miércoles, 25 de septiembre de 2013

Ángela Merkel triunfa como Adenauer


El pasado domingo, la canciller Federal, Angela Dorothea Merkel revalidó con contundencia su cargo. La canciller se hizo con más del 41% de los sufragios, dejando a su formación, la CDU, a las puertas de la mayoría absoluta. Es un triunfo rotundo y sin matices. 
Pese a este resultado, el sistema electoral alemán hace difícil conseguir una mayoría absoluta al mezclar proporcionalidad con un sistema mayoritario. Merkel estuvo a las puertas de una hazaña no vista en Alemania desde los tiempos de Adenauer, fundador de la CDU y de la misma RFA.
Ninguna encuesta electoral había reflejado unos resultados tan buenos para la Canciller y la CDU. Un serio disparo de advertencia de lo que estaba por venir lo vimos en los resultados bávaros un domingo antes de las elecciones federales, donde la CSU arrasó y se anunciaba el cataclismo de los liberales al quedar fuera del parlamento del Land, pese a ello pocos pensábamos que semejante éxito de la CSU pudiera trasladarse a la Dieta federal por lo conservador del electorado de Baviera. 
Como comentamos en una entrada anterior, la victoria de la CDU se debe principalmente a la figura de Ángela Merkel. Ha sabido transmitir la imagen de rompeolas de la crisis del Euro y ha calado el mensaje de que el contribuyente alemán estaría más seguro con ella en la Cancillería. Hasta tal punto ha sido mérito personal de la Mutti, que una encuesta de la ARD, la TV pública alemana, reflejaba que más del 50% de los votantes de la CDU lo hacía por la figura de Merkel y solo un 8% por el ideario del Partido.
Los votantes alemanes se identificaron con el liderazgo de la canciller, discreto y silencioso como el carácter alemán, sobrio, lejos de aventuras y bandazos. Un liderazgo tan aburrido como eficaz, tan anodino como exitoso. Bien se puede decir que Angie es la viva imagen de su pueblo: trabajador, eficiente y discreto, aunque ejerza el liderazgo entre sus socios europeos con cierta mediocridad.
Por tanto, si la victoria de Merkel ha sido contundente, los matices debemos buscarlos en la oposición.
Los socialdemócratas del SPD han obtenido un 25'7% de los votos. Cosecha su segundo peor resultado de la historia reciente. Han subido a costa de sus tradicionales aliados ecologistas y han estado lejos de sus expectativas. Los socialdemócratas esperaban obtener un 30% de los votos y reeditar una gran coalición con fuerza para imponer sus puntos programáticos. Un exiguo 25% queda lejos de la ilusión que se apoderó del SPD al final de la campaña cuando parecía que recortaban posiciones con su contrincante democristiano. 
Steinbrück había descartado en no pocas ocasiones la posibilidad de pactar de una u otra forma con Die Linke y menos aún formar un tripartito de izquierdas que desbancase a Merkel. Esa opción jamás estuvo sobre la mesa y menos aún cuando este domingo el electorado alemán dio un claro mandato a la canciller. "La pelota para formar gobierno está en el tejado de la señora Merkel" apuntó Steinbrück, a partir de ahí el SPD podrá evaluar sus opciones.
El consuelo para la el SPD es que, al contrario de lo que pasa con la CDU, la mitad de sus electores han optado por ellos debido al ideario del partido y un 5% solo por el candidato. Es un triste consuelo, pero nos indica que, de encontrar a un buen candidato a la cancillería, podría construir una mayoría electoral sobre mejores bases de programa o ideológicas.
Los liberales del FDP, importante partido bisagra que ponía y quitaba cancilleres durante la historia reciente de Alemania, se ha quedado por primera vez fuera de la Dieta Federal. Con un 4'7% de los votos no ha conseguido superar el mínimo impuesto por la legislación electoral y más de 90 diputados se han quedado sin trabajo. 
Los liberales han sido, tras el SPD de la gran coalición de 2005, la segunda víctima de lo que la prensa ha llamado el "abrazo del oso" de Ángela Merkel. Como socio menor no ha sabido llevar a cabo los puntos pactados en el acuerdo de coalición y su electorado se lo ha hecho pagar. El descalabro de la FDP era la crónica de un fracaso anunciado en las sucesivas citas electorales de los Lander, el último lo vimos cuando se quedaron fuera del parlamento regional Bávaro una semana antes de las elecciones federales. Existía el miedo en la CDU de perder diputados como consecuencia de un trasvase de votos a los liberales para sobrepasar el corte del 5%. Finalmente no ha sido así y el FDP dice adiós, de momento, a una larga trayectoria como partido bisagra.
