domingo, 5 de junio de 2011

La Historia oficial.


Soy un firme defensor del Estado como actor en la economía, la cultura y la sociedad. No como el principal actor, ya que éste debería ser la sociedad civil, pero si como un pilar importante a la hora de difundir cultura bien sea financiando exposiciones, bien sea ampliando la joya de la Corona del Reino: El Museo Nacional del Prado. 
Pero el reciente escándalo del Diccionario Biográfico Español ha puesto de manifiesto las carencias de los estudios oficiales. No solo de los estudios oficiales, sino de la existencia o labor de la institución que lo ha llevado a cabo. Desconocida para casi todos (yo en cinco años de licenciatura en historia no he oído jamás mencionarla en clase) la RAH es una institución realmente inútil, al contrario que sucede con su homóloga de la Lengua, que con sus procedimientos y estatutos muchos más flexibles y modernos la hacen referencia en la segunda lengua del planeta. No así la RAH, que no aporta absolutamente nada -salvo polémica en este caso- al estudio de la historia. Podríamos decir que su ámbito es sumamente erudito y que pocos podemos acceder a ese nivel, pero estaríamos errando también el tiro, ya que el CSIC es una institución pública que aporta muchísimo más al estudio de la historia que la arcaizante RAH. Y esto es porque el espíritu del CSIC es más liberal y el de la RAH sigue enraizado en el Antiguo Régimen que le dio vida. 
No estoy a favor de la historia oficial porque dota de una falsa autoridad a quienes la realizan y la sitúan por encima de los historiadores e investigadores particulares que entran, al contrario que la RAH, en un debate académico mucho más rico donde se avanza mucho más en la consecución de hipótesis y resultados. 
¿Quién es el estado para dotar ciertas tesis e hipótesis de mayor validez? Nadie, parece que nos situamos en los peores escenarios posibles en cuanto a la orientación de los estudios y rigor en las investigaciones, más propios de la historiografía decimonónica que del mundo actual. El diccionario biográfico de la RAH parece más fruto de una charla de bar que de un análisis libre y riguroso que se ha plasmado como consecuencia de intensos debates. Y lo cierto es que nada más lejos; varios amiguetes se han repartido los personajes atendiendo a filias y fobias y no a criterios académico o de méritos.
La luz roja se encendió tras la lectura del fragmento biográfico de Francisco Franco, que lo menos malo que podíamos decir es que es parcial, incompleto y falaz. Cualquiera que tenga unos mínimos estudios podría hacer un decálogo de las características de los regímenes dictatoriales en líneas generales (sin entrar en causas o individualidades). Cualquier libro de la ESO lo hace. SI atendemos a la definición del libro de tercero de la eso de la editorial Vicens Vives, dictadura es: "un régimen en el que una persona o grupo, con el apoyo de un partido político, un grupo étnico o el ejército gobierna con un poder absoluto" y añade que sus características es la ausencia de libertad de expresión, de pluralismo político, de elecciones periódicas y el recorte total o parcial de los derechos individuales y/o colectivos. Apunto lo señalado en el libro de tercero de la eso para ponérselo fácil a los miembros de la RAH. 
La polémica del diccionario de la RAH ha puesto en evidencia la inoperancia de una institución en la que se entremezcla, la ignorancia, la incompetencia y la ausencia de sentido de la realidad. Y creo que no nos podemos permitir el lujo de financiar los excesos de un grupo de pseudo eruditos que muestren a los investigadores el camino a seguir, sobretodo cuando ésta ya no es la forma en la que trabajan los eruditos y los investigadores en Historia de verdad.  
Remitir, como hizo el director de la RAH, a que solo nos fijamos en la anécdota y nos olvidamos de los ocho tomos restantes es tan ingenuo como pensar que un alumno que inicia sus estudios en una lengua no va a buscar tacos e insultos en el diccionario a la primera de cambio. 
En pro de una disciplina viva y rigurosa, debemos dejar que la Historia sea escrita por investigadores rigurosos que, atendiendo a los resultados de sus investigaciones, enuncien hipótesis que sean discutidas por el conjunto de la comunidad investigadora para el avance de una disciplina más independiente y crítica. 

domingo, 8 de mayo de 2011

Promesas cumplidas.

