viernes, 22 de julio de 2016

Editorial: el PSOE no se puede arrinconar


Después de la breve XI legislatura parece que los partidos han arrinconado la hipótesis de una nueva repetición de elecciones. Una repetición electoral estaba en las quinielas de todos los partidos en enero, principalmente del PP y Podemos que esperaban sacar réditos de la polarización en nuevos comicios. Al final solo uno de ellos disfrutó del éxito de tal hipótesis. Pero en este caso en la mente de todos está alejar el fantasma de la repetición electoral. Sería un desastre político nacional e internacional. Pero ello no impide que este desastre sea una baza negociadora. En este caso aparecer como el responsable de unos terceros comicios podrían suponer la muerte de un partido político. 
Con todo, parece que los partidos han desempolvado sus maquinarias y hasta Podemos ha dejado la cantinela de negociaciones en Streaming para, de forma más secreta de lo que había defendido a principios de año, lanzarse a negociar. 
Esta semana ha tenido lugar la configuración de las Cortes y, con ella, de sus órganos rectores. De los cuales el de mayor trascendencia, por tratarse de la tercera magistratura del Estado, es la Presidencia del Congreso de los Diputados. Aunque hasta ahora se trataba de un cargo simbólico, el final del bipartidismo como lo conocíamos ha devuelto al Parlamento el protagonismo, por eso el partido que controle sus tiempos se anota un importante tanto. 
No solo eso, a nadie se le escapa el hecho de que las negociaciones sobre la presidencia de la cámara van íntimamente ligadas a la investidura de un PM, así que los partidos jugaron sus cartas en este sentido. 
El PP maniobró muy bien, aparentemente. Se quiso reservar el control de la cámara y lo ha conseguido. Ha colocado a un cercano colaborador de Rajoy en la presidencia y se ha asegurado el apoyo de Ciudadanos para ello. Así, el centro-derecha se asegura cinco de los nieve miembros de la mesa, incluyendo dos puestos para Ciudadanos.
Ciudadanos ha salido muy bien parado de esta negociación. Personalmente creo que el que más. Sin tener derecho a un solo puesto en la mesa debido a su merma electoral, Cs se hace nada menos que con la vicepresidencia primera y una secretaría. El PP cedió semejante botín ante la esperanza de que Cs tornase su abstención a Rajoy por un SI y trasladase al PSOE la presión de la investidura. No pocos barones socialistas habían hecho público que sería muy difícil decirle NO a Rajoy si éste se presentaba ante la cámara con 170 votos afirmativos. 
El PSOE, por el contrario negoció, según mi opinión, francamente mal. Sánchez parece haber copiado la estrategia que tan bien le salió a Rajoy durante la pasada legislatura. Desde la noche electoral ha desaparecido para que los focos se centrasen en el PP, cuya victoria le otorga la iniciativa de formar gobierno. Personalmente hasta aquí no me parecía mala estrategia, puesto que tanto Podemos como el PP seguían volcando todo tipo de responsabilidades hacia el PSOE. El PP la abstención y Podemos la iniciativa para formar un gobierno alternativo. 
El cálculo del PSOE, con el que coincido, es que el PP forme gobierno y, a ser posible, con otros apoyos que le permitan salvar la cara con un voto en contra. Así el PSOE se asegura la legitimidad de liderar la oposición (legalmente ya lo es al ser el segundo partido) y relega a Podemos a mero tercer partido. Muchos pensamos que la normalidad parlamentaria, lejos de asegurar a Podemos como alternativa según defiende su líder, lo va a desgastar enormemente. La retahíla de fracasos parlamentarios que ha cosechado durante su breve estancia en el parlamento indican un amateurismo que afianza esta hipótesis. 
Pero a mi entender, el PSOE encaró muy mal las negociaciones para la formación de la mesa del congreso. Partió de premisas falsas y por ello el resultado de las negociaciones terminó en fracaso.
La primera de las falsas premisas fue creer que Podemos era un partido fiable, nada más lejos. Podemos es un partido que solo puede crecer a costa del PSOE. Los dos partidos no pueden ocupar el mismo espacio político a la vez, así que el futuro de uno pasa irremediablemente por el fracaso del otro. Pablo Iglesias sabe esto muy bien. Por eso cuando el PSOE estaba negociando con Errejón la configuración de la mesa del Congreso, Iglesias se preparaba para pactar con los nacionalistas su propio candidato: Xabier Doménech, colocando así al PSOE ante la tesitura de votarles a ellos o aceptar el candidato del PP. Hay que decir que el PSOE pecó de novato pensando que en Podemos Errejón sigue siendo un interlocutor válido. Después de la purga de Enero y de ver cómo Iglesias no tuvo escrúpulos en puentear a su número dos, los socialdemócratas han constatado lo difícil que resultan los contactos con la formación morada. 
Por su parte, Podemos pecó de novato pensando que los nacionalistas iban a dejar de lado su ideología para echarse en brazos de la nueva política. De ahí la sorpresa del profesional politólogo Pablo Iglesias al ver que la derecha Catalana y Vasca pactaba (a cambio de grupo parlamentario propio) con la derecha Española. 
Lo que es menos comprensible, desde mi punto de vista, es la poca pericia del PSOE. Los socialdemócratas sabían que, a pesar de contar con una supuesta buena voluntad de Podemos, los números no daban para sacar adelante a Patxi López y menos sin ayuda de los grupos nacionalistas. Así que, no comprendo que el PSOE haya optado por una automarginación dejando espacio a Iglesias para hacer su propia política. 
El PSOE pecó de ingenuo pensando en que era posible un pacto con Cs y Podemos a la vez para reelegir a López. Cualquier observador ya tendría bastante claro que, tras fracasar la investidura de Sánchez, ambos partidos eran por completo incompatibles. Intentar repetir semejante movimiento es de necios. 
El propio Iglesias se dio cuenta de que los números no daban cuando, en un intento de última hora,  buscó el apoyo recíproco del PSOE para apoyar al candidato que pasase a segunda vuelta. El PSOE respondió airadamente que su candidato era Patxi López pasase lo que pasase. Semejante respuesta evidencia el malestar entre los socialdemócratas por la jugarreta de Iglesias. 
El hecho de que el PSOE haya desechado intentar formar un gobierno alternativo es otra de las consecuencias de esta falta de confianza hacia Podemos. ¿Qué clase de alianza se puede forjar con un partido donde, a la mínima, su líder actúa por su propia cuenta ignorando a su propio negociador y a su supuesto socio?
Así pues, configurada la mesa del congreso se ve el gran triunfo de Ciudadanos y lo precario del pacto del Partido Popular. El acercamiento a grupos nacionalistas parece estar espantando a Ciudadanos que ha amenazado a Rajoy pasar de la abstención a la negativa en su inestidura si sigue en manos de los nacionalistas. Con lo que la pelota vuelve otra vez al tejado del PSOE. Por eso creo que lo más hábil por parte de los conservadores hubiera sido dejar la presidencia para los socialdemócratas y una vicepresidencia a Cs de manera que atase a ambos lados del espectro ideológico. Si al final como parece todo reside en una abstención del PSOE, la presidencia del Congreso hubiera sido un caramelo que podría hacerla algo más digerible. Ahora con dos mediocres puestos en la mesa y apeado de la presidencia parece que el voto negativo de los socialistas se ha afianzado, alejando la posibilidad de una abstención. 
De esta situación es también responsable el propio PSOE que ha optado por negociar con quien sabía no daban los números y desechar una opción similar a la de la legislatura pasada. 
El Partido Socialista no solo es el líder de una futurible oposición, sino que debe actuar como tal y no debe dejarle ese espacio político a Podemos. Iglesias es muy hábil y sabe que se encuentra en una posición marginal del Congreso, fuerte pero apartada de las negociaciones. Si el PSOE quiere que el trabajo parlamentario termine de achicharrar a quien es su enemigo político (declarado) debe dejarle el menor margen posible. 
La ingenuidad de los socialdemócratas al negociar con Podemos dejó en evidencia su derrota. Aunque también evidenció que la división dentro de la formación morada está lejos de solventarse, puesto que según parece, Iglesias llevó a cabo negociaciones paralelas sin el conocimiento de su número dos. 

