sábado, 29 de mayo de 2010

Editorial: La historia votará por Gordon Brown.

En estas últimas elecciones el laborismo cedió el poder tras trece años en Downing St. Así que, a pesar de que la era Blair hace tres años que terminó, los analistas han tenido la deferencia de esperar a que Brown salga del número diez para hacer sus valoraciones.
Se han publicado diversos editoriales en los distintos medios que abarcan todo el espectro ideológico: desde el Financial Times al The Guardian pasando por el semanario Time. Lo curioso es que todos coinciden a su manera en que Gordon Brown es el chivo expiatorio del new labour, éste ha recogido los platos rotos de la era Blair y ha realizado un papel más que digno en las elecciones -bigotedgate incluido-, arrebando la mayoría absoluta a Cameron al obligarle a pactar para formar gobierno.
Pero a pesar de haber causado problemas a su competidor, la ambición del león escocés era revalidar su gestión en las urnas, ya que tiene el dudoso honor de ser uno de los dos PM que llegaron a Downing St. sin pasar pasar por las urnas, un destino que a él le parecía reservado para otros dada su trayectoria personal.
De momento, la trayectoria personal de Brown se semeja a la de su compañero de partido y PM James Callaghan. Como él, Gordon Brown tampoco consiguió un mandato personal tras unas elecciones. Ambos llegaron a Downing Street tras una larga espera sucediendo a hombres más jóvenes y carismáticos. Ambos Premieres estaban sometidos a la presión de severas crisis financieras. Ambos estaban más en sintonía con las bases del laborismo que sus predecesores y ambos habían disfrutado del cargo de canciller del exchequer antes de acceder a Downing street, aunque Callaghan tuvo la fortuna de haber desempeñado también los cargos de ministro de interior y director del Foreign Office. Cargos que estuvieron a disposición de Brown y que éste torpermente desechó. También los dos se enfrentaron a la perspectiva de anticipar unas elecciones que podrían haber ganado. Pero no lo hicieron.
Tony Blair y Gordon Brown sellaron su alianza para crear el new labour en un despacho compartido sin ventanas de la Casa de los Comunes. Su rivalidad fue creciendo desde que ganaron las elecciones en 1997 y los diarios y analistas, ahora que se ha cerrado el ciclo del new labour, no paran de hacer comparaciones. Pero, personalmente, considero que la historia será más benévola con Brown que con Blair. Aunque habrá que esperar algún tiempo.
Nadie niega que el carisma y la capacidad comunicadora de Blair es arrolladoramente superior que la de su sucesor. Mientras que Blair era positivo y resolutivo, Brown se mostró dubitativo y pesimista. Blair fue mejor constructor de equipos y siempre tuvo el carisma necesario para encabezar al partido laborista y a su país, mientras que Brown no supo construir un liderazgo a su sombra. Pero a los hombres de Estado se le juzga en su contexto. Blair ganó de manera contundente las elecciones, al igual que Clement Atlee en 1945 y que Harold Wilson en 1966. Pero, a diferencia de éstos, Blair gobernó con una oposición que nunca tuvo perspectivas de victoria, heredó una economía fuerte y tuvo a su favor un gabinete unificado, un movimiento obrero unido, una prensa aduladora -hasta los diarios del conservador Rupert Murdoch pedían el voto para él- y un país deseoso de apoyarlo. Mientras que, por el contrario, Brown se enfrentó en 2007 a un país cansado de los laboristas, a una oposición conservadora reactivada en torno a un líder carismático, a una prensa desilusionada y a la peor crisis económica desde 1929.
Los logros nacionales de Blair eran limitados teniendo en cuenta sus diez años al frente del gabinete. La expansión de la economía y la prosperidad en su primera legislatura fueron logros económicos de Brown y los cambios constitucionales fueron obra de John Smith. El legado de Blair fue más fructífero en su segunda legislatura cuando dio un paso decisivo para poner fin a la violencia en el Ulster, poniendo los primeros pasos para la cohabitación de ambos bandos en un gobierno regional. Éste es, en mi opinión, el gran legado de Blair en política interna. Después su imagen cayó en picado por haber contraído un matrimonio asimétrico con Geroge Bush y haber ligado el destino de UK a la aventura personal del presidente americano.
Pero Gordon Brown parece que desperdició la oportunidad que el laborismo le ofrecía en 2007. Había estado más de trece años ansiando el poder, preparándose para Downing St. y cuando llegó no materializó sus planes. Tal vez éstos se truncaron debido a la crisis financiera, o tal vez sea que el grandísimo número dos no fue capaz de convertirse en un solvente número uno. Pero aunque la crisis económica truncara sus planes, fue ésta la que resucitó a un hombre gris. La gestión decidida que hizo Brown de la crisis en el ámbito interno y en el internacional ha supuesto más elogios que críticas. Ahí Brown le gana la partida a Blair cuyo gran reto, la guerra de Iraq, ha terminado por ser un completo fracaso, ya sea por la falta de un plan coherente para la posguerra, ya sea porque Blair unió su destino al del presidente de Estados Unidos, Blair siempre tendrá a Iraq gravado en su lápida.  
También en política exterior cosechó éxitos. Según información de diarios británicos, la mediación de Gordon Brown fue fundamental para que la India no se lanzase a una guerra contra Pakistán tras los atentados de Bombay en el 2008. Y logró recuperarse en las encuestas hasta conseguir un 29% de los votos y 258 comunes para el partido laborista, cuando meses antes, los tories les superaban en 20 puntos, dando al partido una oposición cómoda en la Cámara de los Comunes y arrebatando a Cameron la ansiada mayoría absoluta. 
Salió de Downing street con la cabeza bien alta, no intentó aferrarse al poder costase lo que costase y eso le valió las simpatías de sus contrincantes políticos. Deja el número diez dejando un legado que está por escribir. No fue un gran Primer Ministro, pero si es un hombre de gran intelecto que sirvió a su país con honor y buen juicio en un momento de grave crisis nacional.   
(Fotografías de The Guardian)

martes, 18 de mayo de 2010

David Cameron, el conservador de siempre.

