sábado, 26 de octubre de 2013

Editorial: Liderazgo cuestionado


Cuando faltaban pocas horas para el vencimiento de los compromisos crediticios de EEUU, los republicanos del Senado llegaron a un acuerdo con la Casa Blanca para elevar el techo de deuda y proveer de fondos al ejecutivo hasta mediados de enero mientras se negocia un acuerdo presupuestario más amplio. Los republicanos de la Cámara, conscientes de su bajada de popularidad, no tuvieron más remedio que plegarse y aceptar el acuerdo suscrito por sus colegas de la cámara alta. Concluía así un shutdown de 16 días que ha puesto en entredicho la credibilidad de las instituciones y de Estados Unidos como primera potencia mundial.
La prensa ha puesto en duda la capacidad de EEUU de seguir siendo el buque insignia de la política y la economía mundial. Si no podemos fiarnos de los bonos del tesoro de Estados Unidos, de quién nos podemos fiar en este mundo incierto. La amenaza de una suspensión de pagos pone en cuestión todo lo que se tenía por mínimamente seguro en el turbulento mundo de las fianzas.
Este tipo de situaciones está poniendo en duda el sistema democrático como un modelo adecuado de toma de decisiones. Obviamente es un debate viciado e interesado que determinados grupos quieren impulsar para desprestigiar la democracia. El sistema de checks and balances que diseñaron los padres de la constitución americana dota a Estados Unidos de una separación de poderes que otorga a la Cámara de Representantes el poder presupuestario necesario para obligar al presidente a negociar con los depositarios de cada una de las voluntades individuales de cada distrito electoral.
Es un sistema que ha funcionado razonablemente bien durante más de doscientos años, lo único que ha cambiado es el estado de la economía mundial que, en una etapa de enorme nerviosismo y débil crecimiento, cualquier turbulencia despierta un enorme nerviosismo.
Las instituciones financieras y empresariales en el propio Estados Unidos y supranacionales como el FMI o el Banco Mundial, han defendido una mayor concentración de la toma de decisiones económicas para evitar estos vaivenes. Y no solo una mayor concentración, también de forma velada han defendido una mayor opacidad y, bajo argumentos técnicos, han subrayado la necesidad de apartar estos procesos de toma de decisiones de los mecanismos electorales para apartarlos de la caprichosa voluntad popular. Este argumento supone un recorte y una limitación de la división de poderes y los mecanismos democráticos de vigilancia. Más economía supone, una vez más, menos democracia.  En este debate hasta tendría más sentido las tesis libertarias que abogan por apartar todo lo posible la vida económica de la intervención del Estado. Pero los libertarios puros escasean gracias a Dios y lo que más nos encontramos son liberales de bufé libre que defienden la privatización de las ganancias y la socialización de las pérdidas. 
Sea como fuere, los que han escrito que Estados Unidos ha perdido liderazgo mundial durante estos dieciséis días de cierre gubernamental miran a China como posible recambio. Impresión que se agudizó tras la ausencia de Obama en la cumbre del Pacífico que trasladó el protagonismo hacia el gigante asiático. 
Es comprensible que los defensores de la seguridad financiera miren con admiración el sistema chino en el que la toma de decisiones está centralizada y carente del más básico control democrático. Es lógico que critiquen los mecanismos de control con el que los Padres Fundadores dotaron a EEUU para alejarlos de sistemas tiránicos y opresivos, pero decir que eso es perder liderazgo mundial es no entender el significado del liderazgo.  
El cierre del gobierno en Estados Unidos, lejos de mostrarnos una debilidad, nos muestra la fortaleza del sistema democrático. Un sistema en el que los políticos deben ponerse de acuerdo por mucho que les separe su ideología, porque ambos bandos representan la voluntad popular. A pesar de que el Tea Party sea un grupo mesiánico con la sagrada misión de salvar Estados Unidos para los "auténticos americanos de buena fe" y que el pulso llevado a cabo fuese una soberana estupidez para su propio partido, los mecanismos que usaron están amparados por la Constitución y por mucho que nos incomode no podemos tildarlo de debilidad. 
¿Está acaso China dotada de mayor legitimidad para desempeñar el papel de líder después de este episodio? Rotundamente no. Tampoco creo que esa sea la finalidad del gobierno chino, ejercer un liderazgo mundial a la antigua usanza como el que ha venido ejerciendo Estados Unidos. China se asemeja más a un conglomerado industrial y comercial que solo quiere ver satisfechas sus demandas económicas y ser respetada en las cancillerías mundiales. Por ello no es amiga de figurar en los grandes foros de política exterior más allá de lo que compete a su área de influencia. Por eso se ha desmarcado de las resoluciones sobre Libia y Siria. En mi opinión China no desea un liderazgo mundial, pero ¿estaría en condiciones de conseguirlo? Mi opinión al respecto sigue siendo negativa. China hoy por hoy no representa ningún modelo a seguir, no deja de ser una oligarquía de partido único que no respeta ninguno de los derechos más básicos del ser humano. 
La historia de Estados Unidos está plagada de ejemplos que la han apartado de defender los derechos humanos, pero al menos el ideal con el que ha nacido el país, la separación de poderes y la propia constitución le dotan de los mecanismos necesarios para ser un ejemplo a seguir. 
Por ello, mi opinión difiere de quienes ven en la separación de poderes un escollo al liderazgo de Estados Unidos, aunque a veces sus repercusiones sean tan profundas y tan vergonzosas como el cierre gubernamental. Considero que la existencia de cárceles como Guantánamo o el programa de escuchas ilegales a ciudadanos y aliados representan una mayor amenaza para el liderazgo de Estados Unidos que el cierre del gobierno. 

lunes, 21 de octubre de 2013

Editorial: el naufragio de Hollande


Esta semana ha sido una de las peores para el presidente francés Francois Hollande. La noticia de la detención y deportación de una alumna gitana durante una excursión escolar ha incendiado los liceos franceses y volado por los aires la autoridad moral del presidente.
El modesto político normando ganó las elecciones al presentarse como una alternativa moderada al hiperactivo presidente que todo lo abarcaba y que capitaneaba el declive de Francia como potencia política en la familia europea.
La misión de Hollande no era fácil. En casa tenía que poner en orden unas finanzas que llamaban a recortar el mastodóntico Estado francés, con todo lo que ello supone para el orgullo de la nación. Por eso al principio optó por la subida impositiva, sobre todo a las clases adineradas, pero eso dejaba a Hollande a mitad de camino. Iba a tener que tomar una serie de recortes dolorosos que no iban a sentar bien a una ciudadanía acostumbrada a que el nivel su bienestar dependa de la calidad de los servicios públicos. Dicho en otras palabras, Francia no digiere bien las medidas liberalizadoras que tanto demandan los mercados financieros, y no se puede culpar a los franceses por ello. Así que la labor económica del presidente se presentaba enorme: poner en práctica cierta ortodoxia financiera tocando lo menos posible el Estado francés.
Los franceses siempre han elegido mantener su Estado por encima de las liberalizaciones o de la globalización cuando ese modelo ha estado en cuestión en unas elecciones. Hollande sabe que fue elegido para mantener el Estado Francés por lo que no es buena idea proceder a un desmantelamiento del Estado si quiere seguir vivo políticamente. 
En el exterior Francia tenía que recuperar el lugar que le correspondía como copiloto del proceso de construcción europea. Alemania siempre había jugado el papel de actor económico dejando a París la labor política que tanto incomoda a Berlín. Pero la debacle económica evidenció no solo la fortaleza de las reformas alemanas de la agenda 2010, sino la debilidad de Francia para seguir al lado de un socio que cada vez pesaba más.
Así que pasada la euforia inicial de la victoria de Hollande y de alcanzar su principal promesa electoral, dotar a la política francesa de normalidad, los problemas para Hollande no han hecho más que aumentar. Baste recordar la contestación social suscitada por la aprobación del matrimonio de personas del mismo sexo, las payasadas protagonizadas por De Pardieu o Arnault y ahora la cruzada emprendida contra los gitanos. 
La falta de resultados en todos los campos de la política parece haber desnortado al Presidente que, desde hace un par de semanas y ante el temor de verse sobrepasado electoralmente no solo por la UMP sino por la extrema derecha de Marine Le Pen, ha iniciado una arriesgada carrera que puede llevarle a perder más que unas elecciones. 
Internacionalmente Hollande no ha conseguido restablecer el equilibrio de poder con Alemania y parecía que la guerra civil en Siria le daría la oportunidad de eclipsarla en el terreno que ésta ha demostrado repetidamente ser una nulidad: las relaciones internacionales. El no de los Comunes al PM británico dejó a Francia a la vanguardia de los socios europeos de EEUU para iniciar una intervención armada. Pero la ilusión de Hollande se desinfló tan rápido como Obama se enredaba pidiendo autorización al Congreso. Sea como fuere, la aventura siria supuso un triste intento por captar titulares en la prensa internacional y lucir un poco su cuenta de resultados en relaciones exteriores. 
Así que con las elecciones a la vuelta de la esquina y con el PSF claramente detrás en las encuestas tras el Frente Nacional (FN) y la UMP, parece que el presidente ha optado por copiar las estrategias de la extrema derecha para intentar robarle votos a Marine Le Pen. Por ello se ha embarcado en una aventura que ya intentó Nicolás Sarkozy como la expulsión de los gitanos de Francia.
Me parece una pobre estrategia por múltiples motivos. El primero de ellos porque se supone que el Presidente gobierna para toda Francia y gobernar es más que expulsar a un par de gitanos. El hecho de que el modo de vida gitano sea incompatible con los "valores de la república" y de casi cualquier sociedad civilizada no puede ser una excusa para montar una estrategia de gobierno en torno a ella. Gobernar es mucho más que decir obviedades como que los gitanos son incómodos. Gobernar es educación, sanidad, justicia, pensiones, defensa, etc. Y que el Presidente se vea obligado a expulsar gitanos no es sino el símbolo de su fracaso en las demás parcelas de la política francesa.
Por otra parte, el gobierno francés ha cometido una tremenda torpeza expulsando precisamente a una niña que quería estudiar para integrarse con toda normalidad en la sociedad francesa. Y con ello ha desencadenado una respuesta estudiantil y ciudadana que ha acabado con la posible popularidad de sus expulsiones.
En tercer lugar, no creo que el Presidente ni el PSF consigan nada con esta política de expulsiones más que desmovilizar a su electorado. Sabemos que Francia es un país de tendencias conservadoras, pero el PSF no va a conseguir un número significativo de votos de los caladeros del FN de Le Pen. Es más posible que desmovilice a los jóvenes y las clases medias urbanas que le han votado antes de atraer votantes del FN. No lo considero una operación rentable en términos electorales.
El Presidente Hollande hace un flaco favor a la imagen de Francia como país, de ser la patria de los valores revolucionarios se está convirtiendo en el adalid de la lucha contra las minorías. No defiendo que le República no lleve a cabo una política migratoria severa, sino que se realice con tan poco tino y que afecte, en este caso, a una estudiante.
Y para concluir, tampoco lo considero una operación rentable en términos morales. Por muy desagradable que pueda parecernos el estilo de vida de los cíngaros, caer en el populismo barato de una expulsión es demostrar el fracaso de las políticas integradoras y una salida barata que le esta saliendo al presidente francamente mal. Ahora, después del lío monumental que se ha montado se ha buscado una vía intermedia para no desautorizar a su ministro del Interior, Manuel Vals, permitiendo el regreso de Leonarda, pero no de su familia. Veremos como acaba éste episodio concreto, pero la política llevada a cabo por Hollande está tirando por la borda todos los principios por los que llegó al Elíseo. No es de extrañar que la socialdemocracia esté en crisis, en este caso no solo copia la política económica de la derecha, sino que está haciendo suya la política social y los métodos de la extrema derecha. Así no volverá el Presidente a seducir a su electorado y, a largo plazo, se enfrenta con una mayor debacle electoral. Y si pierde, al menos que pierda con sus principios intactos y no por haberse travestido con los principios de la calaña política francesa.
En este caso, Hollande debería hacer suyo el corolario de Harry Truman que, tras una vida plagada de fracasos políticos, dijo "si para ganar tengo que hacer trampas, seguiré perdiendo" 

lunes, 7 de octubre de 2013

Alternativa para Alemania.

Las elecciones alemanas han dado multitud de crónicas políticas sobre los resultados, el trasbase de votos y los posibles pactos electorales. Pero un aspecto que a mi se me ha quedado en el tintero fue el papel jugado por el partido Alternativa para Alemania (AfD). El fantasma de Alternativa para Alemania ha sobrevolado la campaña amenazando con trastocar el tradicional escenario político de posguerra. La posibilidad de que una formación a la derecha de la CDU se colase en la Dieta Federal hizo correr ríos de tinta sobre cómo podría afectar al juego de alianzas pos electorales. Era algo que los democristianos siempre se esforzaron por evitar ya que le podría costar muchos votos, pero al final esta formación no fue tan nociva para la CDU como para sus tradicionales aliados liberales.
Se ha tildado este nuevo partido como de extrema derecha euroescéptica, muy similar al UKIP, que propone la salida de Alemania del Euro y un sinfín de propuestas apocalípticas que hace difícil juzgar la envergadura del desafío político que supuso. El partido no es en sentido estricto un partido anti europeo, sino que más bien propone abiertamente la creación de una Europa alemana en el sentido económico del término. EL AfD utiliza la economía como motor de su mensaje político y no defiende la salida de Alemania de la UE, por lo que no podemos calificarlo de euroescéptico en sentido estricto, sino más bien de intentar crear una Europa hanseatica de mercaderes ricos del norte. 
El nuevo partido, ajeno a que la deuda del Mediterráneo habita principalmente en los bancos alemanes, usa de forma torticera los índices económicos para defender la expulsión de los países mediterráneos del euro, algo que pondría en serias dificultades a los bancos alemanes ante el impago de la deuda. Éste nuevo partido comenzó defendiendo el retorno de Alemania al Marco, pero, ante la dificultad de tal medida, ha ido modulando su discurso hasta defender que el euro debe ser la moneda de las estables economías industriales del norte y que son los inestables países mediterráneos quienes deben de abandonar la moneda única
También resulta muy curioso que surja un partido que defienda una Europa basada en los principios de la ortodoxia financiera cuando en su momento Alemania coló por la puerta de atrás a Grecia en el euro a sabiendas de que incumplía los criterios de convergencia. 
Así que AfD no defiende que Alemania salga de la UE, sino que Alemania capitanee una reforma de la UE que deje fuera del euro a los Estados del Mediterráneo. Defienden, basándose en criterios económicos, que los Estados del sur no son competitivos sin la capacidad de devaluar su moneda. Defienden que la devaluación interna es demasiado dolorosa como para que no surjan fracturas internas, es decir, que lo hacen por nuestro bien. Pero lo más curioso es que AfD olvida que el grueso de los consumidores de Europa vive en el Mediterráneo, que el número de ciudadanos del club Med es significativamente mayor que todo el norte de Europa junto. Y que si se produjese una salida del euro de los países del Mediterráneo, Francia incluida, sus exportaciones disminuirían de forma significativa debido a la devaluación del Mediterráneo y la posible apreciación de ese euro hanseatico. Algunos economistas han cifrado una caída del 20% del PIB alemán si se detiene el flujo de exportaciones a los países del Mediterráneo. 
Por tanto, con este ideario político contrario a los rescates y a la política europea de la canciller Merkel, se nos antoja la pregunta de dónde y a quién ha sacado AfD sus votos para quedarse a las puertas de la Dieta Federal con un 4'7% de los votos. Los buenos resultados que ha obtenido la formación en su debut hay que buscarlos en dos caladeros antagónicos de la política germana.
La gran víctima del nacimiento de este partido no ha sido la CDU como en un principio pudo parecer, sino los liberales del FDP. Los votantes liberales vieron traicionados sus ideas por el partido cuando la presión sobre el contribuyente alemán, lejos de relajarse, se consolidó para sufragar los costosos rescates europeos. La estrategia de Merkel "más Europa" va a derivar en más organismos reguladores pero de ámbito comunitario. Es verdad que la canciller ha evitado la emisión conjunta de deuda, pero parece que la UE se aproxima lenta, pero inexorablemente a la unión bancaria, un regulador único y el establecimiento de una tasa sobre las operaciones financieras. Pasos que la canciller ha iniciado de la mano del partido liberal. Se trata de traiciones que su electorado le ha hecho pagar. 
De los grandes partidos nacionales fue el SPD quien sufrió menos sangría de votos hacia el AfD debido a su ideario político de tintes tan neoliberales. Ideario que hace increíble que setenta mil votos de Die Linke se pasasen a sus filas. Su retórica anti europea, sus discursos en contra de los rescates y los tintes antisistema que algunos medios han vertido sobre este pequeño partido ha hecho que muchos votantes descontentos de Die Linke hayan decidido cambiar si voto a la espera de que la entrada de AfD en la Dieta supusiese un tsunami político. De ahí que sea en la antigua DDR y, más en concreto Sajonia, donde ha obtenido más votos esta formación. Tal vez no le haya arrebatado muchos votos en números absolutos, pero teniendo en cuenta la masa de votantes de los grandes partidos y de Die Linke, el trasbase de votos es significativo para tratarse de un partido de extrema izquierda hacia una ideología que muchos han tildado de extrema derecha. 
Los distintos analistas políticos que he escuchado y leído coinciden en que, de haber entrado AfD en la Dieta Federal, hubiera trastocado por completo el mapa político alemán al poder arrastrar a la Canciller hacia la derecha con el fin de neutralizar o colaborar con la formación. Aunque no deja de ser una hipótesis, resulta poco creíble que la canciller abandonase el centro político por una aventura derechista que hubiera ido contra su naturaleza política y su propia estrategia en Europa.
De momento, Alternativa para Alemania ha fracasado en su intento de acceder a la Dieta Federal, aunque para tratarse de un debut un 4'7% no es un mal resultado, más si tenemos en cuenta que han arrastrado a los liberales. Veremos si no se queda en nada este experimento político o si, por el contrario, aguantan hasta las elecciones europeas de primavera de 2014 y acceden al Europarlamento coaligados con otras formaciones. De lo contrario veríamos el final de uno de tantos partidos que se erigen con la bandera de la alternativa política y no pasan de ser los depositarios de insuficientes votos del descontento para llegar a algo mínimamente constructivo. Al menos nadie le podrá negar a AfD la enorme hazaña de haber obtenido votos pescando en caladeros tan contrapuestos como los liberales y Die Linke, sin duda síntoma de que la política en estos tiempos extraños no tiene un guión bien definido.

