domingo, 1 de febrero de 2015

Editorial: Podemos, ¿una alternativa?


He tardado mucho en escribir una pequeña crónica y opinión sobre el fenómeno Podemos debido a mi consabida fobia hacia esta plataforma. Los que me conocen saben que solo he tenido críticas para los recién llegados a la política española y no quería manchar mi pequeña bitácora con exabruptos. Así que espero poder hacer un ejercicio de toma de distancia y escribir una opinión ponderada sobre el fenómeno-partido que, aunque opinión personal y subjetiva, se adapte a los principios de un debate civilizado.
En primer lugar considero que juzgar el fenómeno-partido es sumamente complicado porque tanto los líderes como los simpatizantes se mueven indistintamente en ambos planos y las críticas que se le hacen al movimiento no sirven para el partido y viceversa. Pero es precisamente esta ambigüedad la que le está dando unos frutos excepcionales en ambos campos: la del apoyo popular y el auge en las encuestas.
El grupo formado por una serie de profesores de políticas supo gestionar de una manera brillante el descontento formado en torno al 15M y las sucesivas protestas sectoriales (marea verde, blanca, etc) y los numerosos actos de protesta como rodea el Congreso. Supieron canalizar el descontento hacia una plataforma que, en sus inicios no era un partido definido. Su líder, un veterano de la política universitaria, formado en las juventudes comunistas y con un largo historial de asesoramiento en diversos ámbitos políticos así como un programa y una productora propia, comenzó a aparecer asiduamente en tertulias políticas, muchas de ellas de bajo nivel, para ser conocido por el público. Aunque había cometido la valentía de ir a medios y tertulias de extrema derecha a defender su postura, lo que le catapultó a la fama fue la aparición en el debate político de la sexta los sábados por la noche. Una tertulia de bajo calado con unos invitados de nivel mediocre que hacía cercanos los temas políticos y donde Pablo Iglesias lucía con mayor intensidad. Fue aquí, en el sálvame de los programas políticos donde el líder de podemos se dio a conocer antes de la existencia del propio partido.
Es por ello que concurrió a las elecciones europeas bajo unas siglas entonces desconocidas sin logotipo y con su cara en las papeletas para que el elector supiera a quien estaba votando. Un movimiento inteligente que le catapultó con 1'2 millones de votos a la cuarta posición. Era el comienzo de un terremoto político desconocido en el estable sistema de partidos de la democracia española. Como dijo el propio Pablo Iglesias, los resultados eran impresionantes para unos recién llegados a la política pero no se iban a conformar con eso. Su objetivo era expulsar a la "casta" de las instituciones. Como buen político, Pablo dijo una mentira rodeada de verdades para que fuese digerible. Es verdad que su objetivo es la Moncloa y que desea desalojar a los partidos tradicionales que él llama casta, pero no es cierto que sean unos recién llegados a la política.
Si nos atenemos al calificativo "político profesional" tal vez Pablo Iglesias sea el más profesional de los políticos de la escena española. Nadie hace como él ese trabajo, mide todas y cada una de sus intervenciones, se prepara todas las entrevistas, todas sus intervenciones en el europarlamento, hace, en definitiva, lo que deberíamos exigir a todos los políticos: profesionalidad.
Entonces si es tan profesional a qué vienen tantas críticas, pues al miedo y a su falta de honestidad. Según varias encuestas publicadas, aunque Pablo Iglesias es el líder mejor valorado y su partido aventaja a los demás en intención de voto, coinciden en que el líder ha moderado su discurso para llegar al poder. Tampoco tendría nada de malo, ya hemos sido testigo del "OTAN de entrada no", pero en este caso la situación es distinta en tanto que su líder no propone solo un cambio de gabinete sino un cambio de sistema. Todos los candidatos pasan de la política de intenciones a la política de realidades una vez están en La Moncloa (salvo Zapatero, tal vez) y las suspicacias que levanta podemos es que realmente lleve a cabo una revolución desde arriba cuando, a pesar de sus buenas expectativas, no goza de un apoyo abrumador de la sociedad. 
