domingo, 2 de noviembre de 2014

Las leyes de la petropolítica 2


Hace unos años publiqué en esta bitácora un artículo analizando un libro de Thomas Friedman que hablaba sobre el escenario petrolífero mundial, con especial incidencia en la dependencia de EEUU del petróleo de Oriente Medio. En él, Friedman defendía que EEUU debía ser más verde, tener un ejército y una economía que apostase por las energías alternativas como vía para mantener una política exterior menos rehén del caos de Oriente Medio.
Hoy la situación ha cambiado radicalmente.
Como comentaba anteriormente, la controvertida técnica de fracking ha llevado a Estados Unidos a ser un importante productor de petróleo mundial, posiblemente en 2015 el primer productor de crudo del mundo. Este hecho ha trastocado el tablero geoestratégico mundial.
El gran aumento de la extracción de petróleo en EEUU ha propiciado una bajada de los precios del crudo hasta poco más de los 86 dólares el barril Brent (de referencia en Europa), no solo eso, la crisis en Japón y UE, así como el menor crecimiento chino han provocado una caída de la demanda de crudo.
Ante esta situación los países de la OPEP siempre habían pactado una reducción de la producción para mantener unos precios relativamente altos, pero en este caso, Arabia Saudí ha sacudido la estrategia al anunciar que mantendría el ritmo de extracción. Una estrategia que se complementa con la tendencia alcista de la extracción en EEUU.
Las consecuencias de esta estrategia saudí y americana son profundas.
Por una parte, Arabia Saudí puede permitirse el lujo de soportar unos precios inusualmente bajos, entre 60-70 dólares el barril debido a la facilidad de extracción y refinado de su petróleo. Con ello puede conseguir numerosas ventajas geopolíticas y económicas. En primer lugar, puede convertirse en la principal potencia regional al reducir los ingresos del estado Iraní que tanto dependen del petróleo. No solo eso, unido a la estrategia de EEUU, puede asfixiar las expectativas económicas de la banda terrorista del Estado Islámico.
Con respecto a la Unión Europea, uno de sus principales clientes, un petróleo barato y de calidad puede echar por tierra los planes de implementación de las energías alternativas. Un petróleo barato unido a un Euro fuerte hace de las energías alternativas menos atractivas y viables.
Dentro de esta misma estrategia, Estados Unidos puede convertirse en lo que los expertos llaman productor bisagra, es decir un actor que por su importancia extractiva puede modificar los precios del crudo. Las ventajas geopolíticas para Estados Unidos son tan importantes como evidentes.
La primera de ellas es llevar a cabo una política exterior más independiente y menos ligada al caótico escenario de Oriente Medio. Puede que por eso Obama haya desentendido los últimos conflictos en la zona: Siria y el Estado Islámico. Pero otra ventaja importante de los bajos precios de crudo es asfixiar las economías de sus rivales o Estados incómodos. Un ejemplo paradigmático lo tenemos en Venezuela, país con las mayores reservas de petróleo conocidas (según PDVSA) que se ha visto obligada a importar crudo de Argelia. La economía venezolana, que subvencionaba a países afines, se encontraba muy cómoda con precios por encima de los cien dólares el barril, situación que parece aún va a tardar en darse.
La otra gran ventaja geoestratégica para Estados Unidos son las complicaciones que estos precios del crudo tienen para la economía rusa. A las sanciones económicas, la fuga de capitales, la enorme depreciación del rublo se le suma ahora la reducción en los ingresos por la venta de hidrocarburos.
Es bien sabido que la economía soviética, como ahora la rusa, dependía en exceso de la venta de hidrocarburos y sus beneficios subvencionaban las renqueantes economías de las democracias populares. Cuando, a mediados de los ochenta, se produjo una caída de los precios del petróleo el Kremlin entró en tan serias dificultades que terminaron con la caída del bloque soviético.
Hoy Rusia no tienen que soportar cargas semejantes a las del antiguo imperio soviético, pero es evidente que una merma en sus ingresos harán de su política exterior menos audaz y menos agresiva. Moscú cuenta con la ventaja de que su población está acostumbrada a soportar unas condiciones de vida subestándar, con lo que Putin goza de una gran popularidad a nivel interno. Pero también es sabido que por debajo de los ochenta dólares el barril las luces rojas se encienden en el presupuesto del Kremlin. Sin reserva de divisas y con rublo cada vez más débil esta perspectiva es preocupante hasta para Vladimir Putin.
Pero las consecuencias también son profundas tanto para la Europa Comunitaria como para Japón. Para ambas economías, con raquíticos crecimientos económicos, el enfrentarse con un petróleo barato puede suponer una ventaja frente a las todavía caras energías limpias. Pero también puede suponer una desventaja enorme, ya que en ambos casos los índices de precios están coqueteando con la deflación. Un petróleo barato puede significar la diferencia entre unos raquíticos índices de inflación y la caída en deflación con lo que las abultadas deudas de éstos bloques serán más pesadas, así como las repercusiones que tendrán en el consumo y el empleo.
Así pues, Estados Unidos y la decisión saudí de mantener los índices de extracción están revolucionando el tablero geoestratégico mundial. Ver qué derroteros toma la política exterior de las grandes potencias para asegurar su acceso a los recursos e impedir que sus rivales lo logren será apasionante. 

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