jueves, 3 de octubre de 2013

Editorial: chantaje a toda una nación.

Los acontecimientos que rodean al cierre de la Administración en EEUU y, por tanto, la limitación de la acción del ejecutivo puede tener profundas consecuencias en la renqueante recuperación económica mundial. Hemos visto que los países emergentes no han pasado de eso, de emergentes, y la fuerza con la que empujaban la economía está empezando a declinar, por tanto los ojos se vuelven al tradicional protagonista: Estados Unidos. Esta nación sigue marcando la pauta de la recuperación mundial, los llamados mercados están más atentos que nunca a las cifras del paro y la política de estímulos de la nación indispensable. Pero como le suele pasar a los grandes imperios, el peor enemigo proviene del interior. Desde fuera puede parecer un análisis simplista, y puede que lo sea, así que me gustaría matizar algunos puntos.
La Constitución de EEUU situa la aprobación del presupuesto en el poder legislativo, más concretamente en la Cámara de Representantes donde la Soberanía Nacional aúna todos los pequeños intereses de la nación. Es una forma de conjugar los grandes intereses nacionales representados por el ejecutivo y por el Senado con la suma de los pequeños intereses locales. Los padres fundadores consiguieron con este diseño dotar de poder al pequeño elector y que la política no se alejase de la calle, al menos en una de las cámaras del legislativo, y equilibrar el sistema en un país que ya era grande para los estándares de la época.
Pero los sistemas no son perfectos y en ocasiones un diseño bienintencionado puede dar lugar a desequilibrios graves. Ésto es lo que está pasanado con con el cierre del gobierno.
La aprobación de un techo de deuda, surgida en Estados Unidos para evitar que el ejecutivo llevase al país a un sobre endeudamiento durante la II Guerra Mundial primero, y la posterior Guerra Fría, siempre se fue ampliando en función de las necesidades del gobierno. Pero durante la Administración Clinton y ahora con Obama la lucha contra la deuda y el déficit esconde torticeras intenciones ideológicas que lejos están de conseguir un rigor presupuestario. Se usa la palanca presupuestaria para la consecución de intereses políticos locales, que no es malo de por sí, ya que sus señorías han sido elegidos para eso, es malo cuando secuestran la totalidad del sistema político del país y puede acarrear repercusiones nacionales similares a catástrofes naturales.
El problema en este caso, es que la administración Obama tiene que negociar con un grupo intransigente de objetivos muy claros: intentar por todos los medios a su alcance torpedear la reforma sanitaria de Obama y, con ello, herir de muerte el legado del Presidente. Nadie puede culparlos de llevar a cabo la misión para la que han sido elegido. Su electorado está conformado por los sectores más conservadores del llamado cinturón bíblico infuidos por el modo de vida más rural, religioso, refractario y contrario al progreso de todo Estados Unidos.
Pero aunque el objetivo del Tea Party sea torpedear lo más posible la acción de gobierno de Obama y no escatime en medios para ello, el resto del Partido Republicano no debería ser rehén ni de los métodos ni de la estrechez de miras política de sus colegas de partido. Obviamente los congresistas del Tea Party han sido elegido para hacer lo que están haciendo y no entran en los círculos tradicionales de poder en Washington, tampoco se dejan seducir por el aparato del Partido ni la dinámica de Capitol Hill como si se tratase de James Stewart en Caballero sin Espada. Pero eso no convierte su labor en loable más allá de los fundamentos democráticos de la misma.
Los Padres Fundadores han decidido este sistema de pesos y contrapesos precisamente para obligar a un consenso entre la clase política y por ello no estamos ante el primer cierre del gobierno de la historia, ni ante el último. Pero en este caso el cierre está totalmente injustificado porque escapa a la política presupuestaria. Entendería un cierre para obligar al gobierno a llevar una política fiscal y presupuestaria menos expansiva, pero estamos simple y llanamente ante un chantaje.
Los miebros del Tea Party, por mucho que hayan sido elegidos en sus respectivos distritos electorales, quieren ganar con este pulso lo que perdieron a nivel nacional en 2008 y el pasado noviembre. El electorado nacional ha votado de forma clara y contundente por Barak Obama y su programa de gobierno, donde la reforma sanitaria ocupa el lugar preeminente, por lo que la suma de unos algunos intereses locales no deberían de secuestrar la voluntad mayoritaria expresada en las urnas en dos ocasiones. Hay que tener en cuenta que tras el alma del campesino jefersionano que dice representar el Tea Party se esconden importantes intereses corporativos a los que es sensible el establishment del GOP, pero éste partido haría muy mal en dejarse secuestrar por estos intereses si pretende ser una alternativa creíble de gobierno.
El cierre del gobierno, más allá de erosionarlo, está causando una profunda crisis en el seno del Partido Republicano. Está poniendo en el centro del debate político la necesidad de retomar posiciones moderadas y prescindir del extremismo del Tea Party. Algunas voces se alzaron en contra de una estrategia que obligaba a Romney a lanzarse a posturas extremas para ganar la nominación pero perder la presidencia. Hoy ese debate se reabre con mayor intensidad, puesto que de momento las encuestas indican que el electorado responsabiliza mayoritariamente a los republicanos del Congreso de la parálisis del gobierno. 
Algunos medios se han hecho eco de que los republicanos moderados se han aliado con los miembros del Tea Party en su cruzada contra el Obamacare por el temor a que ésta sea un éxito. Un éxito del Obamacare en las clases medias podría apartar al GOP de la Casa Blanca por al menos otros dos mandatos.
A pesar de ello, el vencimiento de emisiones de deuda puede acelerar el final del cierre del gobierno. El Washington Post ha publicado que el final puede estar realmente cerca, pero que le puede terminar costando el cargo al Presidente de la Cámara. En las sucesivas crisis e incitativas parlamentarias, el presidente de la cámara ha logrado sacarlas adelante con el apoyo de los demócratas en pleno y un menguante apoyo de su partido. Hasta tal punto ha llegado la debilidad de Boehner que, cuando se inició el 113 congreso, tuvo que someterse a una segunda votación para ser elegido líder de la Cámara. 
Veremos como termina este incidente político y qué consecuencias se derivan del mismo. Lo que podríamos sacar en limpio es que, por muy despreciable que sea la postura del Tea Party, al fin estamos asistiendo a un ejercicio de política. Por fin vemos que las decisiones las toman los políticos en la sede de la Soberanía Nacional y no los mercados financieros, aunque éstos determinen en muchos casos la agenda. 
A pesar que de que el Tea Party nos recuerde que la política sigue viva, manipular la Cámara de Representantes para chantajear a un Presidente que ha sido elegido en dos ocasiones con un programa claro es inadmisible. En esta ocasión la Cámara de Representantes, lejos de actuar como contrapeso del poder ejecutivo, está abusando de su potestad presupuestaria para torpedear un programa político elegido por la mayoría de los votantes de EEUU. 
El Tea Party quiere ganar en la Cámara de Representantes mediante la coacción presupuestaria lo que perdió en noviembre de 2012, y eso es inadmisible. 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Ángela Merkel triunfa como Adenauer


