domingo, 9 de septiembre de 2012

Convención Demócrata 2012


La pasada semana tuvo lugar en Charlotte, Carolina del Norte, la convención del Partido Demócrata que nominó al actual inquilino de la Casa Blanca como candidato a la reelección. Las convenciones suelen convertirse en un monótono desfile de personalidades más o menos relevantes que dirigen sus discursos bien en clave estatal, bien en clave nacional. De ahí que muchas veces los medios de comunicación busquen en ellas a las posibles estrellas políticas futuras o miserias pasadas.
De ambas convenciones la que tiene un mayor interés suele ser la que nomina al candidato salido de las primarias, ya que salvo excepción, la convención del partido en el poder no deja de ser un paseo triunfal. Aunque existen excepciones, recordemos cuando Reagan compitió con Ford por la nominación en 1976 y casi lo consigue.
La excepcionalidad de la Convención Demócrata fue que, pese a no haber grandes sorpresas, eclipsó a la convención Republicana, de la que solo queda el recuerdo del discurso de Eastwood que, obviamente fue usado por alguno que otro conferenciante en clave irónico.
La Convención del Partido Demócrata se planificó como un claro contrapunto a la de su rival. Quiso estar marcada por el sentimiento de unidad y gran sociedad frente al individualismo que marcó el discurso estrella de Paul Ryan. Una unidad que destacó y alabó el carácter inmigrante de quienes forjaron Estados Unidos para asegurarse el creciente voto hispano en estados clave como pueden ser Nevada o Florida. De ahí que el Keynote Speech recayera en la estrella hispana del Partido, Julián Castro, que dio a muchos medios la posibilidad de especular sobre el primer presidente hispano de Estados Unidos ante la creciente pujanza de los latinos en el mapa demográfico del país.
Michelle Obama dio un discurso poco propio del que se espera de una primera dama tradicional, como fue el de Ann Romney. Dinámico y brillante en palabras de la conservadora Fox, Michelle levantó al auditorio con una lección de humildad hacia un Romney al que nunca nombró. 
Michelle Obama evidenció que Romney se enfrenta en solitario no contra un candidato, sino contra una máquina electoral bien engrasada. Una pareja que forma un tándem político de primera magnitud donde Michelle no es la puritana primera dama que inaugura museos, sino que participa activamente en la vida del Presidente. Se especuló mucho en la pasada campaña sobre las similitudes entre Obama y JFK, puede que ésta sea su mayor similitud, la de tener una mujer excepcional a su lado conformando una candidatura atractiva y ganadora.
El memorable discurso del Presidente Clinton supuso otro contrapunto a la convención del GOP: tener una figura de la que enorgullecerse en tiempos de crisis económica. Clinton fue el primer presidente que tuvo un superávit en las cuentas públicas del país y para muchos americanos es el símbolo del éxito económico americano. Los republicanos se cuidaron muy mucho de llevar al icono de la crisis económica y las intervenciones que ya nadie niega como sonoros fracasos: George W. Bush. De hecho, Clinton aguijoneó con una frase que recuerda la responsabilidad de los republicanos en la crisis: "Le dejamos un desaguisado total, y no lo ha arreglado con la suficiente rapidez. Por eso despídanme y colóquenos de nuevo en el poder". Fue muy hábil Clinton al recordar a quién se debe el descalabro económico del 2008 porque Obama puede ser el primer presidente de la historia reciente reelegido con más de un 7% de desempleo y no está de más apuntar a su rival que desea llevar la campaña por la senda de la gestión económica. 
El Vicepresidente Biden también recorrió esa senda en su discurso pero de una forma mucho más llana y populista al mezclar el asesinato de Osama Bin Laden y la salvación de General Motors: Osama Bin Laden is dead, and GM is alive. El rescate de la antaño poderosa GMC puede proporcionarle al Presidente los votos electorales de los Estados de los grandes lagos en bloque y el Vicepresidente quiso dejar bien claro que eso se debe a la gestión económica de Obama. 
Un discurso que sorprendió fue el del Senador por Massachusetts y anterior candidato presidencial John Kerry cuyo análisis de las relaciones internacionales y la recuperación de los consensos y el multilateralismo que Bush dinamitó le situó en el punto de mira para sustituir a la actual Secretaria de Estado, Hillary Clinton que ha anunciado su retirada. 
Y una Kennedy, ¿Qué es una convención Demócrata sin un Kennedy?


