miércoles, 25 de septiembre de 2013

Ángela Merkel triunfa como Adenauer


El pasado domingo, la canciller Federal, Angela Dorothea Merkel revalidó con contundencia su cargo. La canciller se hizo con más del 41% de los sufragios, dejando a su formación, la CDU, a las puertas de la mayoría absoluta. Es un triunfo rotundo y sin matices. 
Pese a este resultado, el sistema electoral alemán hace difícil conseguir una mayoría absoluta al mezclar proporcionalidad con un sistema mayoritario. Merkel estuvo a las puertas de una hazaña no vista en Alemania desde los tiempos de Adenauer, fundador de la CDU y de la misma RFA.
Ninguna encuesta electoral había reflejado unos resultados tan buenos para la Canciller y la CDU. Un serio disparo de advertencia de lo que estaba por venir lo vimos en los resultados bávaros un domingo antes de las elecciones federales, donde la CSU arrasó y se anunciaba el cataclismo de los liberales al quedar fuera del parlamento del Land, pese a ello pocos pensábamos que semejante éxito de la CSU pudiera trasladarse a la Dieta federal por lo conservador del electorado de Baviera. 
Como comentamos en una entrada anterior, la victoria de la CDU se debe principalmente a la figura de Ángela Merkel. Ha sabido transmitir la imagen de rompeolas de la crisis del Euro y ha calado el mensaje de que el contribuyente alemán estaría más seguro con ella en la Cancillería. Hasta tal punto ha sido mérito personal de la Mutti, que una encuesta de la ARD, la TV pública alemana, reflejaba que más del 50% de los votantes de la CDU lo hacía por la figura de Merkel y solo un 8% por el ideario del Partido.
Los votantes alemanes se identificaron con el liderazgo de la canciller, discreto y silencioso como el carácter alemán, sobrio, lejos de aventuras y bandazos. Un liderazgo tan aburrido como eficaz, tan anodino como exitoso. Bien se puede decir que Angie es la viva imagen de su pueblo: trabajador, eficiente y discreto, aunque ejerza el liderazgo entre sus socios europeos con cierta mediocridad.
Por tanto, si la victoria de Merkel ha sido contundente, los matices debemos buscarlos en la oposición.
Los socialdemócratas del SPD han obtenido un 25'7% de los votos. Cosecha su segundo peor resultado de la historia reciente. Han subido a costa de sus tradicionales aliados ecologistas y han estado lejos de sus expectativas. Los socialdemócratas esperaban obtener un 30% de los votos y reeditar una gran coalición con fuerza para imponer sus puntos programáticos. Un exiguo 25% queda lejos de la ilusión que se apoderó del SPD al final de la campaña cuando parecía que recortaban posiciones con su contrincante democristiano. 
Steinbrück había descartado en no pocas ocasiones la posibilidad de pactar de una u otra forma con Die Linke y menos aún formar un tripartito de izquierdas que desbancase a Merkel. Esa opción jamás estuvo sobre la mesa y menos aún cuando este domingo el electorado alemán dio un claro mandato a la canciller. "La pelota para formar gobierno está en el tejado de la señora Merkel" apuntó Steinbrück, a partir de ahí el SPD podrá evaluar sus opciones.
El consuelo para la el SPD es que, al contrario de lo que pasa con la CDU, la mitad de sus electores han optado por ellos debido al ideario del partido y un 5% solo por el candidato. Es un triste consuelo, pero nos indica que, de encontrar a un buen candidato a la cancillería, podría construir una mayoría electoral sobre mejores bases de programa o ideológicas.
Los liberales del FDP, importante partido bisagra que ponía y quitaba cancilleres durante la historia reciente de Alemania, se ha quedado por primera vez fuera de la Dieta Federal. Con un 4'7% de los votos no ha conseguido superar el mínimo impuesto por la legislación electoral y más de 90 diputados se han quedado sin trabajo. 
Los liberales han sido, tras el SPD de la gran coalición de 2005, la segunda víctima de lo que la prensa ha llamado el "abrazo del oso" de Ángela Merkel. Como socio menor no ha sabido llevar a cabo los puntos pactados en el acuerdo de coalición y su electorado se lo ha hecho pagar. El descalabro de la FDP era la crónica de un fracaso anunciado en las sucesivas citas electorales de los Lander, el último lo vimos cuando se quedaron fuera del parlamento regional Bávaro una semana antes de las elecciones federales. Existía el miedo en la CDU de perder diputados como consecuencia de un trasvase de votos a los liberales para sobrepasar el corte del 5%. Finalmente no ha sido así y el FDP dice adiós, de momento, a una larga trayectoria como partido bisagra.
Los verdes también han obtenido unos resultados por debajo de lo esperado. Como pasó con los liberales, las expectativas de hace varios meses de obtener un suculento 15% en la Dieta federal, se ha ido desinflando en los sucesivos comicios regionales llegando en estas elecciones a un decepcionante 8'4% que lo relega a un lastimoso cuarto puesto del hemiciclo.