El pasado domingo, la canciller Federal, Angela Dorothea Merkel revalidó con contundencia su cargo. La canciller se hizo con más del 41% de los sufragios, dejando a su formación, la CDU, a las puertas de la mayoría absoluta. Es un triunfo rotundo y sin matices. 
Pese a este resultado, el sistema electoral alemán hace difícil conseguir una mayoría absoluta al mezclar proporcionalidad con un sistema mayoritario. Merkel estuvo a las puertas de una hazaña no vista en Alemania desde los tiempos de Adenauer, fundador de la CDU y de la misma RFA.
Ninguna encuesta electoral había reflejado unos resultados tan buenos para la Canciller y la CDU. Un serio disparo de advertencia de lo que estaba por venir lo vimos en los resultados bávaros un domingo antes de las elecciones federales, donde la CSU arrasó y se anunciaba el cataclismo de los liberales al quedar fuera del parlamento del Land, pese a ello pocos pensábamos que semejante éxito de la CSU pudiera trasladarse a la Dieta federal por lo conservador del electorado de Baviera. 
Como comentamos en una entrada anterior, la victoria de la CDU se debe principalmente a la figura de Ángela Merkel. Ha sabido transmitir la imagen de rompeolas de la crisis del Euro y ha calado el mensaje de que el contribuyente alemán estaría más seguro con ella en la Cancillería. Hasta tal punto ha sido mérito personal de la Mutti, que una encuesta de la ARD, la TV pública alemana, reflejaba que más del 50% de los votantes de la CDU lo hacía por la figura de Merkel y solo un 8% por el ideario del Partido.
Los votantes alemanes se identificaron con el liderazgo de la canciller, discreto y silencioso como el carácter alemán, sobrio, lejos de aventuras y bandazos. Un liderazgo tan aburrido como eficaz, tan anodino como exitoso. Bien se puede decir que Angie es la viva imagen de su pueblo: trabajador, eficiente y discreto, aunque ejerza el liderazgo entre sus socios europeos con cierta mediocridad.
Por tanto, si la victoria de Merkel ha sido contundente, los matices debemos buscarlos en la oposición.
Los socialdemócratas del SPD han obtenido un 25'7% de los votos. Cosecha su segundo peor resultado de la historia reciente. Han subido a costa de sus tradicionales aliados ecologistas y han estado lejos de sus expectativas. Los socialdemócratas esperaban obtener un 30% de los votos y reeditar una gran coalición con fuerza para imponer sus puntos programáticos. Un exiguo 25% queda lejos de la ilusión que se apoderó del SPD al final de la campaña cuando parecía que recortaban posiciones con su contrincante democristiano. 
Steinbrück había descartado en no pocas ocasiones la posibilidad de pactar de una u otra forma con Die Linke y menos aún formar un tripartito de izquierdas que desbancase a Merkel. Esa opción jamás estuvo sobre la mesa y menos aún cuando este domingo el electorado alemán dio un claro mandato a la canciller. "La pelota para formar gobierno está en el tejado de la señora Merkel" apuntó Steinbrück, a partir de ahí el SPD podrá evaluar sus opciones.
El consuelo para la el SPD es que, al contrario de lo que pasa con la CDU, la mitad de sus electores han optado por ellos debido al ideario del partido y un 5% solo por el candidato. Es un triste consuelo, pero nos indica que, de encontrar a un buen candidato a la cancillería, podría construir una mayoría electoral sobre mejores bases de programa o ideológicas.
Los liberales del FDP, importante partido bisagra que ponía y quitaba cancilleres durante la historia reciente de Alemania, se ha quedado por primera vez fuera de la Dieta Federal. Con un 4'7% de los votos no ha conseguido superar el mínimo impuesto por la legislación electoral y más de 90 diputados se han quedado sin trabajo. 
Los liberales han sido, tras el SPD de la gran coalición de 2005, la segunda víctima de lo que la prensa ha llamado el "abrazo del oso" de Ángela Merkel. Como socio menor no ha sabido llevar a cabo los puntos pactados en el acuerdo de coalición y su electorado se lo ha hecho pagar. El descalabro de la FDP era la crónica de un fracaso anunciado en las sucesivas citas electorales de los Lander, el último lo vimos cuando se quedaron fuera del parlamento regional Bávaro una semana antes de las elecciones federales. Existía el miedo en la CDU de perder diputados como consecuencia de un trasvase de votos a los liberales para sobrepasar el corte del 5%. Finalmente no ha sido así y el FDP dice adiós, de momento, a una larga trayectoria como partido bisagra.
Los verdes también han obtenido unos resultados por debajo de lo esperado. Como pasó con los liberales, las expectativas de hace varios meses de obtener un suculento 15% en la Dieta federal, se ha ido desinflando en los sucesivos comicios regionales llegando en estas elecciones a un decepcionante 8'4% que lo relega a un lastimoso cuarto puesto del hemiciclo.
La escandalosa revelación de que líderes del partido apoyaron la legalización de las relaciones con menores de edad, ha lastrado los intentos de recuperación del electorado perdido. Los verdes han sido víctimas de la camaleónica forma de hacer política de Ángela Merkel cuando, tras el desastre de Fukushima, cambió su política energética y anunció el cierre de las centrales nucleares alemanas, adueñándose del mantra de los ecologistas. Tampoco ayudó en absoluto las propuestas electorales basadas en una subida generalizada de impuestos para asegurar la asistencia social del Estado germano a los más desfavorecidos.
Por su parte, die Linke, el outsider de la política germana, ha cosechado un resultado digno teniendo en cuenta la focalización de su voto. Ha descendido un 3'3% con respecto a la legislatura anterior, pero la bajada de los verdes lo sitúan en un privilegiado tercer puesto.
Con estos resultados es evidente que la labor de formar gobierno recae de nuevo sobre la CDU que, a pesar de su contundente victoria, desea evitar un gobierno en minoría como viene siendo habitual en la tradición alemana. Se suele buscar mayorías parlamentarias que ahorren sorpresas desagradables, más en una época en que la Dieta federal tendrá que votar no pocas ayudas comunitarias como ya se ha anunciado. Por ello la CDU ha comenzado las negociaciones para formar un gobierno con un apoyo parlamentario estable.
El deseo extendido por el electorado de centro es una reedición de la Gran Coalición con el SPD, y la propia canciller parece haber optado por ella. En un principio, cuando parecía que los números del SPD se iban a acercar al 30%, los socialdemócratas veían la Gran Coalición como un buen premio de consolación al tener la fuerza necesaria para imponer a la canciller algunos de sus puntos programáticos. Ahora el miedo y la cautela se ha apoderado del partido de centro izquierda que, dado sus modestos resultados, ejercerá un papel muy débil en la coalición. Además, el SPD analiza con temor lo sucedido domingo con los liberales y sus pobres resultados en 2009 tras la anterior Gran Coalición. 
A pesar de ello, el SPD tiene pocas alternativas. Sus resultados ponen a la formación entre la espada y la pared. Entre el reto y la irrelevancia política. Si entra en una nueva "Gran Coalición" con la CDU, como parece que va a pasar, sus líderes tendrán que actuar con la suficiente pericia para que se cumplan algunas de sus exigencias sin terminar anulados por la capacidad de la canciller de adueñarse de las iniciativas de sus socios.
No entrar podría ser fatal para los socialdemócratas alemanes, podría parecer que actúan solo atendiendo a los intereses de partido y podría relegar al SPD a una insignificante jefatura de la oposición.
La otra opción de la CDU es la formación de una coalición con los Verdes. El collar de cuentas verdes y negras que la canciller lucía la noche electoral parecía un mensaje oculto. Pero las experiencias de la colaboración entre conservadores y ecologistas han terminado mal. A pesar de ello, los Verdes se dejan querer aunque su propuesta de subir los impuestos se encuentra lejos de las intenciones de la canciller. 
Otra opción, descartada desde el principio, pero que ha seducido a no pocos tertulianos patrios de izquierda es la formación de un gobierno tripartito de izquierdas formado por el SPD, ecologistas y Die Linke. No sólo ha sido una opción repetidamente desechada por el SPD, sino que iría escandalosamente contra el mandato de las urnas. 
En cambio, una de las consecuencias más perniciosas para el SPD si entra en la Gran Coalición es que deja el papel de jefe de la oposición a Die Linke, un partido que en la antigua DDR tienen una mayor implantación y es un competidor directo del SPD. Eso en el Este, porque en el oeste puede sufrir una sangría de votantes de centro-izquierda que se decanten por los Verdes.
Estas consideraciones, sin duda, están sobrevolando la Willy Brandt Haus. A pesar de lo cual, parece probable que el SPD entrará a formar parte del gobierno. A ello le animan muchos sectores socialdemócratas desde dentro y fuera de Alemania. Desde Bruselas se ve la entrada de los socialdemócratas como una pequeña palanca que empuje a Merkel a dar los pasos necesarios para sacar adelante una agenda económica europea con asuntos tan urgentes como la unión bancaria o la tasa sobre transacciones financieras.
Sería atrevido hacer un pronóstico a cuatro años vista, pero ante la voluntad de Merkel de no estar los dieciséis años de su mentor Kohl, se plantea la cuestión de qué hará la CDU una vez que Angie se retire. ¿Hay vida en la CDU después de Angela Merkel? No es una pregunta baladí, aunque sea prematuro hacerla a día de hoy, puesto que la mayor parte del electorado ha apostado por ella personalmente más que por su partido. Veremos si la CDU puede dar respuesta a esa incógnita a lo largo de la presente legislatura.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Elecciones en el corazón de Europa.


