sábado, 5 de abril de 2014

Editorial: original y copia



Decía Jean Marie Le Pen, a tenor de la expulsión de gitanos por Sarkozy, que la gente entre el original y la copia vota siempre al original. Y el domingo, en la segunda vuelta de las municipales francesas, se ha vuelto a demostrar.
El Partido Socialista Francés se ha dado el batacazo del siglo al perder numerosas alcaldías y al quedar detrás de la UMP. Pero las elecciones municipales siempre suelen dar un correctivo al partido en el Elíseo. Entonces, ¿Qué tienen de diferente estas elecciones municipales? Pues varios matices.
Lo que llama la atención en primer lugar es la dimensión de la debacle, una cosa es un castigo al ejecutivo y otra muy distinta que los números canten que pocos de tus votantes se han levantado siquiera para salvar los muebles. Los socialistas mantienen París y Lyon pero pierden casi todo lo demás.
En segundo lugar, la derrota del pasado domingo ha obligado a Hollande a prescindir de su PM y amigo en favor de su ministro mejor valorado (y posible rival político) Manuel Valls. Éste barcelonés debe ser el único liberal dentro del PSFr, tanto que hasta abogó por cambiarle el nombre al partido, pero que, lejos de imprimir un cariz neoliberal a su gobierno, ha nombrado a los más proteccionistas y estatalistas para las carteras de economía, presupuestos e industria.
Parece que Manuel Valls es consciente de la máxima de Le Pen y espera recuperar el espacio perdido por la izquierda al alejarse, al menos de puertas para adentro, de la corriente liberal. Podría tratarse de una maniobra que le situase mejor dentro del Partido en vistas de un recambio electoral. El fichaje de la anterior candidata presidencial, Segolene Royal, así parece indicarlo. Y es que, a pesar de haber perdido en 2007, Segolene aunó una nada despreciable cifra de diecisiete millones de votos.
Anne Hidago, Ana Hidalgo al sur de los Pirineos, ha sido la gran triunfadora de la noche por haberse alejado de los postulados del Elíseo y mantener una candidatura independiente. Se mantuvo a la izquierda y la izquierda parisina se mantuvo fiel a ella. Pero París no es Francia y el electorado francés, de carácter rural, es sumamente conservador de ahí que el Presidente no pare de escorarse a la derecha. Pero no fue la derecha quien ayudó a ganar al humilde político normando, sino la conjunción de electores de izquierdas que votaba una opción menos mala que Sarkozy. Ahora parece que Hollande se ha convertido en la opción mala a batir.
Llama la atención que a Hollande se le haya considerado, antes de ganar las elecciones, como un revolucionario o un peligro para el sistema por las publicaciones anglosajonas. Sin duda publicaciones como FT, The Economist o The Wall Street Journal en un ejercicio de majadería periodística se empeñan en criticar el modelo francés porque va en contra de su ideario económico y político.
Pero a pesar de semejantes críticas, el electorado francés siempre elegirá a su Estado frente a la globalización (o mundialización como dicen en el Hexágono) cuando tal cuestión se plantea en las urnas. Y el defensor de la República frente al capital siempre ha salido vencedor. Así mismo, éste ha cosechado derrotas electorales cuando no ha cumplido su labor de defensor de la República.
Así que Hollande tiene frente a sí la hercúlea misión de defender el Estado Francés frente al modelo anglosajón liberal y, a la vez, mejorar las cuentas públicas y cumplir los criterios de Bruselas y Berlín. Es un complicado encaje, puesto que de conseguirlo, el Presidente corre el peligro de ser fagocitado por el artífice de semejante obra: su Primer Ministro, hoy un serio candidato para el cartel de 2017 en sustitución de su jefe.
Así pues estamos ante algo más que una reconstrucción del ejecutivo francés. Parece que el Presidente ha decidido jugársela teniendo a su rival más cerca. Del resultado de esta relación y de los éxitos o fracasos del ejecutivo se dirimirá el próximo cartel electoral. Son dos personas sumamente opuestas, frente al tranquilo Presidente se alza el hiperactivo PM que más nos recuerda a Sarkozy que a un político tradicional del PSFr.
El auténtico vencedor de la noche fue la UMP que cosechó unos grandísimos resultados a costa de la debacle del PSFr, pero como las luchas internas del centro-derecha francés aún no nos ha dado una cara visible, la victoria se diluye en el campo de batalla que es hoy la UMP.
Tales disputas en el seno de la UMP han convertido a Marine Le Pen en la vencedora mediática de la noche, que ha recogido en gran medida el descontento de los partidos tradicionales, situación generalizada en todo el panorama continental. 
El llamado pacto republicano, por el que uno de los dos grandes partidos se retiraba de la segunda vuelta si pasaba el apestado Frente Nacional, no ha sido respetado por la UMP, lo que ha dado argumentos a Marine para anunciar que su partido había salido de la marginalidad política. Pero que no nos confunda la Juana de Arco de hojalata, el Frente Nacional se ha beneficiado del voto de castigo, así que su resultado se lo debe a los deméritos de los demás. Su único mérito (que no es poco) es haber centrado el debate político en su ideología, arrastrando con ello a los partidos mayoritarios. Marine Le Pen se ha aprovechado de la guerra civil de la derecha democrática y de la deriva del Presidente Hollande. Que no se equivoque, no ha ganado nada más que un puñado de alcaldías. La gran vencedora de la noche es la UMP y los resultados de Le Pen no dejan de ser migajas propias de un partido marginal amplificado por los medios de comunicación. La verdadera prueba de fuego para el Frente Nacional vendrá en las europeas cuando el voto conjunto del electorado se refleje en cotas de poder en el Europarlamento.  
Tampoco es un mérito exclusivamente suyo, en mi opinión, el disfrazar al Frente Nacional de cierta respetabilidad que lo hace elegible. Todo el continente europeo se haya inmerso en una borrasca populista que hace que muchos partidos filo fascistas parezcan respetables y sus programas razonables. Pero esto es debido a la profunda crisis de la socialdemocracia y al travestismo político de la derecha democrática que es, en último termino, quien debe frenar a la extrema derecha. Solo cuando la derecha democrática ha desfallecido han ocupado su lugar opciones más extremas. Y aquí el FN se está beneficiando mucho del estado de guerra civil de la UMP.
Marine Le Pen y el FN siguen siendo un voto de castigo, de momento su victoria no ha dejado de ser una anécdota que adorna las aburridas páginas de política de los diarios. Es responsabilidad de los grandes partidos que no pase de ahí. Puesto que la extrema derecha es el veneno de la República.

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