miércoles, 16 de mayo de 2012

No es la economía, es la geopolítica

En los tiempos que corren estamos acostumbrados a que la economía inunde todas las secciones de la actualidad. No ha sido distinto en la reciente elección presidencial en Francia, acentuado por el drama griego. Pero el tema sobre el que ha girado toda la campaña electoral: las relaciones franco-alemanas, no es un tema económico, es mas, la economía es lo de menos. Estamos ante el eterno problema de la política exterior francesa, su papel en el mundo y, mas en concreto, en Europa. La economía es solo la excusa y nos estamos dejando llevar por las cifras y por los debates conocidos, cuando se trata de un mero debate político.
La política exterior francesa en la era contemporánea está marcada por el fracaso. Cómo capear una concatenación de fracasos, maquillarlos y adaptarse a ellos ha constituido la base de su política exterior desde la Revolución.
El primer gran fracaso lo constituyó la derrota napoleónica frente Gran Bretaña. A nivel naval el control de UK de los mares dejo claramente a Francia en una segunda posición que durante el siglo XVIII siempre le estuvo disputando. A partir de aquí, y en cuanto a expansión ultramarina se refería, Francia siempre iría por detrás de UK. Fue un desastre importante, pero parcial, puesto que el Congreso de Viena había dejado a Francia con un importante papel continental en el concierto de las naciones de Europa.
El segundo shock para Francia lo constituyó la derrota en la guerra franco-prusiana de 1871, y no solo por que se dejara un emperador por el camino, sino porque consagró la unificación de la nación alemana, su mortal enemigo, cuyas relaciones marcaron el devenir del continente europeo durante el siglo XX.
Bismarck comprendió que el futuro de Alemania estaba en impedir que Francia constituyera un cerco para Alemania, y siempre se había acercado a la Rusia zarista para impedir la temida guerra en dos frentes. La estrategia francesa, aunque con importantes capacidades militares, consistió en buscar unas alianzas que encerrasen a Alemania. No lo consiguió hasta que el canciller de hierro cayó en desgracia y Von Bulow y Káiser Guillermo II diseñaron una política exterior expansionista que alertó a los demás países de Europa y facilito la labor francesa de cerco a Alemania. Se acerco a UK, cuya poderosa flota podía ahogar la economía alemana y ésta se dejo querer ante los peligrosos planes del káiser de construir una poderosa marina de guerra, preludio de la expansión colonial alemana. La segunda pieza de este cerco lo constituyó Rusia, que tenía importantes lazos comerciales y fiduciarios con Francia, y constituía una fuerza continental de primer orden, o al menos eso se pensaba en la época. Este cerco convenció a Berlín de que era necesario atacar primero y de forma contundente para eliminar uno de los enemigos y evitar la guerra en dos frentes. En ambas guerras mundiales el primer golpe fue dirigido hacia Francia.
Durante la I Guerra Mundial, Alemania estuvo cerca de conseguirlo, pero fue frenada de forma milagrosa en la batalla del Marne. Los alemanes sorprendieron al mundo manteniendo a raya a los rusos y prolongando una larga contienda en dos frentes. Pero cuando la revolución rusa elimino a ésta de la guerra y la balanza se inclinaba del lado alemán, la entrada de Estados Unidos en la guerra volvía a decantar la victoria del lado francés.
Durante la Segunda Guerra Mundial la configuración de estrategias fue muy similar, el primer golpe fue contra Francia. Pero esta vez no hubo milagro del Marne y Francia fue derrotada y ocupada. No será hasta 1944, tras el desembarco aliado en Normandía, cuando la fortuna de Francia cayó del lado de los vencedores, a pesar de su derrotismo y colaboración con la Alemania nazi. Un hombre configuraba, por primera vez en mucho tiempo, la estrategia francesa al margen de las fuerzas hegemónicas: Charles De Gaulle.
De Gaulle sabia que Francia era incapaz de competir con las dos nuevas súper potencias en un escenario global, pero no abandonó la idea de mantener la independencia de las dos potencias si era necesario. Mezcla de un chauvinismo típicamente francés y una desconfianza hacia los americanos, De Gaulle vio en Europa la solución a este problema. Es mas, Europa mataba dos pájaros de un tiro, ya que permitía a Francia una política exterior autónoma a la vez que neutralizaba a su eterno enemigo: Alemania.
A pesar de las numerosas fuerzas americanas en Europa y el seguro que suponía el monopolio nuclear americano (al menos hasta 1949) a fin de evitar la invasión soviética de Europa, De Gaulle no estaba convencido de la garantía americana, en parte porque no lo veía fiable. No consideraba razonable que EEUU tuviera intereses existenciales en Europa, y menos que un presidente de EEUU se arriesgase a una confrontación nuclear en su propio país por defender Alemania o Francia. Se fiaba del compromiso de guerra convencional americano, pero no de la salvaguarda atómica. Pensaba que si Europa se dormía tras el paraguas nuclear americano al final sucumbiría ante un posible ataque soviético, por lo que defendía unas fuerzas armadas europeas autónomas que incluyera a Alemania.
No hay que confundir esta postura con un pro comunismo de De Gaulle, al fin y al cabo había presionado para expulsar a los comunistas del gobierno francés de postguerra. Tampoco se fiaba de los americanos, al fin y al cabo el propio De Gaulle no defendería Europa hasta las ultimas consecuencias si fuera el presidente americano. Y, al igual que hicieron los británicos durante las guerras napoleonicas, solo habían intervenido para lograr un equilibrio en el continente que no se interpusiera en sus propios intereses.
