viernes, 1 de octubre de 2010

Adiós al New Labour.

La leal oposición de SM ha elegido por fin el sucesor del new labour. Ed Miliband parece enterrar trece años de nuevo laborismo encarnado en Tony Blair y luego por Gordon Brown. Aunque Gordon ya había dado pasos para sacudirse ciertos aspectos del new labour de su antaño amigo y colega Blair, la derrota electoral y la sucesión en el laborismo británico ha supuesto el último clavo del ataud.
Todas las apuestas parecían indicar la continuidad del new labour con el favoritismo que las bases y los parlamentarios daban a David Miliband, el secretario de Foreign Office que siempre se mostró leal al jefe del partido mientras el barco se hundía. Pero la balanza se inclinó finalmente del lado de su hermano menor, Ed Miliband. La jefatura del partido laborista se elige en una votación por tercios: las bases, los parlamentarios y los sindicatos. El elector sitúa en una lista los tres nombres por orden de preferencia. Así, aunque David era el preferido por las bases y los parlamentarios, los sindicatos terminaron de inclinar la balanza hacia Ed. 
Si todos los partidos socialdemócratas de Europa tienen dependencia de sus sindicatos afines, el partido laborista británico se lleva la palma. Los sindicatos han sido los auténticos responsables de que el laborismo no pisase mucho el número 10 de downing street durante la segunda mitad de siglo y es el riesgo que se cierne sobre el laborismo actualmente.
Las tres victorias del new labour de Tony Blair dieron al partido -y a los militantes que crecieron con él- la sensación de haberse quitado un fuerte lastre de encima, ya que Tony Bair ganaba elecciones por méritos propios. Para las bases y para muchos parlamentarios la elección de Ed Miliband devuelve al laborismo al yugo de los sindicatos, por ello Ed ha querido deshacerse de ese sambenito en el discurso del congreso laborista. No lo ha conseguido, el escaso margen de su elección le hace rehén a él el primero de los sindicatos y lo tendrá muy difícil para liderar el partido.

Pero los sindicatos no solo son importantes por el tercio que representa en la elección de líder laborista, lo son porque supone la principal fuente de financiación del partido. Ahora, en época de crisis, habiendo perdido las elecciones y habiendo perdido el tirón que Blair tenía con las clases financieras de la City, el partido necesita de sus fuentes de financiación tradicionales, ya que no abundan los donativos. Por lo que el laborismo debe tener mucho cuidado de no caer en ese chantaje, es un elemento más que hace de Ed Miliband un rehén.
En su discurso de investidura, Ed ha querido tomar un punto medio con bastante poco éxito. Ha dado un mal discurso en el que no supo ni pudo adecuar las críticas al new labour con las alabanzas a sus muchos logros, por lo que fue del todo incoherente, inconexo y, en muchos casos, titubeante. Quienes le tildan de novato izquierdista han visto confirmadas sus sospechas en un discurso que, aunque esperado, se vio empañado por la incertidumbre del futuro de David Miliband. La renuncia a quedarse como Canciller del Exchequer en la sombra ha sido para evitar una bicefalia incómoda para su hermano, ya que la prensa estaría más pendiente de las discrepancias que de la labor dirigente de Ed. Aunque el menor de los Miliband crea que se ha deshecho del problema con la marcha de su hermano, con ella le resultará mucho más complicado hacerse con los diputados más afines al new labour -es decir, casi todos- ya que no se verán identificados con su nuevo jefe.

Parece que ante la crisis de la socialdemocracia el laborismo en UK gira a la izquierda. Las bases y votantes del partido echaron en cara al new labour que gastase ingentes fondos públicos en reflotar el sistema bancario a cambio de desproteger servicios públicos. Unos podrían decir que esto era un deber nacional al depender todo el sistema económico de la banca. Yo creo que los laboristas simplemente recogieron los platos rotos de una alianza -la de Whitehall con la City- que les reportó pingues beneficios hasta que la economía se vino abajo.
Personalmente creo que un giro pronunciado a la izquierda supondrá más ostracismo al laborismo; puesto que, en un país eminentemente conservador como UK, los laboristas solo se afianzaron sólidamente en el poder cuando conquistaron el centro.