Es el nuevo PM del Reino Unido, un cargo con una larga tradición que se retrotrae como tal al siglo XVII y líder de un partido de otra tanta tradición. Su juventud y su experiencia trabajando en medio de comunicación -solo fue uno- le ha servido para enamorar a las cámaras y para hacer de los debates electorales su gran escaparate -o eso pensaba él hasta que irrumpió su Deputy PM- pero ¿Es realmente David Cameron un líder nuevo? Yo no lo creo. Yo creo que es un conservador de la vieja escuela con imagen joven y telegénica.
Durante estos comicios he leído no pocos editoriales y artículos que comparaban a David Cameron con Tony Blair. Que David Cameron era el Tony Blair de los conservadores que había modernizado a los tories para ganar las elecciones tras tres fracasos consecutivos. No estoy de acuerdo. David Cameron se parece a Tony Blair como un huevo a una castaña. No es cierto que haya modernizado su partido. Solo ha modernizado los métodos y la imagen del partido, pero dista mucho de haber sacudido los cimientos del conservadurismo británico. De hecho en los últimos años la única política que ha supuesto una reformulación de los principios del conservadurismo fue la política Thatcherista. De hecho, la prensa fue más certera a finales de los setenta al bautizar el programa de Margaret Thatcher como revolución conservadora, de lo que fue en estas últimas elecciones al hablar de Cameron como el renovador del Partido. Y es que el conservadurismo tradicional que habían practicado Edward Heath, Mcmillan y demás antecesores era de corte paternalista e intervencionista, entendían que las prestaciones a la población la unían a su país y a una escala de valores que los conservadores querían inculcar a la población. 
Thatcher y sus compañeros de ideología (denominados por la prensa británica como los secos) proponían un conservadurismo completamente nuevo basado en dejar que la sociedad la desarrollasen sus miembros, es decir, los individuos que la conforman, sin el estorbo que suponía la intromisión del Estado.  La revolución thatcherista mataba dos pájaros de un tiro al reducir el enorme gasto del Estado en tiempo de crisis y, a la vez, cumplir con su programa ideológico. Con su fiel escudero Geofrie Howe, la hija del jardinero fue arrinconando a los más intervencionistas (los mojados) hasta salir como candidata del Partido Conservador. 
David Cameron pertenece a los conservadores de-toda-la-vida que en su momento tuvieron que lidiar con la camarilla de la Dama de Hierro. 
Cameron, como conservador de-toda-la-vida, apeló durante la campaña, y lo remarcó en los debates electorales, a la necesidad de fabricar país desde la responsabilidad de cada individuo. Puede que alguno de sus discursos sonaran a liberalismo, pero nunca se situó al lado del individualismo neoliberal, siempre lo hizo desde el lado del viejo conservadurismo. Él, al igual que Ian Gilmour en los años setenta, creía que había que poner coto a las fuerzas del mercado -que los laboristas, ironías de la vida, habían dejado desbocadas- puesto que el liberalismo acabaría con la solidaridad política y con la autoridad del gobierno. En palabras del propio Ian Gilmour "había que seducir a la gente con otros atractivos, para hacerles sentir una lealtad hacia el Estado. Lealtad que no puede ser profunda sino reciben beneficios a cambio". "El liberalismo económico, con su severidad e incapacidad de crear un sentimiento de comunidad hará que la gente huya de los demás aspectos del liberalismo".
David Cameron ha resucitado a los tories que apelaban a la idea de nación y que propugnaban el conservadurismo de Benjamín Disraeli. Parece que Cameron ha desempolvado los escritos de Edmund Burke, quien creía que el deber de los conservadores era "proteger a la gente de experimentos basados en borradores intelectuales o teorías generales de cualquier tipo". Éstos consideraban la acción de los miembros más liberales como una traición y se veían dentro del partido con escepticismo. Pero la victoria de Thatcher en las elecciones de 1979 hizo que éstos, que parecían una panda de minoritarios, comenzasen a dirigir el país y el partido. 
Por tanto, hoy parce que Cameron ha vuelto a la senda del conservadurismo de Disraeli. Considero que está lejos de ser un renovador del partido. Parece más bien la cara nueva y contemporánea del viejo conservadurismo torie que quedó sumido en un largo purgatorio tras las victorias Thatcheristas y, luego, con el ascenso del new labour. 
Incluso si analizamos los orígenes y trayectorias de Cameron y Thatcher, los exponentes del conservadurismo tradicional y el neoliberal, vemos que sigue siendo la "dama de hierro" quien es más contemporánea al alejarse de los elitistas orígenes que siempre han caracterizado a los líderes tories. La prensa ha dejado bien claro que Cameron es de familia acomodada y que cursó la enseñanza media en la exclusiva escuela Eton, para estudiar en Oxford filosofía y política yendo a uno de los más prestigiosos College que allí hay. Mientras tanto, Margaret Thatcher tenía el aspecto de una provinciana activista torie con unos orígenes provincianos. Aunque estudió en Oxford ciencias y derecho, era la hija de un jardinero que llegaba al liderazgo torie. Viendo los orígenes, trayectorias y políticas de ambos, creo que es Margaret Thatcher la que, en su momento, hizo una autentica revolución dentro de su partido, la que tuvo unos orígenes que resultaban totalmente novedosos para la élite del partido. Cameron no deja de ser el viejo conservadurismo vestido con una nueva cara, más moderna y telegénica, pero que dista mucho de ser el cambio que Thatcher supuso para los tories o Blair para los laboristas. 
(Fotografías extraídas de The Guardian y Time) 

viernes, 14 de mayo de 2010

Un gobierno, dos partidos.