La música ha dejado de tocar en el Palacio de Buckingham y los inquilinos de Downing Street han tenido que volver a la cruda realidad. Unos más que otros, porque esta semana se cumple la más importante promesa del pacto de coalición entre conservadores y liberales: el referéndum sobre la reforma del sistema electoral. Ya lo había comentado en su día cuando fueron las elecciones británicas, pero ahora el hecho de que se trata de un regalo envenenado es más obvio que nunca. 
Escrutados los votos del referéndum dan una aplastante victoria del no a la reforma electoral por un 70%, si a esto le unimos el descalabro electoral en las elecciones locales británicas de los liberal-demócratas obtendremos unas interesantes conclusiones. 
El electorado ha responsabilizado del duro ajuste presupuestario a los liberales frente a los conservadores, porque los votantes ven a Clegg como el responsable del advenimiento de los conservadores a Downing street. Las bases ya estaban divididas antes de este referéndum y muchos pensaban que la posibilidad de una reforma del sistema electoral bien valía el sacrificio de compartir cama política con los tories. Pero ahora que el referéndum ha sido un fiasco y las elecciones locales una debacle, esta alianza en Downing St. ya no parece tan ventajosa. Los únicos que han salido ganando de esta coalición han sido los tories. Han conseguido un gobierno estable y un viceprimer ministro bastante leal, le han empujado a traicionar su programa electoral por el bien de la coalición y Clegg, todo un caballero, ha sacrificado su ideario y el de su partido por una promesa: la reforma del sistema electoral británico. 
Como ya expliqué en su día, el sistema electoral británico, basado en la fórmula first pass the post, divide el Reino en 650 circunscripciones donde se presenta solo un candidato por cada una de ellas, con lo que el que gana es quien se lleva el escaño. Es un sistema mayoritario y no proporcional, pero al menos los tres candidatos luchan en igualdad de condiciones y en muchos lugares no se limita a una lucha tories-labour. Esto dio al Reino una grandísima estabilidad a la hora de formar gobierno. Solo en 1971 hubo un gobierno en minoría de los laboristas que corrigieron en unas tempranas elecciones anticipadas. Los liberales intentaban realizar una reforma como la que se introdujo en Australia en la que cada votante ordena a los candidatos por preferencia; pero la aversión que los británicos tienen a los gobiernos en coalición dieron al traste con las aspiraciones liberales. 
Los conservadores salieron ganando hace un año, no le prometieron a los liberales la reforma electoral (que no les interesaba), sino que les prometieron la convocatoria de un referéndum que podría abrir una reforma. Y ya en su día apunté que esto iba a pasar. 
Los conservadores hicieron campaña por el no, porque un sistema que introdujera una cierta proporcionalidad abría la puerta a mayorías de una coalición liberal-laborista, ésta mucho más lógica por afinidad ideológica. 
Los laboristas hicieron campaña por el no, pero con la boca pequeña, porque sus votos con el sistema actual están sobre representados en Escocia. Gracias a la presente distribución de circunscripciones, los laboristas consiguen con un porcentaje menor de los votos más número de escaños gracias al reducido tamaño de las circunscripciones en los núcleos industriales del norte de Inglaterra y de Escocia, por lo que le asegura una sólida base electoral. 
Por tanto, parece que solo el electorado liberal-demócrata y cierta parte de los laboristas veían con buenos ojos una reforma del sistema electoral. 
¿Cuáles serán las consecuencias de esta derrota liberal? 
Pues la primera supongo que será la búsqueda de mayor independencia del viceprimer ministro Nick Clegg que, de pronto, ha declarado que no apoyará una reforma del Sistema Nacional de Salud. Curiosas declaraciones tras un año de silencio y, dado que es el punto de mayor divergencia entre tories y liberales, se esperaría un mayor debate. Pero la lealtad o sumisión (depende de a quien se le pregunte) de Clegg habían acallado el debate. Esta búsqueda de mayor independencia del viceprimer ministro puede ser también una maniobra de supervivencia política, porque no son pocas las voces dentro de su partido que le apuntan personalmente como el responsable de la presente situación de los liberales y claman por un cambio de líder. 
Un cambio de líder auspiciado por la pérdida de más de setecientos concejales. Los liberales han dejado de ser el partido del voto de castigo a donde acudían cuando el desencanto hacía mella en tories o laboristas. Es el duro precio que ha de pagar todos los partidos menores que entran en el juego del poder, el del castigo electoral por sus errores. El principal de Clegg es ser el escudo humano de David Cameron, que ha sabido utilizar a su socio de gobierno para parar todos los golpes que su política de austeridad está provocando. 
Muchos dicen que con este ambiente la coalición no durará los cinco años de legislatura. Y hay muchos tories encantados de provocar unas elecciones anticipadas, ahora que los liberales están en las últimas y que pueden asegurarse una mayoría absoluta. Los laboristas no miran mal esta opción porque saben que recogerán los votos descontentos de los liberales, con lo que podrán formar una oposición en condiciones y reconducir a su partido a la única opción viable de gobierno socialdemócrata tras el desastre de los liberales. 
Nick Clegg se encuentra en un papel difícil, porque si ahora pasa a ser un duro opositor de los recortes de los tories, provocará que cada vez haya más voces dentro del partido conservador a favor de volar por los aires la coalición y de convocar elecciones anticipadas, con lo que sería el final de la vida política de Clegg a nivel nacional. 
El gran vencedor ha sido David Cameron, quien había sido tildado de débil por el pacto con los liberales. Ahora aparece como el líder maquiavélico que más que pactar se sirvió de su socio menor para llevar a cabo duras reformas y no salir lesionado electoralmente. 
Sea como fuere veremos la evolución de la política británica, otra vez, con una atención renovada y con la pasión que los enfrentamientos políticos levantan en los países anglosajones, mezcla de pela de pub y duelo de caballeros. 