lunes, 11 de julio de 2016

26J


El pasado 26 de junio la ciudadanía fue llamada a las urnas después una brevísima e infructuosa XI legislatura.
Muchos han tildado esta segunda convocatoria electoral como fracaso de la clase política al devolverle la pelota a la ciudadanía. Estoy de acuerdo a medias. Sí es un fracaso de clase política que no supo ponerse de acuerdo para sacar adelante un ejecutivo. Pero no coincido con quien aseguraba que eran seis meses perdidos. En mi opinión los seis meses de la XI legislatura hicieron que los electores acudiesen a las urnas habiendo dilucidado una serie de incógnitas que sobrevolaban la política en diciembre.
Por un lado la estrategia del PM de no moverse resultó ser un auténtico éxito. Emulando el consejo que Cela le dio a un joven Juan Carlos, en España quien aguanta gana, Mariano Rajoy sacó el mayor de los provechos de estarse quieto. En primer lugar no se expuso a una sesión de investidura que habría supuesto un plebiscito sobre su gestión, así que prefirió que fuesen otros los que se chamuscasen.
El PSOE se expuso al aceptar el encargo del Rey para formar gobierno. Los socialistas vieron una ventana de oportunidad para acceder al gobierno y, de no hacerlo, al menos sería visto como el único partido responsable que dio un paso al frente cuando se avecinaba una parálisis institucional.
Ciudadanos se sumó a la estrategia del PSOE y, consensuando un programa de mínimos, de puso el traje de la responsabilidad institucional mientras el PP le seguían cayendo escándalos en Valencia.
Podemos, por su parte, siguió la estrategia de la oposición de la oposición. Sus resultados aunque buenos en diciembre no habían conseguido la tan ansiado sorpasokización. Es decir, sobrepasar al PSOE por la izquierda y, con ello, arrinconar a los socialdemócratas a la irrelevancia política. Así que su cálculo era evidente, forzar unas segundas elecciones en busca de una nueva oportunidad. Intentó desgastar al PSOE todo lo que pudo en las negociaciones para hacer ver al electorado que era su alianza con ciudadanos la que había arrastrado al país a unos nuevos comicios.
La estrategia de Podemos era el ser visto como la auténtica oposición al PP, mientras el PSOE se había centrado demasiado de la mano de ciudadanos.
Y así se convocaron nuevas elecciones para el 26J
Tanto la precampaña como la campaña se polarizaron en exceso. Parecía haber solo dos opciones, o bien el continuismo de la derecha del PP, o bien un cambio político que sólo podía ser capitaneado por Podemos. Los socialistas estaban amortizados, habían propuesto un gobierno de centro que fue dinamitado por populares y podemos. Cada uno en busca de los réditos electorales de unos nuevos comicios.
Así pues, la campaña de junio puso al PSOE y Ciudadanos entre la espada y la pared del voto útil. No resultaba útil votar ni a uno ni a otro, votar ciudadanos era tirar el voto por la derecha y el PSOE no representaba el cambio que amplias capas de la sociedad deseaba.
Podemos por su parte, para aprovechar esta segunda oportunidad, no desechó la alianza con Izquierda Unida que sí había despreciado en verano. Los cálculos de Iglesias era, al menos, sumar el millón de votos que IU había cosechado el 20D y que, gracias a la ley D'Hont, haría caer los diputados en liza del lado de Podemos. Así pues firmó una alianza con IU que relegaba a ésta última a un puesto secundario, a cambio de asumir la millonaria deuda de IU.
Éstos planteamientos fueron alimentado por la totalidad de las encuestas que auguraban el sorpasso de Podemos en votos al PSOE, aunque en escaños no estaba nada claro.
La unanimidad de las encuestas en esta cuestión polarizó la campaña aún más y arrinconó al PSOE en la disyuntiva de apoyar un gobierno del PP o bien ser la comparsa de Unidos Podemos en un gobierno "del cambio".
La pericia de Iglesias se basó en dos hazañas, la primera es que todos dimos por hecho el sorpasso y la segunda fue juntar 16 partidos en su alianza de manera que recogía votos de muy diversas fuentes.
El PSOE hizo una campaña mediocre debido a este acoso por izquierda y derecha. Y Sánchez hizo lo único que podía: evitar a toda costa responder a quién iba a apoyar en un futurible gobierno y actuar como lo que aún era: el principal partido de la oposición. Quién iba a decir que descargar la responsabilidad de unas nuevas elecciones en iglesias y podemos daría resultados. La machacona cantinela de Sánchez responsabilizando a Iglesias de no lograr un cambio en el ejecutivo terminó por traducirse en la abstención de más de un millón de votantes de podemos.
En esto Podemos y PP coincidían. El PP conseguía alejar los focos de los cuatro últimos años para centrarlos en la gestión del PSOE de los seis últimos meses, y Podemos con ello podía presentarse como la única alternativa al PP.
Al final, el 26J le dio la razón a solo uno de ellos: al PP.
Los resultados electorales evidenciaron dos fracasos: el primero de ellos atañe a todas las encuestas. Todas sin excepción se equivocaron y la única fiable fue el resultado de diciembre. Resulta que el PP no bajó, todo lo contrario, ganó 14 escaños. El PSOE aguantó mejor de lo esperado y no hubo el tan cacareado sorpasso. El segundo gran fracaso de la noche fue el de la alianza de UnidosPodemos. Todo parecía indicar que, por lo menos, ambas formaciones se quedarían con los mismos votos, con los que Iglesias sumaba a los suyos y las confluencias otro millón más de IU. 
Por tanto, por una vez en las elecciones generales no todos ganan. Hay un claro vencedor y fracasos estrepitosos dignos de comentar.
El vencedor de la noche fue el Partido Popular. Sin paliativos. Mariano Rajoy, visiblemente afectado, salió al balcón de Génova 13 a celebrar unos resultados que mejoran los de diciembre. Su estrategia de no hacer nada, esconder al candidato y polarizar el voto le había dado resultado. Aunque no creció mucho en número de votos, sí tradujo en diputados el voto recuperado a Ciudadanos. Aquí pesó más el voto útil que la cascada de escándalos de corrupción que no dejaron de salpicar al PP durante la breve legislatura. Reconozco que, en esta misma bitácora, critiqué el inmovilismo del PM, pero a la vista de los resultados se ha mostrado una estrategia ganadora. 
Si las opciones de formar un gobierno alternativo eran reducidas en diciembre, ahora son prácticamente inexistentes.
Es difícil imaginar un ejecutivo que no pase por el Partido Popular que no nos aboque a una nuevas elecciones.
El Partido Socialista salva los muebles. Aunque ha cosechado los peores resultados (otra vez) de la historia de la III Restauración, a nadie se le escapa que, dado lo que se le venía encima, ha salvado muy bien los muebles. Hecho que dará alas a Sánchez para continuar en la secretaría general a pesar de sus magros resultados. Ha descendido solo unos cien mil votos, pero que curiosamente se ha traducido en unas décimas más del electorado. Con 85 diputados, cinco menos que en diciembre, el PSOE vuelve a ser el árbitro de la situación política, pero sin opciones a intentar una nueva investidura. Sánchez desechó tal opción la noche electoral descargando la responsabilidad de un nuevo ejecutivo conservador en la actuación de Iglesias y Podemos durante la XI legislatura. Los distitos líderes territoriales avalaron tal opción cerrando todas las puertas a una negociación con Podemos, mientras el líder del PSOE hizo lo mas cabal, desaparecer. Si al PM le dio tan buen resultado, él mismo sigue sus pasos. Personalmente creo que es la mejor opción. La responsabilidad de edificar un ejecutivo le corresponde al PP y a Mariano Rajoy, la exposición de Sánchez y del PSOE no sirve de nada y erosionaría al partido. Así que es mejor dejar que quien ha ganado las elecciones lo intente y quienes las han perdido se achicharren ante la luz de los focos.
Por otro lado, Podemos fue el gran perdedor de la noche electoral. Aunque en escaños se quedan como estaban (69 de Podemos, compromís, mareas, comú-podem+Unidad Popular-IU) en votos se dejan algo más de un millón. Sólo la alianza con IU hizo que la ley D´Hont no tradujese esa pérdida de votos en un descalabro en escaños. Una doble derrota que el propio Iglesias achacó a que, por primera vez, los electores iban a votar con memoria de lo sucedido en la brevísima XI Legislatura.
Pero como digo muy a menudo, en política los éxitos y los fracasos se miden en función de las expectativas. Las de Podemos eran dos, adelantar al PSOE y convertirse en la fuerza hegemónica de la izquierda y forzarles a pactar con ellos para alcanza la Moncloa. Iglesias entró en el teatro Goya desde el de siguió el escrutinio como PM y salió como líder del tercer partido(s). A pesar de no perder escaños, Podemos no ha conseguido ninguna de sus objetivos. Se abre con este doble fracaso un futuro incierto para la formación morada.
Muchos pensábamos que Podemos era un arma de un solo disparo que tuvo la suerte de tener una segunda oportunidad. Ha fallado en ambas ocasiones situando a su partido en la marginalidad del espectro político. Se está viendo en estos días que el portazo del PSOE a cualquier dialogo con Podemos les está situando en la irrelevancia y que su supervivencia como terceros partidos de la oposición se antoja muy complicado. Veremos si las confluencias aguantan en el seno de Podemos. Por el momento Compromís ha reiterado su voluntad de irse al grupo mixto de no conseguir grupo parlamentario, algo que es casi seguro que no logrará. Si la legislatura dura, se pondrá a prueba la resistencia de las alianzas de podemos, porque recordemos que IU+Podemos tienen 45 escaños y tres millones y medio de votos si las confluencias comienzan a abandonar el barco.
Se leía en la prensa que el fracaso de Podemos pone en tela de juicio el liderazgo de Pablo Iglesias y es una verdad a medias, porque si la repetición de elecciones fue una apuesta personal suya en busca del Sorpasso, no es menos cierto que no hay vida en Podemos más allá de Pablo Iglesias. La mayor virtud del partido es, a su vez, su mayor debilidad y ésta reside en el hiperliderazgo de Pablo. Pero es que hoy por hoy no hay ninguna figura dentro del partido que que pueda ejercer el liderazgo y atraer la fascinación que ejerce Pablo Iglesias.
Ciudadanos fue el otro gran perdedor de la noche, aunque en votos solo retrocedió trescientos mil, eso se tradujo en una pérdida de ocho escaños. Probablemente se tratase del voto prestado del PP que retornó al redil ante la repetición electoral en busca del voto util. Tal vez el pacto con el PSOE le lastrase y para eso muchos votantes prefirieron retornar al PP. Pero lo que parece más evidente es que los treinta y dos escaños de Ciudadanos son más decisivos ahora que los cuarenta de la pasada legislatura. Casi la totalidad de los analistas dan por descontado una alianza entre Cs y el PP para la investidura, acercando a Mariano Rajoy a la mágica cifra de 176 escaños. Veremos quién más se sube al carro. 
Como culebrón de verano, estará más interesante que los devaneos del defraudador Messi o los fichajes de Florentino. 

