domingo, 21 de noviembre de 2010

Nostalgia soviética.


El corolario "cualquier tiempo pasado fue mejor" parece cumplirse a la perfección en el caso de la población rusa. Ante el panorama político que tienen ha florecido un sentimiento nostálgico por los viejos años de la extinta Unión Soviética. Evidentemente no por los años del sangriento estalinismo, sino por los últimos años de la URSS y, más en concreto por los años de reinado de Leonidas Brezhnev.
La emisión hace poco de una serie televisiva que tenía como argumento la vida de Brezhnev, ha despertado la nostalgia brezhneriana. Es evidente que cuando un régimen cae siempre deja nostálgicos, como lo viejos nostálgicos del franquismo que tenemos. Los jóvenes que siguen esos regímenes pasados lo hacen por ignorancia o por descontento. Pero el caso de la reivindicación de la figura de Brezhnev es más peculiar, ya que sus apoyos se encuentran entre las clases medias y de mediana edad, entre los 38 y los 55 años. Es decir, el presente de la sociedad rusa. 
¿Cómo es esto posible? pues hay varios argumentos que sostienen la rehabilitación del líder soviético. El primero es la actual clase política rusa, una calaña formada por ex miembros de lo más oscuro de los servicios secretos soviéticos que han hecho fortuna con la caída del comunismo y la transformación de los servicios del Estado en mafias. A nadie se le escapa que la clase política rusa actual deja bastante que desear y que es, incluso, más corrupta y oscura que sus antecesores del final de la URSS. Hay quien puede afirmar que hoy en Rusia se vive en una democracia, pero creo que un observador un poco hábil no llamaría democracia a Rusia. Por tanto nadie en su sano juicio puede esgrimir la modélica democracia rusa como antídoto a la nostalgia soviética. Vale, en la URSS de Brezhnev no existían libertades democráticas, pero ¿Qué más da? piensa esta franja de población, ahora tampoco pueden disfrutar de ella. 
Otra causa hay que buscarla en el aletargamiento de la sociedad soviética durante la era Brezhnev. El tiempo se detuvo entre los setenta y los ochenta para los soviéticos mientras su nivel de prosperidad subía como la espuma con respecto a años anteriores. Brezhnev había acabado con el terror estalinista y los propios dirigentes soviéticos se alegraban de que su mayor logro fue la seguridad de morir en la cama y no en un Gulag. Eso en cuanto a la seguridad interior, porque en cuanto a la seguridad exterior nadie dio tantos pasos por el entendimiento con Estados Unidos como el viejo erizo de la URSS. Brezhnev acabó con las aventuras suicidas de su antecesor, Nikita Kruschov. Se acabaron los sobresaltos en defensa por bravuconadas como la crisis de Berlín o la crisis de los misiles cubanos. Se acabó la carrera armamentística. Con la administración Johnson se llegó a la prohibición de las pruebas nucleares atmosféricas y subterráneas. Así mismo, se iniciaron negociaciones para limitar -por primera vez durante la Guerra Fría- los arsenales nucleares de ambas superpotencias. Con estos pasos, el temor a una conflagración nuclear se empezó a disipar de la mente de los soviéticos. 
Brezhnev estaba borrando los horrores del comunismo y estaba deseoso por construir la sociedad que siempre había cacareado el PCUS, basada en el bienestar de la población. 
La otra cara de la moneda era que los datos económicos se estaban estancando. De hecho el calificativo más común en los libros de texto para describir la era Brezhnev es "estancamiento". Las cosechas de grano eran cada vez más ruinosas debido a los efectos nocivos que la colectivización tuvo para el campo soviético. El uso de recursos era un despilfarro y la URSS tenía el deshonroso récord de ser quien más energía invertía por cada proceso productivo. La URSS despilfarraba recursos a la misma velocidad con que destrozaba el medio ambiente. La desecación del mar de Aral y el estado del subsuelo en el Cáucaso son buena muestra de  ello. Otro punto negativo en su economía fue la  primacía de la industria pesada y armamentística sobre la industria de bienes de equipo, consumo o tecnológica en los sucesivos planes quinquenales. La URSS comienza a perder aquí la carrera de la tecnología y del consumo. La sociedad soviética estaba entrando tímidamente en los patrones de consumo y el Gosplan no solventaba estas necesidades. Las imágenes de estantes vacíos en los lujosos y barrocos almacenes moscovitas o de Leningrado daban buena muestra de ello.
Pese a todos los inconvenientes y fracasos, los avances fueron innegables. Los ingresos globales del ciudadano medio se duplicaron, mientras que los precios se mantuvieron estables. Lo que explica el crecimiento de la demanda en bienes de consumo y la frustración por no conseguir los bienes que en occidente sobraban. Durante la era Brezhnev se generalizó la vivienda individual y no comunitaria. Los progresos en materia de educación y sanidad fueron impresionantes. Se generalizó hasta prácticamente el 100% la educación secundaria y la formación profesional. En la política se propició el ascenso a la nomenklatura de jóvenes reformistas provenientes de todos los rincones de la URSS. Todos ellos eran conscientes de la necesidad de reformas para mantener un sistema que, aunque carente de libertades, estaba consiguiendo el bienestar de sus súbditos tras los horribles años del estalinismo que el propio politbureau se empeñaba en dejar atrás.

Hoy en día Rusia es uno de los países con más número de millonarios del mundo. La brecha entre los que más tienen y los que menos tienen se ha abierto tanto que está provocando la desaparición de la clase media. Una clase media que nació y creció durante la era Brezhnev y que ahora ve con nostalgia tiempos pasados. Y no me extraña porque esta clase media ve como sus libertades no han mejorado, pero si perciben como ha empeorado su calidad de vida. Así se entiende que sientan nostalgia del viejo erizo. No intento con este artículo defender la seguridad por encima de la libertad. Que nadie se lleve a engaño, solo intento explicar por qué la población rusa de mediana edad siente una enorme nostalgia de la era Brezhnev y es muy preocupante que la columna vertebral de un país identifique, como está pasando con Rusia, las libertades con la mafia y el enriquecimiento personal como ha sucedido en la Rusia pos-Gorvachov. 

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