viernes, 4 de marzo de 2011

La democracia islámica.

Hablando con un buen amigo sobre el cariz que estan tomando las revueltas en el magreb y en el mundo árabe, apuntamos ambos nuestro pesimismo sobre la resolución de dichos conflictos. La prensa, los gobiernos y la opinión pública occidental -en un principio cauta- ha comenzado a echar las campanas al vuelo al tildar las revueltas de democráticas. Pero no creo que las revueltas tengan un componente democrático sino más bien libertador. Quien más o quien menos hemos visto a muchos luchadores por la libertad terminar en el trono que otro libertador dejaba vacante, ya sea en Oriente Medio, Próximo, Extremo o de más allá. Pero la realidad es bien distinta. La democracia necesita una receta muy fina y muy caprichosa para asentarse. Es un plato que se cuece a fuego lento basado en una alta alfabetización, un nivel decente de desarrollo económico e industrial que permita el afianzamiento de una clase media suficiente y significativa. Por lo que se descartan las oligarquías exportadoras de materias primas. Tras ello, se necesita una alfabetización y conciencia de que es más importante el proceso que el resultado, que todas las facciones, partidos, tribus cedan en pro de un bien común, dejando las viejas vendettas a un lado.
Otro ingrediente es la necesaria marginación de ciertos sectores de la vida política, como la religión y el ejército. Sin este proceso las revoluciones pseudo democráticas derivarán en regímenes teocráticos o bonapartistas.
El proceso lento y tortuoso de implantación de la democracia lo hemos vivido en España desde la revolución de Cadiz de 1812 hasta la transición a la democracia de 1975-1981. Lo estamos viendo en los regímenes iberoamericanos que están superando -en mayor o menor medida- la dependencia del ejército para establecer una estabilidad política basada en la periodicidad de procesos electorales y en la alternancia pacífica de partidos como ha sucedido en Chile, Brasil, México o Colombia. Pero tras de ellos ha habido más de 200 años de fracasos que han ayudado a cimentar una voluntad cada vez más pactista.
Es más, el proceso democrático es un proceso de construcción nacional donde la ayuda internacional ha brillado por su ausencia en la mayor parte de los casos. SM El Rey tuvo que venderse en más de una ocasión para obtener el respaldo de líderes muy escépticos como Gircard d'Estaing. España estuvo muy sola en su proceso democrático y el mayor apoyo vino de la cautela de Estados Unidos y de la socialdemocracia alemana que fomentó el abandono del marxismo por parte del PSOE.
Las revueltas árabes poco o nada tienen que ver con un proceso de construcción democrático, que suelen ser más bien silenciosos. Ya que no han desterrado el papel capital que tiene el ejército o la religión. Lo hemos visto en el caso del rais egipcio, que no cayó hasta que el ejército le retiró su apoyo. También hemos visto en la revuelta egipcia el papel determinante que tuvieron los Hermanos Musulmanes a la hora de movilizar a la oposición en las calles.
Por eso creo que los periodistas y la opinión pública pecan de optimista al vislumbrar el establecimiento de regímenes democráticos y participativos en el Oriente próximo y medio. Lo más probable es que veamos la sustitución de un líder por otro o por una junta militar que desembocará en otro caudillismo.
¿Y occidente? Será, como siempre, la gran culpable, la egoísta, la responsable del fracaso de la democracia en los países árabes.
La existencia de occidente supone una suerte para el observador que puede volcar sobre la UE o Estados Unidos toda la responsabilidad, obviando que la falta de democracia en estos países es responsabilidad única de sus sociedades. Es cierto que ciertos países occidentales fueron la causa del establecimiento de sociedades atrasadas y divididas por el colonialismo, pero de ahí a reclamar la responsabilidad por el auge de determinados líderes hoy en día va un trecho, sobretodo en el caso libio donde el país no tiene ni siquiera una estructura estatal.

