martes, 21 de agosto de 2012

Resaca olímpica

Los Juegos olímpicos de Londres no solo han sido un verdadero éxito deportivo para UK, sino que están siendo una espectacular cortina de humo para los terremotos políticos que se suceden estos días en Whitehall. Y es que aunque los Juegos hayan terminado hace días, los brindis al sol y las palmadas en la espalda continúan con la satisfacción del trabajo bien hecho.
Sin duda Londres ha hecho un buen trabajo y, personalmente nunca entendí las dudas de organización que he leído en algunos medios, puesto que hablamos de una de las ciudades más dinámicas del mundo y de un país más que solvente. Pero tras los Juegos el humo comienza a disiparse sobre el Reino y solo el Financial Times ha llamado la atención sobre los difíciles asuntos que acosan al país. 
En muchas naciones los Juegos simbolizaron el auge y el optimismo de quienes los organizaron. Sucedió en Los Ángeles 84, símbolo del optimismo recuperado de la era Reagan. Bercelona 92 lo fue de la nueva España democrática y los pasados Juegos de Pekín simbolizaron la súper potencia del nuevo milenio. Pero no sucede lo mismo con el Reino Unido. 
Ya sea por la situación general de crisis en la Europa comunitaria como por problemas internos, los Juegos de Londres han coincidido con un pesimismo generalizado en el Reino. 
El país se encuentra en recesión y encara una larga y dura etapa de austeridad en las cuentas públicas. No deja de perder puestos en los índices económicos mundiales en favor de naciones menos desarrolladas. Su tejido social se enfrenta a tensiones de clase y Escocia se encamina a un referéndum de independencia en el 2014. Y todo eso se ha reflejado en las dudas sobre la organización de las que hablaba: Heathrow fue un caos en no pocas ocasiones, los guardas de aduanas se extralimitaron, se detuvo a terroristas dentro de la Villa Olímpica y la autopista entre el aeropuerto y Londres se tuvo que cerrar.
Pero todos estos nervios, todas las tensiones y todas las divisiones -de clase o nacionales- fueron aletargadas por la euforia de los Juegos y el triunfo de UK en el medallero que unió a todo el país tras el éxito.
A nivel étnico las olimpiadas anestesiaron el descontento con los extranjeros que el propio Primer Ministro alimentó meses antes. En la ceremonia de apertura se hizo un canto a la Gran Bretaña multicultural y en la ceremonia de clausura se aplaudió a los atletas de otras etnias. A nivel social también se olvidaron los conflictos y las huelgas dieron paso a un exitoso movimiento de setenta mil voluntarios que hicieron posibles los juegos. Se mezclaron las clases sociales en el medallero donde cabían las élites de Eton  y los boxeadores de barrios deprimidos. Los Juegos ocultaron el miedo por la secesión con episodios como la victoria en tenis de Andrew Murray, aunque ningún rotativo puso tal evento en portada en favor de Bolt. 
A nivel político los Juegos escondieron la profunda crisis del gabinete de coalición surgida tras el fallido intento de reforma de la cámara de los Lores, piedra de toque de la alianza entre Conservadores y Liberal-demócratas que amenaza con romper el gobierno y convocar elecciones anticipadas
Pero todo el país sabía que estaba compitiendo en una categoría que no le correspondía. La noticia de que UK estaba construyendo un nuevo portaaviones pero que no puede dotar es un símbolo de que el Imperio va cuesta abajo. Los Juegos suponen una sensación agridulce para la stablishment británico que ha visto como su país ha superado con éxito un reto en tiempos difíciles, pero que se ve en un declive permanente. Su tercer puesto en el medallero es más propio de épocas pasadas que de la actual. En este sentido Londres 2012 es más parecido a Atenas a nivel simbólico que a Barcelona o Pekín. 
Barcelona supuso la superación del ostracismo internacional y la entrada en la comunidad de naciones civilizadas. Pekín fue la demostración de que China era la nueva superpotencia. 
Y es que al final estamos con el eterno debate que encierra el Reino Unido de posguerra, no ha encontrado su sitio en el mundo. Aún actúa como si fuera un imperio y no lo es. Económicamente es un país envidiable, pero está siendo superado en muchos frentes, no solo por Alemania, sino por naciones que estaban bajo su paraguas hace no mucho, y ese debate ha salpicado el significado de los Juegos Olímpicos que ha mostrado al mundo que los británicos aún deben ser tenidos en cuenta, pero que esconden muchos retos. 
Londres 2012 puede y debe ser utilizado por los gobernantes británicos para iniciar un cambio en el pesimismo del país, ya que de lo contrario corre el riesgo de convertirse de la traca final de una historia marcada por el éxito, de los cuales los Juegos del 2012 fueron el último. 

3 comentarios:

Viriato dijo...

Muy buen articulo, muy interesante

david alonso dijo...

Gracias Viriato. Es que me pareció realmente curioso que algunos comentaristas (incluso británicos) dudasen de la capacidad de Londres de organizar los JJOO, con lo alucinante y dinámica que es Londres. Así que empecé a escarbar que escondía tanto pesimismo. Por mi parte nunca dudé que Londres organizaría unos Juegos de libro.

Anónimo dijo...

Tratandose de Londres no es curioso, es normal. Quejarse esta grabado a fuego en la mente del londinense. Pero una cosa es la queja y otra la falta de confianza en uno mismo.