domingo, 2 de mayo de 2010

Rumbo a Downing street. La suerte está echada.

Al fin han pasado los tres debates y, con ellos, la pesadilla de Gordon Brown que ha visto como una contienda de dos se acabó conviertiendo en una contienda a dos, pero donde él no era ninguno de ellos. Y es que el partido laborista sufre el desgaste de quien ha estado en el gobierno durante trece años. Para ser justos, no podríamos achacar todo los males del laborismo a un candidato que lleva solo tres años en Downing Street. Gordon Brown está, en muchos aspectos, limpiando los platos rotos de Tony Blair, pero para bien o para mal se está enfrentando a la noble y pesada labor de defender el legado del laborismo. Mucho más facil lo tiene Nick Clegg que lucha sin el peso de ser un partido que no aspira al gobierno y, por tanto, se puede permitir alcanzar la popularidad prometiendo lo que sabe que no va a cumplir, se acerca al votante joven y apático con promesas muy bonitas sabiendo que a lo más que puede aspirar -que ya es mucho- es a prostituir sus votos a cambio de la reforma electoral. Pero es una reforma que solo interesa a él ya que la mentalidad británica no desea un cambio electoral. Acostumbrados a un sistema donde el que gana se lo lleva todo, no son de agrado los parlamentos minoritarios, por lo que no creo que esté en la mente de todos cambiar a un sistema donde las mayorías parlamentarias serían aun más difíciles. 
Pero vamos con el debate que es el tema que nos ocupa. El tema del debate era la economía y como se preveía el debate iba a ser cosa de dos. Pero esta vez, esos dos iban a ser David Cameron y Gordon Brown. La economía se antojaba el tema estrella de las elecciones ante la situación de UK, pero la irrupción de Clegg en campaña tras el primer debate introdujo artificialmente temas superfluos como la modificación del sistema electoral, retrasando el tema que más debería importar hasta la celebración de este tercer debate. 
David Cameron se encuentra en una doble partida en estas elecciones. Fue noqueado en el primer debate, al ser quien más perdió con el fulgurante ascenso de Clegg, porque le añadió un enemigo más a su campaña, de hecho, muchos analistas piensan que añadió el enemigo real ante un moribundo Gordon Brown. Pero el equipo de campaña de Cameron no se dejó engañar, sabía que había anular el efecto Clegg ya que éste se había quedado con el eslogan del cambio que hasta entonces entonaba Cameron. Sabía que en el segundo debate tenía que ir a por él y así fue, ya que las posiciones conservadoras y laboristas en política exterior estaban muy cerca como para perder el tiempo enfrentándose a Brown. Pero no perdió a los laboristas de su punto de mira, en este debate el interlocutor real iba a ser el Primer Ministro y Canciller del Exchequer durante diez años, iba a ser el economista del milagro económico británico y de la crisis económica. Por lo que, en contra de lo que dicen los sondeos y los análisis de algunos diarios, personalmente creo que fue un debate a dos, donde Clegg fue el convidado de piedra. 
A David Cameron le costó muy poco eliminar del debate económico a Clegg. Bastó con tacharle de europeista y acusarle de querer integrar a la Libra en el Euro para que su rival perdiese toda credibilidad en materia económica ante el electorado. A partir de ahí el debate económico fue cosa de dos. Cameron acusó a los laboristas de tener una política de subsidios que hacía más atractivo no trabajar que aceptar puestos de trabajo y prometió vagos recortes -como los demás candidatos- en cuanto a impuesto de sucesiones. Introdujo la cuestión de dejar que las fundaciones ocupasen un papel importante en la gestión de la educación y volvió a remarcar que dejaría intacto las inversiones en sanidad. Por su parte, Cameron acusó a los laboristas de ser demasiado de derechas al ayudar demasiado a los bancos y grandes industriales antes que a las clases medias y obreras del país que es a quien más castiga los impuestos laboristas. 
La segunda parte del debate estuvo marcada por la inmigración, donde se diluyó un poco entre realismo y buenísimas intenciones. Aquí hubo un acuerdo entre laboristas y conservadores para ser restrictivos con la inmigración ante un infructuoso intento de Clegg de llamar la atención sobre un problema creado por los dos partidos y que ésta era incontrolable ya que venía de los nuevos países de la UE.   
Por último Cameron apeló al cambio responsable que supone su partido ante el peligro de las promesas de los lib-dem y el agotamiento del programa laborista. Apeló al votante obrero y de clase media ante acusaciones de que el partido laborista se había vendido a la gran banca. Hizo un buen debate y supo desviar mejor que sus oponentes el tema de los necesarios recortes económicos y lo hizo porque el desesperado intento de Clegg de no ser eclipsado le permitió evitar las preguntas del Premier. 
Nick Clegg encaraba el debate sabiendo que era el que menos podía aportar en la materia y con la dificultad de mantener la burbuja lib-dem intacta. Los lib-dem habían visto como su ventaja con los laboristas se iba desinflando entre el segundo y tercer debate volviendo a ocupar la tercera posición, por lo que tenía que mantenerse en pie dignamente ante un Cameron que iba a por todas y el experto economista que es Brown. Clegg quedó fuera pronto del debate económico y se limitó a dar la razón como un aficionado a los ciudadanos que iban preguntando para meter con calzador el mensaje del cambio, del cambio real que los lib-dem encarnaban. No tuvo un papel más fácil cuando salió a la palestra la política inmigratoria, ya que fue acusado por los otros candidatos de proponer una amnistía a la inmigración con el efecto llamada que eso iba a suponer. Clegg estaba muerto para la gran masa de parados que echa la culpa de su desempleo a la inmigración. Así que Clegg cerró el debate con la cantinela habitual, que había muchos problemas y que éstos se debían a la responsabilidad por igual que tenían los dos partidos en la gestión de los asuntos públicos. Por lo que si UK deseaba un cambio, él era el candidato mejor situado, ya que Cameron y Brown eran más de lo mismo. 