Por ello creo que la opinión pública europea exige demasiado de sus gobiernos. Les exige que cuide de sus intereses nacionales, de los ajenos y todo eso fomentando la democracia. Eso sí, el ciudadano que en una conversación critica la política exterior occidental, en otra critica el alza del precio de los carburantes.

martes, 22 de febrero de 2011

Rumasa, o de cómo tropezar dos veces en la misma piedra.

Unas veces por exceso, otras por defecto, parece que los gobiernos socialistas no saben cómo lidiar con el empresario del opus dei José María Ruiz-Mateos. Si la intervención salvaje de la que fue objeto en 1983 levantó como poco dudas procesales, ahora el gobierno y la CNMV han reaccionado tarde. Las deudas que el empresario gaditano contrajo con el Estado durante los años setenta y principios de los ochenta ascendían a los dos billones de pesetas en dinero actual, tras la negativa a realizar auditorías que le reclamaba el Banco de España y el Ministerio de Hacienda, el gobierno procedió a expropiar el holding mediante un real decreto que a punto estuvo de ser declarado inconstitucional -por el voto de calidad del presidente del TC-. Por eso el gobierno en 1983 debió haber optado por un proceso que involucrara al tribunal de cuentas y los tribunales ordinarios.
Al que suscribe no le cabe ninguna duda de que este señor, con todo lo emprendedor que pueda ser, no se le da nada bien lidiar con las reglas de juego del mercado y las leyes. Obvia las mínimas leyes de la competencia y las obligaciones contractuales del empleador para con Hacienda y la Seguridad Social, convirtiéndolo en un vulgar ladrón.
En 2011, la actuación del gobierno -por contra- fue tardía y muy localizada. La ley entonces en vigor permitía apelar al ahorro público cuando éste fuera superior a cincuenta mil euros, ya que el legislador presuponía que quienes pudieran invertir tal suma eran inversores con suficiente experiencia como para no necesitar el apoyo del organismo regulador.
El problema fue que nueva Rumasa se anunció en los medios de comunicación más generalista y de mayor difusión para captar dinero y no precisamente entre quienes cultura financiera. Tanto es así que el anuncio de nueva Rumasa fue el primero en ser retransmitido tras las uvas de fin de año en dos de los canales de mayor difusión. Por tanto, como los pagarés eran de cuantía superior a los cincuenta mil euros, la CNMV no podía intervenir, pero advirtió hasta en siete ocasiones de los riesgos de los pagarés.
El gobierno se mostró bastante lento, ya que tardó más de un año en darse cuenta de que la legislación era insuficiente y modificar la ley para que Nueva Rumasa no siguiera captando dinero de ahorradores. La lentitud del gobierno es, si cabe, más notoria cuando la compañía que estaba llevando a cabo estas prácticas arriesgadas, es la continuadora de la compañía que hubo que intervenir en 1983. Creo que esto era un elemento suficiente para vigilar y controlar más de cerca sus ofertas financieras.
En este caso el empresario ha mostrado el compromiso de devolver el dinero prestado, incluso amenazando con el suicidio si su fe se lo permitiese. Parece que el obediente miembro del opus dei olvida que su fe también prohíbe la estafa y el robo.

Si en 1983 había gente que podía pensar que la desgracia de José María Ruiz-Mateos se debió a la expropiación por parte del gobierno, ahora debería estar bastante claro que sus prácticas financieras se basan en la estafa.

lunes, 7 de febrero de 2011

No es el gasto, son los ingresos.

A la hora de abordar la crisis de la deuda soberana española siempre se está hablando de la necesidad de reducir el déficit y el gasto del Estado, pero no se ha hecho (o por lo menos no ha transcendido) un análisis sobre el arcaico sistema impositivo y recaudatorio español que hace que unos ciudadanos estén sobrecargados de impuestos y otros estén infrafiscalizados. Por lo tanto, si estaba claro que hacienda lo éramos unos más que otros, la OCDE ha puesto el dedo en la yaga al apuntar que el sistema recaudatorio español está obsoleto, basado en criterios de la era franquista, inspirados en la II República que, a su vez, rescató de la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Y en España el capital paga el tipo más bajo de la OCDE. 
Comparativamente es difícil argumentar que el problema del Estado sea su deuda pública. En España representa el 55% del PIB que es un 20% menos que la media de la zona Euro. Así mismo las cifras del déficit no hacen sino mejorar, incluso han mejorado las cifras del gobierno y han bajado de un 11% hasta un 5'8% en año y medio, siendo mejores que otros países que no han sido penalizados por los mercados, como el Reino Unido con un 13% de déficit público. 
La vulnerabilidad de la deuda soberana española en los mercados mora en la deuda combinada entre el sector público y privado que asciende a un 170% del PIB. Y aquí se encuentra el meollo de la cuestión, ya que el Estado es el garante público de una deuda masiva privada creada por la burbuja inmobiliaria. 
Por tanto, el gobierno y sus medidas están haciendo pagar la crisis a quien menos responsabilidad tienen de haberla causado. La intranquilidad de los mercados se debe a la descomunal deuda privada, pero las medidas del gobierno no afectan a los sectores que se han beneficiado de esta situación. En vez de ello la propuesta es un durísimo plan de ajuste presupuestario.
Pero, la delgadez de la economía española no se arregla dejando de comer, es decir, las restricciones presupuestarias pueden poner en peligro la recuperación económica al reducir el poder adquisitivo de los ciudadano aún más. Por lo que han de tomarse reformas que refuercen la capacidad fiscal del Estado para conseguir los objetivos presupuestarios, pero repartiendo los costes de manera más justa.
Los países que han sido capaces de combinar crecimiento e igualdad, como los escandinavos, recaudan de un 7 a un 9% del PIB más que España, aunque la distribución de la carga fiscal grave al trabajo y al consumo más que al capital, preservando los necesarios niveles de inversión. Así, según la OCDE, Suecia recauda un 58% del PIB en las rentas del trabajo y del consumo, mientras que la tasa media sobre las rentas del capital es del 32%. Mientras que en España se recauda un 37% en las rentas del trabajo y del consumo y un sabrosamente escaso 17% en las rentas sobre el capital. El valor más bajo de la OCDE. Si a esto le unimos que los niveles del fraude fiscal se sitúan en España entre el 4-8% del PIB entendemos que el Estado tenga que financiarse recurriendo al déficit. 
El sistema fiscal español incurre en una forma perversa de redistribución, haciendo que el peso de la recaudación caiga sobre los que tributan a través de retenciones ex ante como pensionistas, asalariados o funcionarios, antes que aquellos que tributan ex post como los autónomos, profesionales, empresarios y a las empresas. 
Por tanto, lo que el Estado deja de percibir por el enorme fraude fiscal y las ridículas rentas sobre el capital agravan la carga fiscal sobre las rentas del trabajo y el consumo. Por encima, las medidas anticrisis del gobierno tiran aún más del dinero del contribuyente ex ante para subvencionar a sectores que ya de por si pagan pocos impuestos y, por si fuera poco, se reduce el déficit apoyándose en las reducciones salariales a funcionarios, pensionistas y subidas de impuestos a los asalariados. 
Ninguna de las muchas reformas que se están llevando a cabo para salir de la crisis es viable sin capacidad fiscal ni la legitimidad política que emerge de un sistema recaudatorio justo. Una reforma fiscal de esta magnitud no se puede producir de golpe, pero la crisis es una oportunidad para realizar reformas sustanciales. 
Es hora de considerar una tasa sobre las rentas del capital más alta y acorde con el modelo europeo. Incrementar los impuestos sobre los beneficios de la banca, una subida de impuestos a las rentas alta y combatir de manera eficaz y dura el fraude fiscal. No se estarían llevando a cabo medidas bolcheviques, ya que irían en la misma dirección que las tomadas por dirigentes de centro-derecha como David Cameron o Nicolás Sarkozy. 

Como decía el ex jefe del gabinete de Obama, Rahm Emanuel, no se debe desperdiciar nunca una crisis seria.

lunes, 31 de enero de 2011

Las leyes de la petropolítica.


En un artículo publicado no hace mucho en la revista Foreign Policy, Thomas Friedman abordaba la interesante relación entre la posesión de recursos petrolíferos y la inexistencia de Estado de Derecho. El análisis del veterano periodista comienza a raíz de los muchos comentarios subidos de tono de ciertos dirigentes de medio pelo como el presidente iraní Ahmadineyad o el presidente venezolano Chavez. La pregunta que se hacía el avezado periodista era si ambos payasos se mostrarían tan valientes con el petróleo a 20$.

Y es que la relación entre democracia (o más bien la falta de democracia) y las reservas petrolíferas en un país son evidentes, pero las causas no lo son tanto. Éstas causas constituyen unas auténticas leyes de la petropolítica. 
Primera ley de la petropolítica: el precio del petróleo y el avance de las libertades son proporcionalmente opuestas. Cuanto más sube el precio del petróleo más se deterioran las libertades públicas, el imperio de la ley y la tolerancia a los partidos opositores en los países productores de petróleo. 
Segunda ley de la petropolítica: es la llamada enfermedad holandesa, aunque yo la denominaría maldición española, puesto que la hemos sufrido bastante antes esos calvinistas. Supone que cuantos más recursos naturales tenga un estado, más consecuencias económicas negativas tiene para su economía. Parece un sinsentido, pero hay que analizarlo. Hace referencia al proceso de desindustrialización que tiene lugar como consecuencia de una riqueza repentina en recursos naturales. Se le ha llamado enfermedad holandesa por los enormes depósitos de gas natural descubiertos en los años setenta en ese país. La divisa de ese país se aprecia considerablemente debido a los ingresos del petróleo (gas en el caso holandés), haciendo que las exportaciones sean menos competitivas y abaratando las importaciones. Los ciudadanos con el flujo de capitales proveniente de la venta de sus recursos naturales verán más atractivas las importaciones, produciéndose un deterioro del tejido industrial nacional. Esta maldición fue más evidente en la España de los siglos XVI y XVII cuando el flujo de metal precioso americano inundó el mercado nacional y destruyó la incipiente industria que se daba en la península. Explica por qué el sector industrial siguió vivo en la Corona de Aragón, al quedar excluida de la aventura americana. Fenómeno apuntado por J.H. Elliott "vencido por vosotros, os ha vencido, a su vez, el Nuevo Mundo".
Tercera ley de la petropolítica: además de los procesos industriales, las reservas de petróleo tienen el efecto de frenar o invertir los procesos democratizadores. Michael L. Ross tras un estudio en 113 países entre 1971 y 1997 llegó a la conclusión de que la dependencia de un estado de la exportación de recursos naturales tiende a hacerlo menos democrático. En primer lugar, Ross alega el efecto fiscal. Los gobiernos que viven del petróleo suelen, con sus ingresos, aliviar la presión fiscal de sus ciudadanos. Cuando la población no paga impuestos tiende a controlar menos a sus gobiernos y éstos tampoco tienen la necesidad de escuchar a su población ya que no viven de sus impuestos. Así mismo, la riqueza del petróleo produce el crecimiento de redes clientelares, debilitando las presiones democratizadoras. Los gobiernos autoritarios usan la riqueza de la venta de sus productos naturales para desactivar a los grupos independientes y críticos y para la represión al tener abundancia de recursos que gastar el policía y seguridad interior. 
Una entrada masiva de riqueza del petróleo puede disminuir las presiones sociales para que haya más especialización profesional, más desarrollo urbano y más posibilidades de enseñanza superior, unas tendencias que suelen acompañar a un desarrollo económico más amplio y producir una población más culta, más capaz de organizarse, negociar y comunicar, y dotada de centros propios de poder económico.
Solo hay que analizar el devenir de los últimos años de cómo el precio del petróleo ha moldeado la actitud de muchos gobiernos:
El bajo precio del petróleo de los noventa ayudó a Yeltsin a abrir la Rusia pos comunista al mundo y democratizar el sistema. Una tendencia que ha invertido Vladimir Putin cuando el barril de petróleo ha escalado puestos en la primera década del siglo XXI. Así mismo señala Friedman, fue el bajo precio del petróleo uno de los factores que aceleraron el final de la URSS al producir un déficit vital en su balanza presupuestaria y provocando el colapso final del sistema soviético. 
De ahí que muchos think tank mundiales hayan señalado que la prosperidad y primacía de Estados Unidos pasan por convertirse en un país más verde, puesto que ahora no solo tiene que competir con 300 millones de europeos, ha de competir con 3000 millones de habitantes de los BRIC sedientos de petróleo, así que si Estados Unidos desea expandir la democracia por el mundo, su éxito pasa por una estrategia que tenga en cuenta el abaratamiento del petróleo y su menor dependencia del mismo. 
"No es posible ser un auténtico realista de la política exterior ni un idealista que promueva eficazmente la democracia sin ser, al mismo tiempo, un ecologista comprometido en materia de energía". Thomas Friedman. 