La escandalosa revelación de que líderes del partido apoyaron la legalización de las relaciones con menores de edad, ha lastrado los intentos de recuperación del electorado perdido. Los verdes han sido víctimas de la camaleónica forma de hacer política de Ángela Merkel cuando, tras el desastre de Fukushima, cambió su política energética y anunció el cierre de las centrales nucleares alemanas, adueñándose del mantra de los ecologistas. Tampoco ayudó en absoluto las propuestas electorales basadas en una subida generalizada de impuestos para asegurar la asistencia social del Estado germano a los más desfavorecidos.
Por su parte, die Linke, el outsider de la política germana, ha cosechado un resultado digno teniendo en cuenta la focalización de su voto. Ha descendido un 3'3% con respecto a la legislatura anterior, pero la bajada de los verdes lo sitúan en un privilegiado tercer puesto.
Con estos resultados es evidente que la labor de formar gobierno recae de nuevo sobre la CDU que, a pesar de su contundente victoria, desea evitar un gobierno en minoría como viene siendo habitual en la tradición alemana. Se suele buscar mayorías parlamentarias que ahorren sorpresas desagradables, más en una época en que la Dieta federal tendrá que votar no pocas ayudas comunitarias como ya se ha anunciado. Por ello la CDU ha comenzado las negociaciones para formar un gobierno con un apoyo parlamentario estable.
El deseo extendido por el electorado de centro es una reedición de la Gran Coalición con el SPD, y la propia canciller parece haber optado por ella. En un principio, cuando parecía que los números del SPD se iban a acercar al 30%, los socialdemócratas veían la Gran Coalición como un buen premio de consolación al tener la fuerza necesaria para imponer a la canciller algunos de sus puntos programáticos. Ahora el miedo y la cautela se ha apoderado del partido de centro izquierda que, dado sus modestos resultados, ejercerá un papel muy débil en la coalición. Además, el SPD analiza con temor lo sucedido domingo con los liberales y sus pobres resultados en 2009 tras la anterior Gran Coalición. 
A pesar de ello, el SPD tiene pocas alternativas. Sus resultados ponen a la formación entre la espada y la pared. Entre el reto y la irrelevancia política. Si entra en una nueva "Gran Coalición" con la CDU, como parece que va a pasar, sus líderes tendrán que actuar con la suficiente pericia para que se cumplan algunas de sus exigencias sin terminar anulados por la capacidad de la canciller de adueñarse de las iniciativas de sus socios.
No entrar podría ser fatal para los socialdemócratas alemanes, podría parecer que actúan solo atendiendo a los intereses de partido y podría relegar al SPD a una insignificante jefatura de la oposición.
La otra opción de la CDU es la formación de una coalición con los Verdes. El collar de cuentas verdes y negras que la canciller lucía la noche electoral parecía un mensaje oculto. Pero las experiencias de la colaboración entre conservadores y ecologistas han terminado mal. A pesar de ello, los Verdes se dejan querer aunque su propuesta de subir los impuestos se encuentra lejos de las intenciones de la canciller. 
Otra opción, descartada desde el principio, pero que ha seducido a no pocos tertulianos patrios de izquierda es la formación de un gobierno tripartito de izquierdas formado por el SPD, ecologistas y Die Linke. No sólo ha sido una opción repetidamente desechada por el SPD, sino que iría escandalosamente contra el mandato de las urnas. 
En cambio, una de las consecuencias más perniciosas para el SPD si entra en la Gran Coalición es que deja el papel de jefe de la oposición a Die Linke, un partido que en la antigua DDR tienen una mayor implantación y es un competidor directo del SPD. Eso en el Este, porque en el oeste puede sufrir una sangría de votantes de centro-izquierda que se decanten por los Verdes.
Estas consideraciones, sin duda, están sobrevolando la Willy Brandt Haus. A pesar de lo cual, parece probable que el SPD entrará a formar parte del gobierno. A ello le animan muchos sectores socialdemócratas desde dentro y fuera de Alemania. Desde Bruselas se ve la entrada de los socialdemócratas como una pequeña palanca que empuje a Merkel a dar los pasos necesarios para sacar adelante una agenda económica europea con asuntos tan urgentes como la unión bancaria o la tasa sobre transacciones financieras.
Sería atrevido hacer un pronóstico a cuatro años vista, pero ante la voluntad de Merkel de no estar los dieciséis años de su mentor Kohl, se plantea la cuestión de qué hará la CDU una vez que Angie se retire. ¿Hay vida en la CDU después de Angela Merkel? No es una pregunta baladí, aunque sea prematuro hacerla a día de hoy, puesto que la mayor parte del electorado ha apostado por ella personalmente más que por su partido. Veremos si la CDU puede dar respuesta a esa incógnita a lo largo de la presente legislatura.

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