viernes, 14 de mayo de 2010

Un gobierno, dos partidos.

Bueno, al fin, tras muchas negociaciones, de las que sabemos muy poco en realidad, tenemos nuevo gobierno en UK y el primero en coalición en tiempos de paz. Puesto que los demás gobiernos de coalición del UK fueron de concentración nacional en tiempo de guerra. Y es que, dado el nivel de erosión que sufría el laborismo británico, el cambio exigía un pacto contranatura lib-con.
Los conservadores ganaron las elecciones y, por tanto, el PM saliente dejó que fueran éstos quienes intentasen formar gobierno, pero no abandonó inmediatamente Downing St. 
Por su parte, los laboristas no hicieron intentos serios de pactar con los lib-dem, porque la aritmética parlamentaria corría demoledoramente en su contra, por lo que Gordon Brown hizo un fútil intento de favorecer el pacto anunciando una renuncia en el liderazgo del laborismo para octubre y favorecer la entrada de un nuevo líder laborista. Pero la propuesta tenía más sombras que luces, lo único que ofrecían los laboristas era un referéndum sobre la reforma electoral, dejando en vilo quien iba a ser el nuevo líder laborista y cómo iba a ser la transición. La operación laborista se planteaba compleja y desestabilizadora, al iniciar en el seno de un partido débil la lucha por el poder. Un poder podrido al ir en contra de los resultados electorales. Los laboristas lo sabían, y por eso las pocas reuniones con los liberales fueron más de cortesía que otra cosa.
Los conservadores querían un pacto lo antes posible. Con todo, la transición fue muy rápida y, en solo cinco días, los negociadores de ambos partidos habían llegado a un principio de acuerdo. Era el momento de dimitir como Primer Ministro. Así que el martes por la tarde, Gordon Brown acudió a Buckingham Palace para ofrecer su dimisión a la Reina, quien, acto seguido llamó a David Cameron para formar gobierno, sabiendo que era la opción que tenía la confianza de los Comunes. Por lo que, tras un emotivo discurso de Brown a las puertas del número diez, se ponía el punto y a parte del new labour. 
Gran Bretaña y Europa da la bienvenida a David Cameron al número diez. Si lo pensamos bien, se trata de una victoria amarga. Para una persona que solo ha sido político y que hace tan solo seis meses gozaba de una distancia en los sondeos de 20 puntos, quedarse tras las elecciones a 20 escaños de la mayoría absoluta y tener que compartir programa y gobierno con un partido menor y antagónico en ideología debe de resultar amargo. Debe ser amargo ver como un político que responde mal ante las cámaras, cuyo partido está seriamente erosionado por la guerra de Iraq y el fuerte endeudamiento, te hace tan difícil entrar en el número diez. Y es que el nuevo laborismo ha significado no solo la modernización del partido laborista, ha significado la asimilación del votante de centro-izquierda a un partido que no es de clase exclusivamente obrera. 
Estas elecciones tenían que haber sido las elecciones de David Cameron, el Tony Blair de la derecha que, gozando de la atención y mimo del electorado, entrase en el número diez con la ilusión que lo hizo Tony Blair. No nos equivoquemos con David. Es un gran político, joven y ambicioso que posiblemente tenga la misma ilusión y ganas que Blair, pero los planes se le han torcido. Primero Gordon Brown no se dejó vencer tan fácilmente. Tomó medidas inmediatas para salir al rescate de la banca y se mostró enérgico y resolutivo en las sucesivas cumbres del G20 que abordaron la reestructuración de la economía mundial. Y es que Gordon es economista y de los buenos, por lo que cuando los acontecimientos le dejaron centrarse en ella los sondeos le dieron un respiro. Gordon hizo frente a horas muy bajas y resurgió de dos congresos laboristas organizados para cortarle la cabeza, no sin ayuda de Tony Blair, de los que repuntó en las encuestas. Pudo acallar y eliminar los sucesivos conatos de revuelta en el gabinete y llegó a las elecciones a unos cómodos 5 puntos de Cameron, lo que devolvió al partido la ilusión de ganar. La victoria era posible por las peculiaridades del sistema electoral británico. 
Pero al final 2010 no son las elecciones de David Cameron. Son las elecciones de Cameron y Clegg. 
Nick Clegg surgió como el líder que hizo que los liberal demócratas, esa fusión de los liberales del XIX de Lloyd George y una facción escindida del Labour, fuesen vistos como una alternativa socialdemócrata auténtica ante el proceso de desgaste evidente que sufría el new labour. Hizo un trabajo en campaña excepcional, ganó de manera indiscutible el primer debate, dando muy fuerte en la campaña de Cameron y desorientando a los laboristas. Hizo algo muy importante: hizo que ambos partidos, ante las encuestas que pronosticaban un parlamento colgado, lo tuvieran en cuenta como partido bisagra y le cortejasen. Pero los resultados mostraron la triste realidad de la falta de apoyos electorales de los liberal demócratas. 
