sábado, 20 de abril de 2013

Italia ingobernable


Desde hace un par de meses, estamos asistiendo a la enésima piedra en el camino de la estabilidad europea. Y para alimentar los tópicos, que sin duda corren por la Europa del norte, la inestabilidad proviene del Mediterráneo. 
Primero asistimos a la inestabilidad creada en Grecia debido a que su sistema electoral hizo imposible, en medio de la profunda crisis, la formación de un gobierno estable, lo que abocó a los griegos a unas segundas elecciones. Su sistema electoral, tan añorado por algunas plataformas españolas por instaurar un sistema más justo y proporcional, propiciaron la entrada de neocomunistas y fascistas en un peligroso ejercicio de polarización política en detrimento del centro. 
Hoy Italia corre el mismo peligro de verse abocada a unas segundas elecciones, más después de cómo la elección del Presidente de República ha fagocitado al líder del Partido Democrático (PD) y vencedor por la mínima de las elecciones legislativas Pier Luigi Bersani.
El calvario de Bersani comenzó el mismo día de recuento de los votos al ganar por la mínima en la Cámara de Diputados y no obtener una mayoría clara en el Senado, lo que le obligaría a pactar para obtener el cargo de Primer Ministro.
La irresponsabilidad de Bersani fue pensar que las primarias que le confirmaron en el liderato del PD iban a ser suficiente para llevarle al Palazzo Chigi. Pero se enfrentaba con el absurdo electorado italiano que fue desinflando sus perspectivas ante las bufonadas del movimiento anti político del payaso Beppe Grillo y el populismo chabacano de Silvio Berlusconi. Bersani se abstuvo de prometer nada que no estuviera en condiciones de cumplir, lo que estaría bien para ser elegido PM de Austria o Dinamarca, pero en Italia desinflaron sus apoyos electorales.
La gran sorpresa de las jornadas electorales la marcó el movimiento cinco estrellas del payaso Beppe Grillo que obtuvo un 25% de los sufragios tras años de calculadas campañas de marketing que ayudaron a desprestigiar la ya de por sí denostada política italiana. El movimiento cinco estrellas no es una plataforma ciudadana surgida espontáneamente como si de un 15M se tratase, hay una estrategia una buena financiación detrás para crear un partido de corte populista sobre el descontento de la clase política "tradicional".
Que existía una estrategia tras el payaso lo constataron los hechos. La humillante negociación que emitieron en directo las cámaras entre Bersani y los representantes grillistas fue la primera nota de atención en esta dirección. Bersani se presentó ante el movimiento con un programa de mínimos que recogía punto por punto las reivindicaciones del payaso: un ejecutivo provisional que se encargarse de elegir un nuevo Presidente de la República y reformase la ley electoral. No solo obtuvo una respuesta negativa, sino que fue aprovechada por los adláteres del cómico para humillar al líder del PD. 
A estas alturas a Bersani se le acababan las alternativas. Había intentado no pactar con un Berlusconi a las puertas de la cárcel para no darle ninguna salida. Pero el no de Grillo le echó en brazos de Berlusconi. Ese fue el principio del fin para Bersani. 
Grillo ha abocado a Italia a la ingobernabilidad. Su partido ha ganado las elecciones con independencia de las coaliciones con las que se presentaba izquierda y derecha. Pero sobre sus hombros pesa la irresponsabilidad de la deriva italiana. Con su política del "no a todo" ha salvado a Silvio Berlusconi al hacerlo indispensable para cualquier arreglo institucional.
El personaje que ha obtenido apoyos por la desafección hacia la política tradicional se ha convertido en uno de los protagonistas y principales responsables de la actual situación inmovilista. Y es que el payaso es mucho más peligroso de lo que los analistas pensaron en un comienzo. Hannah Arendt ya advirtió en su obra maestra "Orígenes del Totalitarismo" de los peligros de movimientos y sus líderes carismáticos: "la denominación de movimientos alude a la profunda desconfianza hacia todos los partidos y se tornó tan decisiva en la República de Weimar que cada nuevo grupo creía que no podía hallar mejor legitimación ni mejor atractivo ante las masas que una clara insistencia en no ser un partido, sino un movimiento".  Y continúa, "los movimientos podrían aprovechar ventaja del profundo odio popular hacia aquellas instituciones que supuestamente representaban al pueblo".
Así que, concluido el período en el cargo del Presidente de la República y habiendo fracasado en dos ocasiones en su tarea de formar un gobierno estable, el líder del PD se lanzó a la tarea de buscar un candidato de consenso para Presidente de la República. Como era de esperar no obtuvo ayuda del movimiento cinco estrellas, que tenían su propio candidato (terminó siendo Rodotá) y proponían al payaso como candidato a PM. No le quedó más remedio a Bersani que preparar su ataúd y negociar un candidato de consenso con Berlusconi. 
El candidato de consenso fue Franco Marini, ex sindicalista con un historial intachable que no tendría problemas en salir. Pero la disciplina se rompió en las filas del PD ante el pacto con el enemigo acérrimo. Bersani no solo no pudo situar a Marini en el Quirinal, sino que cosechó un segundo fracaso al proponer como candidato al ex Primer Ministro Romano Prodi. La segunda derrota, propiciada por el abandono de un cuarto de sus diputados terminó con la dimisión del líder del PD en cuanto se hubiere elegido a un Presidente de la República.  
Ante esta situación de inmovilidad institucional, que se llevó por delante a dos candidatos presidenciales y al ganador de las elecciones, el Presidente Giorgio Napolitano accedió a presentarse para un nuevo mandato a pesar de su avanzada edad. Elegido esta misma tarde, será el primer presidente italiano que repita para un segundo mandato. 
Así que, cerrado el segundo acto de esta ópera bufa que es la política italiana, el payaso populista Grillo solo ha conseguido llevarse por delante al pírrico ganador de las elecciones, algo que celebró ruidosamente. 
La irresponsabilidad del caudillo podría abocar a Italia a unas nuevas elecciones , o Napolitano podría encargar la formación de gobierno al nuevo líder del PD (¿Renzi?), pero todo indica que la situación no tiene visos de cambiar en absoluto, entre las necesidades de Berlusconi y el no a todo del movimiento cinco estrellas. 
¿Qué pasará si hay nuevas elecciones? Pues no me atrevería hacer conjeturas porque Italia es impredecible. Obviamente se repetiría el bochornoso concurso por ser el más populista entre Grillo y Berlusconi, pero los resultados son inciertos. 
Si se presenta el alcalde de Florencia por el PD, Renzi, podría arrastrar de nuevo al centro izquierda e intentar superar los resultados de Bersani. En un país normal a poco hábil que fuese el candidato haría ver al electorado que la responsabilidad de unas nuevas elecciones recaen en el populista Grillo y que optar por el movimiento es, de nuevo, una apuesta por la inestabilidad y la ingobernabilidad. 
Podría darse el escenario donde Berlusconi saliera elegido como adalid contra la inestabilidad achacable a la falta entendimiento entre Grillo y Bersani. 
Una opción poco deseable es que aumentasen los apoyos del payaso y su "movimiento" ya que sus intenciones no están claras y la amalgama de fuerzas que aúna son una mezcla de amateurismo, ineficacia y negligencia que han abocado a Italia a la inestabilidad actual.
Obviamente Bersani tiene su parte de responsabilidad. Personalmente creo que pecó de ingenuo al pensar que Grillo se iba a comportar como un caballero y que le importaba el país. Pensar que grillo tendría un ápice de hombre de Estado fue su gran error. Error que le llevó de cabeza a su tumba al no quedarle otra opción que pactar con su gran adversario, con quien dijo que nunca pactaría, y eso acabó con su vida política

1 comentario:

david alonso dijo...

Al final fue Letta tras sesenta días de Agonía.
http://internacional.elpais.com/internacional/2013/04/27/actualidad/1367070904_703130.html