jueves, 18 de diciembre de 2014

Editorial: La ratonera rusa.


Dentro de los perdedores de la bajada del precio del petróleo Rusia se lleva la palma. Esta semana, cuando el barril Brent, está en torno a los 60$, los números de la Federación Rusa comienzan a tambalearse.
En los últimos dos días el rublo ha bajado su cotización un 50% respecto al dólar y ha cundido el pánico entre los reguladores de la Federación. El un desesperado intento por mantener el rublo, el Banco Central ruso subió los tipos de interés de 10'5% al 17%, pero la moneda ha seguido cayendo en picado. La situación de la economía rusa ha entrado tan en barrena que se ha abierto una página, zenrus.ru, donde se puede seguir el cambio frente al dólar, euro y el precio del barril Brent. El segundo indicador del mal estado de la economía rusa es que las tiendas están empezando a rotular discretamente en dólares o en euros. A esto se le une una leve desaceleración china, lo que provoca un descenso en la demanda de petróleo, acentuando su descenso.
La subida de los tipos de interés buscaba frenar la caída del rublo, evitando así la inflación al reducir la oferta monetaria. Pero muchos expertos han subrayado el mal paso dado por el Banco Central, ya que al reducir la oferta monetaria también reducen el crédito en una época en la que muchas empresas les está vetado el acceso a los mercados internacionales en busca de financiación. Muchas de las grandes empresas rusas tienen que hacer frente a pagos de deuda que, con la devaluación del rublo tendrán que hacer un mayor esfuerzo para pagar en dólares cada vez más fuertes. Por eso la reducción del crédito puede suponer un mayor escoyo. Aunque el estado de la deuda pública rusa es bastante saludable, apenas el 14% del PIB, corre el peligro de se viva una situación similar a la española. La deuda privada ha aumentado de 100.000 millones de dólares a 700.000 en menos de diez años y, debido a las sanciones y la falta de liquidez, podría suceder que el Estado ruso saliese al auxilio de sus grandes empresas. La alianza entre el Kremlin y los grandes oligarcas no le dejaría a Putin otra opción, produciéndose un trasbase entre la deuda privada a la deuda pública.
La otra cara de la moneda es que, de seguir esta tendencia, Rusia podría verse obligada a recurrir al Fondo Monetario Internacional, lo que provocaría la caída de su ejecutivo. La aprobación del presidente de la federación depende de la situación de su economía. Putin es popular por devolver a Rusia el orgullo y la independencia perdida tras el final de la Guerra Fría. Independencia basada en la autonomía económica que le ha permitido convertirse en un polo alternativo a Washington.
Aunque el rublo ha frenado el miércoles su caída en medio de un gran nerviosismo, la situación está lejos de calmarse. No sabemos dónde están las líneas rojas para el bienestar de Putin, ya que es difícil analizar el comportamiento de las sociedades de la esfera ex soviética bajo los mismos parámetros que occidente. Mientras en occidente una situación similar, habría terminado en elecciones anticipadas, en Rusia la población podría cerrar filas en torno a un líder fuerte, y Putin sin duda es un líder fuerte, o al menos se comporta como tal.
Ante semejante escenario el líder ruso saca pecho y está protagonizando no pocos incidentes en aguas y espacio aéreo de la OTAN. Portugal ha denunciado violaciones de su espacio aéreo. Una aeronave civil noruega casi colisiona con un mig soviético y los países Bálticos no dejan de denunciar violaciones de sus aguas jurisdiccionales. Todo ello sin olvidar las maniobras rusas en el Canal de la Mancha o la crisis del submarino ruso en aguas suecas.
¿Suponen estos incidentes un incesante recordatorio de que, por mal que esté, a Rusia hay que tenerla siempre en cuenta? Posiblemente sea así debido al conflicto latente que mantiene con Ucrania y la Unión Europea. Pero parece que esta vez occidente está venciendo sin pegar un solo tiro por la vía del poder económico: bajar los precios del petróleo e iniciar una tercera ronda de sanciones económicas. A Rusia se le está preparando, en palabras del diario El País, la tormenta perfecta: una bajada brutal de los precios del petróleo, varias rondas de sanciones económicas y una fuga de capitales no vista desde 1998. Es posible que éste sea el motivo de que Rusia saque las garras ante la ofensiva económica que está acometiendo occidente. Un conflicto localizado Este-Oeste provocaría una subida de los precios del petróleo que tanto necesita la economía rusa, a un paso del desastre. Pero pensar que Rusia está forzando un incidente internacional por motivos económicos podría parecer exagerado y típico de teorías conspiratorias. Pero, al fin y al cabo, como decía Oscar Wilde: "Todo puede cambiar excepto Rusia"

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