lunes, 4 de julio de 2016

Brexit


La semana pasada se confirmó lo que parecía una posibilidad muy plausible pero que había ido perdiendo fuerza en las encuestas. El Reino Unido votó por la salida de la Europa Comunitaria y se lanza al abismo donde se encuentran Bielorrusia, Albania o Serbia.
Una semana después del referéndum está quedando bastante claro que todo lo que le rodea fue, es y será un completo desastre. Pero vamos por partes.
La propia convocatoria del referéndum fue un desastre sin paliativos y respondió solo a problemas internos, no ya del Partido Conservador británico, sino de la figura de su PM. David Cameron había ganado las elecciones por mayoría simple en 2010, algo muy inusual en el sistema mayoritario británico que no se había dado desde los años 70. Esto situó al PM en una situación de debilidad en su propia bancada al obligarle a pactar un gobierno en minoría con los Lib-Dem mientras la extrema derecha eurófoba amenazaba con restarle votos. Parte importante de la bancada conservadora veía con buenos ojos el ideario (por llamarlo de alguna forma) anti europeo y antiinmigración del UKIP, así que el PM cometió el común error de adueñarse de la agenda del UKIP para intentar neutralizarlo. Eso le llevó a la promesa de un referéndum que se celebraría antes de 2017. Referéndum que no era una demanda de la sociedad, solo una fuente de inestabilidad personal del PM. 
Y es que David Cameron es, sin duda, un personaje con suerte que salió por los pelos del atolladero del referéndum escocés y pensaba que con esta consulta enterraría la cuestión euroescéptica durante los siguientes treinta años. Contra todo pronóstico Cameron ganó las elecciones de 2015 con una mayoría absoluta muy fuerte y se enfrentaba a un partido Laborista que había elegido un líder, Jeremy Corbyn, sin ninguna posibilidad de ganar unas elecciones. Pero David había prometido un referéndum y la parte eurófoba de su bancada se lo demandó. 
Negoció con Bruselas un nuevo acuerdo de relación bilateral sumamente ventajosa con Londres que levantó no pocas ampollas en los círculos comunitarios. 
Londres blindaba la City como principal plaza financiera del continente y seguía siendo sede de las compañías de compensación que convierten los títulos en euros. Conseguía un importante recorte en la solidaridad europea al recortar el acceso a derechos sociales de ciudadanos comunitarios. Por si fuera poco, se le prometía a Londres eliminar del preámbulo de los Tratados de la Unión la muy simbólica frase de "Con el fin de alcanzar una unión más estrecha".
Se trataba de una serie de concesiones enormemente generosas con el Reino Unido que permitía al PM lavar la cara y pedir el voto por la permanencia. Pero eso no impidió que el propio partido conservador se fracturase durante la campaña. Estaba bastante claro que el popular alcalde de Londres, Boris Johnson, iba a sumarse a la campaña del Leave por motivos personales. No creo que Johnson esté realmente a favor de el Leave o de nada en absoluto, lo hizo como un medio para sustituir a Cameron en Downing Street. A éste se le sumaron algunos miembros destacados del gabinete como el ministro de justicia Michael Gove. 
Pero los referéndums los carga el diablo y, al haber solo dos opciones posibles de voto, polariza mucho el debate político y suelen centrase en los sentimientos más que en argumentos racionales, algo que entendió muy bien la campaña del Leave.
El proceso del referéndum fue también un desastre sin paliativos aunque lo descubriésemos el día después de su celebración. Se dijeron mentiras y muchas medias verdades, sobre todo en el bando del Leave. La alineación de la gran banca y empresa hizo muy fácil al UKIP apelar a las clases populares más castigadas por la globalización que la mejor opción era regresar en una burbuja a 1950 cuando Inglaterra todavía era un imperio, una auténtica quimera. 
El segundo argumento era que el Reino Unido perdía más de lo que ganaba estando en la UE. Farage prometió en repetidas ocasiones que con lo que UK dejaría de aportar al presupuesto comunitario, se podría inyectar cien millones de Libras a la semana en el sistema nacional de salud y en educación. Algo que él mismo desmintió al día siguiente. 
El tercer argumento es el control de las fronteras. Los Británicos recuperarían el control de sus fronteras, como si no las controlasen ya al estar fuera de Schengen; sea como fuere hoy día es la colaboración con Francia la que frena la inmigración ilegal. Se defendió que Turquía estaba a las puertas de entrar en la UE con toda la inmigración que ello podría suponer, nada más falso, ya que Turquía sigue en espera desde los años sesenta. 
A la fuerza emotiva y los pesos pesados de la campaña del Leave, se le unió la apatía de los Laboristas. Los resultados han mostrado que fueron las grandes bolsas obreras, feudos laboristas, donde la balanza se había inclinado hacia la salida. El partido laborista y su líder, Jeremy Corbyn, defendió la permanencia pero sin ninguna fuerza. Los únicos laboristas que se pasearon por los platós e hicieron una buena campaña fueron Tony Blair y Gordon Brown, pero la impopularidad del primero y la tardanza del segundo a salir a la palestra hicieron del esfuerzo insuficiente. 
Los partidarios conservadores del Remain se centraron en los fríos análisis económicos y fueron víctimas de las propias mentiras que sobre la UE llevan décadas vertiendo. Distintos gobiernos llevan ocultando al público británico que esas zonas deprimidas que optaron por el Leave llevan años recibiendo fondos europeos, fondos que hoy mismo George Osborne dijo que sería imposible sustituir. 
Los pescadores británicos gozan de la segunda mayor cuota de pesca de la UE y ahora están en vías de encontrarse fuera de los caladeros comunitarios y extracomunitarios donde tendrán que abordar largas negociaciones bilaterales. 
