domingo, 3 de junio de 2012

La incómoda alianza.


La especial relación que existió entre el Estado de Israel y la República Sudafricana (RSA) durante el Apartheid es bien conocida, y yo mismo he escrito centrándome en el desarrollo de armamento biológico por parte de la RSA que contó con la inestimable ayuda de Israel. Pero la reciente desclasificación de documentos de defensa por parte de la RSA ha arrojado luz sobre esta curiosa relación. 
Resulta que la colaboración de Israel en el llamado proyecto Costa no se trataba de una colaboración aislada, sino que se enmarca dentro de una alianza militar mucho más cercana y, obviamente, secreta. La alianza militar entre Israel y la RSA, denominada Secment, era de carácter sumamente secreto, ambas partes negaban su existencia y cada una de ellas estaba en posición de poner fin a dicha relación de forma unilateral. Pero tuvo importantes proyectos en común. 
En el seno de tal cooperación militar, se incluye el proyecto Chalet, el acuerdo non nato entre ambas partes en materia de colaboración nuclear por el cual Israel estaba en disposición de vender a la RSA de los misiles Jericó con capacidad nuclear. Este episodio ha salido a la luz gracias a la investigación del estadounidense Sasha polakow-Suransky en su libro The Unspoken Alliance, que relata cómo los ministros de defensa de ambas naciones se reunieron en varias ocasiones para tratar sobre esta colaboración. 
Durante la que parece que fue la primera de las reuniones, el 31 de marzo de 1975, el ministro israelí de defensa, Simón Peres, ofreció la venta de varios misiles Jericó a su homólogo sudafricano PW Botha. El memorándum que ha visto la luz, obra del teniente general de la RSA Armstrong, plasmaba que tales misiles solo eran atractivos si éstos iban armados con ojivas nucleares. Resulta que por entonces la RSA ya estaba en condiciones de fabricar su propio armamento nuclear, pero su capacidad de lanzamiento era muy pequeña. 
Una segunda reunión celebrada el 4 de junio en Zurich entre ambos ministros desveló que los israelíes estaban en disposición de venderles el misil con capacidad para "tres tamaños". El autor de libro cree que los tres tamaños son el convencional, el biológico y el nuclear. Pero a RSA solo le interesaba si éstos iban armados con la "carga correcta", puesto que las otras podían armarlas por si mismos. El uso del término "carga correcta" muestra la sensibilidad israelí respecto a la cuestión nuclear. 
El proyecto se abandonó por el alto coste del mismo para las arcas sudafricanas y debido a que tal venta requeriría de la aprobación del propio Primer Ministro Israelí, pero la colaboración nuclear no murió con el final del proyecto Chalet. Se cree que los propios sudafricanos podrían haber fabricado su propio armamento nuclear para disuadir el ataque de las naciones vecinas por el Apartheid, pero éste armamento solo podía desarrollarse con la ayuda de Israel. Así mismo, Israel pudo haber necesitado la ayuda sudafricana para hacerse con el tan valioso material fisible de forma discreta. 
Tales hipótesis parecen estar avaladas por las revelaciones del comandante naval sudafricano Dieter Gerhard, encarcelado en 1983 por espiar para la URSS y amnistiado tras la caída del régimen del apartheid. Éste confirmó el acuerdo secreto de venta de ocho misiles Jericó parte de Israel armados con ojivas especiales que él mismo calificó como nucleares. Declaraciones que no han sido confirmadas por ninguna prueba documental. 
Una prueba documental indirecta del armamento nuclear israelí lo publicó la República Islámica de Irán tras la revolución de 1979, sacando a la luz documentos del régimen del Sha de Irán donde se confirmaba el interés de Israel en la bomba y su estrecha relación con Sudáfrica.  
Que Israel es una potencia nuclear es un secreto a voces. Sobre todo tras 1986, cuando Mordechai Vanunu publicó en The Sunday Times en 1986 fotografías de las instalaciones nucleares israelíes en Dimona y describió detalladamente los procesos de producción del material nuclear, pero sin aportar pruebas documentales. 
Obviamente, el gobierno israelí ha presionado al actual gobierno de RSA para no desclasificar los documentos obtenidos por el académico estadounidense, pero el gobierno del Congreso Nacional Africano no están preocupado en tapar las vergüenzas del régimen anterior.
Israel sí lo está, puesto que está llevando a cabo una campaña sobre la irresponsabilidad y peligro de la tenencia del arma nuclear por el régimen Iraní, y un descubrimiento sobre la frivolidad con la que Israel negoció con material nuclear y armamento de lanzamiento socavaría su posición. 
Un servidor se opone diametralmente a la proliferación nuclear y considero que hay países más responsables que otros en el tratamiento del arma nuclear. Y la discusión esconde temas mucho más sensibles sobre la igualdad soberana de las naciones y su derecho a defenderse en igualdad de condiciones. Pero el arma nuclear es tan peligrosa que, personalmente, lo situaría como una excepción a la norma. 

4 comentarios:

Miércoles dijo...

Confidencia de alguien que entiende de la "cosa" nuclear: es otro secreto a voces que la bomba israelí -al igual que Trident, la británica- no es activa. El material para cargarla decae con el tiempo y llega un momento en que carece de fuerza para desatar una reacción en cadena. Tanto Trident como la israelí hace tiempo que han llegado a esa fase. Como es demasiado complejo cambiar la carga y además tiene un coste elevadísimo (no solo en materiales, en Trident hoy solo quedan 200 trabajadores de los más de 2000 de antaño), pues sigue como medida disuasoria para los pocos que quieran creerlo.

David dijo...

Así que no pueden desatar una reacción en cadena? vaya fiasco.
Durante la campaña, Clegg había hecho pública una carta de generales británicos que proponían invertir los 90 mil millones de libras que costaba actualizar el Trident en material de guerra convencional.
Supongo que UK tendrá el Trident por motivos de prestigio, es decir, sería políticamente más costoso desmantelarlo que mantenerlo. Al igual que pasará con Francia.

Miércoles dijo...

La verdad es que la forma en que se está tratando Trident es bochornosa. Es un asunto de seguridad nacional y, como tal, cualquier decisión al respecto debería ser secreta. Pero nos enteramos de todo.

Salmond también ha dicho que, como la bomba está en territorio escocés, si quieren "recargarla", que nos den algo a cambio. No me parece mal, pero eso no se discute públicamente.

Precisamente esa transparencia forzada hace que no haya elección: si se actualiza el armamento, nos enteramos todos, el gobierno es acusado de ir en contra de los tratados anti-proliferación y la opinión pública crucificará a quien lo firme. Si se desmantela, es admitir una merma en la supremacía militar británica y una vergüenza para los patriotas. Así el único camino que queda es seguir como hasta ahora, sin decir nada y esperando que nadie se de cuenta de que lo más parecido a un físico nuclear que entra hoy en esa planta es el electricista polaco que cambia las bombillas.

David dijo...

Que crítica te veo con el Trident y todo lo que lo rodea.