lunes, 29 de abril de 2013

La guerra de Thatcher


El acontecimiento por el que la Dama de Hierro se convirtió en una figura internacional fue, sin duda, la guerra de las Malvinas.
Independientemente de la determinación de la PM, la guerra de las Malvinas llama la atención por tratarse de un conflicto bélico clásico entre dos Estados desarrollados. En un final de siglo donde el carácter de los conflictos estaba mutando, nos encontramos con el más clásico de los Casus Belli: la invasión de un territorio soberano por una disputa territorial.
Parecía que después del desastre de Suez de 1956, ningún país europeo tenía la capacidad ni la determinación de emprender una guerra convencional en solitario. Más teniendo en cuenta las dificultades logísticas de luchar a doce mil kilómetros de la metrópoli y con unas condiciones climáticas adversas. Los argentinos, a pesar de contar con una ventaja logística (las islas están a sólo cuatrocientos kilómetros de sus costas), chocaron con la determinación de la PM británica y se prepararon de forma deficiente y torpe. Subestimaron la determinación de la PM. Esta fue, sin duda, la guerra de Thatcher.
Las dudas sobre la determinación de la inquilina del Número 10 no sólo existían en la Casa Rosada, se daban también en el seno del gobierno británico y del partido conservador. En medio de la vorágine de recorte del gasto, una guerra en ultramar era un dispendio inasumible según Sir Geoffrey Howe.
No sólo en el gabinete se encontraban las grandes discrepancias. Hoy sabemos que dentro de su círculo más íntimo de consejeros había una mayoría a favor de la negociación dadas las dificultades de una intervención militar.
Pero la guerra de Thatcher fue también consecuencia de sus propias políticas y una serie de errores de cálculo por parte de la inteligencia británica que han salido a la luz a principios de este año cuando la fundación Thatcher ha hecho público los diarios de la PM sobre este conflicto.
Los informes de la inteligencia británica apuntaban a que la junta argentina, inmersa en cada vez más problemas internos, no se atrevería a llevar a cabo una acción tan audaz. Informe que fue utilizado por Downing Street para dar de baja el único buque de guerra que protegía las islas, el HMS Endurance. En una carta escrita en 1982 al MP conservador Richard Needham, la Dama de Hierro justificaba tal medida ante la necesidad de hacer recortes.
Fue una decisión fatal que, a pesar de lo que pudiera parecer, hundió al partido Tory y al ejecutivo en una profunda división. Muchos de los veteranos del Partido aún conservaban fresco el desastre de Suez y temían un desenlace aun peor dada la distancia de las Malvinas.
La división en la bancada conservadora fue constatada por el Chief Whip, Michael Joplin, quien trasladó a la PM las divisiones en el seno del Partido. No solo existía una división en cuanto si intervenir o simplemente negociar, había serias dudas de la naturaleza de la intervención militar. Importantes figuras del gobierno, como el Secretario Kenneth Clarke, opinaban que la acción militar debía estar destinada a forzar unas negociaciones exitosas, "que nadie piense que vamos a entrar en combate contra los argentinos, solo haremos volar un par de barcos para forzar las negociaciones."
Las opiniones en contra de la intervención no solo se encontraba en la bancada Tory y en el gobierno. El Foreign Office no apoyaba una intervención y su responsables fueron protagonistas de errores a la hora de plantear la situación. El portavoz parlamentario de Asuntos Exteriores, Sir Humphrey Atkins, cuando la crisis era inminente declaró que no existía peligro de una intervención argentina, lo que provocó su dimisión. Aunque el error pueda ser una mera anécdota muestra el poco interés que el Foreign Office tenía sobre las Malvinas. De hecho, años atrás, un ex ministro laborista de exteriores, George Brown, declaró a su homólogo argentino que " las Malvinas le importaban un carajo".
Si esta era la opinión del Foreign Office, no distaba mucho de la del entorno económico de la señora Thatcher. Alan Walters, su asesor económico, le aconsejó evitar el conflicto y repatriar la escasa población de la isla, previo pago de una indemnización argentina de más de cien mil dólares por habitante. Incluso su Jefe del Estado Mayor, David Wolfson, le sugirió que los habitantes de las Malvinas, si no le gustaba su nuevos estatus pudieran acceder a la nacionalidad canadiense, australiana o neozelandesa y que dicho plan contaría con una garantía del gobierno estadounidense.
