jueves, 3 de mayo de 2012

Francia: el agrio debate por la presidencia


La República Francesa, muchos europeos y yo mismo asistimos ayer a un debate muy interesante y crucial para la elección del Presidente de la República Francesa. El debate presidencial tiene unas connotaciones que lo hacen único en el continente. Se trata de los únicos comicios presidenciales en una Europa donde impera el parlamentarismo, y donde los presidentes de las repúblicas suelen ser nudos jefes del Estado con muy diversas formas de elección, que van desde la parlamentaria en Italia o Alemania, hasta el sufragio directo en Portugal. Es por ello que la política, siempre personalista, lo es en un grado mayor en Francia. Es la elección de algo más que el jefe del ejecutivo francés, es la elección de un presidente de la república que nunca ha dejado ese manto monárquico con la que la vistió De Gaulle.
España intenta ser un híbrido con nuestra denominación de Primer Ministro como Presidente del Gobierno, que lo sitúa a medio camino entre un PM y un Presidente. De ahí que el debate español, al menos en su apariencia, fuera similar al francés. Y de ahí que la audiencia clame por el debate "a dos", mientras que el debate de todos los grupos parlamentarios pasa siempre desapercibido y con figuras menores.
Pero solo en la forma ha sido similar, porque en el fondo y en los modos fue muy distintos al que vimos ayer.
Ayer asistimos a un debate muy ágil, tanto que en muchas ocasiones los moderadores se vieron incapaces de reconducir el debate y poner un poco de orden, pero ello fue en beneficio del espectador que vio un auténtico debate lejos de los encorsetados modelos fruto de las arduas negociaciones.
El debate estuvo dividido en cuatro bloques que no siempre estuvieron bien definidos precisamente porque fue un debate real y éste no se ajusta siempre a bloques temáticos. A saber, economía, sociedad, instituciones y política exterior. Obviamente la economía salpicó todos los bloques aunque con ciertas salvedades.
Los candidatos no partían con igualdad de condiciones, François Hollande partía con los sondeos a su favor e iba a dar una imagen de solidez y a no perder el debate, a no cometer fallos y dejar que su contrincante le hiciese el trabajo sucio. Cosa que sucedió, porque Nicolás Sarkozy tenía que remonar la unanimidad de los sondeos que le sitúan por detrás del socialista. Muchos simpatizantes de la UMP que asistieron al mitin del Trocadero el pasado 1 de mayo eran conscientes de que era el último cartucho de Nicolás y de que en un cara a cara tenía las de ganar a un soso Hollande. Por eso arriesgó más y usó la misma táctica que sacó de quicio (e hizo perder el debate) a Segolene Royal cinco años atrás. Pero Hollande, hombre sereno, no se salió nunca de lo correcto y siempre mantuvo el temple, haciendo parecer al presidente-candidato solo un candidato, y al candidato a presidente, presidenciable.
El debate económico empezó con mucho arrojo por parte del Presidente y tímidamente por parte del candidato. Pero a medida que iban profundizando en las cifras, el candidato socialista consiguió que solo se hablasen de sus propuestas, a la vez que echaba en cara no solo cinco años de presidencia, sino otros cinco como ministro de economía. El mensaje caló porque diez años en esos puestos de responsabilidad no daban margen para muchas maniobras. El presidente se intentó zafar con excusas, hasta que al final admitió impotente que no todo era culpa suya, lo que obtuvo del candidato la buena respuesta de que era hora de dejar de hacerse la víctima. El discurso de Sarkozy fue una mezcla de victimismo y furia, al fin y al cabo era un animal herido. Fue contradictorio porque no dejaba de aconsejarle a Hollande que un presidente asume siempre sus responsabilidades cuando, acto seguido, se lamentaba de las circunstancias adversas y ponía excusas. Como ya comenté este bloque desbordó a los moderadores ya que los candidatos saltaron de un tema a otro, de la energía nuclear (de la que se hablaría luego) a la inmigración, pasando por la UE.