El interés que despiertan las elecciones americanas se debe en gran parte a las consecuencias internacionales de su resultado. En Europa, tras el inicio de la crisis del euro, los acontecimientos que tienen lugar en Alemania han cobrado una creciente importancia debido a su poder económico. Y entre esos acontecimientos no hay nada que despierte más interés que unas elecciones a la Dieta de la Bundesrepublik.
Hay elementos que dotan esta elección de una mayor curiosidad, como el perfil silencioso del liderazgo alemán. No es la primera vez que trato el tema del liderazgo alemán en la UE, su indiscutible poderío económico y el declive del poder francés ha hecho que Alemania adquiera un liderazgo que no desea y que, por tanto, ejerce mal.
Alemania no desea el liderazgo político de la UE. Se encontraba muy cómoda ejerciendo de locomotora económica mientras París ejercía de portavoz político. Pero la crisis del Euro y la renqueante economía gala dejaron a Alemania sin copiloto y Berlín tuvo que recoger el testigo del liderazgo político.
En estas elecciones aunque la crisis del euro ha sobrevolado los debates políticos por lo que pueda costar al ahorrador alemán, muchos de los debates se centraron sobre medidas internas que puedan dilatar el bienestar alemán. Existen varios millones de alemanes que viven de los llamados mini jobs por los que el Estado paga una parte del salario y éstos no pueden rechazar las ofertas de trabajo que le surjan en varios km de distancia de su domicilio. Una serie de bonos sociales complementan el salario, de forma que así se maquilla la precariedad laboral alemana. Aunque hay que reconocer que su flexibilidad laboral y la sana colaboración entre patronal y sindicatos está siendo la clave de un éxito continental sin parangón.
A pesar de ello, existe un miedo razonable a que la crisis del Club Med termine por alcanzar Alemania, al fin y al cabo la industria germana exporta más a Francia que a China. Por ello los dos grandes partidos, la CDU y el SPD, se cuidan mucho de espantar al elector moderado con planteamientos extremos. Pese a ello hay algunos aspectos que parece la pena comentar.
El primero de ellos es que, como pasa en casi todos los países, Alemania no forma un bloque unificado y hay que diferenciar entre la dinámica y potente RFA y la lánguida ex DDR que fue calificada por el ex canciller Kohl como un Mezzogiorno sin mafia. El domingo 15,  El País ha publicado un interesante reportaje sobre las diferencias y dificultades por las que pasa la antigua DDR, la sangría de población y cómo las cifras económicas no son tan brillantes comparadas con la otra mitad del país. Aquí el partido de izquierda Die Linke tiene su mayor granero de votos con reivindicaciones anti capitalistas y anti sistema. Y no es de extrañar porque desde la reunificación se estima que más de dos millones de ciudadanos del Este se han mudado al Oeste, muchos de los cuales son los de mayor cualificación técnica dejando la DDR a la zaga del "milagro alemán".
En la otra cara de la moneda situamos a Baviera, la locomotora de Alemania, con un PIB que supera la suma del de Madrid, Cataluña y País Vasco. Allí, donde los comicios para el parlamento regional se celebraron el domingo 15, la Unión Social Cristiana (CSU) la aliada de la CDU de Merkel ha arrasado con un 49% de los sufragios presagiando el empujón que electorado conservador dará a la Canciller. Con todo, el escenario bávaro nos deja algunos análisis que pueden servir para anticipar preocupaciones nacionales.
A estas alturas a pocos se le escapa que la CDU y la Canciller van a repetir victoria. Las causas son diversas, pero el problema no es saber quien ganará, sino qué coalición gobernará Alemania. El auténtico problema para Ángela no es que el SPD pueda hacerle sombra, sino si el posible descalabro del los Liberales del FPD le permitirá repetir su coalición preferida o, por contra, se verá obligada a cohabitar en una "gran colación" con los socialdemócratas.
El éxito de la canciller se debe a varias causas. La primera de ellas la magnífica imagen que ha logrado trasmitir Merkel como rompeolas de la crisis mediterránea. La CDU ha vendido con éxito la imagen de una canciller que, pese a la realidad, ha evitado que los alemanes tengan la imagen de que son ellos los pagadores de la crisis. Gran parte de la opinión pública germana tiene la imagen de una Merkel que defiende sus intereses y marca las pautas a los católicos y decadentes Estados del sur. Tanto es así, que en algunos casos la imagen transmitida es que la canciller peca de blanda con los derrochones Estados del Club Med, Francia incluida.
Otra característica que hace de Ángela Merkel una seria contrincante es su carácter. Mezcla de dura pero flexible le hace inmune a las críticas de sus adversarios que pueden caer groseros o desesperados por hacer mella en la canciller. A esto hay que sumarle el calificativo de camaleónica que la prensa le ha achacado en repetidas ocasiones. La Canciller no se cohíbe a la hora de adoptar las promesas o idearios de otros partidos políticos por mucho que difieran del ideario de la CDU, para luego adaptarlos a su propia agenda política. Es una maestra en ese juego. Un claro ejemplo lo supuso su cambio radical de parecer sobre la política energética del país tras el desastre nuclear de Fukushima. Tras el desastre, la canciller anunció que cambiaría por completo la agenda energética del país para proceder al apagón nuclear lo antes posible, apropiándose de uno de los puntos programáticos medulares de Los Verdes. No fue el único ejemplo. También hizo suyas las propuestas hechas por el SPD para la protección social o el repentino cambio de parecer respecto a la tasa Tobin que grava las transacciones financieras. 
Pero la ventaja de Merkel no solo se debe a sus propios méritos, sino que ha tenido mucha ayuda por parte de la oposición. Como viene siendo la tónica general del continente la socialdemocracia se encuentra un tanto perdida y el caso alemán no es distinto. El partido socialdemócrata más antiguo de Europa ha ido a la zaga de la canciller en su lucha contra la crisis del euro, lo que le resta credibilidad a la hora de presentarse como una alternativa seria. 
No solo la socialdemocracia alemana se encuentra perdida, sino que su propio candidato ha realizado hasta hace bien poco una campaña errática y plagada de errores de cálculo que hicieron a la SPD temer lo peor. Entre las meteduras de pata de Peer Steinbrück se encuentra el valorar que el puesto de canciller tenía un sueldo demasiado bajo o que la Canciller disfrutaba de popularidad por el hecho de ser mujer. Quien se anticipaba como un gran contrincante por su altura en los debates y su experiencia en finanzas ha empezado muy mal la campaña. A todo hay que añadir que el candidato socialdemócrata tiene a su mayor enemigo no en las filas de la CDU, sino en el presidente de su propio partido, Sigmar Gabriel, quien no ha dudado en torpedear y criticar constantemente su campaña.  
A pesar de ello hay que comentar que el SPD ha empezado a escalar en las encuesta tímidamente tras el único debate cara a cara con la Canciller. Las encuestas dieron un empate técnico algo favorable al candidato del SPD. Éste empezó en baja forma y se fue viniendo arriba cuando se tocaron temas como el espionaje (y la convivencia del BND con la NSA) o el sonado fracaso del Drone made in Germany. Ahí la canciller se mostró claramente a la defensiva. Pero aunque el SPD ha empezado a escalar en las encuestas, no lo hace en detrimento de la CDU, sino de su socio: Los Verdes. 
Esta tendencia también la encontramos en la derecha. La CDU se ha consolidado fuertemente como partido vencedor de las elecciones, pero tampoco lo hace a costa de sus contrincantes de izquierdas, sino de su socio, los liberales del FPD. De hecho no es ningún misterio qué partido ganará el próximo domingo las elecciones federales, sino si éstos estarán en condiciones de reeditar la coalición actual. Puesto que las encuestas sitúan por debajo del obligado 5% para entrar en el Bundestag a los liberales del FPD. La impresión del electorado liberal es que el gobierno de Angela Merkel ha invertido cuantiosos recursos en políticas sociales sin que el FPD pudiese frenarlas con efectividad, de ahí su tendencia a la baja. Un primer disparo serio de advertencia lo vimos el pasado domingo en los resultados bávaros que dejaban al FPD con un pobre 3% del electorado. 
La canciller desearía repetir la coalición con la que gobierna cómodamente desde 2009, y también esa sería la opción preferida por el electorado de derechas, que podría modificar su voto para asegurar la permanencia del FPD en la Dieta Federal. Una opción que inquieta a los estrategas de la CDU puesto que es muy difícil cuantificar los efectos de ese trasvase de votos. 
Los liberales están llevando la campaña hacia ese terreno, llamando al miedo de que una "gran coalición" animaría presupuestos más generosos con las políticas sociales. 
Pero por lo general parece que los votantes alemanes se decantan mayoritariamente por la reedición de la "gran coalición" entre la CDU y el SPD que ahonde en las políticas sociales ante un país que tiene millones de trabajadores precarios, pero sin desviarse de la estabilidad presupuestaria. Para el electorado germano la consecución de ambos objetivos se alcanzaría con la combinación de los dos grandes partidos que, además, aseguraría una enorme estabilidad parlamentaria. 
Peer Steinbrück, el candidato socialdemócrata, ha repetido en no pocas ocasiones que su objetivo es no pactar con Merkel en una nueva "gran coalición" sino formar gobierno con los verdes y ha descartado un tripartito o cualquier componenda con el partido La Izquierda (Die Linke). Pero a estas alturas la distancia con la canciller es insalvable y sotto voce el SPD ve la reedición del gobierno con la CDU como un buen premio de consolación.
Por tanto, a pocos días de la elección de la Dieta Federal, la incógnita residen en si los Liberales del FPD obtienen el 5% necesario para entrar en la Dieta o, como parece, se quedará a las puertas. Una mera cuestión de matices que marcará la salida de la crisis del euro y, por ende, el modelo de integración europea que Alemania está diseñando. 