Pasado el referéndum se evidenció que no había ningún plan solvente para gestionar el Leave. El propio Boris Johnson declinó festejar su victoria y solo el inconsciente descerebrado de Nigel Farage lo celebró como una fiesta de independencia. Esta semana el Reino Unido se mueve cual gallina sin cabeza. La política interna está impregnada de un enorme caos, los principales partidos están descabezados o en grave crisis interna, la libra en caída libre y la economía ha iniciado una senda incierta.
A pesar de que el PM dijo que no tendría por qué dimitir de ganar el Leave, la misma mañana del resultado salió a anunciar su dimisión en diferido para otoño, de manera que sería otro líder quien acometiese la labor de iniciar el divorcio europeo. 
Parecía que Theresa May se enfrentaría a la estrella conservadora que capitaneó la campaña del Leave, Boris Johnson, pero resulta que el Brexit también dejó a los conservadores como pollo sin cabeza. El ministro de justicia Michael Gove parece haber dado un golpe palaciego y después de asegurar que apoyaba a Johnson ha propiciado la renuncia de a postularse. 
Los laboristas no están en mejor situación. Podría haber sido oportunidad de oro para un partido que venía apoyado la permanencia a la UE y con alguno de los PM más eurofilos de la política británica. Pero la tibia campaña de un líder que nunca fue aceptado por sus parlamentarios es su estocada final. Durante la presente semana, Jeremy Corbyn perdió una importante moción de confianza sobre su labor como líder de los laboristas. Corbyn había ganado unas primarias abiertas pero siempre contó con el recelo de sus propios diputados. Esta semana la moción y la dimisión del 40% de su propio gabinete en la sombra le sitúa en una posición insostenible. 
A la política de partidos se le ha sumado una fractura territorial. El voto por el Leave se ha concentrado en Inglaterra y Gales, pero Irlanda del Norte y Escocia optaron mayoritariamente por el Remain. Irlanda del Norte no tiene frontera alguna con la república de Irlanda y sus relaciones comerciales y sociales son, tras años de conflictos, fluidas y fructíferas. Unas relaciones que van a cambiar muy a su pesar. En qué medida afectará a la isla en su conjunto está por ver, pero ambas partes es muy consciente que la amenaza de levantar una frontera física existe.
Más grave es el caso de Escocia. Los escoceses fueron a las urnas el año pasado y votaron, por la mínima, seguir formando parte del Reino Unido. Uno de los argumentos más manidos en la campaña fue que la independencia escocesa los dejaría automáticamente fuera de la UE. Ésta región de la isla siempre ha sido más eurfila que su vecina del sur y este argumento inclinó la balanza a favor de mantener al unido al Reino. Así que ahora los escoceses se encuentran en la macabra ironía de que se pueden quedar fuera de la UE por la salida del país en su conjunto. Así que, el mismo día de la elección, el fantasma de un segundo referéndum ha sobrevolado la política interna británica. La ministra principal de Escocia ha argumentado, con razón, que el voto de los escoceses para seguir en Reino Unido estaba condicionado a la permanencia en la UE y que el Brexit había cambiado la situación radicalmente. Por ello ya ha anunciado la petición de un segundo referéndum. 
A la caótica situación política se le está uniendo el pánico económico. Las bolsas continentales y el FTSE habían cerrado al alza en los prolegómenos de la consulta ante unos sondeos que daban ventaja a la permanencia. 
La apertura de las bolsas tras el resultado dieron lugar a un batacazo generalizado. La libra se despeñó hasta posiciones de los años ochenta en una sola jornada. Las bolsas continentales bajaron de forma general con especial incidencia en Milán y Madrid que se dejó casi un 20%. 
La economía se verá lastrada hasta que no se concreten los términos del divorcio con Bruselas y, hasta en eso hay diferencias con Bruselas. 
La reacción europea no se hizo esperar y, aunque hubo diferencias en el tono, el mensaje es el mismo: fuera es fuera y el PM debía iniciar cuanto antes la senda del traumático divorcio activando el artículo 50 de los Tratados de la Unión. Los más duros fueron el Presidente de la Comisión, el Presidente francés y el presidente del parlamento Europeo. Instaron a Cameron a iniciar cuanto antes el divorcio para acabar con la inestabilidad creada. Todo ello aderezado por el resquemor que el euroescepticismo británico había hecho al proyecto europeo a lo largo de estos años. El Presidente de la Eurocámara fue el que con más optimismo acogió la noticia como una oportunidad para, por fin, iniciar una integración siempre vetada por Londres. 
La más tibia fue ANgela Merkel que, aunque deseaba una relación fructífera entre ambos, se unía a sus colegas en el mensaje de premura para iniciar las negociaciones. 
El profundo malestar entre las autoridades comunitarias viene de lejos, pero se había intensificado significativamente tras el excepcional acuerdo ofrecido a Londres para su permanencia. Muchos altos funcionarios y el mismo Juncker habían declarado inaceptables para el proyecto europeo semejantes concesiones. 
Los conservadores deberán elegir al sustituto de Cameron que llevará el peso de las negociaciones. La mejor posicionada es Theresa May, Ministra de Interior, que había defendido un racional Remain por cuestiones policiales. La lucha contra el terrorismo global que ya ha azotado Londres, requiere de bases de datos unificadas y órdenes de detención continentales como la Europol del que Londres quedaría excluido. No obstante, dado que este tema es sumamente sensible no es decartable que sea el primero sobre el que ambas partes lleguen a un acuerdo satisfactorio. 
Se abre ahora un proceso muy incierto que podría dilatarse dos años prorrogables a cuatro. Paralelamente al divorcio la UE deberá acometer profundas reformas don de se consolide una Europa a dos velocidades que ya existe de facto. Una Europa con instituciones más cercanas a la ciudadanía, en esa dirección se ha posicionado Martin Schulz que ha propuesto la existencia de una Comisión directamente elegida por el electorado. Éstas y otras propuestas comenzarán a plagar la prensa continental de aquí en adelante. 

sábado, 30 de abril de 2016

XI Legislatura, breve pero intensa.