Bueno, al fin, tras muchas negociaciones, de las que sabemos muy poco en realidad, tenemos nuevo gobierno en UK y el primero en coalición en tiempos de paz. Puesto que los demás gobiernos de coalición del UK fueron de concentración nacional en tiempo de guerra. Y es que, dado el nivel de erosión que sufría el laborismo británico, el cambio exigía un pacto contranatura lib-con.
Los conservadores ganaron las elecciones y, por tanto, el PM saliente dejó que fueran éstos quienes intentasen formar gobierno, pero no abandonó inmediatamente Downing St. 
Por su parte, los laboristas no hicieron intentos serios de pactar con los lib-dem, porque la aritmética parlamentaria corría demoledoramente en su contra, por lo que Gordon Brown hizo un fútil intento de favorecer el pacto anunciando una renuncia en el liderazgo del laborismo para octubre y favorecer la entrada de un nuevo líder laborista. Pero la propuesta tenía más sombras que luces, lo único que ofrecían los laboristas era un referéndum sobre la reforma electoral, dejando en vilo quien iba a ser el nuevo líder laborista y cómo iba a ser la transición. La operación laborista se planteaba compleja y desestabilizadora, al iniciar en el seno de un partido débil la lucha por el poder. Un poder podrido al ir en contra de los resultados electorales. Los laboristas lo sabían, y por eso las pocas reuniones con los liberales fueron más de cortesía que otra cosa.
Los conservadores querían un pacto lo antes posible. Con todo, la transición fue muy rápida y, en solo cinco días, los negociadores de ambos partidos habían llegado a un principio de acuerdo. Era el momento de dimitir como Primer Ministro. Así que el martes por la tarde, Gordon Brown acudió a Buckingham Palace para ofrecer su dimisión a la Reina, quien, acto seguido llamó a David Cameron para formar gobierno, sabiendo que era la opción que tenía la confianza de los Comunes. Por lo que, tras un emotivo discurso de Brown a las puertas del número diez, se ponía el punto y a parte del new labour. 
Gran Bretaña y Europa da la bienvenida a David Cameron al número diez. Si lo pensamos bien, se trata de una victoria amarga. Para una persona que solo ha sido político y que hace tan solo seis meses gozaba de una distancia en los sondeos de 20 puntos, quedarse tras las elecciones a 20 escaños de la mayoría absoluta y tener que compartir programa y gobierno con un partido menor y antagónico en ideología debe de resultar amargo. Debe ser amargo ver como un político que responde mal ante las cámaras, cuyo partido está seriamente erosionado por la guerra de Iraq y el fuerte endeudamiento, te hace tan difícil entrar en el número diez. Y es que el nuevo laborismo ha significado no solo la modernización del partido laborista, ha significado la asimilación del votante de centro-izquierda a un partido que no es de clase exclusivamente obrera. 
Estas elecciones tenían que haber sido las elecciones de David Cameron, el Tony Blair de la derecha que, gozando de la atención y mimo del electorado, entrase en el número diez con la ilusión que lo hizo Tony Blair. No nos equivoquemos con David. Es un gran político, joven y ambicioso que posiblemente tenga la misma ilusión y ganas que Blair, pero los planes se le han torcido. Primero Gordon Brown no se dejó vencer tan fácilmente. Tomó medidas inmediatas para salir al rescate de la banca y se mostró enérgico y resolutivo en las sucesivas cumbres del G20 que abordaron la reestructuración de la economía mundial. Y es que Gordon es economista y de los buenos, por lo que cuando los acontecimientos le dejaron centrarse en ella los sondeos le dieron un respiro. Gordon hizo frente a horas muy bajas y resurgió de dos congresos laboristas organizados para cortarle la cabeza, no sin ayuda de Tony Blair, de los que repuntó en las encuestas. Pudo acallar y eliminar los sucesivos conatos de revuelta en el gabinete y llegó a las elecciones a unos cómodos 5 puntos de Cameron, lo que devolvió al partido la ilusión de ganar. La victoria era posible por las peculiaridades del sistema electoral británico. 
Pero al final 2010 no son las elecciones de David Cameron. Son las elecciones de Cameron y Clegg. 
Nick Clegg surgió como el líder que hizo que los liberal demócratas, esa fusión de los liberales del XIX de Lloyd George y una facción escindida del Labour, fuesen vistos como una alternativa socialdemócrata auténtica ante el proceso de desgaste evidente que sufría el new labour. Hizo un trabajo en campaña excepcional, ganó de manera indiscutible el primer debate, dando muy fuerte en la campaña de Cameron y desorientando a los laboristas. Hizo algo muy importante: hizo que ambos partidos, ante las encuestas que pronosticaban un parlamento colgado, lo tuvieran en cuenta como partido bisagra y le cortejasen. Pero los resultados mostraron la triste realidad de la falta de apoyos electorales de los liberal demócratas. 
