración Kennedy al animar al Reino Unido a pedir el ingreso en el Mercado Común. Por tanto, reforzar la relación con Washington pasa por ser influyentes en Europa. Y aquí nuestro candidato conservador, David Cameron, tiene una losa más pesada con la que cargar que el Partido Laborista. Los conservadores eluden el debate europeo porque no les beneficia en nada de cara a las elecciones. El debate europeo supondría poner sobre la mesa la inmisericorde verdad: Reino Unido ya no constituye un imperio y si se quiere recortar el presupuesto en defensa para no dañar el resto de servicios sociales, hay que recurrir a una política exterior más consensuada con Bruselas si Londres no quiere perder su lugar en el mundo. No solo en cuanto a geopolítica es importante Europa para UK; Bruselas está preparando una directiva contra los fondos de alto riesgo que tanto gustan en la City londinense, va a entrar en vigor la orden europea sobre terrorismo de la que UK es parte y, al fin, habrá que abordar la importante negociación presupuestaria para el siguiente quinquenio. Por lo que el Reino Unido necesitará de todos los amigos que tienen en Europa -o que ya no tienen en el caso de que sean los tories quienes ganen las elecciones- si quiere que sus intereses salgan bien parados.
Pero los socios europeos de David Cameron no estan por labor de negociar nada, y menos hacer favores a un futurible primer ministro conservador. Sobretodo porque los conservadores abandonaron a cambio de un puñado de votos el grupo parlamentario del partido popular europeo que les asociaba directamente con los partidos gobernantes en Francia, Italia y Alemania. En su último viaje a Reino Unido la Canciller alemana Merkel ni siquiera se reunió con David Cameron, de manera que debemos creer a Cameron y Hague cuando dicen querer una política constructiva con Bruselas, y es que como posible ministro de exteriores no puede hacer otra cosa, con lo que el Partido Conservador se encuentra con respecto a Europa entre la espada y la pared. 
Es por todo esto que los conservadores quieren poner el acento en los puntos que tienen en común con laboristas y liberales: ayuda exterior hasta el 0'7%, plena participación en la guerra de Afganistán y renovación del programa nuclear trident. Pero es una cortina de humo para no abordar el verdadero debate sobre política exterior, donde si existen grandes diferencias. Diferencias que han estado persiguiendo a Reino Unido durante 50 años como señala Garton Ash: "afectan a todo, desde medio ambiente a economía, desde el crimen hasta la relación con Washington y serán decisivas para el destino de Albión. Los votantes británicos harán mal en ignorar el bozal de los tories. Es un perro que pronto volverá a morderles". (Citado por Timothy Garton Ash).

3 comentarios:

Javier Prieto dijo...

Muy interesante, como todos tus artículos.

David Alonso dijo...

Gracias, con lo interesante que estan estas elecciones me gusta informame sobre ellas.

Paula dijo...

Los votantes ingleses no piensan en su posición ni si futuro en Europa a la hora de ir a las urnas. Bien al contrario, se centran única y exclusivamente en su situación interior y, de tratar el tema europeo, lo hacen para jactarse de su habitual euroexcepticismo. Tiene razón Garton Ash al considerar que se toparán con la realidad más pronto que tarde pero, del mismo que la derecha europea le hace el vacío a Cameron desde Bruselas habría que empezar pensar muy seriamente en cómo tratar con los euroescépticos pero no con los gobiernos euroescépticos -que los hay- sino con los países euroescépticos (como en este caso) y más aún cuando disfrutan de tantas prevendas y cuestan tanto a cambio de nada (bueno) como sucede con el Reino Unido.
Un saludo!