Pero no nos equivoquemos, puede que De Gaulle fuera un narcisista pretencioso, pero no era iluso. Sabia que Francia no podía hacer frente sola al poderoso ejercito soviético, también sabía que iba a ser difícil persuadir a la neonata República Federal Alemana y menos a UK a firmar una alianza con Francia para defender de forma autónoma Europa, lejos de los intereses nacionales de Estados Unidos. EEUU había sido la salvadora de UK en as dos guerras mundiales y era la tutora de la nueva RFA. Fruto de esta búsqueda de independencia nace la audaz estrategia del desarrollo del programa nuclear francés. Un programa que, por otra parte, no podría haber sido llevad a cabo sin la ayuda americana tras sonados fracasos.
Un guiño a la política de seguridad europea propuesta por De Gaulle era que estaba dispuesto a adelantar el arma nuclear francesa al otro lado del Rhin saltándose el tabú de aislar a la RFA del arma nuclear. Este acercamiento a la RFA, dentro de la OTAN en lo militar y a través de la CECA en lo económico fue visto en toda Europa como una forma de poner a ciclo de violencia francoalemán iniciado en la guerra de 1871.
El abandono de la soberanía que supuso la CECA primero, y el Tratado de Roma en 1957, era un medio para conseguir estos fines. Pero no suponía una merma en la soberanía francesa, ya que en cualquier momento los tratados podían ser renegociados, e incluso abandonados. A los demás países firmantes de la CECA: Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo no les costó mucho ceder soberanía a cambio de estabilizar las relaciones en el continente. Al fin y al cabo el Benelux había visto pisoteado varias veces su independencia por Alemania en su camino invasor a Francia.
Que la cesión de soberanía era un medio para Francia explica también la aparente contradicción entre la cesión de soberanía económica a la CECA y, a su vez, la negativa a entrar en la estructura integrada de la OTAN. Esto fue debido a que De Gaulle si que veía su integración en la OTAN como una pérdida real de soberanía, ya que en caso de guerra el Estado Mayor de EEUU tomaría automáticamente el mando de toda la OTAN. 
La óptica francesa no podía estar más apartada de la británica, cuya defensa había quedado estrechamente ligada a su aliado anglosajón durante y tras la Segunda Guerra Mundial. No entendía una estrategia de defensa europea no incluyese a EEUU. Postura que fue hábilmente utilizada por De Gaulle para apartar a UK de la integración económica de la CECA y del Tratado de Roma. 
Dentro de la defensa y la política europea UK gozaba de un prestigio por méritos de guerra que Francia no podía igualar. Esta postura extremadamente ligada a EEUU le brindo a Francia en bandeja aislar a UK y tomar la iniciativa. De Gaulle accedió al proyecto de la construcción europea porque sabia que al final se iban a imponer los intereses nacionales. Y por ello era consciente de que si quería jugar un rol importante en las relaciones internacionales era desde el trampolín europeo, para lo cual necesitaba una alianza con Alemania. De Gaulle pensaba que en esta relación Francia gozaba de una postura superior, ya que la RFA tenía que salir del aislamiento internacional al que había relegado el nazismo.
Los sucesores de De Gaulle heredaron estos planteamientos y mimaron su relación con Alemania; relación que estaba basada en la colaboración económica y militar. Pero la caída del Pacto de Varsovia hizo que la cooperación militar perdiese importancia con respecto a la económica. La reunificación alemana despertó en amplios sectores de la política francesa la misma desconfianza que despertó la unificación cien años antes. Fue por lo que el presidente Mitterrand no ayudó, y hasta fue detractor de la unificación uniendo su postura
a la de Margaret Thatcher. Solo el decidido apoyo del PM español Felipe González empujó a Mitterrand a apoyar, siempre con la boca pequeña, la reunificación. La cohabitación con un aliado incomodo que, tras la reunificación, fue mostrándose mas dinámico económicamente es la situación que tuvo que manejar Sarkozy de una forma que terminó siendo sumisa y que ahora empieza a digerir Hollande.
Aunque el PS comenzó siendo el enemigo ideológico del Gaullismo, ningún discípulo fue mas sumiso a las consideraciones estratégicas del General que el mismo Mitterrand y ahora Hollande. El político normando ha ganado las elecciones bajo el manto del Gaullismo y prometiendo recuperar un tono en las relaciones franco-alemanas típico del general De Gaulle. Por tanto, aunque la economía es el tema central de las relaciones franco-alemanas, no debemos olvidar que estamos hablando de política y de Relaciones Internacionales ante todo. 
Ahora le toca mover a usted, Monsieur Hollande.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es una pena, querido compañero, pero me resulta muy difícil discrepar. Tu texto es un completo y equilibrado repaso a los tiras y aflojas de las tensas y conflictivas relaciones históricas franco- alemanas. Un buen relato de los aspectos fundamentales de unas relaciones que han sembrado de problemas, pero también de esperanzas, la historia europea de los dos últimos siglos. Vienen muy bien artículos como el tuyo, artículos que nos hagan caer en la cuenta de algo tan fundamental como que cada país, en sus relaciones internacionales, carga con una “mochila histórica” y que esa mochila, aunque el fragor de los acontecimientos presentes lo difumine, pesa tanto como las circunstancias y los cambiantes intereses económicos del momento presente.

David dijo...

Aunque puede que fuese un poco duro al principio de la entrada, soy totalmente pro francés. Ahora más que nunca que necesitamos un contrapeso para la política alemana. Nadie puede dudar, que con UK fuera de la partida continental, las relaciones franco-alemanas son el motor de Europa.
A parte de eso, me encantan los "valores republicanos franceses"