Tras la investidura fallida del candidato del PSOE, Pedro Sánchez, SM el Rey ha recibido por tercera vez a los representantes de los distintos partidos políticos para sondear una salida que no rematase la XI legislatura, pero sin éxito. Pedro Sánchez sabe que no cuenta con más apoyos de los que contó en febrero y el PM en funciones no quiso, una vez más, someterse a un linchamiento público en el Congreso. Por ello el Rey declinó nombrar a un nuevo candidato a PM. Estamos pues en los minutos de descuento de la legislatura hasta que, el 3 de Mayo se publique en el BOE el decreto de disolución de Cortes y la convocatoria de nuevas elecciones para el 26 de junio.
Algunos medios de comunicación han repetido machaconamente que es el fracaso de la clase política, que lo es. Pero tampoco creo que sea para tanto repetir las elecciones por caro que sea por dos cuestiones.
La primera de ellas es que no seguimos en diciembre. Durante estos cinco meses el electorado ha visto cómo actuaban y se movían los nuevos partidos y cómo se enfrentaban los viejos a la pérdida de su hegemonía. Los viejos partidos tuvieron una actitud más predecible, el inmovilismo del PM es legendario y fiel a la doctrina sentada por Cela de que en España quien aguanta gana, se decidió a no hacer nada a la espera del desgaste de sus adversarios. Y puede que le haya salido bien. Mariano está esperando que la Moncloa le caiga cual manzana madura, parece que tendrá que esperar a unos nuevos comicios pero visto lo visto los encara con mayor amabilidad de lo que pudiera parecer en febrero. El PSOE por su parte, parece que se supo mover con más audacia y actuar, al menos en apariencia, conforma a la nueva política. Buscó un pacto de legislatura y lo sometió a su militancia, algo nunca visto en el partido. 
Ante una repetición electoral, la abstención suele ser mayor ante el cansancio de la ciudadanía. El éxito se medirá según dónde se cebe más esta abstención. En ese escenario, todo parece indicar que el PP sale beneficiado, con una cota de lealtad de voto más alta, la abstención podría suponerle un puñado de escaños incluso con los mismos votos que en diciembre.
No obstante el PP no está solo en el escenario de la derecha. Ciudadanos ha mostrado una muy fuerte voluntad de pacto durante estos meses, voluntad que, sumado a la incesante cascada de escándalos de corrupción del PP, puede hacer que aumente la sangría de votos hacia la formación naranja. Las encuestas son optimistas, pero también lo eran para las elecciones de diciembre y se mostraron completamente equivocadas.
La izquierda suele acusar más la abstención. El votante de izquierdas, a pesar de que tiene un mayor elenco de partidos donde elegir, suele ser mucho más sibarita a la hora de otorgar su voto y aquí habría que matizar alguna que otra cuestión.
El Partido Socialista e Izquierda Unida tienen una mayor lealtad en el voto dentro de la izquierda de lo que pueda parecer. Hay muchas encuestas que muestran que el PSOE muestra una mayor debilidad en este campo, pero personalmente no estoy de acuerdo. La razón es simple y reside en la franja de edad que vota a estos dos partidos. El votante del PSOE aumenta cuando más adulta es la franja de edad y es precisamente esta franja de edad donde menos abstencionista es el votante. Es verdad que el PSOE se ha quedado en los huesos con 5'5 millones de votantes y 90 escaños, pero dada la debilidad del candidato y su mala campaña electoral, el que les escribe es de la opinión que estamos ante el voto más fiel del PSOE. Es una pena puesto que de aquí hasta junio no se va a cambiar de candidato pero de presentar a alguien más solvente, no me cabe duda que el PSOE solo podría subir.
Izquierda Unida debido a la franja de edad que le vota y a lo fiel que ha sido durante años a sus propias ideas tiene un votante muy fiel. Nadie le quita el millón largo de votantes que ha obtenido en diciembre. A pesar del empuje arrollador de Podemos que, desde una perspectiva nueva y fresca, defiende postulados muy similares a IU, ésta ha resistido el embite mejor de lo esperado.
Podemos ha tenido unos resultados espectaculares aunque con alguna que otra doblez. Los cinco millones de votos que ha cosechados no son solo suyos, suyos son solo 3'5, los demás pertenecen a otras fuerzas que debe volver a convencer para que vayan con ellos en junio. No es una tarea fácil porque después de la configuración de los grupos parnlamentarios han visto que no está en manos de Iglesias hacer realidad esa promesa, vital para algunos. La amenaza de la abstención parece amenazar a Podemos debido a la juventud de su votante, un espectro que suele ser mucho más abstencionista.
Por tanto, las encuestas, siempre tomadas con mucha cautela, muestran una bajada en intención de voto de la formación morada que intenta asirse a IU como tabla de salvación. Pero es una operación de finísimo encaje político. IU, como heredera del PCE, siempre ha sido muy celosa de su proceso de toma de decisiones. En sus peores momentos se ha resistido a ir en las mismas listas que el PSOE y mucho menos de integrarse. Hoy en día hay importantes voces dentro de IU que avisan y se posicionan en contra de semejante confluencia como es el caso de Gaspar Llamazares y Cayo Lara. Pablo Iglesias ha mostrado una gran capacidad integradora a la hora de configurar sus alianzas previas al 20D, pero estos meses se ha visto erosionada su capacidad de pacto. La crisis surgida en los círculos de Madrid, Salamanca, Galicia, Navarra y Cataluña despertó una guerra soterrada por la estrategia entre el líder morado y su número dos, Íñigo Errejón. Si Iglesias se recupera de la crisis interna de su partido y suma a IU a la causa, podría suponer un millón de votos más a la coalición de podemos y confluencias amenazando la postura del PSOE como fuerza hegemónica de la izquierda. Así que es de esperar que las mieles del Sorpasso al PSOE sea utilizado como edulcorante de esta alianza a múltiples bandas, veremos si es suficiente para salvar las reticencias en IU y las demás confluencias.
En las Mareas han surgido voces que buscan "superar la actual alianza con podemos" y buscar una candidatura propia separada de la formación morada. Veremos si dan el paso, pero lo que parece cierto es que la confluencia gallega se ha visto disminuida dentro del "grupo confederal de Podemos" donde rara vez tuvo uso de la palabra. Más considerado ha sido el líder morado con la confluencia de Ada Colau, y no es de extrañar puesto que aporta un millón de votos a la alianza. Iglesias no solo comparte su tiempo con Doménech sino que en el pleno de investidura le dio un notorio beso. Era el beso a un millón de votantes que no se le puede escapar, una vez que Ada Colau dio pasos para la fundación de un partido propio. ¿Con qué fin? aún no lo sabemos, pero la alcaldesa de Barcelona ha mostrado la voluntad de tomar un rumbo distinto a Podemos con esta nueva formación.
La que parece menos reticente a repetir alianza es Compromís, lo cual no está exento de contradicción, pues fue la única formación que abandonó la alianza cuando se hizo evidente que las confluencias no iban a obtener grupo parlamentario propio.
La única ventaja que tiene el PSOE es que en Diciembre ya perdió todos los votos que podía. Por una vez en democracia había un partido de izquierdas que amenizaba seriamente la hegemonía del PSOE. El votante que realmente quisiera esa alternativa ya la ha votado en diciembre. Podríamos estar ante una recuperación por parte de los dos grandes partidos de una parte del voto prestado a las formaciones emergentes debido a lo mal que han envejecido estos nuevos partidos. La desafección es mayor en los nuevos partidos debido a que nacieron como fruto de los deméritos de los viejos y en estos meses la nueva política se ha hecho vieja. Ha envejecido de muy mala manera y los nuevos partidos han mostrado los mismos vicios e incluso peores formas que los partidos tradicionales. Para este viaje, no necesitábamos alforjas.
La segunda variable a tener en cuenta es la percepción que tenga la ciudadanía sobre la responsabilidad de ir a unas nuevas elecciones. Las encuestas y algunos analistas perciben que el público penalizará a la formación política responsable de la repetición de elecciones. Personalmente soy escéptico al respecto, los seguidores de cada partido creerán las excusas de cada uno, pero el hecho de que PP y Podemos hayan coincidido en rechazar la única candidatura a PM propuesta mina un poco la posición de la formación morada, más cuando la candidatura de Pedro Sánchez haya sido fruto de un pacto exhaustivo con otra formación emergente.
El votante conservador entenderá que el PP haya hecho todo lo posible para hacer descarrilar la investidura de Sánchez. Pero no todos los votantes de Podemos entenderán que Mariano Rajoy continúe aún en la Moncloa, máxime cuando Pablo Iglesias no se cansó de repetir que su principal prioridad era desalojar al PM. Las formas, modos y ansia de ministerios de la formación morada no solo espantaron cualquier pacto con el PSOE sino que hicieron quedar mal a la nueva formación entre parte de su electorado y militancia. Además en medio de las supuestas negociaciones salió a la luz el enfrentamiento soterrado entre Íñigo Errejón, partidario de una posición más moderada y cercana al pacto con el PSOE, y el líder morado que propugnaba una línea más dura de enfrentamiento y choque con el PSOE en busca del tan ansiado Sorpasso. La crisis se saldó con la salida del número tres y secretario de organización, afín a Errejón. Se estableció una rígida disciplina de partido entorno a Pablo Iglesias que mantuvo a Errejón en un segundo plano, pero que no terminó con la cascada de dimisiones a lo largo de la geografía peninsular. Y es que evidencia la diferencia de Concepción de partido que existe en el seno de Podemos: mientras que Pablo, formado en las juventudes comunistas, quiere un partido con una estructura piramidal tradicional, nos vendió que Podemos era otra cosa donde los círculos decidían algo. Dio deliberadamente una imagen de asamblearismo cuando lo que pretendía era un monolitismo clásico, y ahora fruto de ese maquillaje le están estallando un sin fin de crisis territoriales que parece no cesar. 
Todo esto hace que el Partido de Pablo Iglesias, porque realmente estamos ante esto, el partido de Pablo Iglesias, haya perdido su atractivo para alguna de las confluencias. La clave de su éxito radica en si el hábil Pablo Iglesias vuelve a convencer a este heterogéneo grupo (y a IU) que todos tienen cabida en las listas de Podemos sin que ello suponga la merma de la identidad de ninguno de ellos. 
¿Logrará Pablo que las confluencias e IU le considere un Primus inter pares? Esta es la piedra de toque de las elecciones. Porque de no repetir con algunas confluencias, se producirá una división del votante en este espectro político que, unido a una mayor abstención, podrían dar al traste con el pírrico éxito de podemos del 20D. 
Veremos qué pasa, pero de momento pinta más interesante la precampaña que la campaña. 