No solo había consideraciones económicas y militares en el conflicto. Muchos de sus asesores más cercanos alertaron a la PM que políticamente no sobreviviría a un fracaso en la recuperación de las Malvinas.
Pero la determinación de Margaret Thatcher hizo posible poner en marcha en pocas semanas una fuerza expedicionaria que contaría con el apoyo de un vacilante Estados Unidos. El Presidente Reagan tuvo que elegir entre su principal aliado en Europa (y en la OTAN) y uno de sus títeres de la Operación Cóndor. Pero la ayuda no sería gratuita. Los británicos tuvieron que pagar un alto peaje con la cesión de varias bases en lugares estratégicos del mundo (Asunción, Diego García...). Los británicos obtuvieron acceso a información de espionaje vía satélite con la que controlar los movimientos argentinos. 
La rápida recuperación de las Islas Georgias del sur fue un preludio de la poca resistencia que iban a mostrar los argentinos.  Fue un importante golpe para los argentinos, puesto que los británicos recuperaron una importante plataforma sobre la que actuar. 
Hubo un episodio que aun sigue rodeado de controversia. Éste fue el hundimiento del Crucero General Belgrano. Buque de guerra de la armada argentina que se alejaba de la zona de exclusión delimitada por los británicos, fue identificado como una amenaza por la PM y hundido por el HMS Conqueror el dos de mayo de 1982. Si fue un acto deliberado para hundir con el crucero toda posibilidad de negociación aun no se sabe a ciencia cierta, pero las posibilidades de un final negociado a corto plazo se fueron a pique con el Belgrano justo un día antes de la llegada de una propuesta de paz por parte del gobierno peruano. 
Los argentinos respondieron de forma contundente intentando hundir el HMS Sheffield. Dos aviones super etendar de la aviación argentina dotados con misiles anti buque Exocet despegaron el 4 de mayo de 1982 y uno de ellos hizo blanco en el destructor. Aunque el segundo no dio en el blanco el destructor británico terminó de hundirse. Hay varios interrogantes que rodean al hundimiento del HMS Sheffield, El primero de ellos es el que sugiere que un miembro de la familia real viajaba a bordo del Sheffield para subir la moral de la tropa. De ser así lo más seguro es que se tratase del príncipe Eduardo, aunque hay voces que sitúan al príncipe de Gales a bordo y que pudo sufrir un verdadero peligro. El segundo interrogante es el que sugiere que el destructor iba armado con misiles o torpedos nucleares tácticos. La prensa de la época se hizo eco de este rumor que fue desde Der Spiegel hasta el Scotsman. En 2003 el Ministerio de Defensa admitió que los buques iban provistos de armamento nuclear táctico pero que nunca entraron en las Malvinas. 
Las bases del desembarco anfibio, que se encontraba de camino, fueron puestas por las fuerzas especiales SAS Británicas, que ante el golpe del Sheffield tuvieron que eliminar las bases de super etendar para neutralizar la amenaza de los misiles antibuques Exocet. Así mismo el presidente de la república francesa, Françoise Mitterrand dejó de vender los misiles a Argentina a pesar de que éstos se los comparaban al inflado precio de un millón de dólares. Operación que fue complementada con la compra en el mercado negro de todos los disponibles por el MI6.
La operación de recuperación de las Malvinas fue todo un éxito y su capital, Port Stanley, fue tomada sin un disparar un solo tiro. Las tropas argentinas tenía la moral muy baja y se encontraban entre una población enormemente hostil. No eran los libertadores que la junta militar le había dicho que eran. 
La victoria sobre Argentina rubricó a nivel internacional a Margaret Thatcher como la Dama de Hierro y posibilitó la reelección en dos ocasiones de la hija del tendero. Había luchado contra el enemigo, en ultramar y en casa. Contra los derrotistas del partido y había logrado poner a Estados Unidos de su parte. Era, sin duda, una victoria personal. Tal vez la más personal de todas las batallas que libraría en el Número 10.  
En Argentina la derrota aceleró el final de la dictadura militar. Si la guerra había sido puesta en marcha como una cortina de humo que desviase la atención del público de los crecientes problemas internos, su derrota terminó por acelerar el improrrogable final de la junta militar.
Todos los documentos desclasificados muestran cuánto le deben los habitantes de las Malvinas a Margaret Thatcher personalmente. Sin su determinación probablemente UK no se hubiera embarcado en una guerra en ultramar. Los riesgos eran muy elevados, para la armada, para la población de las Malvinas y para ella misma. 

