jueves, 3 de octubre de 2013

Editorial: chantaje a toda una nación.

Los acontecimientos que rodean al cierre de la Administración en EEUU y, por tanto, la limitación de la acción del ejecutivo puede tener profundas consecuencias en la renqueante recuperación económica mundial. Hemos visto que los países emergentes no han pasado de eso, de emergentes, y la fuerza con la que empujaban la economía está empezando a declinar, por tanto los ojos se vuelven al tradicional protagonista: Estados Unidos. Esta nación sigue marcando la pauta de la recuperación mundial, los llamados mercados están más atentos que nunca a las cifras del paro y la política de estímulos de la nación indispensable. Pero como le suele pasar a los grandes imperios, el peor enemigo proviene del interior. Desde fuera puede parecer un análisis simplista, y puede que lo sea, así que me gustaría matizar algunos puntos.
La Constitución de EEUU situa la aprobación del presupuesto en el poder legislativo, más concretamente en la Cámara de Representantes donde la Soberanía Nacional aúna todos los pequeños intereses de la nación. Es una forma de conjugar los grandes intereses nacionales representados por el ejecutivo y por el Senado con la suma de los pequeños intereses locales. Los padres fundadores consiguieron con este diseño dotar de poder al pequeño elector y que la política no se alejase de la calle, al menos en una de las cámaras del legislativo, y equilibrar el sistema en un país que ya era grande para los estándares de la época.
Pero los sistemas no son perfectos y en ocasiones un diseño bienintencionado puede dar lugar a desequilibrios graves. Ésto es lo que está pasanado con con el cierre del gobierno.
La aprobación de un techo de deuda, surgida en Estados Unidos para evitar que el ejecutivo llevase al país a un sobre endeudamiento durante la II Guerra Mundial primero, y la posterior Guerra Fría, siempre se fue ampliando en función de las necesidades del gobierno. Pero durante la Administración Clinton y ahora con Obama la lucha contra la deuda y el déficit esconde torticeras intenciones ideológicas que lejos están de conseguir un rigor presupuestario. Se usa la palanca presupuestaria para la consecución de intereses políticos locales, que no es malo de por sí, ya que sus señorías han sido elegidos para eso, es malo cuando secuestran la totalidad del sistema político del país y puede acarrear repercusiones nacionales similares a catástrofes naturales.
El problema en este caso, es que la administración Obama tiene que negociar con un grupo intransigente de objetivos muy claros: intentar por todos los medios a su alcance torpedear la reforma sanitaria de Obama y, con ello, herir de muerte el legado del Presidente. Nadie puede culparlos de llevar a cabo la misión para la que han sido elegido. Su electorado está conformado por los sectores más conservadores del llamado cinturón bíblico infuidos por el modo de vida más rural, religioso, refractario y contrario al progreso de todo Estados Unidos.
Pero aunque el objetivo del Tea Party sea torpedear lo más posible la acción de gobierno de Obama y no escatime en medios para ello, el resto del Partido Republicano no debería ser rehén ni de los métodos ni de la estrechez de miras política de sus colegas de partido. Obviamente los congresistas del Tea Party han sido elegido para hacer lo que están haciendo y no entran en los círculos tradicionales de poder en Washington, tampoco se dejan seducir por el aparato del Partido ni la dinámica de Capitol Hill como si se tratase de James Stewart en Caballero sin Espada. Pero eso no convierte su labor en loable más allá de los fundamentos democráticos de la misma.
Los Padres Fundadores han decidido este sistema de pesos y contrapesos precisamente para obligar a un consenso entre la clase política y por ello no estamos ante el primer cierre del gobierno de la historia, ni ante el último. Pero en este caso el cierre está totalmente injustificado porque escapa a la política presupuestaria. Entendería un cierre para obligar al gobierno a llevar una política fiscal y presupuestaria menos expansiva, pero estamos simple y llanamente ante un chantaje.
Los miebros del Tea Party, por mucho que hayan sido elegidos en sus respectivos distritos electorales, quieren ganar con este pulso lo que perdieron a nivel nacional en 2008 y el pasado noviembre. El electorado nacional ha votado de forma clara y contundente por Barak Obama y su programa de gobierno, donde la reforma sanitaria ocupa el lugar preeminente, por lo que la suma de unos algunos intereses locales no deberían de secuestrar la voluntad mayoritaria expresada en las urnas en dos ocasiones. Hay que tener en cuenta que tras el alma del campesino jefersionano que dice representar el Tea Party se esconden importantes intereses corporativos a los que es sensible el establishment del GOP, pero éste partido haría muy mal en dejarse secuestrar por estos intereses si pretende ser una alternativa creíble de gobierno.
El cierre del gobierno, más allá de erosionarlo, está causando una profunda crisis en el seno del Partido Republicano. Está poniendo en el centro del debate político la necesidad de retomar posiciones moderadas y prescindir del extremismo del Tea Party. Algunas voces se alzaron en contra de una estrategia que obligaba a Romney a lanzarse a posturas extremas para ganar la nominación pero perder la presidencia. Hoy ese debate se reabre con mayor intensidad, puesto que de momento las encuestas indican que el electorado responsabiliza mayoritariamente a los republicanos del Congreso de la parálisis del gobierno. 
Algunos medios se han hecho eco de que los republicanos moderados se han aliado con los miembros del Tea Party en su cruzada contra el Obamacare por el temor a que ésta sea un éxito. Un éxito del Obamacare en las clases medias podría apartar al GOP de la Casa Blanca por al menos otros dos mandatos.
A pesar de ello, el vencimiento de emisiones de deuda puede acelerar el final del cierre del gobierno. El Washington Post ha publicado que el final puede estar realmente cerca, pero que le puede terminar costando el cargo al Presidente de la Cámara. En las sucesivas crisis e incitativas parlamentarias, el presidente de la cámara ha logrado sacarlas adelante con el apoyo de los demócratas en pleno y un menguante apoyo de su partido. Hasta tal punto ha llegado la debilidad de Boehner que, cuando se inició el 113 congreso, tuvo que someterse a una segunda votación para ser elegido líder de la Cámara. 
Veremos como termina este incidente político y qué consecuencias se derivan del mismo. Lo que podríamos sacar en limpio es que, por muy despreciable que sea la postura del Tea Party, al fin estamos asistiendo a un ejercicio de política. Por fin vemos que las decisiones las toman los políticos en la sede de la Soberanía Nacional y no los mercados financieros, aunque éstos determinen en muchos casos la agenda. 
A pesar que de que el Tea Party nos recuerde que la política sigue viva, manipular la Cámara de Representantes para chantajear a un Presidente que ha sido elegido en dos ocasiones con un programa claro es inadmisible. En esta ocasión la Cámara de Representantes, lejos de actuar como contrapeso del poder ejecutivo, está abusando de su potestad presupuestaria para torpedear un programa político elegido por la mayoría de los votantes de EEUU. 
El Tea Party quiere ganar en la Cámara de Representantes mediante la coacción presupuestaria lo que perdió en noviembre de 2012, y eso es inadmisible. 

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