sábado, 27 de octubre de 2012

Editorial: cuatro años más.


Los principales diarios americanos, fieles a la tradición anglosajona, comienzan a pedir el voto por uno de los candidatos en liza. El Washington post ha dado el primer paso al pedir en su editorial el voto por el Presidente. Tampoco es de extrañar que el semanario The New Yorker haya dado su apoyo al Presidente para la reelección. 
Los motivos presentados por ambas publicaciones son los que están impregnando la campaña electoral y van por un doble camino.
En primer lugar, los puntos fuertes del Presidente. En el aspecto económico el inquilino de la Casa Blanca heredó un desastre total de la administración Bush y en la conciencia de la gente se ha instalado la idea de que la dejación de funciones de los organismos reguladores, de la que se lucró personalmente el propio Mitt Romney, es la responsable del crac de 2008 donde el GOP tiene una mayor responsabilidad.
El Presidente no solo ha frenado la caída de los índices económicos o rescatado GMC, sino que sus políticas han comenzado a dar frutos poco a poco. En septiembre se conocía que el paro se situaba por debajo del 8% y hoy mismo se supo que el crecimiento de Estados Unidos en el tercer trimestre se situó en el 2%. Por lo que se comienza a desmontar la supuesta lentitud en la recuperación económica que el candidato del GOP ha esgrimido durante toda la campaña. 
Mitt Romney puso en evidencia el punto débil en el debate económico y desinfló la campaña del presidente que, hasta la fecha estaba siendo un paseo triunfal hasta situar a ambos contendientes en tablas. Unas tablas de las que tímidamente comienza a despuntar de nuevo el Presidente ayudado por su victoria -no tan decisiva como la de Romney- en los otros dos debates y apoyado por las moderadamente buenas cifras económicas. 
En política exterior el Presidente hizo un gran trabajo, tanto en estos cuatro años como en el último debate. Heredó un desaguisado total de la administración Bush en un conflicto, la guerra contra el terror, que ha sido un clamoroso desastre. Ya sea en Iraq o en Afganistán, el presidente ha capitaneado la salida ordenada de ambos conflictos y no ha metido a Estados Unidos en ninguno nuevo, lo que no es poco. Ha conseguido un golpe publicitario de primer orden eliminando a Osama Bin Laden, hecho que es el slogan un tanto populista del vicepresidente Biden: "Osama Bin Laden is death and GMC is alive" para relatar los puntos fuertes de la administración Obama. 
El candidato republicano, pez total en Asuntos exteriores, planteó con inteligencia el debate al no meter la pata confundiendo países o dirigentes, e intentó reconducir el debate a vertientes más económicas para evidenciar la decadencia de Estados Unidos. Pero en un mundo cada vez más globalizado la multipolaridad es inevitable, cosa que el expresidente Bush quiso negar a cañonazos. Y en este papel multilateral el Presidente Obama ha reconstruido los puentes, no solo con sus aliados atlánticos, sino con el resto de actores globales. Ha querido compartir la responsabilidad en los distintos conflictos exteriores con sus aliados en la zona, caso de la UE en el conflicto libio, manteniéndose en un segundo plano y evitando bajas americanas. 
Es cierto que ha incumplido uno de sus principales promesas electorales como es el cierre de Guantánamo, pero el candidato republicano no se lo pudo echar en cara cuando él pretende revitalizar ese centro dentro de la política más agresiva de los halcones del partido. 
En definitiva, durante esta campaña se ha evidenciado que el Presidente no lo ha hecho mal, es más si ha llevado las reformas mucho más despacio de lo que hubiese querido su electorado fue debido a un Congreso abiertamente hostil, en manos del ala radical del GOP (el Tea Party) que, lejos de renovar las bases republicanas, las está alejando del centro político donde se ganan elecciones. 
El Presidente no solo ha sido una buena opción durante estos cuatros años, sino que es la opción más creíble para otro mandato. El mundo es ligeramente un lugar mejor para vivir tras la recomposición de las relaciones multilaterales rotas por Bush, como para poner en peligro este precario avance ante la promesa de una incertidumbre.
Mitt Romney no está mereciendo la confianza de los medios con más repercusión de Estados Unidos porque es una incógnita poco fiable. ¿Quién es Mitt Romney? es una pregunta que no poca gente sigue haciéndose en Estados Unidos. Romney es una incógnita, ya que ha cambiado tantas veces de postura, de forma de pensar según el electorado a quien hable y el Estado en el que esté que no sabríamos a qué atenernos si estuviese sentado en el Despacho Oval. 
Precisamente por eso, por incertidumbre que plantea Romney en todos los ámbitos de la política y por el buen hacer del Presidente Obama, New England Courant pide el voto para el actual inquilino de la Casa Blanca: El Presidente Barak Obama.  

lunes, 22 de octubre de 2012

Todos ganan, solo uno pierde.