Los verdes también han obtenido unos resultados por debajo de lo esperado. Como pasó con los liberales, las expectativas de hace varios meses de obtener un suculento 15% en la Dieta federal, se ha ido desinflando en los sucesivos comicios regionales llegando en estas elecciones a un decepcionante 8'4% que lo relega a un lastimoso cuarto puesto del hemiciclo.
La escandalosa revelación de que líderes del partido apoyaron la legalización de las relaciones con menores de edad, ha lastrado los intentos de recuperación del electorado perdido. Los verdes han sido víctimas de la camaleónica forma de hacer política de Ángela Merkel cuando, tras el desastre de Fukushima, cambió su política energética y anunció el cierre de las centrales nucleares alemanas, adueñándose del mantra de los ecologistas. Tampoco ayudó en absoluto las propuestas electorales basadas en una subida generalizada de impuestos para asegurar la asistencia social del Estado germano a los más desfavorecidos.
Por su parte, die Linke, el outsider de la política germana, ha cosechado un resultado digno teniendo en cuenta la focalización de su voto. Ha descendido un 3'3% con respecto a la legislatura anterior, pero la bajada de los verdes lo sitúan en un privilegiado tercer puesto.
Con estos resultados es evidente que la labor de formar gobierno recae de nuevo sobre la CDU que, a pesar de su contundente victoria, desea evitar un gobierno en minoría como viene siendo habitual en la tradición alemana. Se suele buscar mayorías parlamentarias que ahorren sorpresas desagradables, más en una época en que la Dieta federal tendrá que votar no pocas ayudas comunitarias como ya se ha anunciado. Por ello la CDU ha comenzado las negociaciones para formar un gobierno con un apoyo parlamentario estable.
El deseo extendido por el electorado de centro es una reedición de la Gran Coalición con el SPD, y la propia canciller parece haber optado por ella. En un principio, cuando parecía que los números del SPD se iban a acercar al 30%, los socialdemócratas veían la Gran Coalición como un buen premio de consolación al tener la fuerza necesaria para imponer a la canciller algunos de sus puntos programáticos. Ahora el miedo y la cautela se ha apoderado del partido de centro izquierda que, dado sus modestos resultados, ejercerá un papel muy débil en la coalición. Además, el SPD analiza con temor lo sucedido domingo con los liberales y sus pobres resultados en 2009 tras la anterior Gran Coalición. 
A pesar de ello, el SPD tiene pocas alternativas. Sus resultados ponen a la formación entre la espada y la pared. Entre el reto y la irrelevancia política. Si entra en una nueva "Gran Coalición" con la CDU, como parece que va a pasar, sus líderes tendrán que actuar con la suficiente pericia para que se cumplan algunas de sus exigencias sin terminar anulados por la capacidad de la canciller de adueñarse de las iniciativas de sus socios.
No entrar podría ser fatal para los socialdemócratas alemanes, podría parecer que actúan solo atendiendo a los intereses de partido y podría relegar al SPD a una insignificante jefatura de la oposición.
La otra opción de la CDU es la formación de una coalición con los Verdes. El collar de cuentas verdes y negras que la canciller lucía la noche electoral parecía un mensaje oculto. Pero las experiencias de la colaboración entre conservadores y ecologistas han terminado mal. A pesar de ello, los Verdes se dejan querer aunque su propuesta de subir los impuestos se encuentra lejos de las intenciones de la canciller. 
Otra opción, descartada desde el principio, pero que ha seducido a no pocos tertulianos patrios de izquierda es la formación de un gobierno tripartito de izquierdas formado por el SPD, ecologistas y Die Linke. No sólo ha sido una opción repetidamente desechada por el SPD, sino que iría escandalosamente contra el mandato de las urnas. 
En cambio, una de las consecuencias más perniciosas para el SPD si entra en la Gran Coalición es que deja el papel de jefe de la oposición a Die Linke, un partido que en la antigua DDR tienen una mayor implantación y es un competidor directo del SPD. Eso en el Este, porque en el oeste puede sufrir una sangría de votantes de centro-izquierda que se decanten por los Verdes.