Fue Clegg quien otorgó la victoria a Cameron, ya que su ascenso fue tan fuerte que todos le veían como el auténtico interlocutor. Su inexperiencia en economía dejó vía libre a la victoria de Cameron e hizo de barrera a los intentos del Brown de llevarle a cuestiones económicas que realmente iban a poner en aprietos al líder Torie. 
Gordon Brown acudía al debate abatido por el incidente del micrófono abierto. Tras un intercambio de ideas con una votante laborista de toda la vida, el Premier ajeno a que el micro seguía encendido llamó a la votante fanática e intolerante. La cosa podría haber quedado en anécdota de no ser la imagen de derrotado que dio en la BBC radio cuando acudió raudo a disculparse. Para muchos mostró el carácter real de Mr Brown, justo cuando el Premier luchaba con todas sus fuerzas en centrar el debate en la economía y no en el carisma de los candidatos. No obstante una encuesta de yougov mostró que la mitad de los británicos consideraba el incidente una "tormenta en un baso de agua" pero no cabe duda que fue un duro golpe para los laboristas y que ensombreció el mal momento pasado por David Cameron cuando discutió con el padre de un niño discapacitado. 
Brown comenzó su intervención en el debate disipando el fantasma del "bigotgate" al decir que como se había visto no hacía las cosas siempre bien, pero sabía de economía un rato largo. Un gran intento de centrar el debate en lo económico. Fue un gran cómplice para Cameron en su intento de dejar fuera del debate al neo nato Clegg al centrar el debate entre Tories y laboristas. El mensaje que Brown tenía era claro. Apelaba a la tradición británica de no cambiar lo que funciona, y alegaba que era peligroso para la recuperación económica un cambio de gobierno que suprimiese los incentivos como decía que iba a hacer Cameron. Para esto aludió a las políticas económicas de Obama y Merkel que apoyaban sus argumentos sobre el peligro de eliminar ayudas mientras la economía no estuviera totalmente recuperada.
Ante los ataques de Cameron, que le acusaba de beneficiar más a la gran empresa y la banca, Brown argumentó que el rescate de la banca se había hecho con arrojo y que, aunque lo soportasen los impuestos obreros, era necesaria sino se quería el colapso económico del país. Aseguró que la medida mantenía a salvo los ahorros de la ciudadanía y la solvencia del sistema. Defendió que el Estado, ahora accionista de los grandes bancos, una vez se recuperase la economía comenzaría a recuperar el dinero en base a los dividendos y beneficios que iba a dar esas acciones. 
Su punto débil fue ser muy ambiguo en cuanto a los recortes que iba a acometer si seguía en el número diez. Fue demasiado agresivo y pudo parecer en ocasiones desesperado por obtener respuestas de Cameron que nunca llegaban, gracias en parte al mensaje repetitivo de Clegg. Pero los resultados no fueron del todo malos para el premier. Brown jugó el papel de estadista y logró con ello apartar la pifia del "bigotgate".
Y digo esto, porque muchas encuestas coinciden en dar un segundo puesto al Premier que, por primera vez, superaría a Nick Clegg en los debates. Coincido con estas encuestas sobre el papel de comparsa que tuvo clegg en este debate. 
Es cierto que las encuestas son unánimes en dar la victoria a Cameron y acercarlo a la mayoría absoluta, pero lo importante es saber cómo afectará al segundo puesto la noche electoral. De momento parece que la bubuja Clegg se desinfla pese haber tenido importantes apoyos como el del periódico The Guardian que ha pedido en un editorial el voto por el cambio que representa Nick Clegg, salvo en las circunscripciones donde no tienen nada que rascar que lo piden para los laboristas. 
Por ello Clegg ha sacado pecho y ha declarado que han sustituido a los laboristas en la política británica, lo que es más que discutible ante la continuada caída de Clegg en los sondeos. Y es que los laboristas tienen una base electoral más sólida que los liberal demócratas que se nutren de jóvenes desencantados que nunca antes habían acudido a las urnas y que es posible que el jueves se queden en casa. Esto lo evidencia que, pese haber sido el peor en el debate del jueves, la encuesta de facebook para UK democracy diera ganador del debate a Clegg, seguido de Brown y Cameron de último. Habrá que ver si esta gente sale de su ordenador y acude a las urnas. 
Los laboristas están teniendo dificultades en sus feudos por el ascenso de partidos minoritarios, unas veces anti y otras veces locales como el caso escocés, debido a que el new labour de Tony Blair se acercó más a la clase media inglesa dejando huérfana políticamente a las masas obreras del norte de Inglaterra y escocia que encontraron en partidos locales un buen sustituto. Ahora, para no perder tampoco la batalla de las clases medias Tony Blair ha entrado en campaña. Parece que ante el miedo de quedar terceros los laboristas han sacado del armario a un Tony Blair que pensaban más dañino que beneficioso. Pero como se está librando la batalla de la imagen parece que Blair solo puede obtener buenos resultados en la maltrecha campaña laborista. 