sábado, 20 de abril de 2013

Italia ingobernable


Desde hace un par de meses, estamos asistiendo a la enésima piedra en el camino de la estabilidad europea. Y para alimentar los tópicos, que sin duda corren por la Europa del norte, la inestabilidad proviene del Mediterráneo. 
Primero asistimos a la inestabilidad creada en Grecia debido a que su sistema electoral hizo imposible, en medio de la profunda crisis, la formación de un gobierno estable, lo que abocó a los griegos a unas segundas elecciones. Su sistema electoral, tan añorado por algunas plataformas españolas por instaurar un sistema más justo y proporcional, propiciaron la entrada de neocomunistas y fascistas en un peligroso ejercicio de polarización política en detrimento del centro. 
Hoy Italia corre el mismo peligro de verse abocada a unas segundas elecciones, más después de cómo la elección del Presidente de República ha fagocitado al líder del Partido Democrático (PD) y vencedor por la mínima de las elecciones legislativas Pier Luigi Bersani.
El calvario de Bersani comenzó el mismo día de recuento de los votos al ganar por la mínima en la Cámara de Diputados y no obtener una mayoría clara en el Senado, lo que le obligaría a pactar para obtener el cargo de Primer Ministro.
La irresponsabilidad de Bersani fue pensar que las primarias que le confirmaron en el liderato del PD iban a ser suficiente para llevarle al Palazzo Chigi. Pero se enfrentaba con el absurdo electorado italiano que fue desinflando sus perspectivas ante las bufonadas del movimiento anti político del payaso Beppe Grillo y el populismo chabacano de Silvio Berlusconi. Bersani se abstuvo de prometer nada que no estuviera en condiciones de cumplir, lo que estaría bien para ser elegido PM de Austria o Dinamarca, pero en Italia desinflaron sus apoyos electorales.
La gran sorpresa de las jornadas electorales la marcó el movimiento cinco estrellas del payaso Beppe Grillo que obtuvo un 25% de los sufragios tras años de calculadas campañas de marketing que ayudaron a desprestigiar la ya de por sí denostada política italiana. El movimiento cinco estrellas no es una plataforma ciudadana surgida espontáneamente como si de un 15M se tratase, hay una estrategia una buena financiación detrás para crear un partido de corte populista sobre el descontento de la clase política "tradicional".
Que existía una estrategia tras el payaso lo constataron los hechos. La humillante negociación que emitieron en directo las cámaras entre Bersani y los representantes grillistas fue la primera nota de atención en esta dirección. Bersani se presentó ante el movimiento con un programa de mínimos que recogía punto por punto las reivindicaciones del payaso: un ejecutivo provisional que se encargarse de elegir un nuevo Presidente de la República y reformase la ley electoral. No solo obtuvo una respuesta negativa, sino que fue aprovechada por los adláteres del cómico para humillar al líder del PD. 
A estas alturas a Bersani se le acababan las alternativas. Había intentado no pactar con un Berlusconi a las puertas de la cárcel para no darle ninguna salida. Pero el no de Grillo le echó en brazos de Berlusconi. Ese fue el principio del fin para Bersani. 
Grillo ha abocado a Italia a la ingobernabilidad. Su partido ha ganado las elecciones con independencia de las coaliciones con las que se presentaba izquierda y derecha. Pero sobre sus hombros pesa la irresponsabilidad de la deriva italiana. Con su política del "no a todo" ha salvado a Silvio Berlusconi al hacerlo indispensable para cualquier arreglo institucional.