martes, 8 de marzo de 2016

Editorial: Investidura, segunda parte


SM el Rey, después de una segunda ronda de consultas otorgó a Pedro Sánchez por mediación del Presidente de las Cortes, el privilegio de ser Su candidato a PM. Oferta que Sánchez no declinó.
SM el Rey, Felipe VI, se estrena en estas lides con un papel nada fácil. Su padre siempre había encargado formar gobierno a candidatos que estaban avalados por un fuerte respaldo parlamentario. Pero los resultados del 20D dibujan un escenario endemoniado que otorga al nudo jefe del Estado un papel menos protocolario que el de su padre. 
Así que la legislatura que había comenzado plagada de momentos inéditos, no se desvió del nivel de situaciones bizarras cuando el PM en funciones y ganador de las elecciones declinó hasta en dos ocasiones la tarea de conformar un ejecutivo. Increíblemente Mariano Rajoy no se echaba a un lado como algunos pensamos en un primer momento, sino que se mantiene expectante a la espera de que sus adversarios políticos se desgasten. Y es que tal vez no se entienda la jugada maestra del PM sin atender a la espectacular rueda de prensa del líder del tercer partido, Pablo Iglesias, lanzando una audaz oferta de gobierno en coalición a los socialistas.
Tras la audiencia con el Rey y mientras el líder socialista todavía estaba reunido con el monarca, Pablo Iglesias, rodeado de sus adláteres, propuso a Pedro Sánchez un gobierno de coalición donde la formación morada se reservaba la mitad de los ministerios, todos ellos estratégicos. 
Una oferta de dudosa legitimidad dado el elevado calado de las exigencias. La poca viabilidad de la oferta de Iglesias fue juzgada de este modo por los estrategas del PP que vieron la oportunidad de desgaste en el seno de la izquierda, pero para eso necesitaban tiempo, así que Mariano Rajoy declinó ser candidato a PM, esperando que las estocadas entre Sánchez e Iglesias le encumbraran por descarte. 
Pero entonces estalló el enésimo escándalo de corrupción en Valencia. En el peor momento posible. No es que sea ninguna noverdad que la corrupción azota al PP de valencia, la importancia de este escándalo es que deja al PM un paso más lejos de la reelección. Además, Mariano Rajoy tuvo, como lider del partido Popular, una oportunidad de oro que echó por tierra. Si hubieta cesado a Rita Barberá al instante podría haber reconducido la crisis a su favor. Pero no solo no hizo eso, sino que optó por la peor decisión posible: introducir a Barberá en la Diputación Permanente del Senado.
La segunda consecuencia de este escándalo, además de matar una ya descartada Gran Coalición, fue echar a Ciudadanos en brazos del PSOE. Albert Rivera aspira a arañar el electorado de centro-derecha desencantado con los escándalos de corrupción y la falta de liderazgo de los conservadores. Con un perfil más moderado, liberal y juvenil, el líder de Ciudadanos tiene todo que ganar y muy poco que perder de pactar con un PSOE cada vez más moderado. 
Por si fuera poco el líder de Podemos se lo puso muy fácil a Rivera. La estrategia de pacto a quemarropa que Podemos ha propuesto al PSOE no ha hecho más que molestar a los socialdemócratas. Cada salida de tono de Iglesias en ruedas de prensa echaba más al PSOE en brazos de ciudadanos. No sólo fueron las formas tabernarias y dignas de activista de facultad y megáfono, sino que el absurdo documento que la formación morada trasladó a Ferraz eran cien páginas de puro despropósito. 
El documento no sólo redundaba en la petición de los ministerios estratégicos del Estado, todos ellos lejos del trabajo social y de carácter de orden público, sino que sus propuestas atentan gravemente contra la división de poderes y sitúan a la economía española al borde del default. 
La supeditación de los jueces y fiscales anticorrupción bajo la batuta de la súper vicepresidencia de iglesias supone un recorte en la ya débil separación de poderes española. No sólo eso. Dejar rtve, el CNI, la comisión delegada de asuntos económicos, el CIS y el SEPI bajo su mando supone vaciar de contenido el cargo de PM. 
Económicamente el documento no tiene desperdicio. Pide un aumento del gasto público de 96.000 millones de euros que pretende financiar con las cuentas del gran capitán y una subida de impuestos que doblaría la actual presión fiscal en todos los sectores. Todo ello mientas da por hecho que el BCE seguirá financiándonos sin fin y que la Comisión Europea nos dejará seis años para ajustar nuestro abultado déficit publico. En fin, el documento es una quimera que nos saldría a mil millones por página de llevarse a cabo. Todo lo cual nos hace preguntarnos si estamos realmente ante un documento legítimo o bien es un adoquín más que pretende llevarnos a nuevas elecciones que es lo que parece pretender Pablo Iglesias en busca de ese sorpasso o Sorpasokización que no llega.
Siendo todavía ingenuo podría pensar que el documento y las exigencias de Iglesias son legítimas y que pretenden un "reparto proporcional de ministerios", incluso ignorando que reserva para IU con dos diputados el poderoso Ministerio de Economía y Hacienca, aún así pudiera pesnar que realmente Pablo Iglesias desea un cambio de gobierno. Pero esa ingenuidad se disipó con el debate de investidura. No por el sentido de la votación de Podemos que es entendible y muy legítima. Sino por el tono y el fondo de las intervenciones de Iglesias.
Una vez descartado el apoyo parlamentario al pacto PSOE-Cs, podemos podía optar por el no o por la abstención. Muy legítimamente Podemos y sus confluencias votaron no respondiendo a calculos electorales. Pablo Iglesias sabe bien que las cifras para un gobierno de progreso no dan, a menos que considere partidos de izquierdas (como así ha dicho en el debate) a partidos conservadores y católicos como el PNV y Convergencia. Pasando este nuevo gazapo político de Iglesias por alto, los modos de la negociación hicieron imposible que fraguase un pacto con el PSOE, y el tono del debate parlamentario iban encaminados a romper los pocos puentes que pudieran quedar para una futura negociación.
Pablo Iglesias sabe, y así lo ha declarado en muchas ocasiones, que el futuro de Podemos y de él mismo como líder político, como referente de la izquierda, pasa por la destrucción o irrelevancia del PSOE, una pasokización a la griega que parece no termina de llegar.
El tono bronco del debate empleado por Iglesias resume su frustración por el sorpasso que no llega y, a la vez, dinamita las opciones de un pacto posterior por mucho que durante la segunda sesión, en un medio de una autentica bufonada de intervención, tendiese la mano a Sánchez.
El problema para Iglesias es que parte de la opinión pública afín al PSOE que aún simpatizaba con la idea de pactar con Podemos se está desencantando. La falta de argumentos de Iglesias le llevó a resucitar asuntos políticos de los años ochenta cuando tenía lugar la guerra sucia contra ETA, tildando a todo el Partido Socialista como Partido manchado de cal viva. Es dudoso que empleando estos calificativos su voluntad sincera sea buscar el pacto. Más bien intenta hacer naufragar toda opción de pacto mientras vuelca la responsabilidad al PSOE, pero su alma de tertuliano ha echado por tierra esta opción.
La salida de tono de Iglesias fue tan visceral que lejos de romper el pacto que Sánchez tenía con Rivera, éstos anunciaron que las posteriores negociaciones las harán de forma conjunta.
Y es que lejos de comparar a Podemos con el PP, Rajoy ayudó a que la alianza PSOE-Cs se hiciera más fuerte.
Ambos partidos votaron no en la sesión de investidura, pero resulta difícil tomar ambos argumentos por igual. No es posible aceptar que el pacto es a la vez la negación de las políticas de Rajoy como dijo el líder conservador y que son una continuidad como declaró el líder morado.
¿Tenía Podemos otra opción? Personalmente creo que si, y que la opción más inteligente para Iglesias hubiera sido la abstención por varios motivos.
El primero es que habría sido el gran responsable de desalojar a Rajoy de la Moncloa que es lo que siempre vendió a su electorado.
En segundo lugar se habría ungido como el líder de la oposición de izquierdas, papel con el que ahora no goza. Habría conseguido el ansiado papel de guardián de la esencia de la izquierda frente a un PSOE tentado a ir más al centro atraído por Ciudadanos.
Tercero, tendría en su mano la continuidad del gobierno habida cuenta la oposición frontal del PP a cualquier medida que supusiera un retroceso en sus políticas.
Por todo esto, creo que la opción más inteligente para Podemos, incluso egoístamente hablando, hubiera sido la abstención.
Pero lo curioso del tema es que estos argumentos también le sirven al PP. De haberse abstenido se habrían convertido en líderes de la oposición y en sostén del gobierno para las medidas propuestas por ciudadanos, al tiempo que tendrían tiempo para recomponer su liderazgo y hacer limpieza mientras son otros los que se desgastan en un complicado gobierno de coalición muy en minoría.
Lo que pasa es que ni el grupo parlamentario popular ni el confederal de Podemos votó según sus propios intereses de partido, sino que lo hizo atendiendo a los intereses particulares de sus respectivos líderes. A muy pocos analistas se le escapa que cuando Rajoy negó dos veces asumir el papel de ganador de las elecciones e intentar formar gobierno estaba cavando su propia tumba política al dejar escapar el protagonismo político. En un primer momento parecía la jugada más inteligente puesto que todos los grupos parlamentarios se iban a tomar la revancha de una legislatura dominada por el rodillo parlamentario para escenificar una especie de moción de censura contra el PM. 
Pero la situación se tornó en su contra cuando el protagonismo se centró en el PSOE y en su candidato, Pedro Sánchez. Quien era casi un cadáver político, cuestionado por la ejecutiva y desesperado porque la Presidencia del Gobierno le salvase, ha salido bastante bien del paso de la investidura, pese a su fracaso. El ir de la mano de Ciudadanos le ha conferido al candidato socialdemócrata un halo de centrismo y pactismo que sitúa a PP y Podemos en los extremos del espectro político. En mi opinión ha sido una buena jugada. 
Así pues el debate parlamentario, aunque destinado al fracaso ha puesto las cartas boca arriba de cara al electorado. Ha mostrado los posibles pactos y la capacidad de entendimiento de unos y de otros. Por eso mismo, no creo que sea un ejercicio inútil. Aunque la votación ha impedido un cambio en el ejecutivo, sabemos que el PP y Podemos no se van a mover de sus posiciones. El PP parece anclado en que Mariano Rajoy sigue siendo su candidato mientras se oye ruido de sables en bambalinas, habrá que ver si el PP sacrifica el liderazgo de Rajoy por mantener la Moncloa. Pero sea como fuere, en mi opinión Mariano Rajoy sale debilitado de este proceso de investidura. 
En segundo lugar, Podemos parece que sigue a pies juntillas los intereses de su líder, Pablo Iglesias, cuya prioridad no es desalojar al PP del gobierno sino el tan ansiado asalto a los cielos, o súper vicepresidente o nada. Ya sabemos a qué atenernos. 
Así pues, posturas tan enfrentadas han propiciado la alianza por el centro entre el PSOE y Ciudadanos que como bloque (así es como tras la investidura ambos se autodenominan) nadie consigue aunar más apoyos. Veremos si el bloque es tan rígido como hoy parece. Por el momento el moribundo liderazgo de Rajoy y la soberbia desmedida de Iglesias han fraguado el mejor cemento para una relación duradera.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Editorial: Hillary Clinton candidata a la Casa Blanca.


