miércoles, 24 de julio de 2013

La política exterior franquista durante la II Guerra Mundial.


Han corrido ríos de tinta analizando las múltiples dimensiones de la política exterior franquista. Es difícil hacer un juicio equilibrado sobre la figura del dictador debido a que sus logros personales conviven con una enorme mediocridad intelectual. Semejante debilidad intelectual no debe llevarnos a minusvalorar su habilidad política, que no era poca y no explica su capacidad para capear la cambiante situación internacional para seguir en el poder. Pero dicha habilidad política no debe hacernos considerar al dictador un genio político como, sin duda, defienden sus hagiógrafos.
Lo cierto es que los objetivos de la política exterior del régimen de Franco se pueden resumir en uno: la supervivencia del régimen en un escenario que en un primer momento se presentaba enormemente hostil.
Durante la Guerra Civil y los primeros años del victorioso régimen del 18 de Julio, la cartera de exteriores estuvo en manos del Conde Gómez-Jordana y el militar Juan Luis Beigbeder, ambos declarados anglófilos, por lo que duraron hasta el derrumbe de Francia en 1940.
Las evidentes simpatías fascistas y las clientelas a las que estaba sujeto el régimen por la vital ayuda prestada durante la Guerra Civil lo afianzaron pronto al Eje. A esto hay que sumar que el arquitecto del nuevo Estado salido del golpe de Estado, Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco y destacado falangista, estaba claramente por el alineamiento de España con el Eje. Motivo que inclinaron a la diplomacia española a suscribir el pacto anticomintern.
El derrumbe de Francia, la entrada de Italia en la guerra (auténtico espejo del régimen) y el posible reparto del botín africano abrieron paso hasta el Palacio de Santa Cruz al "cuñadísimo" del dictador con la misión de sondear a las potencias fascistas para entrada de España en la guerra y sus condiciones. A tal efecto se produjeron varios viajes de Serrano Suñer a Berlín y de destacados mandatarios nazis a Madrid que culminaron con las célebres entrevistas de Franco y Hitler en Hendaya y con Mussolini en Bordighera.
Hay muchísimo debate sobre la entrada de España en la II Guerra Mundial. Los defensores del régimen (incluso hoy en día) aseguran que el caudillo fue el salvador que mantuvo a España fuera de la guerra cuando todos empujaban en esa dirección. Los críticos del régimen aseguran que fue al revés, que era Hitler quien no estaba interesado en tener una rémora como España lastrando sus campañas. Personalmente creo que ambos tienen razón (obviamente eliminando los tintes ideológicos) pero hay que fijarse en los momentos de la guerra, puesto que España pasó por los dos casos.
La entrada de España en la guerra parecía ir de cara cuando Francia se desmoronó en junio de 1940 precipitando la entrada italiana en la contienda para asegurarse el botín francés en el Mediterráneo. Muchos sectores del régimen y posiblemente el propio dictador verían con buenos ojos la entrada de España en la Guerra al lado de Alemania. Los factores que empujaban a favor de la entrada española en la contienda se resumen en el corolario "ahora o nunca". El naciente régimen del 18 de julio tenía un componente ideológico pro fascista que ahora se apoyaba en las victorias del Eje. Aunque el generalísimo era ante todo un militar conservador, parecía dejarse llevar por el cálculo de una inminente victoria del Eje y deseaba para España un lugar preeminente en el Nuevo Orden internacional fascista. A esto hay que sumarle el que España tuviese cuantiosas deudas con sus homólogos dictadores debido a los suministros y ayudas prestados durante la Guerra Civil, deuda que Franco quería saldar.
Pero también había factores estratégicos de peso que desaconsejaban esta aventura.
Franco necesitaba para la reconstrucción del país muchas materias primas, sobre todo las derivadas del petróleo, y éstas estaban mayoritariamente en manos aliadas. Un acercamiento a las potencias del Eje suponía el final del abastecimiento,  sin que Alemania fuese un sustituto fiable debido a su propio esfuerzo bélico. 
A esto se le suma el soborno sistemático por parte del Reino Unido de la cúpula militar franquista para mantener a España fuera de la guerra. Los hechos, esclarecidos por el hispanista británico Denis Smyth, han sido avalados recientemente por documentación desclasificada británica. La cúpula militar del régimen recibía pagos periódicos para mantener el ánimo del régimen lejos de las veleidades del Eje que deseaba intervenir en Gibraltar para estrangular el vital paso de mercancías del Imperio hacia la metrópoli británica.
En este clima de incertidumbre se produjeron las reuniones de Franco con sus homólogos dictadores para negociar las condiciones de la entrada de España en la II Guerra Mundial.
En una entrevista que debió pasar a los anales de la historia por ser de lo más kafkiana, el Führer le planteó al Caudillo la posibilidad de que España entrase en la guerra. Tras el hundimiento francés y la derrota alemana en la batalla de Inglaterra, los Alemanes tenían que romper el impás y forzar la rendición británica ahora que la operación León Marino de invasión de la isla se había descartado. Algunos miembros del Estado Mayor alemán barajaban la idea de asfixiar las Islas Británicas cortando las vías de abastecimiento del Imperio. El plan se centraba en cerrar el Mediterráneo con la toma de Malta y Gibraltar, cortando el flujo de materias primas que llegaba de Oriente Medio y las Indias. Para llevar a cabo tal plan era imprescindible la entrada de España en la contienda.