El personaje que ha obtenido apoyos por la desafección hacia la política tradicional se ha convertido en uno de los protagonistas y principales responsables de la actual situación inmovilista. Y es que el payaso es mucho más peligroso de lo que los analistas pensaron en un comienzo. Hannah Arendt ya advirtió en su obra maestra "Orígenes del Totalitarismo" de los peligros de movimientos y sus líderes carismáticos: "la denominación de movimientos alude a la profunda desconfianza hacia todos los partidos y se tornó tan decisiva en la República de Weimar que cada nuevo grupo creía que no podía hallar mejor legitimación ni mejor atractivo ante las masas que una clara insistencia en no ser un partido, sino un movimiento".  Y continúa, "los movimientos podrían aprovechar ventaja del profundo odio popular hacia aquellas instituciones que supuestamente representaban al pueblo".
Así que, concluido el período en el cargo del Presidente de la República y habiendo fracasado en dos ocasiones en su tarea de formar un gobierno estable, el líder del PD se lanzó a la tarea de buscar un candidato de consenso para Presidente de la República. Como era de esperar no obtuvo ayuda del movimiento cinco estrellas, que tenían su propio candidato (terminó siendo Rodotá) y proponían al payaso como candidato a PM. No le quedó más remedio a Bersani que preparar su ataúd y negociar un candidato de consenso con Berlusconi. 
El candidato de consenso fue Franco Marini, ex sindicalista con un historial intachable que no tendría problemas en salir. Pero la disciplina se rompió en las filas del PD ante el pacto con el enemigo acérrimo. Bersani no solo no pudo situar a Marini en el Quirinal, sino que cosechó un segundo fracaso al proponer como candidato al ex Primer Ministro Romano Prodi. La segunda derrota, propiciada por el abandono de un cuarto de sus diputados terminó con la dimisión del líder del PD en cuanto se hubiere elegido a un Presidente de la República.  
Ante esta situación de inmovilidad institucional, que se llevó por delante a dos candidatos presidenciales y al ganador de las elecciones, el Presidente Giorgio Napolitano accedió a presentarse para un nuevo mandato a pesar de su avanzada edad. Elegido esta misma tarde, será el primer presidente italiano que repita para un segundo mandato. 
Así que, cerrado el segundo acto de esta ópera bufa que es la política italiana, el payaso populista Grillo solo ha conseguido llevarse por delante al pírrico ganador de las elecciones, algo que celebró ruidosamente. 
La irresponsabilidad del caudillo podría abocar a Italia a unas nuevas elecciones , o Napolitano podría encargar la formación de gobierno al nuevo líder del PD (¿Renzi?), pero todo indica que la situación no tiene visos de cambiar en absoluto, entre las necesidades de Berlusconi y el no a todo del movimiento cinco estrellas. 
¿Qué pasará si hay nuevas elecciones? Pues no me atrevería hacer conjeturas porque Italia es impredecible. Obviamente se repetiría el bochornoso concurso por ser el más populista entre Grillo y Berlusconi, pero los resultados son inciertos. 
Si se presenta el alcalde de Florencia por el PD, Renzi, podría arrastrar de nuevo al centro izquierda e intentar superar los resultados de Bersani. En un país normal a poco hábil que fuese el candidato haría ver al electorado que la responsabilidad de unas nuevas elecciones recaen en el populista Grillo y que optar por el movimiento es, de nuevo, una apuesta por la inestabilidad y la ingobernabilidad. 
Podría darse el escenario donde Berlusconi saliera elegido como adalid contra la inestabilidad achacable a la falta entendimiento entre Grillo y Bersani. 
Una opción poco deseable es que aumentasen los apoyos del payaso y su "movimiento" ya que sus intenciones no están claras y la amalgama de fuerzas que aúna son una mezcla de amateurismo, ineficacia y negligencia que han abocado a Italia a la inestabilidad actual.
Obviamente Bersani tiene su parte de responsabilidad. Personalmente creo que pecó de ingenuo al pensar que Grillo se iba a comportar como un caballero y que le importaba el país. Pensar que grillo tendría un ápice de hombre de Estado fue su gran error. Error que le llevó de cabeza a su tumba al no quedarle otra opción que pactar con su gran adversario, con quien dijo que nunca pactaría, y eso acabó con su vida política