viernes, 13 de septiembre de 2013

Algo habrá que hacer



Con el estilo coloquial al que nos tiene acostumbrado La Moncloa, se ha anunciado el apoyo del Reino de España a la intervención en Siria. No es que los motivos estén todo lo desgranado que el público merece, pero la frase del comunicado -"algo habrá que hacer"- encarna muy bien el dilema en que se encuentra la Comunidad Internacional.

Lo que comenzó siendo un episodio más del ya dilatado e incierto proceso de la "primavera árabe" ha derivado en una guerra civil abierta. Un conflicto interno que tiene visos de recordar mucho a lo ocurrido en Libia. 
En un primer momento la oposición al régimen de Al Assad comenzó imponiéndose con fuerza conquistando ciudades importantes como Alepo y parecía inminente la caída de Damasco, tanto que hasta algunos países árabes propusieron al dictador una salida honrosa. Pero pasado este envite, las fuerzas del gobierno de Al Assad retomaron la iniciativa y, con extrema dureza, comenzó a reconquistar el territorio perdido. La reconquista iniciada por el gobierno y la heterogeneidad de la oposición transformaron un conflicto que se anticipaba breve en una guerra civil que continúa hasta hoy.

En el transcurso de estos meses se denunciaron atrocidades llevadas a cabo por ambos bandos en medio de un confuso cruce de acusaciones. En un primer momento el diario francés Le Monde denunció el uso de armas químicas por Al Assad, empujando a muchos gobiernos occidentales a dar el paso de financiar y armar a la oposición hasta que el vídeo de un miliciano opositor comiéndose un corazón empañó su imagen conmocionando a la opinión pública.
Internacionalmente la guerra civil Siria se ha convertido en un lío monumental a ambos lados del Atlántico.
A este lado del océano la situación comenzó de forma similar a la intervención libia. Reino Unido y Francia como abanderados europeos a favor de la intervención, Alemania escurriendo el bulto cada vez que las cosas se ponen difíciles y los demás países escondiéndose detrás de un aval de la ONU sabedores de que éste jamás llegaría.
Hay que tener en cuenta que la situación siria, a pesar de que a nivel interno se parezca mucho a Libia, internacionalmente tiene unas repercusiones mucho más profundas. Por un lado, Siria es un aliado esencial de Rusia por tener allí una base naval con salida a un mar cálido fuera de sus fronteras. Por ello cualquier situación que amenace el status quo es vista con mucho recelo desde Moscú. De ahí que Moscú haya vetado la resolución de Naciones Unidas para una intervención armada en Siria. Por otra parte, Irán tiene intereses en la zona como abanderado de la minoría Chií. Un cambio de régimen la pondría en peligro y supondría la amenaza de una actuación iraní en un país fronterizo con Israel. 
La intervención parecía seguir su camino al margen de Naciones Unidas. Bajo el siempre ambiguo paraguas de la "intervención humanitaria" una coalición similar a la que intervino en Libia se estaba preparando para atacar Siria. Los objetivos se planteaban sumamente difusos porque los expertos militares de EEUU sabían que era muy complicado eliminar los arsenales químicos de Al Assad, ésto unido a la retórica de la Casa Blanca -"se han cruzado las líneas rojas"- daba la impresión de consistir en una operación de castigo más que una intervención con unos objetivos definidos.
Pero el 29 de Agosto la Cámara de los Comunes, en un asombroso giro de los acontecimientos, votó no a la petición del PM para intervenir en Siria. Los fantasmas de la guerra de Iraq pesaron demasiado como para que David Cameron pudiera despejar las dudas de los MPs. El no de los Comunes desbarató por completo los planes de intervención y dejó herida de muerte la propia alianza.
Los franceses, con Cameron fuera de juego, se apresuraron a representar el papel de aliado preferencial de los EEUU en Europa. 
Los Comunes no han sabido distinguir las diferencias entre la intervención en Iraq y la Siria, pero han recogido el clamor contra la intervención de su pueblo. Esto ha debilitado a un ya cuestionado PM. La capacidad de maniobra en política exterior de David Cameron ha disminuido notablemente y puede que haya socavado los cimientos mismos de la renqueante coalición que lidera. 
En medio de la incertidumbre causada por el Parlamento Británico el Presidente Obama, en un movimiento sin precedentes y pese a que su socio británico obtuvo una negativa por respuesta, se dirigió a la nación para anunciar que sometería al Congreso la decisión de atacar Siria. Fue una estrategia arriesgada que aún esta siendo objeto de análisis porque, aunque en un principio pareció pasar la patata caliente al legislativo, su negativa a intervenir puede herir de muerte este segundo mandato y hacer del Presidente un "pato cojo" prematuro.
Personalmente creo que el Presidente Obama evita intervenir en Siria. Es un nuevo avispero en Oriente Medio, conoce el hartazgo de sus conciudadanos ante una nueva intervención en la zona y la última aventura casi le cuesta la reelección después de que dos atentados golpeasen las sedes diplomáticas de EEUU en Libia y matasen a su embajador.
Así empezó la carrera para conseguir un voto favorable ante la perspectiva de que el Presidente quedase seriamente debilitado. Para ello Obama no cometió el error de su homólogo británico y no adelantó la vuelta del Congreso. Pero a medida que iban pasando los días, la esperanza de tener un voto afirmativo se fue esfumando. La primera señal fue la ajustada votación en la Comisión de Exteriores del Senado (donde se supone que el Presidente tiene más apoyos). Pero el Tea Party, aunque belicoso, no desaprovecharía una oportunidad tan clara para humillar al Presidente y a ello hay que añadir que el año que viene el Congreso se renueva en su totalidad, así como un tercio del Senado, lo que hace a sus señorías mucho más sensibles a la opinión pública. 
Entre medias tuvo lugar la cumbre del G20 que, a pesar de estar focalizada en la lucha contra el desempleo, centró su actividad en encontrar una salida al atolladero sirio. Los americanos intentaron seducir a la mayor parte de países europeos posible, consiguiendo entre otros el vago apoyo de españoles e italianos cuando la UE aún no había fijado una posición común. Alemania evitó tomar parte, como viene siendo habitual, y criticó los apoyos europeos a EEUU por prematuros. Resulta curioso que Alemania critique acciones prematuras fuera de la posición común de la UE cuando en el pasado no le importó ignorarla con desastrosas consecuencias. 
Si existían pocas dudas sobre la reticencia de EEUU a intervenir en Siria, el último intento de alejar el fantasma de la guerra y salvar al Presidente vino de la mano de un "desliz" de su Secretario de Estado, John Kerry, quien en una rueda de prensa en Londres contestó que la única forma de evitar un ataque vendría condicionado a que Al Assad entregase o destruyese todo su armamento químico. Esta oferta, aunque realizada de una forma coloquial, fue aceptada de inmediato por los rusos y el gobierno sirio como una oferta legítima aunque Kerry apostillase que "eso jamás ocurriría".
Personalmente tengo mis dudas acerca de la veracidad del "desliz" de Kerry. Podría bien tratarse de una estrategia bien orquestada para sondear a los rusos y encontrar una salida honrosa al atolladero en el que se encontraba el Presidente. Sea como fuere, la Casa Blanca se apresuró a aceptar la propuesta rusa (que en realidad era suya) para un desarme sirio que retrasaría el ataque y alejaría el fiasco de una derrota en el Congreso. 
Veremos como se materializan las negociaciones entre rusos y americanos para una nueva resolución de Naciones Unidas que inste al gobierno de Al Assad a eliminar o entregar su armamento químico. Veremos si se trata de un texto ambiguo o si, en último término, se plasma una amenaza al uso de la fuerza en caso de no cumplirse sus exigencias.
De momento, hemos sido testigos del monumental lío que se ha montado en torno a la intervención en Siria y de la apatía de Estados Unidos a iniciar una acción contundente. Hemos sido testigos de cómo el Presidente se mostraba ambiguo ante los datos del uso de armas químicas y, cuando éstos parecían sólidos, su errática estrategia no muestra otra cosa que el deseo de evitar llevar a Estados Unidos a un nuevo escenario bélico en Oriente Medio.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Editorial: Varapalo olímpico