Estas consideraciones, sin duda, están sobrevolando la Willy Brandt Haus. A pesar de lo cual, parece probable que el SPD entrará a formar parte del gobierno. A ello le animan muchos sectores socialdemócratas desde dentro y fuera de Alemania. Desde Bruselas se ve la entrada de los socialdemócratas como una pequeña palanca que empuje a Merkel a dar los pasos necesarios para sacar adelante una agenda económica europea con asuntos tan urgentes como la unión bancaria o la tasa sobre transacciones financieras.
Sería atrevido hacer un pronóstico a cuatro años vista, pero ante la voluntad de Merkel de no estar los dieciséis años de su mentor Kohl, se plantea la cuestión de qué hará la CDU una vez que Angie se retire. ¿Hay vida en la CDU después de Angela Merkel? No es una pregunta baladí, aunque sea prematuro hacerla a día de hoy, puesto que la mayor parte del electorado ha apostado por ella personalmente más que por su partido. Veremos si la CDU puede dar respuesta a esa incógnita a lo largo de la presente legislatura.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Elecciones en el corazón de Europa.


El interés que despiertan las elecciones americanas se debe en gran parte a las consecuencias internacionales de su resultado. En Europa, tras el inicio de la crisis del euro, los acontecimientos que tienen lugar en Alemania han cobrado una creciente importancia debido a su poder económico. Y entre esos acontecimientos no hay nada que despierte más interés que unas elecciones a la Dieta de la Bundesrepublik.
Hay elementos que dotan esta elección de una mayor curiosidad, como el perfil silencioso del liderazgo alemán. No es la primera vez que trato el tema del liderazgo alemán en la UE, su indiscutible poderío económico y el declive del poder francés ha hecho que Alemania adquiera un liderazgo que no desea y que, por tanto, ejerce mal.
Alemania no desea el liderazgo político de la UE. Se encontraba muy cómoda ejerciendo de locomotora económica mientras París ejercía de portavoz político. Pero la crisis del Euro y la renqueante economía gala dejaron a Alemania sin copiloto y Berlín tuvo que recoger el testigo del liderazgo político.
En estas elecciones aunque la crisis del euro ha sobrevolado los debates políticos por lo que pueda costar al ahorrador alemán, muchos de los debates se centraron sobre medidas internas que puedan dilatar el bienestar alemán. Existen varios millones de alemanes que viven de los llamados mini jobs por los que el Estado paga una parte del salario y éstos no pueden rechazar las ofertas de trabajo que le surjan en varios km de distancia de su domicilio. Una serie de bonos sociales complementan el salario, de forma que así se maquilla la precariedad laboral alemana. Aunque hay que reconocer que su flexibilidad laboral y la sana colaboración entre patronal y sindicatos está siendo la clave de un éxito continental sin parangón.
A pesar de ello, existe un miedo razonable a que la crisis del Club Med termine por alcanzar Alemania, al fin y al cabo la industria germana exporta más a Francia que a China. Por ello los dos grandes partidos, la CDU y el SPD, se cuidan mucho de espantar al elector moderado con planteamientos extremos. Pese a ello hay algunos aspectos que parece la pena comentar.
El primero de ellos es que, como pasa en casi todos los países, Alemania no forma un bloque unificado y hay que diferenciar entre la dinámica y potente RFA y la lánguida ex DDR que fue calificada por el ex canciller Kohl como un Mezzogiorno sin mafia. El domingo 15,  El País ha publicado un interesante reportaje sobre las diferencias y dificultades por las que pasa la antigua DDR, la sangría de población y cómo las cifras económicas no son tan brillantes comparadas con la otra mitad del país. Aquí el partido de izquierda Die Linke tiene su mayor granero de votos con reivindicaciones anti capitalistas y anti sistema. Y no es de extrañar porque desde la reunificación se estima que más de dos millones de ciudadanos del Este se han mudado al Oeste, muchos de los cuales son los de mayor cualificación técnica dejando la DDR a la zaga del "milagro alemán".