El espaldarazo del electorado en las elecciones europeas de mayo supuso el punto de partida de un ascenso que aún continúa y para ello ha contado con la inestimable ayuda de la Sexta que no pierde oportunidad de invitar a los líderes de podemos y a la torpeza de los principales partidos políticos. PP y PSOE llevan demasiado tiempo acostumbrados a tratar con líderes mediocres de uno y otro lado, de modo que no dejan de empujar a masas de votantes a los brazos de Podemos. Por tanto, de momento Podemos no tiene un voto propio abultado, sino que estamos ante un voto prestado (si es que existe tal término) debido al demérito de los partidos tradicionales. 
Pero, una vez constituido como partido, ¿Es podemos una alternativa? Es difícil saberlo porque las líderes se esconden bajo una ambigüedad calculada que, a la larga, puede perjudicarles. Por eso siempre se le pide una definición que a los otros partidos no. Porque los otros se sabe qué harán. La pregunta del millón es si la sociedad española quiere realmente la alternativa que dice representar podemos, un giro de 180º a todo lo que hemos vivido o simplemente queremos pequeños ajustes que limpien la democracia española. ¿Qué tipo de alternativa representa podemos? ¿Es socialdemócrata? Porque de ser así es más de lo mismo y no supone alternativa ninguna, solo un candidato más subido al carro de la alternancia.
Los demás partidos no sufren el acoso permanente por la definición programática que cae sobre podemos y ello es porque se sabe que tienen un programa para gestionar el actual sistema, pero podemos se presenta como alternativa al "régimen del 78", es por ello que nos debe una mejor explicación que los demás porque dicen proponer un modelo distinto no solo de hacer política, sino de organización social, su proyecto va más allá de unas meras elecciones, o eso no han querido vender. 
Es por eso que todos los partidos y el resto de la sociedad caen en pedir a podemos mayor definición. No solo porque no la hemos tenido hasta ahora sino porque su ambición así lo exige. La ambición de un "cambio de régimen" exige mayores explicaciones que una soflama, sino a la larga puede caer en el fracaso. 
A pesar de la torpeza con que se ha criticado a la nueva formación, su proceso constituyente no ha sido todo lo asambleario que hubieran deseado los más creyentes. Pablo sabe que solo un partido monolítico con una ejecutiva y un planteamiento tradicional puede vencer las elecciones. "Con Yes secretarios generales no se vence a Rajoy ni a Sanchez" apostilló en el congreso fundacional del Partido. Así pues, el movimiento se hizo un partido más, con grandes posibilidades, pero uno mas al fin y al cabo. Estamos viendo la larga mano de la ejecutiva a la hora de poner candidatos más allá de las "asambleas ciudadanas" y así debe ser si quieren copar cotas de poder y no caer en la irrelevancia de un movimiento asambleario. 
Si la democracia, como decía Winston Churchill, es el peor de los sistemas exceptuando todos los demás, tal vez Podemos, ha pasado de ser un movimiento nuevo e ilusionante a ser el peor partido, exceptuando todos los demás para poder llegar a la Moncloa. Si ésta metamorfosis para logar captar al electorado de centro sin perder a los que ya tenía de partida es algo que está por ver y que marcará el éxito de su proyecto.
Pero aunque hay una calculada ambigüedad por parte de todos los dirigentes de podemos hay ciertos puntos flacos o ciertas apuestas que pueden salirle realmente mal a la nueva formación.
¿Será capaz Podemos de mantener el discurso del cambio de régimen durante el año y medio que esta terciando entre las europeas y las generales del 2015? Aguantar un ritmo de movilizaciones tan largas es el primero de los retos que tiene Podemos por delante. Aún no hay fecha para las generales y, según la Constitución, el PM puede retrasarlas hasta enero del 2016 para conseguir sus objetivos: quemar la única baza de podemos, su líder. 