martes, 16 de abril de 2013

Los primeros gobiernos de Thatcher.



Una vez que Margaret Thatcher gano las elecciones en 1979, hubo de afianzarse dentro del anquilosado aparato Tory. Para eso tuvo la inestimable ayuda del que sería su gran colaborador: Sir Geoffrey Howe.
Margaret y Geoffrey marcaron el paso de los gobiernos Tory durante la década de los ochenta y sólo cuando la relación entre ambos se deterioró las debilidades de Thatcher fueron patentes y abrieron la puerta a que sus colegas cuestionasen su liderazgo dentro del partido.

El presupuesto de 1979 dejaba bien claro la nueva táctica a llevar a cabo por el tándem Thatcher-Howe. La inflación se encontraba en el 15% y seguía aumentando debido al auge del gasto público y al aumento de los salarios. Había que cortar el círculo vicioso gasto-inflación. Para ello se llevó a cabo una drástica cirugía sobre la política fiscal. Se subieron los impuestos indirectos para frenar el consumo y se redujeron los directos (el tipo máximo de IRPF se redujo de un 83% a un 60%), se llevó a cabo una reducción de cinco mil millones de libras y la venta de activos estatales, así como una subida de los tipos de interés al 17%.
Los resultados iniciales fueron desastrosos: el mayor índice de paro desde la gran depresión. La apreciación de la libra lastró las exportaciones y cerraron empresas, al tiempo que se produjo un fuerte endeudamiento público y privado. Los efectos de los presupuestos posteriores, que iban por el mismo camino, produjeron a final del primer gobierno Thatcher una reducción del crédito, de la deuda pública y un gradual descenso de la inflación. Maggie había recortado el gasto más que ningún país de su entorno. 
Hoy sigue habiendo debate en torno a las causas del descenso de la inflación. No pocos economistas lo achacan al aumento bestial del paro que provoco la obvia bajada de precios.
El descontento social y la conflictividad aumentaron como nunca desde los años treinta. Hasta la reina Isabel II miraba con gran desconfianza a su PM puesto que, a sus ojos, estaba dañando gravemente el tejido social del Reino y no se equivocaba dadas las divisiones que aún hoy despierta la ex primer ministro. Pero no fue sólo Su Graciosa Majestad la que puso objeciones a sus políticas. Parte del gabinete y del partido se levantaron en armas durante la conferencia del partido de 1981 en Blakpool. Lo que llevó a Margaret a reformar el gabinete expulsando a los Wet e introduciendo a partidarios suyos.
Uno de los nuevos ministros, Nigel Lawson, dejo bien claro que el gobierno pensaba deshacerse de todas las compañías estatales. Desde British Airways, hasta el Real Correo, pasando por BT y el ferrocarril. El gobierno pensaba obtener doce mil millones de libras. También se sometió a una semi privatización el intocable NHS (Servicio Nacional de Salud) lo que indica el profundo alcance de las políticas de Thatcher.
Esta política tuvo efectos desiguales, mientras que BT, BP o BA han mostrado ser empresas líder y muy competitivas en manos del sector privado, hubo importantes desastres. Los ferrocarriles británicos son un caos, los otrora puntuales y pulcros FF.CC. del reino son ahora un servicio pésimo, sucio y lento, lo mismo podríamos decir del correo de SM.
Otro gran fracaso, con el que han venido lidiando los sucesivos PM, fue el NHS. Su semi privatización fue un desastre lo que ha llevado a sucesivas inyecciones de capital gubernamental, la última este enero por David Cameron.
Una consecuencia directa de las políticas thatcheristas fue el conflicto desatado con los sindicatos. Las medidas de la PM para restarles poder, como la prohibición de piquetes, las reducciones fiscales por pertenecer al sindicato o que los miembros de las Trade Union financiasen con sus cuotas al Partido Laborista calentaron una situación que no estalló hasta 1984.
La gran medida popular del primer gobierno de Margaret Thatcher fue la privatización de la vivienda pública. Se redujeron drásticamente las ayudas y la construcción de vivienda protegida para dirigir al comprador hacia el sector privado. Por otra parte se ofreció a muy buen precio las viviendas protegidas en régimen de alquiler a sus inquilinos. Se obtuvieron más de dos mil millones de libras en ventas y más del 60% de las viviendas pasaron a titularidad de sus inquilinos. El alivio en los presupuestos de vivienda permitió al gobierno a aumentar la financiación al NHS, las becas en enseñanza universitaria y mantenerlas en la educación primaria.
Esta medida, más que ninguna otra, aseguró a reelección de Margaret Thatcher para una nueva legislatura, ya que más del 60% de los votantes laboristas votaron por ella en 1983.
La dureza política de Thatcher fue más firme, si cabe, en el conflicto de Irlanda del norte. Existía en él un componente sentimental que alineaba a Margaret con una postura intransigente. El grupo terrorista había asesinado en un atentado a Airey Neave, personaje clave en la vida política de Margaret, le animó a presentarse y fue el artífice en la sombra de su acceso al liderazgo del partido en 1975. Muchos de sus camaradas políticos fueron asesinados por el IRA y ella misma estuvo a punto de ser asesinada mediante un atentado con bomba en el hotel de Brighton, donde se celebraba el congreso del Partido.
Los miembros del IRA pusieron a prueba la determinación de la PM iniciando una huelga de hambre en 1979 que buscaba beneficios para los presos de la banda terrorista. Las huelgas de hambre siempre estuvieron controladas por los mandos del IRA que elegían a los prisioneros que debían iniciarlas, y nunca las llevaban hasta el final. Pero en 1981 el comandante del IRA en la prisión de Maze, Bobby Sands, inicio una huelga de hambre hasta sus últimas consecuencias.
Esto inició una oleadas de huelgas de hambre con el fin de doblegar a Margaret Thatcher, pero a pesar de que hubo diez muertes que los terroristas rentabilizaron en publicidad, la PM no dio su brazo a torcer.
La primera legislatura de Thatcher fue trepidante en acontecimientos, desde una terapia de shock económico hasta conflictos con los sindicatos, pasando por el IRA y una guerra en ultramar que trataré en otras entradas. Acontecimientos que fueron forjando la leyenda de la fallecida PM.