Hace dos semanas que se inició el proceso de elecciones primarias en los dos partidos del espectro político de EEUU para seleccionar de entre sus filas quienes se enfrentarán por la Casa Blanca en noviembre de este año. 
Barack Obama concluye su segundo mandato lo que hace que este año las primarias sean de máximo interés en ambos partidos. Hace meses que la veda se abrió con los sucesivos anuncios de candidatura. 
Del lado Demócrata la lucha parece estar centrada en dos candidatos, el "socialista" Senador por Vermont, Bernie Sanders, y la no menos veterana, ex secretaria de Estado, ex senadora de New York y ex primera dama de los EEUU Hillary Clinton. 
Del lado republicano la lista de candidatos es más larga y, aunque al finales de verano se pensaba que Jeb Bush iba a tener un paseo triunfal hasta la nominación y así se reflejó en una recaudación de fondos récord, le salió un contendiente nada convencional: Donald Trump. 
Desde entonces la estela de Bush ha ido decayendo a medida que la atención mediática de Trump ascendía, acabando con el fetichismo político de volver a ver una confrontación Clinton/Bush.
No obstante, el campo en el Partido Republicano es más prolijo, ya que ambos se les fue uniendo las estrellas hispanas de Ted Cruz y Marco Rubio (antiguo protegido de Bush) sumando media docena más de candidaturas menores como la del libertario Rand Paul que toma el testigo de su padre, Ron Paul, en un vano intento de marcar algunos temas de campaña. 
New Hampshire será la prueba de fuego para muchas de las candidaturas que se han tornado menores en el seno del GOP. Quién iba a pensar que JEB o Christie que, como moderados, eran quienes podrían batir a Hillary en noviembre se hayan tornado en candidaturas menores en comparación con los neofitos de Cruz o Rubio o el excéntrico Trump. Si no consiguen al menos una tercera posición ya pueden irse olvidando de la nominación, máxime si tenemos en cuenta que New Hampshire tiene el votante republicano más moderado y más si nos fijamos que la recaudación va aparejada con el historial de las primarias.
Pero un tercer factor se ha sumado a la carrera por la presidencia aunque haya sido de manera tangencial. Michael Bloomberg, el magnate de la bolsa y las comunicaciones que fue durante años el popular alcalde de Nueva York, ha amenazado con presentar su candidatura si Hillary Clinton queda desbancada por Bernie Sanders. Y es que la única opción para que los demócratas conserven la Casa Blanca reside en Hillary. Sanders tiene buenas ideas y programas, de presentarse por el SPD a canciller alemán. Pero seamos serios, en unas elecciones generales en Estados Unidos tiene nulas posibilidades, como mucho ganaría en su estado, Vermont, cosechando una derrota semejante a la de Walter Mondale en 1984.
De hecho hay algo que candidatos tan opuestos como Sanders y Trump tienen en común y es el perfil de votantes. Mayoritariamente varones blancos de clase trabajadora que han visto como la mundialización ha acabado con los trabajos industriales tradicionales. Como era de prever, en el liberal estado del nordeste Sanders ha hecho con la victoria demócrata. Pero en cuanto se empiece a votar en estados más diversos y donde hispanos y afroamericanos tengan más peso, parece que su destino está sentenciado. Ahora tocan Nevada y Carolina del Sur donde los porcentajes de las minorías afroamericanas e hispanas ascienden a un tercio de la población, constituyendo un reflejo más fiel de la sociedad estadounidense que Iowa y NH donde la población blanca asciende del 90%. 
No obstante no está de más ser justo con Sanders, que se ha metido en la carrera presidencial para marcar el debate del "paseo triunfal" de Hillary. Pero dejémoslo ahí, porque sería un suicidio para los demócratas nominar a alguien tan veterano y tan escorado a la izquierda.  
Por tanto, como viene siendo habitual en la prensa anglosajona de la que está humilde bitácora se hace eco e imita, pido abiertamente el apoyo para Hillary Clinton como la mejor y única opción que tienen los Demócratas de conservar la Casa Blanca.