En la otra cara de la moneda situamos a Baviera, la locomotora de Alemania, con un PIB que supera la suma del de Madrid, Cataluña y País Vasco. Allí, donde los comicios para el parlamento regional se celebraron el domingo 15, la Unión Social Cristiana (CSU) la aliada de la CDU de Merkel ha arrasado con un 49% de los sufragios presagiando el empujón que electorado conservador dará a la Canciller. Con todo, el escenario bávaro nos deja algunos análisis que pueden servir para anticipar preocupaciones nacionales.
A estas alturas a pocos se le escapa que la CDU y la Canciller van a repetir victoria. Las causas son diversas, pero el problema no es saber quien ganará, sino qué coalición gobernará Alemania. El auténtico problema para Ángela no es que el SPD pueda hacerle sombra, sino si el posible descalabro del los Liberales del FPD le permitirá repetir su coalición preferida o, por contra, se verá obligada a cohabitar en una "gran colación" con los socialdemócratas.
El éxito de la canciller se debe a varias causas. La primera de ellas la magnífica imagen que ha logrado trasmitir Merkel como rompeolas de la crisis mediterránea. La CDU ha vendido con éxito la imagen de una canciller que, pese a la realidad, ha evitado que los alemanes tengan la imagen de que son ellos los pagadores de la crisis. Gran parte de la opinión pública germana tiene la imagen de una Merkel que defiende sus intereses y marca las pautas a los católicos y decadentes Estados del sur. Tanto es así, que en algunos casos la imagen transmitida es que la canciller peca de blanda con los derrochones Estados del Club Med, Francia incluida.
Otra característica que hace de Ángela Merkel una seria contrincante es su carácter. Mezcla de dura pero flexible le hace inmune a las críticas de sus adversarios que pueden caer groseros o desesperados por hacer mella en la canciller. A esto hay que sumarle el calificativo de camaleónica que la prensa le ha achacado en repetidas ocasiones. La Canciller no se cohíbe a la hora de adoptar las promesas o idearios de otros partidos políticos por mucho que difieran del ideario de la CDU, para luego adaptarlos a su propia agenda política. Es una maestra en ese juego. Un claro ejemplo lo supuso su cambio radical de parecer sobre la política energética del país tras el desastre nuclear de Fukushima. Tras el desastre, la canciller anunció que cambiaría por completo la agenda energética del país para proceder al apagón nuclear lo antes posible, apropiándose de uno de los puntos programáticos medulares de Los Verdes. No fue el único ejemplo. También hizo suyas las propuestas hechas por el SPD para la protección social o el repentino cambio de parecer respecto a la tasa Tobin que grava las transacciones financieras. 
Pero la ventaja de Merkel no solo se debe a sus propios méritos, sino que ha tenido mucha ayuda por parte de la oposición. Como viene siendo la tónica general del continente la socialdemocracia se encuentra un tanto perdida y el caso alemán no es distinto. El partido socialdemócrata más antiguo de Europa ha ido a la zaga de la canciller en su lucha contra la crisis del euro, lo que le resta credibilidad a la hora de presentarse como una alternativa seria. 
No solo la socialdemocracia alemana se encuentra perdida, sino que su propio candidato ha realizado hasta hace bien poco una campaña errática y plagada de errores de cálculo que hicieron a la SPD temer lo peor. Entre las meteduras de pata de Peer Steinbrück se encuentra el valorar que el puesto de canciller tenía un sueldo demasiado bajo o que la Canciller disfrutaba de popularidad por el hecho de ser mujer. Quien se anticipaba como un gran contrincante por su altura en los debates y su experiencia en finanzas ha empezado muy mal la campaña. A todo hay que añadir que el candidato socialdemócrata tiene a su mayor enemigo no en las filas de la CDU, sino en el presidente de su propio partido, Sigmar Gabriel, quien no ha dudado en torpedear y criticar constantemente su campaña.  
A pesar de ello hay que comentar que el SPD ha empezado a escalar en las encuesta tímidamente tras el único debate cara a cara con la Canciller. Las encuestas dieron un empate técnico algo favorable al candidato del SPD. Éste empezó en baja forma y se fue viniendo arriba cuando se tocaron temas como el espionaje (y la convivencia del BND con la NSA) o el sonado fracaso del Drone made in Germany. Ahí la canciller se mostró claramente a la defensiva. Pero aunque el SPD ha empezado a escalar en las encuestas, no lo hace en detrimento de la CDU, sino de su socio: Los Verdes. 
Esta tendencia también la encontramos en la derecha. La CDU se ha consolidado fuertemente como partido vencedor de las elecciones, pero tampoco lo hace a costa de sus contrincantes de izquierdas, sino de su socio, los liberales del FPD. De hecho no es ningún misterio qué partido ganará el próximo domingo las elecciones federales, sino si éstos estarán en condiciones de reeditar la coalición actual. Puesto que las encuestas sitúan por debajo del obligado 5% para entrar en el Bundestag a los liberales del FPD. La impresión del electorado liberal es que el gobierno de Angela Merkel ha invertido cuantiosos recursos en políticas sociales sin que el FPD pudiese frenarlas con efectividad, de ahí su tendencia a la baja. Un primer disparo serio de advertencia lo vimos el pasado domingo en los resultados bávaros que dejaban al FPD con un pobre 3% del electorado. 
La canciller desearía repetir la coalición con la que gobierna cómodamente desde 2009, y también esa sería la opción preferida por el electorado de derechas, que podría modificar su voto para asegurar la permanencia del FPD en la Dieta Federal. Una opción que inquieta a los estrategas de la CDU puesto que es muy difícil cuantificar los efectos de ese trasvase de votos. 
Los liberales están llevando la campaña hacia ese terreno, llamando al miedo de que una "gran coalición" animaría presupuestos más generosos con las políticas sociales. 
Pero por lo general parece que los votantes alemanes se decantan mayoritariamente por la reedición de la "gran coalición" entre la CDU y el SPD que ahonde en las políticas sociales ante un país que tiene millones de trabajadores precarios, pero sin desviarse de la estabilidad presupuestaria. Para el electorado germano la consecución de ambos objetivos se alcanzaría con la combinación de los dos grandes partidos que, además, aseguraría una enorme estabilidad parlamentaria. 
Peer Steinbrück, el candidato socialdemócrata, ha repetido en no pocas ocasiones que su objetivo es no pactar con Merkel en una nueva "gran coalición" sino formar gobierno con los verdes y ha descartado un tripartito o cualquier componenda con el partido La Izquierda (Die Linke). Pero a estas alturas la distancia con la canciller es insalvable y sotto voce el SPD ve la reedición del gobierno con la CDU como un buen premio de consolación.
Por tanto, a pocos días de la elección de la Dieta Federal, la incógnita residen en si los Liberales del FPD obtienen el 5% necesario para entrar en la Dieta o, como parece, se quedará a las puertas. Una mera cuestión de matices que marcará la salida de la crisis del euro y, por ende, el modelo de integración europea que Alemania está diseñando. 

viernes, 13 de septiembre de 2013

Algo habrá que hacer



Con el estilo coloquial al que nos tiene acostumbrado La Moncloa, se ha anunciado el apoyo del Reino de España a la intervención en Siria. No es que los motivos estén todo lo desgranado que el público merece, pero la frase del comunicado -"algo habrá que hacer"- encarna muy bien el dilema en que se encuentra la Comunidad Internacional.

Lo que comenzó siendo un episodio más del ya dilatado e incierto proceso de la "primavera árabe" ha derivado en una guerra civil abierta. Un conflicto interno que tiene visos de recordar mucho a lo ocurrido en Libia. 
En un primer momento la oposición al régimen de Al Assad comenzó imponiéndose con fuerza conquistando ciudades importantes como Alepo y parecía inminente la caída de Damasco, tanto que hasta algunos países árabes propusieron al dictador una salida honrosa. Pero pasado este envite, las fuerzas del gobierno de Al Assad retomaron la iniciativa y, con extrema dureza, comenzó a reconquistar el territorio perdido. La reconquista iniciada por el gobierno y la heterogeneidad de la oposición transformaron un conflicto que se anticipaba breve en una guerra civil que continúa hasta hoy.

En el transcurso de estos meses se denunciaron atrocidades llevadas a cabo por ambos bandos en medio de un confuso cruce de acusaciones. En un primer momento el diario francés Le Monde denunció el uso de armas químicas por Al Assad, empujando a muchos gobiernos occidentales a dar el paso de financiar y armar a la oposición hasta que el vídeo de un miliciano opositor comiéndose un corazón empañó su imagen conmocionando a la opinión pública.
Internacionalmente la guerra civil Siria se ha convertido en un lío monumental a ambos lados del Atlántico.
A este lado del océano la situación comenzó de forma similar a la intervención libia. Reino Unido y Francia como abanderados europeos a favor de la intervención, Alemania escurriendo el bulto cada vez que las cosas se ponen difíciles y los demás países escondiéndose detrás de un aval de la ONU sabedores de que éste jamás llegaría.
Hay que tener en cuenta que la situación siria, a pesar de que a nivel interno se parezca mucho a Libia, internacionalmente tiene unas repercusiones mucho más profundas. Por un lado, Siria es un aliado esencial de Rusia por tener allí una base naval con salida a un mar cálido fuera de sus fronteras. Por ello cualquier situación que amenace el status quo es vista con mucho recelo desde Moscú. De ahí que Moscú haya vetado la resolución de Naciones Unidas para una intervención armada en Siria. Por otra parte, Irán tiene intereses en la zona como abanderado de la minoría Chií. Un cambio de régimen la pondría en peligro y supondría la amenaza de una actuación iraní en un país fronterizo con Israel. 
La intervención parecía seguir su camino al margen de Naciones Unidas. Bajo el siempre ambiguo paraguas de la "intervención humanitaria" una coalición similar a la que intervino en Libia se estaba preparando para atacar Siria. Los objetivos se planteaban sumamente difusos porque los expertos militares de EEUU sabían que era muy complicado eliminar los arsenales químicos de Al Assad, ésto unido a la retórica de la Casa Blanca -"se han cruzado las líneas rojas"- daba la impresión de consistir en una operación de castigo más que una intervención con unos objetivos definidos.
Pero el 29 de Agosto la Cámara de los Comunes, en un asombroso giro de los acontecimientos, votó no a la petición del PM para intervenir en Siria. Los fantasmas de la guerra de Iraq pesaron demasiado como para que David Cameron pudiera despejar las dudas de los MPs. El no de los Comunes desbarató por completo los planes de intervención y dejó herida de muerte la propia alianza.
Los franceses, con Cameron fuera de juego, se apresuraron a representar el papel de aliado preferencial de los EEUU en Europa. 
Los Comunes no han sabido distinguir las diferencias entre la intervención en Iraq y la Siria, pero han recogido el clamor contra la intervención de su pueblo. Esto ha debilitado a un ya cuestionado PM. La capacidad de maniobra en política exterior de David Cameron ha disminuido notablemente y puede que haya socavado los cimientos mismos de la renqueante coalición que lidera. 
En medio de la incertidumbre causada por el Parlamento Británico el Presidente Obama, en un movimiento sin precedentes y pese a que su socio británico obtuvo una negativa por respuesta, se dirigió a la nación para anunciar que sometería al Congreso la decisión de atacar Siria. Fue una estrategia arriesgada que aún esta siendo objeto de análisis porque, aunque en un principio pareció pasar la patata caliente al legislativo, su negativa a intervenir puede herir de muerte este segundo mandato y hacer del Presidente un "pato cojo" prematuro.
Personalmente creo que el Presidente Obama evita intervenir en Siria. Es un nuevo avispero en Oriente Medio, conoce el hartazgo de sus conciudadanos ante una nueva intervención en la zona y la última aventura casi le cuesta la reelección después de que dos atentados golpeasen las sedes diplomáticas de EEUU en Libia y matasen a su embajador.
Así empezó la carrera para conseguir un voto favorable ante la perspectiva de que el Presidente quedase seriamente debilitado. Para ello Obama no cometió el error de su homólogo británico y no adelantó la vuelta del Congreso. Pero a medida que iban pasando los días, la esperanza de tener un voto afirmativo se fue esfumando. La primera señal fue la ajustada votación en la Comisión de Exteriores del Senado (donde se supone que el Presidente tiene más apoyos). Pero el Tea Party, aunque belicoso, no desaprovecharía una oportunidad tan clara para humillar al Presidente y a ello hay que añadir que el año que viene el Congreso se renueva en su totalidad, así como un tercio del Senado, lo que hace a sus señorías mucho más sensibles a la opinión pública. 
Entre medias tuvo lugar la cumbre del G20 que, a pesar de estar focalizada en la lucha contra el desempleo, centró su actividad en encontrar una salida al atolladero sirio. Los americanos intentaron seducir a la mayor parte de países europeos posible, consiguiendo entre otros el vago apoyo de españoles e italianos cuando la UE aún no había fijado una posición común. Alemania evitó tomar parte, como viene siendo habitual, y criticó los apoyos europeos a EEUU por prematuros. Resulta curioso que Alemania critique acciones prematuras fuera de la posición común de la UE cuando en el pasado no le importó ignorarla con desastrosas consecuencias. 
Si existían pocas dudas sobre la reticencia de EEUU a intervenir en Siria, el último intento de alejar el fantasma de la guerra y salvar al Presidente vino de la mano de un "desliz" de su Secretario de Estado, John Kerry, quien en una rueda de prensa en Londres contestó que la única forma de evitar un ataque vendría condicionado a que Al Assad entregase o destruyese todo su armamento químico. Esta oferta, aunque realizada de una forma coloquial, fue aceptada de inmediato por los rusos y el gobierno sirio como una oferta legítima aunque Kerry apostillase que "eso jamás ocurriría".
Personalmente tengo mis dudas acerca de la veracidad del "desliz" de Kerry. Podría bien tratarse de una estrategia bien orquestada para sondear a los rusos y encontrar una salida honrosa al atolladero en el que se encontraba el Presidente. Sea como fuere, la Casa Blanca se apresuró a aceptar la propuesta rusa (que en realidad era suya) para un desarme sirio que retrasaría el ataque y alejaría el fiasco de una derrota en el Congreso. 
Veremos como se materializan las negociaciones entre rusos y americanos para una nueva resolución de Naciones Unidas que inste al gobierno de Al Assad a eliminar o entregar su armamento químico. Veremos si se trata de un texto ambiguo o si, en último término, se plasma una amenaza al uso de la fuerza en caso de no cumplirse sus exigencias.
De momento, hemos sido testigos del monumental lío que se ha montado en torno a la intervención en Siria y de la apatía de Estados Unidos a iniciar una acción contundente. Hemos sido testigos de cómo el Presidente se mostraba ambiguo ante los datos del uso de armas químicas y, cuando éstos parecían sólidos, su errática estrategia no muestra otra cosa que el deseo de evitar llevar a Estados Unidos a un nuevo escenario bélico en Oriente Medio.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Editorial: Varapalo olímpico



El batacazo olímpico que se pegó ayer la candidatura madrileña parece imponer algún análisis y hoy los kioskos sí ofrecen tal información. Análisis que echamos en falta los días previos a la cita de Buenos Aires se agolpan ahora en las páginas de los dominicales. Y es que la prensa ha construido la ilusión de que Madrid realmente tenía posibilidades de ser elegida. A todos, salvo a los ácratas que creen que llevar la contraria les otorga más criterio, nos hubiera gustado que una ciudad tan querida en España como es Madrid hubiera sido elegida como sede de los JJOO de 2020.
El gran golpe de la derrota de Madrid no lo es por caer ante Tokyo, al fin y al cabo Japón es la tercera economía del mundo, un exportador de primera y dotado de una disciplina férrea que hará que los JJOO 2020 estén planificados al milímetro. El gran golpe fue haber caído en la primera ronda en una votación de desempate contra Estambul. Esto ilustra hasta que punto la candidatura no gozaba de los apoyos que muchos miembros de la prensa habían vaticinado (hasta 50 votos asegurados se ha escuchado).

Que una ciudad como Madrid, que adelanta a Estambul en todos los parámetros a estudiar, caiga derrotada supone un duro varapalo. Estambul analizada de forma independiente solo cuenta con un eslogan atractivo, la realidad lo convierte en un infierno organizativo para un evento de tal magnitud. 
Sabemos que la calidad de un régimen político o la observancia de los Derechos Humanos no son para el COI requisitos determinantes para una elección olímpica, pero los graves problemas de disturbios que azotaron a Estambul este mismo año la descabalgaría para competir en cualquier organización seria. Los conatos de golpe de Estado que ha sufrido Turquía, la tensión entre el ejército y un gobierno cada vez más autoritario, los desmanes con las minorías (principalmente la Kurda) no ponen a Turquía como un ejemplo a seguir por el movimiento olímpico. El propio proyecto de Estambul 2020 estaba plagado de incorrecciones como la de crear villas olímpicas segregadas por sexos y pese a ello Madrid 2020 no pudo siquiera con la candidatura Turca. 