Los liberales perdieron las elecciones. De hecho, dadas las expectativas, fueron los grandes perdedores de las elecciones. Fue Gordon Brown quien ganó la partida a los lib-dem y a los conservadores al resurgir en las encuestas pese a su mal carácter, pese haber perdido los debates y pese haber insultado a una votante laborista de toda la vida. Mucha gente optó por el labour como opción de centro-izquierda desinflando la legitimidad de la reforma política por la que claman los lib-dem. Afirmaba fanfarrón Clegg que habían sustituído al labour en el escenario político británico. No dicen lo mismo los más de 200 diputados que le sacó Brown a Clegg. Por lo que, pese a lo que dicen muchos artículos periodísticos, no considero que el new Labour de Blair-Brown esté acabado. Solo está acabado el proyecto político de esta élite del laborismo, pero no el new labour que transformó un partido marxista en un partido socialdemócrata de centro-izquierda más adaptado a la realidad británica que el lib-dem. Por eso los lib-dem no sustituirán al labour en el escenario político británico, porque no tienen una base sólida ni unos ideales sólidos al ser la fusión de dos tendencias económicamente antagónicas como son la socialdemocracia y la liberal. Por eso Clegg no tuvo nada que hacer en el debate económico. Y una prueba de ello son los pobres resultados electorales. Hay que recordar que Clegg no solo no subió -a pesar de sus altísimas expectativas- sino que descendió cinco comunes frente a un partido de izquierda supuestamente en descomposición. El señor Clegg ha ganado mucho, ha ganado ser la llave del gobierno, pero a la larga su partido a perdido todo el espacio político que tenía y más cuando su electorado vea que sus puntos programáticos han sido sacrificados a cambio de sillones en el gabinete
Pero el fabricar una mayoría estable de gobierno hizo que el perdedor en la guerra ganase en la paz. Así que Nick Clegg se convirtió en el Deputy Prime Minister in pectore, a la espera de la mejor oferta
El pacto se terminó de sellar ayer y hoy sabemos casi todos los puntos. Ambos partidos cedieron terreno, pero en mi opinión, los liberal demócratas cedieron mucho más, al sacrificar los puntos orgánicos de su programa. 
Los conservadores han impuesto finalmente su postura en Asuntos Exteriores. Hoy mismo William Hague, el director del Foreign Office ha dejado bien claro que su país no entrará en el Euro y que se acabaron las cesiones de soberanía. Así mismo, los conservadores han seguido adelante con la renovación del programa nuclear Trident que ya estaba acometiendo el labour con vistas a la disuasión nuclear y con vistas a estrechar los lazos con Estados Unidos. David Cameron quiere estrechar los lazos con Estados Unidos debido a que hay una sensación en el Foreign Office de que la administración Obama está tratando al UK de igual manera que al resto de sus aliados europeos, cosa que preocupa bastante. Y no es de extrañar si tenemos en cuenta que el abuelo keniata de Obama fue torturado por los soldados británicos en la era colonial. 
Los liberales han sido superados en Asuntos exteriores, defensa e inmigración, pero intentaron sacar todos los réditos posibles en el tema de la reforma política. La reforma política, la piedra angular del programa lib-dem, consiste en intentar implantar un sistema de representación proporcional acercándose a los sistemas continentales. Este punto de la reforma política la llevará el Deputy Prime Minister, un cargo totalmente vacío de poder como no se cansó de recordar Margaret Thatcher a Geofrie Howe. Otro punto de la reforma política es reformar la Cámara de Lores en una cámara electa con representación proporcional. Así mismo, ha quitado de las manos del PM una de sus mayores prerrogativas al fijar las legislaturas en cinco años sin posibilidad de adelanto electoral, a no ser que el PM sea desalojado por el Parlamento, con lo que las próximas elecciones se han fijado para el 7 de mayo de 2015. 
Pero Nick Clegg debería ser muy cauto porque las concesiones en materia política que le han prometido pueden ser un trato envenenado, al supeditarlas a la celebración de un referéndum; referéndum convocado y aprobado por los Comunes. El ala más conservadora del partido conservador ha puesto el grito en cielo; con lo que David Cameron ha prometido dar a sus comunes libertad de voto para estas cuestiones, abriendo la posibilidad de que voten junto a los  258 Comunes del Labour dando al traste con la reforma política tan ansiada por los lib-dem. Ésto  dejaría a Clegg impotente y con la imagen de haber vendido su programa por un par de asientos en el gabinete. No obstante, en caso de que se apruebe un referéndum para la reforma política, es bastante probable que el pueblo británico -conservador y amante de sus costumbre como es- vote no, echando por la borda las ansias reformistas del lib-dem. Con lo que Cameron habrá cumplido con su parte del trato sin mancharse en el empeño.
A pesar de que el trato parece un regalo envenenado a los lib-dem, muchos conservadores creen que su partido cede demasiado, ya que hay cinco puestos en el gabinete para los lib-dem cuando es un partido con seis veces menos votos que los conservadores. Muchos Comunes tories preferían un gobierno en minoría pactando las reformas de manera puntual según interesase. 
De momento estamos viendo la luna de miel entre Cameron y Clegg, pero cinco años de legislatura son muchos años, más teniendo en cuenta que se trata de una coalición bien antagónica. Habrá que ver cual de los socios se siente antes defraudado. De momento es el electorado liberal demócrata el que ya da muestras de desencanto con Clegg, que ha pasado de querer frenar a los tories a favorecer su entrada en Downing St. Si Clegg no tienen cuidado puede acabar siendo cómplice ante su electorado de medidas muy impopulares y ser un cadáver político antes de empezar. Un cadáver que ya comienza a oler muy mal. 

domingo, 9 de mayo de 2010

El siguiente inquilino de Downing street.

El Reino Unido ha celebrado sus comicios, pero éstos no han dado un resultado claro. Como se esperaba, y así indicaban todos los sondeos, los Tories han ganado las elecciones pero no hay una clara mayoría, es más se ha producido un más que esperable descalabro de los lib-dem. Y digo esperable porque tras los debates, las tendencias que mostraban todos los sondeos (salvo el pro lib-dem The Independent) era a que los laboristas afianzaban su distancia de los lib-dem. Y es que el partido laborista tiene un electorado más definido y concentrado que ninguno de los dos partidos, lo que le hace fuerte en bastiones donde los lib-dem ni soñarían con ganar. Como había indicado en una entrada anterior, los verdaderos contrincantes de los laboristas eran los partidos autóctonos de Escocia y Gales, además de los ultras UKIP y BNP.
El sistema electoral británico no me resulta tan injusto como la prensa lib-dem da a entender. Es un sistema mayoritario, pero al fin y al cabo solo sale un común por cada circunscripción, por lo que cada partido presenta un candidato, y éste efectivamente sale gane por los votos que gane. De manera que es falaz la afirmación de que a los liberal demócratas les sale más caro ganar escaños en los comunes. Les sale tan caro como a los demás en una circunscripción determinada. Lo que pasa es que los lib-dem tienen más adeptos en circunscripciones más pobladas, lo que hace que tengan que sacar más votos para obtener ese (y solo ese) representante, pero le sale tan caro como a los demás que se presentan por ese mismo escaño.
Pero al final, todo este debate sigue en medio del escenario político ya que con el parlamento "colgado" que ha salido de las urnas se ha de hacer encaje para obtener un gobierno estable.
He querido esperar a que las negociaciones hubieran concluido, pero todavía se encuentran en marcha, y es que hay muchos puntos que limar, ya que ambas formaciones se encuentran bastante apartadas una de la otra.
Los liberal demócratas supeditan todo acuerdo a que se produzca un cambio en el sistema electoral tendente a la proporcionalidad. Así que no entenderían una claudicación en este punto, por mucho que miembros del lib-dem entren en el gabinete de gobierno. Su electorado lo vería como una promesa incumplida que lo apartaría del idealismo que envuelve a ese partido y lo situaría al lado de los partidos tradicionales, lo que lo condenaría de cara a su electorado.
Los Tories son contrarios a cualquier reforma electoral, su electorado conservador y sus bases están frontalmente en contra de una reforma electoral de tintes proporcionales. Hay que recordar que en 1974 el conservador Edward Heath se fue a la oposición por no haber aceptado la reforma electoral que le proponían los liberales. Ya que el ideario liberal los sitúa más cerca de los laboristas y con un sistema proporcional éstos podrían arrinconar a los tories en el parlamento. No se entendería que Cameron claudicase en este punto. Por eso las negociaciones se están dilatando en el tiempo. Y es que ninguno de los partidos quiere que llegue el lunes sin un acuerdo ya que los mercados se harían eco de estas dificultades. La libra ya ha acusado un descenso significativo el viernes tras la elección de un parlamento colgado, así que es previsible que el lunes siga cayendo fruto de la incertidumbre política.
Mientras tanto, Gordon Brown sigue durmiendo en Downing Street. Al no haber una mayoría clara en el parlamento no ha presentado su dimisión a la Reina a la espera de que los tories consigan una coalición. Como partido más votado, los laboristas han dejado que sean ellos quienes inicien la tarea de formar una coalición estable. Si las negociaciones entre toires y lib-dem llegan a buen puerto entonces Brown presentará la dimisión a la Reina y Cameron ocupará el número diez. En caso contrario serían los laboristas quienes entablarían conversaciones para formar una coalición estable lab-lib. Movimiento mucho más difícil ya que necesitarían los votos de todas las demás formaciones con representación en la cámara para obtener la confianza. Por lo que lo más probable es que, de no haber acuerdo entre conservadores y liberal demócratas, la reina se vea obligada a convocar unas segundas elecciones. Ante las cuales los lib-dem pagaría el enfado de la nación. Serían acusados de entorpecer la llegada al poder de un partido y su reforma electoral quedaría completamente deslegitimada al ser vista como fuente de problemas, más que de soluciones. Además los tories acudirían a las elecciones con el mensaje de que los lib-dem les han robado la posibilidad de formar gobierno y con su deseo de dejar el sistema electoral intacto. Mientras que los laboristas acudirían a las elecciones con un nuevo candidato, probablemente David Miliband, y encararían los nuevos comicios con una frescura que en estos no tenían. Podrían esgrimir el mensaje del cambio sensato que supone un nuevo líder laborista frente a la incertidumbre que ha supuesto el tercer partido. Sería el peor desenlace posible para Clegg, ya que unos nuevos comicios alejarían durante muchas décadas el fantasma de la reforma electoral.
Por el momento las conversaciones se han empantanado y no parece haberse puesto la reforma electoral sobre la mesa en las negociaciones según informaciones de The Guardian. El mismo diario que afirma que a media tarde, se han reunido representantes de los laboristas y lib-dem para llegar a un posible ante el estancamiento de las conversaciones con los tories. Puede que los laboristas ofrezcan la cabeza de Brown a cambio de una alianza de gobierno.

Al menos todavía no parece plausible un acuerdo, ya que las bases e imortantes miembros del partido lib-dem y de los tories no quieren apearse de sus posturas en cuanto a la reforma del sistema electoral. Aunque el diario Financial Times ha anunciado la buena disposición que tienen los tories hacia las demandas liberal demócratas, según este rotativo se ha puesto encima de la mesa puestos en el gabinete y hasta la reforma electoral, algo que miembros del Partido Conservador han negado. Tampoco parece plausible un acuerdo lib-lab, ya que seguirían muy lejos de los 326 comunes de la mayoría absoluta, así que parece que las negociaciones se van a ir alargando algo más pese a la inestabilidad que eso supone en los mercados financieros. De seguir así no descartaría unas segundas elecciones que dejarían la reforma electoral en dique seco durante décadas. 

jueves, 6 de mayo de 2010

Cameron más cerca de Downing street.

Ya han terminado los debates, pero con ellos no se ha ido la pesadilla de campaña de Gordon Brown. El veterano político tiene que hacer frente a dos tipos de campaña distintos, lo que le complica las cosas. No solo tiene que hacer frente al tradicional adversario conservador, sino que ahora los golpes le vienen por la izquierda, a lo que hay que añadir el fuego amigo del aparato del partido. Los resultados de las encuestas son inequívocas. Todas coinciden en dar la victoria al líder torie David Cameron, y con una tendencia hacia la mayoría absoluta. Si bien uno de cada tres votantes de UK no ha decido todavía el voto.
Hoy, en jornada electoral,  David Cameron obtendría mayoría absoluta según un sondeo del diario The Guardian. Pero lo más interesante es que, tanto este sondeo como los primeros a pie de urna, muestran que el efecto Clegg se está desinflando. En varias encuestas de medios conservadores como el Telegraph o el Financial Times los laboristas se encuentran a tan solo 5 puntos de los conservadores y ya aventajan en otros cinco a los lib-dem. Hay que tener en cuenta que el enemigo de los laboristas no es como da a entender la prensa los lib-dem. Son los partidos minoritarios de las regiones industriales. 
El sistema electoral británico de first past the post hace que por cada circunscripción solo salga un común, y éste es el que gana. Por lo que en muchas de las circunscripciones donde los laboristas tienen su base electoral -los centros industriales del norte de Inglaterra, Gales y Escocia- la pugna es con el BNP y el UKIP y no con los lib-dem que no tienen a penas presencia en estas tierras. De ahí que Tony Blair desprecie el voto táctico y llame a votar por los suyos en estas elecciones.
Los lib-dem son un partido de la izquierda exquisita, de ahí que hayan obtenido el apoyo de The Guardian y The Independent, no de masas obreras. Por lo que los lib-dem tienen más aceptación en el sur y este del país que en los centros industriales. Tienen más aceptación en Londres -donde tal vez arrebaten uno o dos comunes- y en los centros universitarios del país, de donde se nutre su electorado. Electorado joven y poco movilizado que puede jugársela a Clegg.
Pero sea como fuere, nadie puede negar que los comicios están muy interesantes por lo ajustado y por el perfil de los candidatos que provoca iras y amores. 
Los escenarios posibles son de sobra conocidos:
Victoria conservadora por mayoría absoluta, es decir, más de 326 comunes.
Victoria conservadora sin mayoría absoluta. Ante lo cual podían pactar con los lib-dem si pasan por cambiar el sistema electoral. Opción difícil porque como hemos visto en 1974 Edward Heath se fue a la oposición por no querer pagar ese precio a los lib-dem. Los conservadores no quieren oir hablar de cambiar el sistema electoral, porque las afinidades entre laboristas y lib-dem hacen que, con un sistema de representación proporcional, puedan quedar arrinconados en el Parlamento, por lo que prefieren esperar a ganar con mayoría absoluta como pasó luego en 1979 con Margaret Thatcher. 
Victoria conservadora pero con gran presencia laborista. Con lo que Gordon Brown podría no presentar su dimisión a la Reina e intentar durante la semana que tiene hasta la formación del muevo Parlamento -día 12 de mayo- una mayoría para gobernar. Evidentemente pasando por el cambio electoral. Cosa que, aunque no se oponen tan frontalmente como los conservadores, tampoco le interesa debido a que lo localizado que se encuentra su electorado se traduce en una sobre representación de sus votos, con lo que un sistema proporcional iría en contra del laborismo a largo plazo. Esto podría desembocar en unos segundos comicios. 
Podría pasar que, en este escenario, los laboristas para tener una mejor presencia y vender su maniobra, sacrificasen al viejo león y buscasen el recambio en David Miliband o Alan Johnson. 
Victoria conservadora y descalabro laborista que hace que los lib-dem cobre una fuerza determinante para formar gobierno, ante lo cual, en caso de no haber acuerdo, podría o formarse un gobierno en minoría de los conservadores con serias dificultades para llevar a cabo su programa legislativo o pueden convocarse unos segundos comicios. 
Todas ellas opciones muy viables, salvo tal vez el gobierno en minoría, que hacen que esta noche los británicos se peguen a sus televisores...por los que siguen pagando un impuesto. Veremos que pasa. 

Haciendo uso de la tradición anglosajona, HMS Pinafore pide el voto por Gordon Brown, aunque lo pide con la boca pequeña, ya que considero que David Cameron es un candidato atractivo. Hace mucho que los conservadores no tenían a un gran candidato como el que presentan ahora, por eso me ha sorprendido que el viejo león Brown le haya dado tanta guerra.

domingo, 2 de mayo de 2010

Rumbo a Downing street. La suerte está echada.

Al fin han pasado los tres debates y, con ellos, la pesadilla de Gordon Brown que ha visto como una contienda de dos se acabó conviertiendo en una contienda a dos, pero donde él no era ninguno de ellos. Y es que el partido laborista sufre el desgaste de quien ha estado en el gobierno durante trece años. Para ser justos, no podríamos achacar todo los males del laborismo a un candidato que lleva solo tres años en Downing Street. Gordon Brown está, en muchos aspectos, limpiando los platos rotos de Tony Blair, pero para bien o para mal se está enfrentando a la noble y pesada labor de defender el legado del laborismo. Mucho más facil lo tiene Nick Clegg que lucha sin el peso de ser un partido que no aspira al gobierno y, por tanto, se puede permitir alcanzar la popularidad prometiendo lo que sabe que no va a cumplir, se acerca al votante joven y apático con promesas muy bonitas sabiendo que a lo más que puede aspirar -que ya es mucho- es a prostituir sus votos a cambio de la reforma electoral. Pero es una reforma que solo interesa a él ya que la mentalidad británica no desea un cambio electoral. Acostumbrados a un sistema donde el que gana se lo lleva todo, no son de agrado los parlamentos minoritarios, por lo que no creo que esté en la mente de todos cambiar a un sistema donde las mayorías parlamentarias serían aun más difíciles. 
Pero vamos con el debate que es el tema que nos ocupa. El tema del debate era la economía y como se preveía el debate iba a ser cosa de dos. Pero esta vez, esos dos iban a ser David Cameron y Gordon Brown. La economía se antojaba el tema estrella de las elecciones ante la situación de UK, pero la irrupción de Clegg en campaña tras el primer debate introdujo artificialmente temas superfluos como la modificación del sistema electoral, retrasando el tema que más debería importar hasta la celebración de este tercer debate. 
David Cameron se encuentra en una doble partida en estas elecciones. Fue noqueado en el primer debate, al ser quien más perdió con el fulgurante ascenso de Clegg, porque le añadió un enemigo más a su campaña, de hecho, muchos analistas piensan que añadió el enemigo real ante un moribundo Gordon Brown. Pero el equipo de campaña de Cameron no se dejó engañar, sabía que había anular el efecto Clegg ya que éste se había quedado con el eslogan del cambio que hasta entonces entonaba Cameron. Sabía que en el segundo debate tenía que ir a por él y así fue, ya que las posiciones conservadoras y laboristas en política exterior estaban muy cerca como para perder el tiempo enfrentándose a Brown. Pero no perdió a los laboristas de su punto de mira, en este debate el interlocutor real iba a ser el Primer Ministro y Canciller del Exchequer durante diez años, iba a ser el economista del milagro económico británico y de la crisis económica. Por lo que, en contra de lo que dicen los sondeos y los análisis de algunos diarios, personalmente creo que fue un debate a dos, donde Clegg fue el convidado de piedra. 
A David Cameron le costó muy poco eliminar del debate económico a Clegg. Bastó con tacharle de europeista y acusarle de querer integrar a la Libra en el Euro para que su rival perdiese toda credibilidad en materia económica ante el electorado. A partir de ahí el debate económico fue cosa de dos. Cameron acusó a los laboristas de tener una política de subsidios que hacía más atractivo no trabajar que aceptar puestos de trabajo y prometió vagos recortes -como los demás candidatos- en cuanto a impuesto de sucesiones. Introdujo la cuestión de dejar que las fundaciones ocupasen un papel importante en la gestión de la educación y volvió a remarcar que dejaría intacto las inversiones en sanidad. Por su parte, Cameron acusó a los laboristas de ser demasiado de derechas al ayudar demasiado a los bancos y grandes industriales antes que a las clases medias y obreras del país que es a quien más castiga los impuestos laboristas. 
La segunda parte del debate estuvo marcada por la inmigración, donde se diluyó un poco entre realismo y buenísimas intenciones. Aquí hubo un acuerdo entre laboristas y conservadores para ser restrictivos con la inmigración ante un infructuoso intento de Clegg de llamar la atención sobre un problema creado por los dos partidos y que ésta era incontrolable ya que venía de los nuevos países de la UE.   
Por último Cameron apeló al cambio responsable que supone su partido ante el peligro de las promesas de los lib-dem y el agotamiento del programa laborista. Apeló al votante obrero y de clase media ante acusaciones de que el partido laborista se había vendido a la gran banca. Hizo un buen debate y supo desviar mejor que sus oponentes el tema de los necesarios recortes económicos y lo hizo porque el desesperado intento de Clegg de no ser eclipsado le permitió evitar las preguntas del Premier. 
Nick Clegg encaraba el debate sabiendo que era el que menos podía aportar en la materia y con la dificultad de mantener la burbuja lib-dem intacta. Los lib-dem habían visto como su ventaja con los laboristas se iba desinflando entre el segundo y tercer debate volviendo a ocupar la tercera posición, por lo que tenía que mantenerse en pie dignamente ante un Cameron que iba a por todas y el experto economista que es Brown. Clegg quedó fuera pronto del debate económico y se limitó a dar la razón como un aficionado a los ciudadanos que iban preguntando para meter con calzador el mensaje del cambio, del cambio real que los lib-dem encarnaban. No tuvo un papel más fácil cuando salió a la palestra la política inmigratoria, ya que fue acusado por los otros candidatos de proponer una amnistía a la inmigración con el efecto llamada que eso iba a suponer. Clegg estaba muerto para la gran masa de parados que echa la culpa de su desempleo a la inmigración. Así que Clegg cerró el debate con la cantinela habitual, que había muchos problemas y que éstos se debían a la responsabilidad por igual que tenían los dos partidos en la gestión de los asuntos públicos. Por lo que si UK deseaba un cambio, él era el candidato mejor situado, ya que Cameron y Brown eran más de lo mismo. 