Pase lo que pase, quien gane las elecciones tendrá que gestionar un legado de cenizas. Según un informe del Banco del Inglaterra el partido que gane las elecciones deberá acometer unos recortes similares a los que se acometieron con el final de la II guerra mundial, lo que llevará al partido en el gobierno a no ganar unas elecciones en la siguiente década. De momento el poder sigue siendo el poder y quedan unos días de infarto aunque parece que la suerte ya está echada.

4 comentarios:

Benjamín dijo...

He podido ver parte del tercer debate y la verdad es que coincido contigo David. Greg en segundo plano con eslóganes basado en buenas ideas pero sin el peso de la realidad en contraste de lo que sería un partido de gobierno con politicas solventes. Lo que si ya no tengo tan claro es la victoria del debate. En mi opinión, Cameron no fue capaz de responder adecuadamente (aunque fue muy hábil escabullendose) a Brown y me dio la impresión de que una contienda directa le haría perder terreno frente a este. Aunque Brown no supo lucirse, creo que en materia economica tiene las ideas más claras y mejor fundamentadas que Cameron, quien se vio que no quería profundizar en algunas cuestiones. Eso si, lo orartoria del conservador sobrepasó a todos.
Bueno, tengo muchas ganas de saber lo que pasa esta semana

Ivan dijo...

Sólo quedan unas horas para las elecciones. Parece que Cameron está sólo a un paso de conseguir la ansiada mayoría absoluta pero habrá que esperar al recuento porque muchos escaños se decidirán por un puñado de votos.
En cuanto a la segunda plaza las cosas se le ponen difíciles a Brown. Su campaña me pareció muy errática, no brilló en los debates y se está quedando sin apoyo mediático. ¿Qué te pareció el cambio en la linea editorial del diario The Guardian y su apoyo a Clegg?
Pase lo que pase, espero que no se modifique el sistema electoral que históricamente ha permitido formar fácilmente mayorías pero que tanto perjudica a los Lib-Dem.
Estoy deseando saber cual será el resultado final.

David Alonso dijo...

Pues mira, coincido contigo en todo. Considero que cambiar un sistema en el que es más fácil conseguir mayorías por otro donde va a ser más difícil y va a diluir el debate electoral de lo importante para centrarse en los pactos (como ha pasado en esta campaña) solo contribuye a desestabilizar el país y al mercadeo de votos.
No me ha gustado el cambio de linea editorial del diario The Guardian, no creo que se crean de verdad el efecto Clegg, es decir, parece lo de siempre: candidato simpático que enumera fallos evidentes a un electorado apático. No será la última vez que veamos algo así. Pero The guardian ansía desde décadas un sistema proporcional y creo que ha vendido al tecnócrata por esta promesa. No creo que la dirección del diario realamente crea que Clegg es mejor que Brown. Yo tampoco lo creo.

David Alonso dijo...

Aunque gane Cameron -que se lo merece por la buena campaña que ha dado- espero que Brown quede de segundo, aunque solo sea para demostrar que Clegg es solo una burbuja.