El batacazo olímpico que se pegó ayer la candidatura madrileña parece imponer algún análisis y hoy los kioskos sí ofrecen tal información. Análisis que echamos en falta los días previos a la cita de Buenos Aires se agolpan ahora en las páginas de los dominicales. Y es que la prensa ha construido la ilusión de que Madrid realmente tenía posibilidades de ser elegida. A todos, salvo a los ácratas que creen que llevar la contraria les otorga más criterio, nos hubiera gustado que una ciudad tan querida en España como es Madrid hubiera sido elegida como sede de los JJOO de 2020.
El gran golpe de la derrota de Madrid no lo es por caer ante Tokyo, al fin y al cabo Japón es la tercera economía del mundo, un exportador de primera y dotado de una disciplina férrea que hará que los JJOO 2020 estén planificados al milímetro. El gran golpe fue haber caído en la primera ronda en una votación de desempate contra Estambul. Esto ilustra hasta que punto la candidatura no gozaba de los apoyos que muchos miembros de la prensa habían vaticinado (hasta 50 votos asegurados se ha escuchado).

Que una ciudad como Madrid, que adelanta a Estambul en todos los parámetros a estudiar, caiga derrotada supone un duro varapalo. Estambul analizada de forma independiente solo cuenta con un eslogan atractivo, la realidad lo convierte en un infierno organizativo para un evento de tal magnitud. 
Sabemos que la calidad de un régimen político o la observancia de los Derechos Humanos no son para el COI requisitos determinantes para una elección olímpica, pero los graves problemas de disturbios que azotaron a Estambul este mismo año la descabalgaría para competir en cualquier organización seria. Los conatos de golpe de Estado que ha sufrido Turquía, la tensión entre el ejército y un gobierno cada vez más autoritario, los desmanes con las minorías (principalmente la Kurda) no ponen a Turquía como un ejemplo a seguir por el movimiento olímpico. El propio proyecto de Estambul 2020 estaba plagado de incorrecciones como la de crear villas olímpicas segregadas por sexos y pese a ello Madrid 2020 no pudo siquiera con la candidatura Turca. 
Caer ante Tokyo era más previsible. Las apuestas internacionales estaban ligeramente inclinadas hacia la capital del sol naciente y su posición financiera era mucho más sólida que la española. Al final lo que contó fue, una vez más, el dinero. La lista de más de 20 patrocinadores con los que ya contaba Tokyo fue la puntilla para una candidatura sosa. El COI esta vez decidió no jugársela después de los negros informes sobre el avance de los preparativos de 2016 en Rio de Janeiro, y todo a pesar que sobre Japón pesa el mayor desastre Nuclear de Asia. La radiación nuclear de Fukushima se ha filtrado a las aguas subterráneas y los expertos en seguridad nuclear no descartan nuevas fisuras. Pese a todo el COI decidió ceder la antorcha para el 2020 a la seguridad financiera japonesa. 
Por tanto, la derrota hay que buscarla en la organización de Madrid 2020, puesto que la ciudad está de sobra preparada, de sobra comunicada y tienen la mayor parte de las infraestructuras ya construidas. 
Obviamente la elección de sede olímpica no se trata de un juego limpio. Es bien sabido que los miembros del COI están abiertos a sangrantes sobornos (en Londres 2020 los miembros del COI salieron con Bentley) y parece que éste es un juego al que nuestros representantes no saben jugar como hoy mismo se ha admitido. Esto no quiere decir que si hubiera ganado Madrid fuese una elección limpia, solo apunta a la incapacidad de las autoridades de jugar este deporte a pesar del despilfarro en asesores y viajes, que fue muy superior a las otras ciudades candidatas.
En la votación de ayer también hubo sorpresas, pero desagradables. Ayer se aliaron la mala suerte de la caída de la señal internacional durante la mayor parte de la presentación española, con la deficiente exposición de nuestros representantes.
Mariano Rajoy hizo un discurso plano y correcto como el que hizo Zapatero en ocasiones anteriores. Habló en español y no creo que determinase la elección como sede, puesto que el PM japonés lo hizo en su idioma sin mayores repercusiones. Mayor ridículo hizo la alcaldesa con el Spanish café con leche, pero supongo que a estas alturas ya estaba todo el pescado vendido. 
Quien supuso una muy grata sorpresa fue SAR el Príncipe Felipe que tuvo una actuación brillante. Hizo un discurso magnífico en francés, inglés y español que estuvo muy por encima de la taimada princesa imperial japonesa. Junto con Pau Gasol, se plasmó la larga tradición deportista española y el peso actual de nuestros deportistas frente al erial que es japón en ese campo. Pero la cruz de la moneda vino dada por las preguntas sobre el dopaje y la permisividad que parece existir en las autoridades españolas. 
Por ello no creo que haya que buscar las causas de la derrota madrileña en la tarde de ayer, supongo que a esas alturas ya estarían los votos decididos. Hay que buscarlas en la deficiente capacidad lobbista que tienen nuestros dirigentes y, en este caso, la candidatura de Madrid. Hoy, al igual que la elección imperial en época moderna, el éxito se consigue con una muy hábil mezcla de influencia y sobornos. 
Lamentablemente la imagen de España no está a la altura para ejercer semejante influencia pero que caigamos frente a un país del tercer mundo con problemas de Derechos Humanos dice muy poco de la capacidad lobbista de la candidatura de Madrid 2020. 
No obstante, políticamente y al margen de la elección olñimpica se pueden extraer al menos dos consecuencias importantes. La primera de ellas es que hemos visto que la capacidad del Príncipe como representante de España lo sitúan como plenamente capacitado para suceder a su padre con unas mejores expectativas para la Corona.
La segunda consecuencia es el adiós de Ana Botella a la política. El PP ya había mostrado señales de querer presentar otro candidato a la alcaldía de la capital de España, la elección de Madrid como sede apartaría semejante opción, pero ahora con las olimpadas de 2020 en Tokyo se le abre al PP el camino para buscar un candidato que mantenga la Villa y Corte en su poder.
Sea como fuere, la elección de Tokyo supone la opción más segura. En el mejor de los casos serán unos Juegos más y eso es ya un éxito de por si, en el peor la contaminación nuclear podría convertir Tokyo 2020 en Chernobil 2020. 