Pero el precio exigido por el Caudillo era demasiado alto para el Führer. Franco demandaba el rearmamento y abastecimiento del maltrecho ejército español, así como que supliese las materias primas que recibía por parte de los aliados angloamericanos. No solo eso, territorialmente Franco quería hacerse con parte del Magreb francés, ahora en manos del régimen de Vichi. Esto ponía a Hitler ante el dilema de elegir entre dos potenciales aliados: la España de Franco o la Francia de Petain.
Hitler al final prefirió no iniciar un conflicto con Petain por la opción española, más aun cuando ésta requería un costoso desembolso de dinero, materias primas y armamento. Tampoco hay que olvidar el factor ideológico, Hitler deseaba invadir su mortal enemigo soviético y ahora que tenía las manos libres en el frente occidental podía dirigir todos sus esfuerzos bélicos hacia el este sin tener que meterse en una riña colonial africana entre sus "socios" mediterráneos.
Por tanto, en el momento de la entrevista en Hendaya, parece que la oferta española no sedujo al dictador alemán que prefirió que le sacasen tres o cuatro muelas antes de volver a reunirse con Franco. Pero el Caudillo no quería cerrar la puerta a una futura entrada en la guerra que le asegurase un lugar destacado en el nuevo concierto de las naciones. Por lo que, muy a pesar del Palacio de Santa Cruz, mudó la neutralidad por un nuevo estado de no beligerancia claramente alineado con el Eje.
Esta aproximación al Eje favoreció el nombramiento de Ramón Serrano Suñer como Ministro de Exteriores que deseaba la entrada de España en la guerra. 
Pero las ansias de Franco se esfumaron con las derrotas italianas en los Balcanes. No obstante los intentos de Serrano Suñer por caminar hacia la contienda no se detuvieron. Quiso aproximarse a Portugal para separarla de su tradicional aliada británica, pero la habilidad de la diplomacia portuguesa hizo que, a la larga fuese al revés, siendo la España franquista la que terminase cortando lazos con el Reich
Las circunstancias fueron alejando al régimen cada vez más de la guerra. En el exterior la situación había cambiado radicalmente; las esperanzas de una rápida victoria contra la URSS se difuminaron en el invierno de 1941-42 y con ellas la estrella de Serrano Suñer fue languideciendo en el interior. A esto hay que sumarle la entrada en Diciembre de 1941 de EEUU en la guerra. La amenaza explícita de una invasión de las Canarias que diese paso a un posible frente en la península por vía portuguesa y la imperiosa necesidad de materias primas que solo los aliados podían proporcionar a Franco evidenciaron el fatal error que casi comenten los dirigentes franquistas. Con todo, El Pardo no quería alejarse del todo ni tan rápido de su hermano alemán, con lo que siguió aprovisionando a Alemania (aunque cada vez menos) y cumplió con la propaganda anticomunista enviando a la División Azul a luchar en el frente ruso. 
Mientras las relaciones con Alemania se fueron enfriando, con los angloamericanos mejoraron. La posible invasión de la península por parte de los aliados para garantizar el éxito de la Operación Antorcha provocó la salida de Serrano Suñer del Palacio de Santa Cruz y su sustitución por el Conde Francisco Gómez-Jordana. Fue Jordana el piloto de este alejamiento de Alemania y su trabajo se centró en convencer al dictador que se atuviera a la más estricta neutralidad, ya que de ella dependía la supervivencia del propio régimen. 
Los angloamericanos dieron garantías a Franco que la Soberanía de España sería respetada mientras se mantuviera fuera de la Guerra. 
Una vez iniciada la invasión del norte de África por los aliados, las presiones alemanas sobre España se incrementaron para que, a través de España, el Reich asestase un duro golpe a la retaguardia de las tropas aliadas. En este momento, en 1942, se enmarcan las acciones del régimen para mantener España fuera de la guerra.
Por tanto, los esfuerzos de Jordana se encaminaron hacia una aproximación a los aliados sin hacer desplantes de envergadura al Reich. Para ello fue de suma importancia la iniciativa Iberista portuguesa, obviamente trazada desde Londres, que pretendía mantener una Península Ibérica neutral. La política Iberista planteada por Salazar daba la oportunidad a Franco de desarrollar una política autónoma (o al menos simularla) que le permitía alejarse paulatinamente de la estrella en declive de Alemania. Un ejemplo de esta independencia Iberista lo supuso la creación de la fantasmal república Social Italiana (La República de Saló) en diciembre de 1943. Rápidamente los alemanes presionaron a Franco para que la reconociese, pero Jordana logró mantenerse firme y conseguir que el régimen no cometiese semejante insensatez.
Aunque los logros de Jordana en pro de la neutralidad y el acercamiento al bloque angloamericano fueron de importancia en el período final de la guerra se puede hablar del momento más negro de la diplomacia española durante el siglo XX. A pesar de la labor de Jordana, el régimen continuó haciendo gestos y bravatas que hicieron de España un paria internacional cuando terminó la guerra. 
Por tanto, el debate sobre quien es el salvador que mantuvo a España fuera de la Guerra hay que desvincularlo de pasiones y pensar que depende del momento bélico. Ni Franco salvó a España de entrar en la guerra ni lo hizo Hitler ante las desproporcionadas peticiones del dictador. Cada uno se movió según sus propios intereses y según el momento político. Personalmente si tengo que elogiar a alguno, me quedaría con la inmensa labor llevada a cabo por Gómez-Jordana para salvaguardar la neutralidad española y avanzar hacia un acercamiento al bloque angloamericano. 

No hay comentarios: