domingo, 8 de septiembre de 2013

Editorial: Varapalo olímpico



El batacazo olímpico que se pegó ayer la candidatura madrileña parece imponer algún análisis y hoy los kioskos sí ofrecen tal información. Análisis que echamos en falta los días previos a la cita de Buenos Aires se agolpan ahora en las páginas de los dominicales. Y es que la prensa ha construido la ilusión de que Madrid realmente tenía posibilidades de ser elegida. A todos, salvo a los ácratas que creen que llevar la contraria les otorga más criterio, nos hubiera gustado que una ciudad tan querida en España como es Madrid hubiera sido elegida como sede de los JJOO de 2020.
El gran golpe de la derrota de Madrid no lo es por caer ante Tokyo, al fin y al cabo Japón es la tercera economía del mundo, un exportador de primera y dotado de una disciplina férrea que hará que los JJOO 2020 estén planificados al milímetro. El gran golpe fue haber caído en la primera ronda en una votación de desempate contra Estambul. Esto ilustra hasta que punto la candidatura no gozaba de los apoyos que muchos miembros de la prensa habían vaticinado (hasta 50 votos asegurados se ha escuchado).

Que una ciudad como Madrid, que adelanta a Estambul en todos los parámetros a estudiar, caiga derrotada supone un duro varapalo. Estambul analizada de forma independiente solo cuenta con un eslogan atractivo, la realidad lo convierte en un infierno organizativo para un evento de tal magnitud. 
Sabemos que la calidad de un régimen político o la observancia de los Derechos Humanos no son para el COI requisitos determinantes para una elección olímpica, pero los graves problemas de disturbios que azotaron a Estambul este mismo año la descabalgaría para competir en cualquier organización seria. Los conatos de golpe de Estado que ha sufrido Turquía, la tensión entre el ejército y un gobierno cada vez más autoritario, los desmanes con las minorías (principalmente la Kurda) no ponen a Turquía como un ejemplo a seguir por el movimiento olímpico. El propio proyecto de Estambul 2020 estaba plagado de incorrecciones como la de crear villas olímpicas segregadas por sexos y pese a ello Madrid 2020 no pudo siquiera con la candidatura Turca. 
Caer ante Tokyo era más previsible. Las apuestas internacionales estaban ligeramente inclinadas hacia la capital del sol naciente y su posición financiera era mucho más sólida que la española. Al final lo que contó fue, una vez más, el dinero. La lista de más de 20 patrocinadores con los que ya contaba Tokyo fue la puntilla para una candidatura sosa. El COI esta vez decidió no jugársela después de los negros informes sobre el avance de los preparativos de 2016 en Rio de Janeiro, y todo a pesar que sobre Japón pesa el mayor desastre Nuclear de Asia. La radiación nuclear de Fukushima se ha filtrado a las aguas subterráneas y los expertos en seguridad nuclear no descartan nuevas fisuras. Pese a todo el COI decidió ceder la antorcha para el 2020 a la seguridad financiera japonesa. 
Por tanto, la derrota hay que buscarla en la organización de Madrid 2020, puesto que la ciudad está de sobra preparada, de sobra comunicada y tienen la mayor parte de las infraestructuras ya construidas. 
Obviamente la elección de sede olímpica no se trata de un juego limpio. Es bien sabido que los miembros del COI están abiertos a sangrantes sobornos (en Londres 2020 los miembros del COI salieron con Bentley) y parece que éste es un juego al que nuestros representantes no saben jugar como hoy mismo se ha admitido. Esto no quiere decir que si hubiera ganado Madrid fuese una elección limpia, solo apunta a la incapacidad de las autoridades de jugar este deporte a pesar del despilfarro en asesores y viajes, que fue muy superior a las otras ciudades candidatas.
En la votación de ayer también hubo sorpresas, pero desagradables. Ayer se aliaron la mala suerte de la caída de la señal internacional durante la mayor parte de la presentación española, con la deficiente exposición de nuestros representantes.
Mariano Rajoy hizo un discurso plano y correcto como el que hizo Zapatero en ocasiones anteriores. Habló en español y no creo que determinase la elección como sede, puesto que el PM japonés lo hizo en su idioma sin mayores repercusiones. Mayor ridículo hizo la alcaldesa con el Spanish café con leche, pero supongo que a estas alturas ya estaba todo el pescado vendido. 
Quien supuso una muy grata sorpresa fue SAR el Príncipe Felipe que tuvo una actuación brillante. Hizo un discurso magnífico en francés, inglés y español que estuvo muy por encima de la taimada princesa imperial japonesa. Junto con Pau Gasol, se plasmó la larga tradición deportista española y el peso actual de nuestros deportistas frente al erial que es japón en ese campo. Pero la cruz de la moneda vino dada por las preguntas sobre el dopaje y la permisividad que parece existir en las autoridades españolas. 
Por ello no creo que haya que buscar las causas de la derrota madrileña en la tarde de ayer, supongo que a esas alturas ya estarían los votos decididos. Hay que buscarlas en la deficiente capacidad lobbista que tienen nuestros dirigentes y, en este caso, la candidatura de Madrid. Hoy, al igual que la elección imperial en época moderna, el éxito se consigue con una muy hábil mezcla de influencia y sobornos. 
Lamentablemente la imagen de España no está a la altura para ejercer semejante influencia pero que caigamos frente a un país del tercer mundo con problemas de Derechos Humanos dice muy poco de la capacidad lobbista de la candidatura de Madrid 2020. 
No obstante, políticamente y al margen de la elección olñimpica se pueden extraer al menos dos consecuencias importantes. La primera de ellas es que hemos visto que la capacidad del Príncipe como representante de España lo sitúan como plenamente capacitado para suceder a su padre con unas mejores expectativas para la Corona.
La segunda consecuencia es el adiós de Ana Botella a la política. El PP ya había mostrado señales de querer presentar otro candidato a la alcaldía de la capital de España, la elección de Madrid como sede apartaría semejante opción, pero ahora con las olimpadas de 2020 en Tokyo se le abre al PP el camino para buscar un candidato que mantenga la Villa y Corte en su poder.
Sea como fuere, la elección de Tokyo supone la opción más segura. En el mejor de los casos serán unos Juegos más y eso es ya un éxito de por si, en el peor la contaminación nuclear podría convertir Tokyo 2020 en Chernobil 2020. 

4 comentarios:

Joaquín dijo...

Muy buen editorial. Estoy de acuerdo con la reflexión que haces: no es un problema económico, ni de infraestructuras, sino más bien un problema de marketing y de nuestras nula capacidad de exportar nuestras ideas de una forma válida al exterior.

Lo de Madrid es una muestra clara: solo vendemos (o lo intentamos) cuando ya hay una base sólida aquí (varios deportes entre los mejores de sus categoría, infraestructuras ya finalizadas y usadas en competiciones internacionales). Lo que hizo Estambul no se nos hubiera ocurrido aquí: vender humo sobre un país con caos interno y externo lejos de solucionarse en siete años y con todo por hacer todavía.

En cambio, el caso de Tokio es diferente, como mostró su respuesta ante el dopaje: ningún jugador nuestra a estado bajo sospecha de dopaje jamás. Contundente. No hablaron de medallas, ni de méritos, solo de solvencia y de veneder una imagen impecable al mundo. Se puede aprender mucho de esto. Hay que cultivar más nuestra presencia en los lobbies internacionales.

david alonso dijo...

Mucho más. Hay que ver los anatemas del COI y llevarlos a rajatabla como es el caso del dopaje. Debemos aprender de Tokio. Lo que quiero mostrar en el artículo es que es lamentable que no hayamos pasado ni contra Estambul que, como dices, veden humo sobre un país de caos.

Viriato dijo...

Me surge una duda... Qué habrá visto el COI en Estambul? Sobornos? Yo creo que la respuesta no puede ser tan sencilla.

david alonso dijo...

Se habrán creído lo de mezcla de occidente y oriente, contarían con el apoyo del mundo árabe, conjunción de varios factores...