Fue Clegg quien otorgó la victoria a Cameron, ya que su ascenso fue tan fuerte que todos le veían como el auténtico interlocutor. Su inexperiencia en economía dejó vía libre a la victoria de Cameron e hizo de barrera a los intentos del Brown de llevarle a cuestiones económicas que realmente iban a poner en aprietos al líder Torie. 
Gordon Brown acudía al debate abatido por el incidente del micrófono abierto. Tras un intercambio de ideas con una votante laborista de toda la vida, el Premier ajeno a que el micro seguía encendido llamó a la votante fanática e intolerante. La cosa podría haber quedado en anécdota de no ser la imagen de derrotado que dio en la BBC radio cuando acudió raudo a disculparse. Para muchos mostró el carácter real de Mr Brown, justo cuando el Premier luchaba con todas sus fuerzas en centrar el debate en la economía y no en el carisma de los candidatos. No obstante una encuesta de yougov mostró que la mitad de los británicos consideraba el incidente una "tormenta en un baso de agua" pero no cabe duda que fue un duro golpe para los laboristas y que ensombreció el mal momento pasado por David Cameron cuando discutió con el padre de un niño discapacitado. 
Brown comenzó su intervención en el debate disipando el fantasma del "bigotgate" al decir que como se había visto no hacía las cosas siempre bien, pero sabía de economía un rato largo. Un gran intento de centrar el debate en lo económico. Fue un gran cómplice para Cameron en su intento de dejar fuera del debate al neo nato Clegg al centrar el debate entre Tories y laboristas. El mensaje que Brown tenía era claro. Apelaba a la tradición británica de no cambiar lo que funciona, y alegaba que era peligroso para la recuperación económica un cambio de gobierno que suprimiese los incentivos como decía que iba a hacer Cameron. Para esto aludió a las políticas económicas de Obama y Merkel que apoyaban sus argumentos sobre el peligro de eliminar ayudas mientras la economía no estuviera totalmente recuperada.
Ante los ataques de Cameron, que le acusaba de beneficiar más a la gran empresa y la banca, Brown argumentó que el rescate de la banca se había hecho con arrojo y que, aunque lo soportasen los impuestos obreros, era necesaria sino se quería el colapso económico del país. Aseguró que la medida mantenía a salvo los ahorros de la ciudadanía y la solvencia del sistema. Defendió que el Estado, ahora accionista de los grandes bancos, una vez se recuperase la economía comenzaría a recuperar el dinero en base a los dividendos y beneficios que iba a dar esas acciones. 
Su punto débil fue ser muy ambiguo en cuanto a los recortes que iba a acometer si seguía en el número diez. Fue demasiado agresivo y pudo parecer en ocasiones desesperado por obtener respuestas de Cameron que nunca llegaban, gracias en parte al mensaje repetitivo de Clegg. Pero los resultados no fueron del todo malos para el premier. Brown jugó el papel de estadista y logró con ello apartar la pifia del "bigotgate".
Y digo esto, porque muchas encuestas coinciden en dar un segundo puesto al Premier que, por primera vez, superaría a Nick Clegg en los debates. Coincido con estas encuestas sobre el papel de comparsa que tuvo clegg en este debate. 
Es cierto que las encuestas son unánimes en dar la victoria a Cameron y acercarlo a la mayoría absoluta, pero lo importante es saber cómo afectará al segundo puesto la noche electoral. De momento parece que la bubuja Clegg se desinfla pese haber tenido importantes apoyos como el del periódico The Guardian que ha pedido en un editorial el voto por el cambio que representa Nick Clegg, salvo en las circunscripciones donde no tienen nada que rascar que lo piden para los laboristas. 
Por ello Clegg ha sacado pecho y ha declarado que han sustituido a los laboristas en la política británica, lo que es más que discutible ante la continuada caída de Clegg en los sondeos. Y es que los laboristas tienen una base electoral más sólida que los liberal demócratas que se nutren de jóvenes desencantados que nunca antes habían acudido a las urnas y que es posible que el jueves se queden en casa. Esto lo evidencia que, pese haber sido el peor en el debate del jueves, la encuesta de facebook para UK democracy diera ganador del debate a Clegg, seguido de Brown y Cameron de último. Habrá que ver si esta gente sale de su ordenador y acude a las urnas. 
Los laboristas están teniendo dificultades en sus feudos por el ascenso de partidos minoritarios, unas veces anti y otras veces locales como el caso escocés, debido a que el new labour de Tony Blair se acercó más a la clase media inglesa dejando huérfana políticamente a las masas obreras del norte de Inglaterra y escocia que encontraron en partidos locales un buen sustituto. Ahora, para no perder tampoco la batalla de las clases medias Tony Blair ha entrado en campaña. Parece que ante el miedo de quedar terceros los laboristas han sacado del armario a un Tony Blair que pensaban más dañino que beneficioso. Pero como se está librando la batalla de la imagen parece que Blair solo puede obtener buenos resultados en la maltrecha campaña laborista. 

Pase lo que pase, quien gane las elecciones tendrá que gestionar un legado de cenizas. Según un informe del Banco del Inglaterra el partido que gane las elecciones deberá acometer unos recortes similares a los que se acometieron con el final de la II guerra mundial, lo que llevará al partido en el gobierno a no ganar unas elecciones en la siguiente década. De momento el poder sigue siendo el poder y quedan unos días de infarto aunque parece que la suerte ya está echada.