viernes, 12 de abril de 2013

De Milk Snatcher a The Iron Lady


Después de un largo descanso en el blog me he animado por un acontecimiento que ha removido el pasado reciente de la política y la economía, aunque esta más presente que nunca. Obviamente hablo de la muerte de Margaret Thatcher, la primera (y única) mujer que ha llegado al número 10 de Downing Street. Su figura es excepcional porque su forma de entender la política hace que sea más que una mujer. Entierra el típico cliché feminista para centrar la atención en sus logros y sombras y eso la hace una figura excepcional.
Churchill ganó una guerra pero no género un "ismo".

¿Cómo una política pueblerina, de voz estridente y maneras poco refinadas llegó a cambiar no sólo su partido, sino el país entero y hasta el laborismo? Esa va a ser la pregunta que intentaré contestar haciendo un breve repaso de su vida en varios artículos.
La Dama de Hierro accedió al liderazgo del Partido Conservador por casualidad. No ganó el congreso de 1975, simplemente accedió porque William Whitelaw le cedió el paso. Se trataba de una figura de segunda fila en el gabinete de Edward Heath cuyos únicos méritos eran ser mujer y haber quitado la leche de la merienda en los colegios públicos, lo que le valió el apodo de Milk Snatcher (Ladrona de leche). 
Provinciana hasta decir basta, pudo acceder a la educación gracias a las ganancias de su padre, un tendero de cierto éxito de Lincolnshire y, más tarde, al escaño en el parlamento gracias a la posición acomodada de su marido, Denis Thatcher. Estudió en Oxford Ciencias y Derecho pero nunca mostró un afán por la cultura o el arte.
La educación recibida por su riguroso padre, un tendero de Grantham, le enseñó el valor del esfuerzo personal y del dinero. Algo tan básico fue la fuente de un pensamiento que no pocas veces fue tildado de revolucionario, unido a su vivencia de la Segunda Guerra Mundial pronosticaban su duro carácter. 
El rigor propio de la gestión de una tienda lo llevaría Whitehall. Siempre dominaba el tema del debate y esperaba lo mismo de sus ministros con sus departamentos. 
Si la casualidad fue el aliado de Margaret Thatcher para ascender a la jefatura del partido, la crisis económica lo fue para llevarla al número 10. 
Tras el auge económico de posguerra, el Reino se estancó a finales de los sesenta y tuvo que devaluar la libra. Los distintos gobiernos Tories y Laboristas no pudieron hacer nada para frenar el descontento y un estancamiento que demostraba que el progreso económico no podía darse por hecho. El semanario The Economist hablaba abiertamente de que UK era el enfermo de Europa, en un momento donde hasta los EEUU emitían su deuda en Marcos alemanes. Todo ello incitó al Reino a solicitar, por tercera vez, la adhesión a las Comunidades Europeas. Desaparecido De Gaulle el ingreso se hizo con relativa rapidez. Una entrada que ayer era puesta en duda por los Laboristas y apoyada por los Tories. 
Los templados gabinetes de Heath y de Callaghan no pudieron poner fin a la oleada de huelgas que estaban asfixiando la economía del Reino. Lo que afianzó más en Margaret la necesidad de llevar a cabo una política firme. 
¿Cuáles eran las causas del estancamiento de UK? La izquierda culpaba a los costosos compromisos en defensa y al papel de la libra, mientras que la derecha criminalizaba la acción restrictiva que los sindicatos tenían en la economía. Alan Sked en su libro PostWar Britain culpa a la falta de dinamismo de la economía británica achacándoselo a ser la primera potencia industrial de la historia. 
Thatcher quería devolver el dinamismo a la economía británica quitando poder a los sindicatos y privatizando la economía.