Sin duda, Pablo Iglesias es la gran baza de Podemos, tanto que hasta han colocado su cara en las papeletas de las europeas, los demás no solo no están a su altura, sino que la sospecha de mala praxis o la sombra de corrupción planea sobre la segunda fila del partido. Errejón ha cobrado una beca/contrato bajo unas circustancias cuestonables. Juan Carlos Monedero ha facturado como asesor algo más de 400.000 € a través de una empresa ad hoc para pagar menos que un particular y sin pasar por el filtro de la universidad, algo que ha criticado repetidamente el líder de Podemos. De todos ellos, Pablo Iglesias es sin duda el de mayor carisma y que mejor se desenvuelve en los medios, pero lo que es una ventaja se puede tornar un inconveniente por sobre exposición. Lo que antes era una sobre exposición táctica, ahora que su segunda fila está bajo sospecha, es obligada y puede llevar a quemar al líder de la nueva formación. Queda demasiado para las generales, objetivo último de Podemos y único de Pablo Iglesias y una sobre exposición del líder podría hacer mella de aqui a los comicios. De hecho Pablo Iglesias ya ha anulado en varias ocasiones entrevistas tras los apuros sufridos ante Ana Pastor y Pepa Bueno que mostraron los agujeros en el programa de Podemos. Hace una semana el líder de Podemos sufrió el acoso de los periodistas en el programa del que era contertulio y pareció un hombre en apuros a la defensiva intentando defender a sus colegas. 
Otra apuesta de Podemos que evidencia que la Moncloa es prácticamente su único objetivo es el hecho de que no se presentan a las elecciones regionales y municipales. Se han escudado tras candidaturas variopintas que el partido apoyará o no. Es una forma hábil de evitar identificaciones y líderes oportunistas que se suman a las buenas expectativas de Podemos, pero también pueden pasar a ser una formación poco relevante ante el racimo de siglas y eslóganes bajo los que se esconden en cada localidad. Aunque todo indica que el PP perderá muchas mayorías absolutas y concejales en estos comicios, dudo que pierdan poder municipal ya que se enfrentarán a un bloque de izquierdas dividido que al final les hará ser la fuerza más votada en muchos ayuntamientos. 
Las elecciones anticipadas en Andalucía, convocadas por Susana Díaz en un audaz movimiento, es una oportunidad para probar su poder regional. El problema es que Podemos no existe en Andalucía y la candidata está poco asentada. Teresa Rodríguez, proveniente de la izquierda anticapitalista, tiene una previsión del 15% de los votos. Aunque eso aleja a Susana Díaz de la mayoría absoluta también aleja a cualquier otro partido que no sea el PSOE para formar gobierno. La misma dispersión de votos que podría beneficiar al PP en las generales parece que beneficiará al PSOE en Andalucía. Y que Podemos comience su súper año electoral, su paseo triunfal, con una derrota podría hacerle perder el paso de forma importante si en mayo no suma alguna alcaldía importante a su aún inexistente cota de poder. 
La otra gran apuesta de Podemos es el matrimonio contraído con Syriza al que no solo ha apoyado sin fisuras, sino que han votado juntos en repetidas ocasiones en Bruselas apoyando a Putin, entre otros asuntos. Podríamos estar ante otra apuesta arriesgada de Podemos, porque si las reformas que está llevando a cabo Syriza terminan en desastre, el electorado español podría ver un espejo de lo que podría ser la gestión de Podemos. Podría resultarle bien, pero viendo las primeras medidas del ejecutivo Heleno de momento no lo parece. Y como he dicho, aún queda demasiado para las elecciones generales para que Podemos sea víctima de sus contradicciones y alianzas, claro que siempre podrá contar con la inestimable ayuda de los partidos tradicionales que le sirven en bandeja munición política. 
A pesar de que la victoria sea un premio que lo merece todo, no deja de ser decepcionante saber que tu formación política y el valor que tienes como líder se deba más a los deméritos de otros que a tus propios méritos. 
Personalmente creo que una frase de Bertrand Russell define a Pablo Iglesias y su partido: "Mucho de lo que aparenta ser idealismo es un amor encubierto al poder"

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