Las principales diferencias en este bloque fue la defensa de la política de austeridad y posicionarse en contra de los Eurobonos por parte del presidente, que defendió que así Alemania y Francia pagarían la deuda de otros países. Mientras que Hollande defendió la tesis, ya defendida por Rubalcaba, de poner en marcha los fondos del BEI y asegurar que los Eurobonos era la forma efectiva para que Alemania y Francia controlasen la deuda emitida, ya que nunca se emitiría más deuda de la autorizada por eje franco-alemán. 
El siguiente bloque, el de políticas sociales, lo monopolizaron el estado de la educación en primer lugar, poniendo de manifiesto las distintas propuestas para mejorar la calidad de la enseñanza, y en segundo lugar la inmigración. Aquí Sarkozy empezó con fuerza, al fin y al cabo debe pescar el mayor número de votos de Le Pen, alabando sus pasos hacia una sociedad más laica. Pero Hollande logró contener los daños trasladando el debate al derecho al voto de los inmigrantes y logrando que Nicolás pareciese que quería excluir a los musulmanes, aunque ya fuesen franceses.
Sarkozy estuvo más brillante cuando se abordó el tema de la energía nuclear, que goza de un amplio consenso en Francia y que posibilita que el precio de la energía sea un 35% más barata que la media comunitaria y que no esté sujeto al siempre inestable mercado energético del petróleo. Aquí el Presidente puso de manifiesto las debilidades y las hipotecas del socialismo francés -y de todo el continente- con los grupos ecologistas. Hollande, por su parte, solo se comprometió a cerrar la central de Fessenheim (Alsacia) que va camino de los cuarenta años. Su otra propuesta es solo ir reduciendo nucleares a medida que se gana en alternativas.
El bloque institucional logró poner de manifiesto las debilidades de ambos candidatos. El socialista poco menos que vino a reducir el cargo de Presidente a Primer Ministro con su exceso de modestia y contención. Mientras que el popular o presidencial, según interese a la UMP, dejó en evidencia sus excesos como presidente-espectáculo: amigo de los ricos, vacaciones excesivas, horteras y de nuevo rico. Terminó este bloque el ilustre DSK, un desesperado intento de ligar la bajeza al partido socialista, mientras que Hollande sí consiguió unir el nombre del presidente al de su amigo Berlusconi. Sarkozy intentó desliarse del Caballiere aduciendo que no formaba parte del PPE con bastante torpeza y lejos de parecer creíble.
El otro PM que salió hasta la saciedad fue J.L. Rodríguez Zapatero, el fetiche de Nicolás Sarkozy en esta campaña. Hollande le recordó que eran muy amigos cuando aquel estuvo en el ejecutivo español y que esa no era forma de hablar de un antiguo colega. Forma elegante de salir del paso. Pero el Presidente no se quedó ahí en el intento de ligar a Hollande con reponsabilidades políticas que echarle en cara. Aludió a sus reuniones con François Mitterrand, algo ridículo si tenemos en cuenta que la Esfinge murió en 1996, mientras que él lleva al pie de la política francesa más de diez años.
El último bloque, el de política exterior fue el más insulso. Ambos candidatos solo diferían en la fecha de la retirada de los efectivos franceses de Afganistán.
EL final del debate fueron unas conclusiones que ahondaron en cada una de las estrategias de campaña. Sarkozy agitó el miedo a la izquierda y Hollande recordó la herencia de diez años de responsabilidad del presidente. 
Fue un debate algo bronco y duro, la palabra mentiroso planeó durante las dos horas y media larga que duró, pero lo mejor de todo es que fue un debate real y no un modelo encorsetado que da lugar a dos monólogos. 
Y como siempre ha de haber un ganador, éste ha sido por unanimidad en la prensa del hexágono François Hollande. Aquí las expectativas entran en juego. Hollande iba a no perder el debate, y no solo no lo ha perdido, sino que lo ha ganado al lograr poner al Presidente en evidencia y al conseguir que se hablase más de sus propuestas que de las del candidato de la UMP. A Sarkozy solo le valía la victoria, muchos de sus estrategas sabían que era la última oportunidad de dar la vuelta a las encuestas, y dio más la imagen de n animal herido a la defensiva que de un Presidente.
Personalmente si tuviera que elegir una buena frase, sería el final de la conclusión de Nicolas Sarkozy: "Me presento como candidato porque me apasiona Francia."

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