Personalmente creo que la convención Demócrata ha sido un éxito, siempre si lo tomamos en términos relativos. Obviamente no había ninguna sorpresa puesto que se trataba de un acto de coronación consabido. Pero fue un éxito por contraposición al acto del GOP. Consiguió eclipsar la Convención Republicana de Tampa donde Eastwood eclipsó, a su vez, a Romney. Los mensajes políticos y económicos calaron poco en Florida y sí lo hicieron en la Convención Demócrata con los memorables discursos de Michelle Obama y Bill Clinton. Mostraron una diversidad cultural y una modernidad de la que carece el GOP y, en definitiva, neutralizó la escasa notoriedad que pudiera haber conseguido Romney en Tampa. Por lo tanto objetivo cumplido para los demócratas. 
Veremos ahora si se da la sorpresa de octubre y qué ocurre en el debate electoral, donde Obama deberá defender su gestión frente a un Romney que nadie sabe qué defiende a ciencia cierta. 

sábado, 1 de septiembre de 2012

Convención Republicana 2012


La convención del Partido Republicano (GOP) de este año, en la que se ha nominado el ticket presidencial formado por Romney-Ryan será recordada por haber sido pospuesta por un huracán, por haber descubierto el encanto de la mujer de Romney, Ann, y sobre todo por la actuación de Clint Eastwood que dio su discurso a una silla vacía, creando un fenómeno en twitter de más de siete mil mensajes por minuto.
Pero no será recordada por Mitt Romney. Este año no hubo el espectáculo que nos dio la guerra fratricida entre Obama-Clinton del 2008. No, esta convención puso fin al agónico proceso de primarias donde Romney se fue imponiendo de forma carísima y lastimosa a cualquier candidato no-soy-Romney que iba saliendo de las filas del GOP.
Y al igual que hicieron sus muchos contrincantes en primarias, que usaron el tirón de no ser el descafeinado Mitt Romney, él hizo lo mismo en esta convención a nivel nacional. Dio un discurso normal donde su única virtud a resaltar fue la de no ser Obama. Se unió así a la ya larga lista de políticos que han tenido éxito por no tratarse de su contrincante en el poder como Hollande o Rajoy. Pero en Estados Unidos pude no ser suficiente. 
Romney ha resaltado sus cualidades como gestor económico en un tiempo de incertidumbre en Estados Unidos, pero ha de tener en cuenta que todos los candidatos que han ganado las elecciones tenían una conexión con el electorado por encima de sus cualidades gestoras. Pensemos en el carisma del ídolo republicano por excelencia, Ronald Reagan, que llegó a la casa blanca siendo un anciano actor de derechas. O el carisma del otro gran icono del Partido Demócrata actual como fue Bill Clinton. Los que han perdido siempre lo han hecho por tener el perfil que hoy muestra Romney, elitista y estirado tecnócrata de Nueva Inglaterra o de un estado industrial. Romney no representa los valores del GOP porque no representa a la familia media americana de pueblo o ciudad pequeña. Mormón de religión e hijo del gobernador de Michigan, gestor de un fondo de inversión de alto riesgo y gobernador de un elitista estado de Nueva Inglaterra. Es sin duda el mejor perfil de un candidato demócrata. Pero el GOP, inmerso en una batalla identitaria que ve como la médula espinal del partido -el WASP- se encuentra en franca retirada, no encuentra en Romney al romántico salvador que buscaba. De ahí que durante las primarias cualquier iluminado fuese coronado, aunque de forma efímera, como el salvador del conservadurismo americano. 
Cumplió con el guión de la convención, pero eso no fue suficiente. Si lo miramos en términos relativos, Romney ha desperdiciado la única gran ocasión que tiene el candidato de la oposición para iluminar su campaña. Un día después de la convención, los swing states siguen estando mayoritariamente a favor de Obama, lo que es sintomático. 
De ahí que se centrase en un discurso económico sin profundizar, sacando punta al hecho de no ser Obama e implorando que el público despierte del sueño del "yes, we can" de hace cuatro años.
Pero tampoco ha querido profundizar mucho en la economía, porque es un arma de doble filo para Romney. Cómo conjugar el seguro médico obligatorio instaurado en Massachusetts en su etapa como gobernador con el odio al Obamacare de las bases republicanas será todo un reto. Cómo conjugar su campaña como buen gestor económico con el hecho de que su compañía fuese rescatada por un fondo del gobierno. Cómo conjugar el odio al gobierno de las bases republicanas con el hecho de que fue éste el que evitó la estrepitosa caída del poderoso sector automovilístico americano (y de su propia empresa). Cómo conjugar los valores rurales americanos y el odio a Wall Street de las bases republicanas con el hecho de que fuese un gestor de fondos de alto riesgo y tenga su dinero en paraísos fiscales. Todas estas contradicciones son las que lastran la campaña de Romney y pueden apartar el foco de la gestión de Obama para centrarlo en el dudoso conservadurismo de Romney.


Pero para eso está su vicepresidente, a pesar de que los vicepresidentes no ganan elecciones. La gran esperanza del GOP se llama Paul Ryan, neoliberal hasta la médula, de familia humilde, católico (eso le falla) y blanco es la última gran esperanza de unos Estados Unidos tradicionales. Ha sido la convención de Paul Ryan. Su discurso ha sido el que más ha brillado -con la excepción del excéntrico Eastwood- y su mensaje ha sido el que más ha calado porque fue el más sincero. Sin los lastres ideológicos de Romney, Ryan encarna el valor del individualismo que ha levantado esa gran nación. "No ha sido el gran gobierno quien ha construido Estados Unidos, habéis sido vosotros" dijo entre los vítores extasiados del auditorio. 
Fue, en mi opinión, el despegar de la nueva estrella Republicana. Como sucedió con Obama en la convección demócrata del 2004 que debía aupar a John Kerry, ésta fue la convención de Paul Ryan, la esperanza del GOP para 2016.