Caer ante Tokyo era más previsible. Las apuestas internacionales estaban ligeramente inclinadas hacia la capital del sol naciente y su posición financiera era mucho más sólida que la española. Al final lo que contó fue, una vez más, el dinero. La lista de más de 20 patrocinadores con los que ya contaba Tokyo fue la puntilla para una candidatura sosa. El COI esta vez decidió no jugársela después de los negros informes sobre el avance de los preparativos de 2016 en Rio de Janeiro, y todo a pesar que sobre Japón pesa el mayor desastre Nuclear de Asia. La radiación nuclear de Fukushima se ha filtrado a las aguas subterráneas y los expertos en seguridad nuclear no descartan nuevas fisuras. Pese a todo el COI decidió ceder la antorcha para el 2020 a la seguridad financiera japonesa. 
Por tanto, la derrota hay que buscarla en la organización de Madrid 2020, puesto que la ciudad está de sobra preparada, de sobra comunicada y tienen la mayor parte de las infraestructuras ya construidas. 
Obviamente la elección de sede olímpica no se trata de un juego limpio. Es bien sabido que los miembros del COI están abiertos a sangrantes sobornos (en Londres 2020 los miembros del COI salieron con Bentley) y parece que éste es un juego al que nuestros representantes no saben jugar como hoy mismo se ha admitido. Esto no quiere decir que si hubiera ganado Madrid fuese una elección limpia, solo apunta a la incapacidad de las autoridades de jugar este deporte a pesar del despilfarro en asesores y viajes, que fue muy superior a las otras ciudades candidatas.
En la votación de ayer también hubo sorpresas, pero desagradables. Ayer se aliaron la mala suerte de la caída de la señal internacional durante la mayor parte de la presentación española, con la deficiente exposición de nuestros representantes.
Mariano Rajoy hizo un discurso plano y correcto como el que hizo Zapatero en ocasiones anteriores. Habló en español y no creo que determinase la elección como sede, puesto que el PM japonés lo hizo en su idioma sin mayores repercusiones. Mayor ridículo hizo la alcaldesa con el Spanish café con leche, pero supongo que a estas alturas ya estaba todo el pescado vendido. 
Quien supuso una muy grata sorpresa fue SAR el Príncipe Felipe que tuvo una actuación brillante. Hizo un discurso magnífico en francés, inglés y español que estuvo muy por encima de la taimada princesa imperial japonesa. Junto con Pau Gasol, se plasmó la larga tradición deportista española y el peso actual de nuestros deportistas frente al erial que es japón en ese campo. Pero la cruz de la moneda vino dada por las preguntas sobre el dopaje y la permisividad que parece existir en las autoridades españolas. 
Por ello no creo que haya que buscar las causas de la derrota madrileña en la tarde de ayer, supongo que a esas alturas ya estarían los votos decididos. Hay que buscarlas en la deficiente capacidad lobbista que tienen nuestros dirigentes y, en este caso, la candidatura de Madrid. Hoy, al igual que la elección imperial en época moderna, el éxito se consigue con una muy hábil mezcla de influencia y sobornos. 
Lamentablemente la imagen de España no está a la altura para ejercer semejante influencia pero que caigamos frente a un país del tercer mundo con problemas de Derechos Humanos dice muy poco de la capacidad lobbista de la candidatura de Madrid 2020. 
No obstante, políticamente y al margen de la elección olñimpica se pueden extraer al menos dos consecuencias importantes. La primera de ellas es que hemos visto que la capacidad del Príncipe como representante de España lo sitúan como plenamente capacitado para suceder a su padre con unas mejores expectativas para la Corona.
La segunda consecuencia es el adiós de Ana Botella a la política. El PP ya había mostrado señales de querer presentar otro candidato a la alcaldía de la capital de España, la elección de Madrid como sede apartaría semejante opción, pero ahora con las olimpadas de 2020 en Tokyo se le abre al PP el camino para buscar un candidato que mantenga la Villa y Corte en su poder.
Sea como fuere, la elección de Tokyo supone la opción más segura. En el mejor de los casos serán unos Juegos más y eso es ya un éxito de por si, en el peor la contaminación nuclear podría convertir Tokyo 2020 en Chernobil 2020.