domingo, 5 de junio de 2011

La Historia oficial.


Soy un firme defensor del Estado como actor en la economía, la cultura y la sociedad. No como el principal actor, ya que éste debería ser la sociedad civil, pero si como un pilar importante a la hora de difundir cultura bien sea financiando exposiciones, bien sea ampliando la joya de la Corona del Reino: El Museo Nacional del Prado. 
Pero el reciente escándalo del Diccionario Biográfico Español ha puesto de manifiesto las carencias de los estudios oficiales. No solo de los estudios oficiales, sino de la existencia o labor de la institución que lo ha llevado a cabo. Desconocida para casi todos (yo en cinco años de licenciatura en historia no he oído jamás mencionarla en clase) la RAH es una institución realmente inútil, al contrario que sucede con su homóloga de la Lengua, que con sus procedimientos y estatutos muchos más flexibles y modernos la hacen referencia en la segunda lengua del planeta. No así la RAH, que no aporta absolutamente nada -salvo polémica en este caso- al estudio de la historia. Podríamos decir que su ámbito es sumamente erudito y que pocos podemos acceder a ese nivel, pero estaríamos errando también el tiro, ya que el CSIC es una institución pública que aporta muchísimo más al estudio de la historia que la arcaizante RAH. Y esto es porque el espíritu del CSIC es más liberal y el de la RAH sigue enraizado en el Antiguo Régimen que le dio vida. 
No estoy a favor de la historia oficial porque dota de una falsa autoridad a quienes la realizan y la sitúan por encima de los historiadores e investigadores particulares que entran, al contrario que la RAH, en un debate académico mucho más rico donde se avanza mucho más en la consecución de hipótesis y resultados. 
¿Quién es el estado para dotar ciertas tesis e hipótesis de mayor validez? Nadie, parece que nos situamos en los peores escenarios posibles en cuanto a la orientación de los estudios y rigor en las investigaciones, más propios de la historiografía decimonónica que del mundo actual. El diccionario biográfico de la RAH parece más fruto de una charla de bar que de un análisis libre y riguroso que se ha plasmado como consecuencia de intensos debates. Y lo cierto es que nada más lejos; varios amiguetes se han repartido los personajes atendiendo a filias y fobias y no a criterios académico o de méritos.
La luz roja se encendió tras la lectura del fragmento biográfico de Francisco Franco, que lo menos malo que podíamos decir es que es parcial, incompleto y falaz. Cualquiera que tenga unos mínimos estudios podría hacer un decálogo de las características de los regímenes dictatoriales en líneas generales (sin entrar en causas o individualidades). Cualquier libro de la ESO lo hace. SI atendemos a la definición del libro de tercero de la eso de la editorial Vicens Vives, dictadura es: "un régimen en el que una persona o grupo, con el apoyo de un partido político, un grupo étnico o el ejército gobierna con un poder absoluto" y añade que sus características es la ausencia de libertad de expresión, de pluralismo político, de elecciones periódicas y el recorte total o parcial de los derechos individuales y/o colectivos. Apunto lo señalado en el libro de tercero de la eso para ponérselo fácil a los miembros de la RAH. 
La polémica del diccionario de la RAH ha puesto en evidencia la inoperancia de una institución en la que se entremezcla, la ignorancia, la incompetencia y la ausencia de sentido de la realidad. Y creo que no nos podemos permitir el lujo de financiar los excesos de un grupo de pseudo eruditos que muestren a los investigadores el camino a seguir, sobretodo cuando ésta ya no es la forma en la que trabajan los eruditos y los investigadores en Historia de verdad.  
Remitir, como hizo el director de la RAH, a que solo nos fijamos en la anécdota y nos olvidamos de los ocho tomos restantes es tan ingenuo como pensar que un alumno que inicia sus estudios en una lengua no va a buscar tacos e insultos en el diccionario a la primera de cambio. 
En pro de una disciplina viva y rigurosa, debemos dejar que la Historia sea escrita por investigadores rigurosos que, atendiendo a los resultados de sus investigaciones, enuncien hipótesis que sean discutidas por el conjunto de la comunidad investigadora para el avance de una disciplina más independiente y crítica. 

5 comentarios:

Paula dijo...

La idea de una "historia oficial" tiene unos nefastos tintes propagandísticos. El problema con Academias como la de la Historia o la de Bellas Artes es que su función es muy distinta a la Academia de la Lengua. Mientras esta "limpia, fija y da esplendor" las otras no deben estar planteadas a proporcionar imágenes oficales sino a fomentar la divulgación de contenidos y la investigación, dotando de medios a los investigadores, modernizando sus servicios y el aprovechamiento de sus fondos y garantizando la independencia de resultados.
La Real Academia de Bellas Artes funciona bastante bien, sobre todo en la producción de exposiciones y publicaciones de gran interés pero la Academia de la Historia necesita una reconversión.

Jaume M. Pérez dijo...

Gran entrada David. Como siempre explicas perfectamente el meollo del problema y das un punto de vista sútil del tema. Enhorabuena por tu blog y por tus entradas.

David Alonso dijo...

Gracias Jaime, da gusto con lectores como tu. Es vuestro todo el mérito por crear debate.

Yosoyhayek dijo...

Estoy de acuerdo salvo en una cosa: el problema de que el Estado sea "actor" en algo es que lo es de manera irresistible y no competitiva. Lo que ha fastidiado de la RAH es que se haya salido del guión, creo yo

Paula dijo...

Pues por cómo se han desarrollado los acontecimientos no estoy de acuerdo contigo Jose. El Estado en este caso sí es actor de manera competitiva puesto que lo que hace es acudir a una petición económica de la RAH y sustentar económicamente ...su proyecto, pensado para ofrecer un producto de consulta que, si no da los mínimos exigibles no podrá competir en el mercado, ya que el resultado de su trabajo va a ser vendido y no regalado. La cuestión es la de siempre con las subvenciones: que hay que mirar bien a quien se conceden. A priori cuando acude a tí una supuesta institución prestigiosa no tendrías por qué desconfiar, y es posible que desde el Ministerio se viera como una oportunidad de relanzar la imagen de la RAH. El problema de la RAH no es que se saliera del guion, de hecho el Ministerio habría dejado pasar la obra si no hubiera habido el revuelo mediático que se organizó entorno al diccionario, que puso la pelota en el tejado del Ministerio. Es más, si fuera un gobierno del PP, con la presión que ha habido y con el giro al centro creo que también habrían exigido una rectificación a la RAH. Esto lo que ha puesto al descubierto es la verdadera situación de la Academia de la Historia, que no es una cuestión de si son carcamales o no, porque los hay muy lúcidos y sabios, sino de que es una institución que ha sido superada por la evolución de su disciplina, con lo que le han dado la espalda aquellos a los que debía aglutinar y representar.