Durante todos y cada uno de los días posteriores a las elecciones los partidos políticos se afanan por asegurar que han ganado las elecciones de uno u otro modo cuando lo que realmente importa es quién va a tener la responsabilidad gubernamental. 
Pues en las elecciones regionales de ayer hubo muchos ganadores. Podemos diferir en quién gana más o menos, pero sin duda coincidiríamos en asegurar que el gran perdedor de la noche fue el Partido Socialista. 
En el País Vasco, las fuerzas nacionalistas suponen la mayor parte del arco parlamentario regional, el PSE se descalabra y el PP pierde tres escaños, pero logra mantener el tipo. Las lecturas son muchas, la mía personalmente se resume en que no creo que el ascenso de Bildu sea definitivo, es flor de un día como demostró que lo era ERC y, en las próximas elecciones, probablemente encuentre su auténtico espacio electoral, más modesto en una situación política más normalizada, donde sin duda la novedad de votar a gente fuera de la política normal ha sido su gran tirón.
El PSE ha pagado su alianza con el PP. Tradicionalmente el PSE había sido el sustento del PNV, y probablemente lo vuelva a ser. El ascenso de López al gobierno de Vitoria apoyado por el PP era necesario para oxigenar la monótona y peneuvista política vasca. Personalmente creo que fue un sacrificio necesario aunque no se lo reconozcan ni ahora ni en el Pais Vasco. 
El PNV parece haber cambiado los papeles con CiU. Con Ibarreche parecía que el PNV se sentía cómodo en el papel de loco con un bidón de gasolina y los catalanes siempre eran los moderados con los que se podía negociar. Desde la deriva soberanista de Mas, hemos visto a un Urkullu sorprendentemente moderados que, pese a la tentación soberanista en la que solía caer el PNV, ha huído de tales planteamientos.
En Galicia Alberto Núñez Feijoo ha asentado su mayoría pese a perder votos debido a que la abstención superó un poco a la del 2009, pero habría que ser incauto para vanagloriarse de tal dato. La victoria del PP ha sido incontestable, tanto que le ha dado al PM un gran balón de oxígeno, ya que desde la caída en desgracia de Camps, el referente regional del PM es su paisano Feijoo. Cuando nadie hablaba de austeridad Núñez Feijoo llegó a Monte Pío abanderando los resortes y la disciplina fiscal. A pesar de haber triplicado el número de parados, de haber duplicado la deuda regional y de esconder el déficit en las cuentas del año siguiente, Núñez Feijoo era de largo la opción sino más creíble, menos mala para capear el temporal. 
Beiras se llevó el gran premio de consolación. Era, sin duda, el candidato más carismático de los que se presentaban y en menos de un mes supo atraer a la masa de descontentos con el gobierno regional. Sabían que estaban votando a alguien que en el parlamento le iba a decir a Feijoo las cosas sin maquillaje. Una cosa si es segura, al menos habrá alguien en la oposición que se preparará las intervenciones parlamentarias. 
La debacle del PSOE en Galicia es un espejo de sus deficiencias a nivel nacional. Sigue siendo el gran culpable de la crisis, el PP ha logrado vender la imagen de la herencia recibida y su gran aliado ha sido J.L. Rodríguez Zapatero. No es casualidad que Feijoo olvidase quién residen en la Moncloa y hablase como si aún estuviese el leonés. 
El PSOE no debe hacer una autocrítica superflua, debe llevar a cabo un severo tratamiento de quimioterapia para eliminar el cáncer que supuso el zapaterismo en el partido y que, a la vista de los resultados, se ha convertido en una auténtica metástasis. La descomposición interna del partido es enorme. A nivel de cuadros y de apoyos socioeconómicos la situación es dramática y parece que solo Juan Luis Cebrián se toma en serio esta reconstrucción. 
Personalmente creo que se debe separar la política nacional de la gallega. En Galicia nunca ha calado la socialdemocracia, los resultados electorales pasados así lo atestiguan. Puede que a simple vista la población urbana comience a ser importante, pero las raíces están fuertemente asentadas en un campo minifundista profundamente conservador, así que yo me fijaría más en cómo regentar el partido para que sea una opción viable a largo plazo. 
Obviamente a nadie se le escapa que Pachi Vázquez era un pésimo candidato. No supo alejar el fantasma del pentapartito que le endilgó hábilmente el PP. Nadie en su sano juicio se atrevería formar gobierno con semejante jaula de grillos y su postura debió haber oscilado más en la posibilidad de pactos con un PP en minoría que de oposición a toda costa. La estrategia de conmigo o contra mi funcionó muy bien a Feijoo sabedor de que los Gallegos son poco amigos de los experimentos. 
Y para el PM pues genial, puede hacer la lectura -correcta o no- de que la población apoya su política de recortes pero a largo plazo la responsabilidad es mayor. 
Con el Partido Socialista en franca retirada, el PP tiene sobre sus hombros absolutamente toda la responsabilidad del Estado. Ahora es Mariano Rajoy quien, en solitario, ha de enfrentarse a la crisis económica, el soberanismo en Cataluña (sobre todo si se confirma el hundimiento del PSC) y el futurible soberanismo vasco. El fracaso en estos tres frentes serían achacables a Mariano Rajoy en exclusiva, porque tras dos años de legislatura uno comienza a recoger los frutos de sus propias cosechas. A muy largo plazo, la victoria de Feijoo podría significar el nacimiento de una alternativa al liderazgo de Rajoy en el PP nacional si éste se viese acosado por la crisis económica, el rescate y los desafíos soberanistas periféricos. 
¿Y el PSOE? Pues para empezar deberá ejercer una contundente autocrítica sobre si el exceso de amabilidad que ejerce en la Leal Oposición de SM es el adecuado. Personalmente creo que no hay que echar demasiada gasolina en tiempos de crisis, no creo que haya que ganar en la calle lo que se ha perdido en las urnas y creo que sería un error para un partido socialdemócrata de centro-izquierda caer en esa tentacuón. Considero que Rubalcaba no caería en tamaña insensatez, ahora habrá que ver si es Rubalcaba quien dirige los destinos del PSOE tras esta debacle sin paliativos.