sábado, 11 de febrero de 2012

Una tragedia griega.

La crisis griega lleva poniendo desde hace un par de años en jaque a la Eurozona. La crisis económica que lo era del sector privado se ha contagiado al sector público, de forma que ahora la crisis en Europa se centra en la deuda pública, y aunque no sea el meollo de la cuestión, todos estamos pendientes de la deuda soberana de los Estados miembros. De un tiempo a esta parte nos hemos convertido en expertos en términos que antes ni conocíamos como los "prima de riesgo" o "agencias calificadoras" aunque sus baremos sean contradictorios y errados las más veces. 
La pregunta que nos viene a la cabeza es inmediata: ¿Cómo puede ser que Grecia ponga en jaque a toda la Eurozona? ¿Cómo es posible que un país que no supone ni el 10% del PIB de la Eurozona haya provocado semejante catástrofe? 
Yo, personalmente creo que las palabras de Merkel son acertadas y dan en el clavo: "la solución de la crisis de la zona Euro es política y no económica". Lo mismo sucede con sus causas. Se puede aplicar aquí el principio de que un avión o un barco no se hunden por un solo error, sino por un cúmulo de errores, y esto es lo que está pasando con Grecia. Su situación dramática es fruto de un cúmulo de errores.
El primer error nos retrotrae a 1981 con la entrada de Grecia en el Mercado Común. El proceso de adhesión de Grecia fue inusualmente meteórico, ni siquiera países que no presentaban problemas estructurales como UK o Dinamarca entraron de forma tan inmediata. Y esto constituyó un error, porque Grecia acababa de salir hacía muy poco de un régimen dictatorial y no estaba probada la madurez de sus instituciones. No fue, ni de lejos, sometido al mismo escrutinio que nuestras instituciones públicas y no fue, ni de lejos, sometido a la moratoria sobre sus productos (en casos de más de diez años) como sucedió con España o Portugal. 
Supongo que debemos buscar los motivos de la entrada de Grecia en la dinámica de la guerra fría. En 1981 Grecia era el único país de la península balcánica que era del bando occidental, y supongo que su entrada, asumiendo que eran solo diez millones de habitantes, era digerible por el Mercado Común: primer error.
El segundo error fue no vigilar, no supervisar y no fiscalizar las ayudas recibidas por Grecia. Durante más de 20 años (hasta la ampliación de 2004) Grecia fue el país que más fondos comunitarios recibió, y nadie ni en la Comisión Europea, ni en el Consejo, ni en el Tribunal de Cuentas de la UE se atrevió jamás a preguntar a dónde iba a parar el dinero comunitario. Solo hace falta hacer un poco de turismo por Grecia para ver que el dinero debió ir a cuentas en Suiza.
El tercer error lo supuso la entrada de Grecia en el Euro. Los duros criterios de convergencia para asegurar la viabilidad de la futura moneda única se flexibilizaron en extremo. De hecho ni Francia, por su elevado déficit, pasaba dichos criterios. En España el gobierno de José Mª Aznar llevó a cabo un ambicioso, y en ocasiones muy dudoso, programa de privatizaciones que consiguieron el doble objetivo de equilibrar el déficit público español -algo que pocos países comunitarios consiguieron- a la vez que liberalizaba el mercado interior. Pero Grecia tenía una estructura económica más semejante a la España de la autarquía franquista que la propia de un país con más de veinte años en el mercado común. Primaron entonces los sentimientos prohelénicos de la Comisión y del eje franco-alemán que, aletargados por el momento de crecimiento económico, no supieron calibrar las profundas consecuencias de hacer la vista gorda con Grecia. Al mismo tiempo, la iniciativa privada franco-alemana presionó para que Grecia entrase en el Euro, motivada por el volumen de negocios que estaban llevando a cabo en el país helénico gracias a la nula reglamentación económica.  
En mi opinión, es esta suma de errores que se retrotraen a 1981 lo que explica que un país tan irrelevante para el PIB de la Eurozona, la esté poniendo en jaque desde hace dos años. Y es que las ramificaciones de la deuda griega afectan al corazón financiero de París y Frankfurt. Ese es el auténtico problema, aunque el pato lo estemos pagando Italia y España.
La quita del 70% de la deuda que están negociando los bancos -Franceses y Alemanes principalmente- se trata de una quiebra encubierta y ya se habla de separar a Grecia de la Eurozona para evitar que la gangrena no se extienda por el resto del cuerpo. Mientras tanto no pagan el pato los banqueros de París y Frankfurt, sino los pobres griegos que están viendo su nivel de vida reducido a un estado de semi esclavitud para pagar sus pecados. No se entera la luterana y ossie Angela Merkel que fueron ellos quien tentaron a los griegos para que ahora paguen durante cuarenta años de travesía en el desierto. 

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