Thatcher ganó para los conservadores tres elecciones hasta que fue desalojada del número 10 con un golpe palaciego. Margaret obtuvo la victoria por una mezcla de méritos propios y porque en frente tuvo líderes laboristas de escaso nivel. La mediocridad laborista que, se radicalizó a la izquierda tras 1979, favoreció la escisión de una parte de sus diputados que crearon el Partido Socialdemócrata y favoreció la obtención de mayorías estables para los Tories. Motivos que nos inducen a buscar las causas de la caída de Thatcher en las filas de su propio partido más que en el azote de la oposición. 
El declive británico era un secreto a voces del que Margaret era consciente y, para paliarlo, tenía en mente a los miembros de una nueva derecha que basaba sus postulados en los premios nobel de economía Milton Friedman y Von Hayek. Según el primero la inflación, un problema en occidente, se solucionaba recortando el gasto para reducir la oferta monetaria y con ella la inflación. Un razonamiento muy del gusto del ama de casa que tenía dentro Margaret que pensaba que no se debe gastar más de lo que uno gana, más si el dinero que gasta el gobierno se trata del dinero de otros. 
Hayek completaba éstas ideas con su planteamiento de que el gobierno no debe redistribuir la riqueza, sino solo dictar unas normas sencillas para que el mercado la creara. 
Estos postulados rompían claramente con el consenso al que habían llegado ambos partidos tras la II Guerra Mundial. De hecho los valores que Thatcher llevaría al Partido Conservador y al número 10 no eran para nada del gusto de los Tories tradicionales. Thatcher y Friedman pensaban que los Tories, especialmente el gabinete de Heath, habían descuidado las enseñanzas de Adam Smith y habían caído en el corporativismo.
Thatcher no era una conservadora al uso, había llegado a liderar un partido Conservador que no creía en ella, puesto que no provenía de las élites que identificaban el conservadurismo con los valores de comunidad y autoridad del Estado. Si el Estado no pusiera en orden las incontroladas fuerzas del mercado éste acabaría con la solidaridad y con ella la lealtad de los ciudadanos hacia el Estado se vería mermada. Los conservadores apelaban a la idea de nación que había puesto en valor Benjamín Disraelí. La nueva derecha se oponía a esta visión y pensaban que el camino estaba en la reducción del gasto, incluso en las épocas de un paro generalizado. El enconado debate en el seno del Partido conservador lo dividió en dos tendencias. Por un lado los viejos conservadores leales al Estado o wet y, por otro lado, los partidarios del recorte a ultranza o secos (dries). 
La confianza que tenía en sus colegas la convenció para no cambiar el Shadow Cabinet cuando se hizo con las riendas del opositor Partido Conservador. Motivo que explica la amplia presencia de wet en su primer gobierno. Hasta la remodelación de 1981 tuvo que lidiar con miembros reacios a su política tales como el director del Foreign Office, Lord Carrington. Los dries estaban capitaneados por los ministros de Industria, Keith Joseph, y por el Canciller del Exchequer, Sir Geoffrey Howe. Las disputas entre ambos bandos se dirimían ene la Cámara Estrellada dirigida por el ministro del interior William Whitelaw. Las discursiones entre el Tesoro y los ministerios derrochones se hiceron más agrias entre 1979 y 1981, coincidiendo con el peor momento de crisis económica sufrida por el Reino. Pero en 1982 la recuperación dejó una Gran Bretaña con menos industrias pero más dinámicas, una baja inflación y una reducida deuda pública. 
La privatización de las viviendas sociales hizo que muchas familias de clase baja accedieran a la propiedad de su vivienda y le valió una segunda legislatura, unido al éxito internacional que supuso la victoria contra argentina tras la invasión de las Malvinas. 
El primer gobierno de Margaret Thatcher (1979-1983) le valió el apelativo de la Dama de Hierro. No solo por su temple frente al desafío argentino en ultramar, sino por las duras batallas parlamentarias que libró para sacar adelante sus polémicas políticas. 
El drástico recorte social y en los transportes serían sus medidas más impopulares. La privatización de las viviendas sociales su medida más popular.