miércoles, 31 de julio de 2013

Diplomacia en tiempos de ostracismo


Una vez terminada la guerra, los responsables de Exteriores nacionales y extranjeros se preguntaron qué iba a suceder con el régimen español salido del 18 de julio. Un régimen que en el mejor de los casos había sido ambiguo y en el peor un cercano colaborador del Eje.
Cuando la victoria cambió de bando, los miembros más recalcitrantes del falangismo fueron desalojados de sus carteras ministeriales y sustituidos por otros más dóciles al dictador. En Exteriores se produjo el cambio de mayor importancia. El arquitecto del régimen, Serrano Suñer, dejó paso al militar anglófilo Conde Gómez-Jordana que se afanó en alejar al régimen del Eje. A pesar de los esfuerzos de Jordana, el régimen continuó lanzando bravatas y palabras de afiliación al bando perdedor que en nada ayudaron al país.
Al finalizar la guerra, muchas fueron las presiones para que, tras Italia y Alemania, el régimen de Franco fuera el siguiente en caer, pero antes mismo de que la II Guerra Mundial terminase los principales miembros de la Gran Alianza ya se estaban preparando para la siguiente contienda. Cuando se acercaba el final del conflicto, la URSS presionó para que el bloque angloamericano enfriase sus relaciones con el régimen de Franco. En una carta conjunta angloamericana, que fue redactada en términos más duros de los que Churchill hubiera deseado, ambos países condicionaban sus relaciones y la inclusión de España en los nuevos organismos internacionales a cambios en la escena política. 
La situación no cambió durante la Conferencia Postdam; allí los soviéticos plantearon la posibilidad de desestabilizar el régimen para dar a los españoles la oportunidad de elegir su destino. Pero los británicos se alarmaron ante la posibilidad de avivar un nuevo conflicto interno, conflicto donde las simpatías de británicos y soviéticos no estarían del mismo lado. Así que Postdam se saldó con nuevas amenazas y la consolidación del veto a su entrada en la ONU.
Las amenazas de la Comunidad Internacional hicieron mella en muchos elementos del régimen. El Ejército, tradicional antagonista de la Falange, vio confirmado sus peores temores sobre la aproximación falangista al Eje y las nefastas consecuencias que estaba teniendo. La asfixiante situación internacional parecía forzar un cambio en España y muchos generales presionaron para que se produjese una restauración monárquica. Al fin y al cabo la mayoría del generalato se había sublevado en aras de una restauración y el momento parecía de lo más propicio para aplacar los ánimos de las potencias victoriosas.
En este momento el Generalísimo supo evaluar hasta dónde iban a llegar las veleidades angloamericanas y las presiones de sus colegas en favor de la solución monárquica. Franco sabía que ambos países no deseaban intervenir en la península desestabilizándola, solo deseaban algunos cambios para "hacerla más presentable ante la comunidad internacional" y la mejor opción para ello era la solución de una monarquía conservadora, apoyada por el ejército, que diese cabida a un partido socialista moderado. Así que el dictador se esforzó en hacer parecer la opción de Don Juan irreal y tener que optar entre una península desestabilizada que pudiese caer del lado soviético con fatales consecuencias o él. Franco había evaluado la situación internacional de posguerra mucho mejor que sus opciones durante la guerra. Sabía que el matrimonio entre Angloamericanos y Soviéticos no iba a durar y que solo tenía que aguantar lo suficiente como para que su divorcio hiciera del régimen de Franco un mal menor. Con el tiempo, la situación estratégica de España como puerta del Mediterráneo iba a suponer su salida del ostracismo internacional.
Pero hasta entonces, España era un apestado internacional. 
Hubo que esperar hasta la guerra de Corea (1950-1953) para ver una cierta rehabilitación del régimen. La contienda y la sensación de que el mundo se aproximaba a una III Guerra Mundial hicieron que la estratégica situación de la Península Ibérica resultasen vitales para el control del Mediterráneo. Junto con el Bósforo y los Dardanelos, EEUU controlaba las únicas salidas a un mar cálido que tenía la URSS en occidente.
En el lapso de tiempo comprendido entre el final de la II Guerra Mundial y la Guerra de Corea, el régimen hizo los deberes para parecer más aceptable en la escena internacional. Internamente había domado a la Falange reduciéndola a un mero aparato burocrático e ideológicamente se había acercado al nacional-catolicismo, aunque las sucesivas reformas ministeriales seguían manteniendo un cauto equilibrio entre las familias de régimen, sólo que ahora los falangistas elegidos para las sucesivas carteras estaban menos comprometidos con la "revolución nacional sindicalista".
En Exteriores, la labor que tenía por delante el Ministro Artajo era inmensa. Rehabilitar la imagen internacional del régimen no iba a ser cosa fácil debido a que sus acciones en busca de aliados estuvo entorpecida por continuas bravatas desde El Pardo. 
Alberto Martín-Artajo tuvo que buscar socios entre los países que no aborrecían abiertamente su régimen. La estrategia se centró en buscar alianzas entre los países iberoamericanos y los miembros de la Liga Árabe. 
Los primeros eran candidatos fabulosos porque, salvo México que tenía una fuerte relación con los exiliados republicanos, se podía explotar los lazos culturales sin que EEUU lo considerase una intromisión en su "patio trasero". España tuvo un aliado excepcional en la figura de Juan Domingo Perón, líder argentino con el compartía sus filias autoritarias. Las relaciones comerciales con argentina fueron enormemente beneficiosas para el régimen falto de mercados internacionales donde importar las materias primas más básicas. Obviamente las relaciones se enfriaron en cuanto España, falta de divisas, se mostró incapaz de devolver los créditos o afrontar las cuantiosas importaciones. Pero internacionalmente Argentina cumplió el papel de introducir a España poco a poco en Iberoamérica y le permitió ir sorteando las sanciones de Naciones Unidas gracias a sus votos. La visita de Eva Perón a España en medio del ostracismo internacional supone la imagen más evidente de la ayuda que supuso Argentina. 
Otros apoyos que el régimen fue sumando a su haber lo constituyen los Estados árabes. La iniciativa surgió de Carlos Miranda y Quartín, diplomático acreditado en El Cairo, quien mostró la conveniencia de atraer a un grupo de países que no parecía tener escrúpulos con la adscripción política del régimen. 
También la relación con el Mundo Árabe sufrirá altibajos marcados por la cuestión colonial española. Pero por lo general España pudo beneficiarse de su apoyo en Naciones Unidas. Antes de que la cuestión marroquí estallase y alejase al Mundo Árabe de los intereses españoles, la fundación del Estado de Israel y la negativa española a reconocerlo sentarían las bases de la relación hispano-árabe. España vendió en secreto armas a los árabes durante la I Guerra Árabe-Israelí. Pero la derrota árabe hizo que el régimen replantease su postura hacia Israel. El voto Israelí en contra del levantamiento de las sanciones de la ONU hizo que España se decantase definitivamente por cultivar relaciones con los Estados árabes. Así, las primeras visitas de Jefes de Estado extranjeros a España tras 1945 serían de líderes árabes. España iría de la mano de ellos y de los dirigentes iberoamericanos en su rehabilitación internacional. Primero se levantaron las sanciones de Naciones Unidas y más adelante se logró la adhesión a varias de las agencias de la ONU (UNESCO, OMF, etc) antesala de la definitiva adhesión en 1955. 
Con la rehabilitación del régimen, se produjo la sustitución de Artajo en Exteriores. Entraba un profesional del Cuerpo diplomático: Fernando María de Castiella. 
Castiella, ingenuamente, pensaba que los cambios en política exterior podían forzar cambios en el interior y, con ellos, poder llevar a cabo una acción más independiente. Pero las dictaduras son inmovilistas y Castiella erró en sus cálculos. Llevó a cabo una profesionalización del cuerpo diplomático despolitizando la acción exterior para alejarla de los estigmas del régimen. De ahí que su gestión tenga lecturas desiguales. Se hicieron notables avances en acuerdos comerciales y negocios, pero en política exterior no hubo avances significativos, y no era por su falta de profesionalidad, sino por la constante intromisión de la Secretaría de Presidencia del Gobierno en asuntos tan capitales como la descolonización africana o las negociaciones para recuperar Gibraltar. Se produjo un acercamiento a la CEE en lo relativo a acuerdos comerciales que beneficiaron enormemente a la industria nacional, pero no se fue más allá. La política comunitaria era el escenario pensado por Castiella para forzar cambios en el interior del régimen si se deseaba la completa adhesión al club comunitario. Aquí falló la intuición del Ministro, puesto que del régimen no estaba dispuesto a acometer las reformas exigidas por Bruselas y la CEE jamás aceptaría a España como socia hasta que se dotase de instituciones plenamente democráticas.