lunes, 10 de diciembre de 2012

Editorial: Italia necesita deshacerse de Berlusconi


Un fantasma recorre la política europea. Se trata del incombustible Silvio Berlusconi, el único político que tiene en su haber el honor de ser el Primer Ministro Italiano que más tiempo ininterrumpido ha estado en el cargo desde la II Guerra Mundial, algo muy difícil dado el endemioniado sistema político italiano. En noviembre de 2011 muchos le dábamos políticamente por muerto, la prima de riesgo y la presión de la Europa Comunitaria forzaron su salida del gobierno y situaron en el Palacio Chigi a un excomisario de la UE en una maniobra de dudosa legitimidad y en connivencia con sus colegas europeos.
Dada la caótica situación política italiana, la opinión pública vio en Monti la solución a los males del país. A corto plazo fue una buena solución, logró situar a Italia fuera de los focos de los mercados y ha capeado con éxito la marejada que está golpeando fuertemente a España. No solo eso, con las cuentas públicas italianas en estado de coma ha logrado situar a Italia en el centro de las decisiones comunitarias, instituyendo las reuniones tripartitas (Francia, Alemania e Italia) previas a las Cumbres de jefes Estado y de Gobierno de la UE.
Pero es complicado jugar en política sin un equipo propio, y en el infernal mapa político italiano ya ha sido un milagro que Monti haya sobrevivido un año entero, pero ahora que se acercan las elecciones de 2013 los partidos comienzan a mostrarse inquietos por sus perspectivas futuras.
El partido Democrático ha llevado a cabo unas modélicas primarias donde ha salido elegido el veterano político Bersani, que tiene la esperanza de obtener unos resultados prometedores. Pero es el campo del centro-derecha en el que se muestra la incertidumbre. Monti y su gran valedor, el Presidente de la República Napolitano, contaban con que pasadas las elecciones Monti contase con el apoyo del centro derecha italiano y la voluntad de pacto de Bersani para continuar con las reformas que no han pasado de meros bocetos. 
El anuncio de Il Cavaliere de que "por el bien de Italia" iba a concurrir a las elecciones no fue una sorpresa en la política italiana tras el virulento discurso del Secretario General del PDL, Angelino Alfano, en el que anunciaba la retirada de su apoyo parlamentario al gobierno Monti. Probablemente para huir de los numerosos casos de corrupción política, prostitución y corrupción de menores que pesan sobre Il Cavaliere, Silvio Berlusconi se presenta para usar, una vez más, el poder como escudo frente a la Justicia.
Como un hooligan de la política, Berlusconi no ha podido elegir mejor momento y lugar para su anuncio, un entrenamiento del club de fútbol de su propiedad, el AC Milan, el pasado sábado, cuando resta un mes para la aprobación de los presupuestos de 2013. 
Mario Monti ha recibido la noticia en el intermedio del inicio de la temporada de ópera de la Scalla de Milán, y como buen aficionado a la ópera ha sabido muy bien manejar sus armas. Ha acudido a Roma a plantear su inmediata dimisión a Giorgio Napolitano para dejar huérfano al centro Italiano. La decisión de Monti ha sido una jugada política maestra de quien tiene a gala no ser político. Con su retirada, Monti deja al electorado solo frente a Berlusconi, propicia la elección de un parlamento muy dividido y fragmentado donde la primera fuerza política podría ser el PD y deja las bases para una debilidad parlamentaria que le devuelva el poder ante la triste alternativa. O yo o el caos parlamentario de gabinetes débiles. 
Monti tampoco es lo que parece, es un político en toda regla, habla como un político y actúa como un político. Sus reformas no son tales, son solo esbozos que no se han llevado a cabo. El profesor se ha escondido del chaparrón con maestría debajo del paraguas de la crisis española mientras no iniciaba ni una de sus reformas estrella. No ha reformado el mercado laboral, ni la administración. Solo ha subido los impuestos y el precio de los servicios públicos. Con todo es la mejor opción si Italia no quiere quedarse a la intemperie de la crisis de deuda soberana.
Claro que el populismo imperante en Italia y el caciquismo de la mafia en el Mezzogiorno pueden aupar de nuevo a Silvio, lo que dejaría a Italia a la altura del betún político.
Monti por su parte cuenta con un importante apoyo del centro político italiano, de los grandes industriales del norte capitaneados por el presidente de Ferrari, Montezemolo, y de la Iglesia que se ha alejado de Silvio por sus reiterados escándalos. 
Por tanto, me inclino personalmente por opinar que la opción más deseable para Italia sería un gobierno de Mario Monti con el principal apoyo del PD de Bersani y un hundimiento del PDL para que los italianos se puedan librar del cáncer político que supone el populista hooligan de la política continental. Aunque nunca se sabe, pues Silvio es un político correoso y populista que puede dar la campanada una vez más. Por el bien de Italia, y de España por contagio, esperemos que no. La subida de la prima de riesgo es un anuncio de que la estabilidad no comulga con Silvio Berlusconi.

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