lunes, 3 de enero de 2011

De presidencias de turno y de países sin presidencia.

La frase de la ilustración de que el Gobierno es un mal necesario se está vaciando de contenido en muchas de las sociedades europeas más avanzadas. Esta entrada es solo una opinión personal fruto de la observación subjetiva y no quisiera pontificar sobre nada que haya leído o estudiado. Pero he estado viendo que en ciertas sociedades europeas los gobiernos son, en muchos casos, prescindibles. No quiero parecer una especie de anarquista trasnochado, y no defiendo la inexistencia ni la inutilidad del aparato del Estado, pero si defiendo la inutilidad de cierta clase de políticos. 
En los países del Benelux, donde es más sencillo ganar las elecciones que formar gobierno, se evidencia que este órgano del estado no es tan trascendental como lo fue en el pasado o como lo es en sociedades más atrasadas, donde la ausencia de ejecutivo crearía una inestabilidad enorme que supondría una traba para el bienestar del país y de su población. No pasa así en Benelux o en Italia, donde durante cincuenta años ha habido más de cincuenta gobiernos. ¿Cómo es posible que un país del G-7 pueda sobrevivir con un gobierno ineficaz y en ocasiones inexistente? pues por el hecho de que en Italia cuando cambia el Gobierno solo cambian los ministros y presidente del Consejo, mientras que los cargos de Secretario de Estado hacia abajo son técnicos y no políticos, por lo que el país puede sobrevivir sin gobierno o con gobiernos ineficaces. En España sucede algo similar, cuando más estabilidad hay y cuando menos problemas nos crea la clase política es durante las vacaciones parlamentarias. No oímos nada de Moody's o Standar and Poor's durante el período de vacaciones parlamentarias, por lo que en ocasiones defiendo la necesidad imperiosa de pagar más vacaciones a la clase política por el bien del país. Los países con sociedades desarrolladas se gobiernan solos. La gente va al trabajo de forma rutinaria y la maquinaria sigue funcionando como un reloj suizo. 
Curiosamente en el país que más alardea de tener una sociedad civil más desarrollada, Estados Unidos, no creo que esto sea posible. Unos Estados Unidos sin un ejecutivo fuerte o con problemas para su conformación -como sucede con el Benelux- caería en una inestabilidad tremenda. Fruto de su enorme tamaño Estados Unidos no puede permitirse ese lujo y por eso tanto la Constitución como el código de Estados Unidos establece de forma meridianamente clara el traspaso de poder, las fechas, la linea sucesoria y los mecanismos procesales. No creo que esto constituya una debilidad para Estados Unidos, solo digo que es un lujo solo al alcance de pocos países como los del Benelux. 
Por lo demás la eficiencia del gobierno saliente de Bruselas se ha visto en la impecable presidencia de turno de la UE. Bélgica como país fundador de la UE es conocedor de los mecanismos comunitarios y se ha propuesto una agenda sin objetivos extraños, lo que ha dado a la Comunidad una estabilidad muy necesaria. Estabilidad que los socios comunitarios temen perder al acceder Hungría a la presidencia de turno de la UE. 
La Unión todavía depende en exceso de las presidencias semestrales en cuanto a planificación de agenda se refiere, lo que no es poco, ya que marca el ritmo y los tiempos de la Unión. Es necesario eliminar de una vez las presidencias semestrales que son, en el mejor de los casos, irrelevantes y en el peor un escaparate o un obstruccionismo de líderes nacionales menores. 
No se necesitan liderazgos como muchos demandan, se necesitan instituciones y cuando éstas funcionan la inexistencia de gobiernos o de liderazgos fuertes no suponen un lastre para el país.