Los liberales perdieron las elecciones. De hecho, dadas las expectativas, fueron los grandes perdedores de las elecciones. Fue Gordon Brown quien ganó la partida a los lib-dem y a los conservadores al resurgir en las encuestas pese a su mal carácter, pese haber perdido los debates y pese haber insultado a una votante laborista de toda la vida. Mucha gente optó por el labour como opción de centro-izquierda desinflando la legitimidad de la reforma política por la que claman los lib-dem. Afirmaba fanfarrón Clegg que habían sustituído al labour en el escenario político británico. No dicen lo mismo los más de 200 diputados que le sacó Brown a Clegg. Por lo que, pese a lo que dicen muchos artículos periodísticos, no considero que el new Labour de Blair-Brown esté acabado. Solo está acabado el proyecto político de esta élite del laborismo, pero no el new labour que transformó un partido marxista en un partido socialdemócrata de centro-izquierda más adaptado a la realidad británica que el lib-dem. Por eso los lib-dem no sustituirán al labour en el escenario político británico, porque no tienen una base sólida ni unos ideales sólidos al ser la fusión de dos tendencias económicamente antagónicas como son la socialdemocracia y la liberal. Por eso Clegg no tuvo nada que hacer en el debate económico. Y una prueba de ello son los pobres resultados electorales. Hay que recordar que Clegg no solo no subió -a pesar de sus altísimas expectativas- sino que descendió cinco comunes frente a un partido de izquierda supuestamente en descomposición. El señor Clegg ha ganado mucho, ha ganado ser la llave del gobierno, pero a la larga su partido a perdido todo el espacio político que tenía y más cuando su electorado vea que sus puntos programáticos han sido sacrificados a cambio de sillones en el gabinete
Pero el fabricar una mayoría estable de gobierno hizo que el perdedor en la guerra ganase en la paz. Así que Nick Clegg se convirtió en el Deputy Prime Minister in pectore, a la espera de la mejor oferta
El pacto se terminó de sellar ayer y hoy sabemos casi todos los puntos. Ambos partidos cedieron terreno, pero en mi opinión, los liberal demócratas cedieron mucho más, al sacrificar los puntos orgánicos de su programa. 
Los conservadores han impuesto finalmente su postura en Asuntos Exteriores. Hoy mismo William Hague, el director del Foreign Office ha dejado bien claro que su país no entrará en el Euro y que se acabaron las cesiones de soberanía. Así mismo, los conservadores han seguido adelante con la renovación del programa nuclear Trident que ya estaba acometiendo el labour con vistas a la disuasión nuclear y con vistas a estrechar los lazos con Estados Unidos. David Cameron quiere estrechar los lazos con Estados Unidos debido a que hay una sensación en el Foreign Office de que la administración Obama está tratando al UK de igual manera que al resto de sus aliados europeos, cosa que preocupa bastante. Y no es de extrañar si tenemos en cuenta que el abuelo keniata de Obama fue torturado por los soldados británicos en la era colonial. 
Los liberales han sido superados en Asuntos exteriores, defensa e inmigración, pero intentaron sacar todos los réditos posibles en el tema de la reforma política. La reforma política, la piedra angular del programa lib-dem, consiste en intentar implantar un sistema de representación proporcional acercándose a los sistemas continentales. Este punto de la reforma política la llevará el Deputy Prime Minister, un cargo totalmente vacío de poder como no se cansó de recordar Margaret Thatcher a Geofrie Howe. Otro punto de la reforma política es reformar la Cámara de Lores en una cámara electa con representación proporcional. Así mismo, ha quitado de las manos del PM una de sus mayores prerrogativas al fijar las legislaturas en cinco años sin posibilidad de adelanto electoral, a no ser que el PM sea desalojado por el Parlamento, con lo que las próximas elecciones se han fijado para el 7 de mayo de 2015. 
Pero Nick Clegg debería ser muy cauto porque las concesiones en materia política que le han prometido pueden ser un trato envenenado, al supeditarlas a la celebración de un referéndum; referéndum convocado y aprobado por los Comunes. El ala más conservadora del partido conservador ha puesto el grito en cielo; con lo que David Cameron ha prometido dar a sus comunes libertad de voto para estas cuestiones, abriendo la posibilidad de que voten junto a los  258 Comunes del Labour dando al traste con la reforma política tan ansiada por los lib-dem. Ésto  dejaría a Clegg impotente y con la imagen de haber vendido su programa por un par de asientos en el gabinete. No obstante, en caso de que se apruebe un referéndum para la reforma política, es bastante probable que el pueblo británico -conservador y amante de sus costumbre como es- vote no, echando por la borda las ansias reformistas del lib-dem. Con lo que Cameron habrá cumplido con su parte del trato sin mancharse en el empeño.
A pesar de que el trato parece un regalo envenenado a los lib-dem, muchos conservadores creen que su partido cede demasiado, ya que hay cinco puestos en el gabinete para los lib-dem cuando es un partido con seis veces menos votos que los conservadores. Muchos Comunes tories preferían un gobierno en minoría pactando las reformas de manera puntual según interesase. 
De momento estamos viendo la luna de miel entre Cameron y Clegg, pero cinco años de legislatura son muchos años, más teniendo en cuenta que se trata de una coalición bien antagónica. Habrá que ver cual de los socios se siente antes defraudado. De momento es el electorado liberal demócrata el que ya da muestras de desencanto con Clegg, que ha pasado de querer frenar a los tories a favorecer su entrada en Downing St. Si Clegg no tienen cuidado puede acabar siendo cómplice ante su electorado de medidas muy impopulares y ser un cadáver político antes de empezar. Un cadáver que ya comienza a oler muy mal. 

1 comentario:

Benjamín dijo...

Muy bien David, sigue así.