domingo, 24 de enero de 2016

Editorial: bufonada de Iglesias

 
El pasado viernes, mientras el secretario general del PSOE se entrevistaba con SM El Rey, éste le comunicó la intención del líder de Podemos de conformar una coalición en el que el líder morado se autonombraba vicepresidente y se apropiaba de un sin fin de ministerios "del cambio".
Poco después Iglesias escenificaba, al lado de los ministrables del cambio, su pseudo oferta de coalición. 
A día de hoy no sabemos si se trata de una oferta legítima. Desde luego las formas fueron de una osadía y una prepotencia dignas de estudio. El líder, rodeado de todos sus apoyos, exigiendo un número muy desproporcionado de ministerios teniendo en cuenta su peso político. 
Iglesias asegura que para que un gobierno socialista sea realmente del cambio, necesita de una tutela, en este punto puede que no se equivoque porque el PSOE siempre ha actuado de acuerdo con los compromisos europeos que éstos quieren romper y con la estabilidad del Estado que éstos quieren lapidar en beneficio propio. Por ello Pablo Iglesias desea entrar a tutelar la acción de gobierno del PM Pedro Sánchez. ¡Y de qué manera! No solo se queda con la vicepresidencia, sino que exige un número de ministerios vitales para el control de la economía, la educación y la seguridad del Estado.
Las demandas del líder morado son nada menos que la vicepresidencia (única, por supuesto), los ministerios de: Economía, Educación, Defensa, Interior, Exteriores, Justicia y rtve. Amén de ello, un nuevo ministerio, de Plurinacionalidad, iría para el partido de Ada Colau, encaminado a organizar una consulta de secesionista; y Trabajo y Asuntos Sociales para IU. Casi nada para un partido que apenas supone la mitad de diputados que el PSOE y que ni siquiera le garantiza el voto afirmativo de sus compañeros de grupo parlamentario, que tienen sus propias exigencias y su disciplina de partido al margen de Podemos. 
Semejante sarta de majaderías nos lleva a pensar que se trata de una oferta pensada para ser rechazada por el PSOE. En primer lugar porque con tamañas exigencias dejarían el papel de PM como un mero espectador y al PSOE con Sanidad y Administraciones Públicas cuando tienen el doble de diputados. 
Obviamente Iglesias cree que le beneficia una nueva cita electoral y así traslada todo el peso del fracaso de una supuesta negociación al PSOE, aunque dada la oferta, creo que se ha pasado de frenada y es entendible un rechazo. 
Otra posibilidad es la ya anunciada por el propio Iglesias en la revista de izquierdas New Left Review que llamaba a explorar las divisiones internas del PSOE para fracturar el partido y así acometer el tan ansiado Sorpasso. El 20D ha mostrado que, de no ser por las alianzas periféricas, Podemos se hubiera quedado a dos millones de votos del PSOE. Una cifra un tanto humillante para la esperanza blanca de la izquierda, así que el plan B de Iglesias, muy inteligente, es provocar una división interna de tal calado que termine por dividir el partido o dejarlo noqueado a fin de lograr lo que en condiciones normales no pudo hacer. Es la llamada Sorpassokización que tan bien describió Manuel Jabois esta semana. División interna entre quienes, como el que escribe, considera que el auténtico enemigo a muerte del PSOE, es Podemos y que debería hacerse todo lo posible por asfixiar a este nuevo partido cuyo fin es la fagotización del PSOE, y quienes ingenuamente creen que hay espacio para trabajar en aras de un gobierno progresista. 
Pero como bien analizó Rafa de Miguel en El País esta semana, no puede haber entendimiento entre quienes son adversarios directos, y más con quien ha declarado en repetidas ocasiones que desea tu desaparición. 
Así que dado lo absurdo de la oferta, por muy incapaz debe tener Pablo Iglesias a Pedro Sánchez para ofrecer semejante estupidez con la esperanza de que se siente a negociar. Y realmente parece que el diagnóstico del líder morado es correcto, porque frente al rechazo casi unánime de líderes actuales e históricos del PSOE, Sánchez no ha dado un no tan rotundo como la insultante bufonada merecería. Ha tenido que ser la ejecutiva a través de un comunicado quien tilde de chantaje la oferta de Iglesias, encaminada a hacer fracasar toda formación de un gobierno alternativo posible. Pero no todo parece estar perdido en la cabeza de Sánchez, puesto que, lejos de contestar y sentarse a negociar este fin de semana como reclamaba Iglesias, Sánchez no solo no le ha contestado sino que se reunió ayer con Rivera para sondear otras opciones. 
Ayer Iglesias en una entrevista concedida al órgano de comunicación de su partido, la Sexta, exigió a Sánchez en tono apremiante que hablasen del gobierno y le afeó que no le hubiera contestado de ninguna forma pese haberle mandado un whatsapp. Puede que Sánchez opte por la estrategia de Rajoy y, en lugar recoger la responsabilidad del fracaso de las negociaciones, simplemente mareé la perdiz haciendo que el regalo envenenado de la formación morada muerda por sí solo. Veremos. 
Si por el contenido la oferta no parece algo digno de ser tenido en cuenta, por las formas menos si cabe. No solo no hubo conversaciones previas de ninguna clase, sino que el secretario general del PSOE se enteró por el Rey durante su audiencia y, por si fuera poco, a la salida de la misma se encontró con la rueda de prensa donde Pablo Iglesias marcaba las líneas maestras de su gobierno del cambio.
Así que, para el que escribe, la oferta de pacto no es sino un regalo envenenado que, en el mejor de los casos dirige el país a unas nuevas elecciones y, en el peor, está encaminado a generar división en el seno del PSOE. Sea por las causas que fuere, el Partido Socialista no debería hacer ningún caso a esta supuesta propuesta, ni siquiera molestarse en contestar a la espera que la necesidad de espectáculo que tiene Pablo Iglesias, le haga víctima de su propio show
Para finalizar, solo apuntar que me resulta muy curioso que podemos haya solicitado para su líder una sola vicepresidencia, cuando por lo menos es merecedora de dos, una para él y otra para un ego desmedido del que hemos sido testigos una vez más. 

domingo, 17 de enero de 2016

Investidura

 
La sesión que ha configurado las cortes generales de esta XI legislatura nos ha adelantado las dos variables sobre la que pilotará su vida política, sea ésta larga o corta. 
La primera de ellas es el pacto, no siempre fácil y siempre bajo la sombra de la tracción a las propias filas. Veamos qué matices encontramos en los distintos pactos.
Al Partido Popular, con 7'2 millones de votos y 123 escaños le corresponde la iniciativa de buscar apoyos parlamentarios suficientes para un gobierno. Es casi seguro que será el candidato de SM El Rey para esta labor. Pero el PP lo tiene complicado. Durante cuatro años ha acaparado el poder institucional del Estado en todos los niveles, local, regional y central. Y solo en contadas ocasiones ha llegado a acuerdos. Esta forma casi despótica de ejercer la mayoría absoluta no solo le ha pasado  factura en las urnas, sino que le está dificultando llegar a un acuerdo de gobernabilidad en esta legislatura. Resulta terriblemente complicado explicar a cualquier electorado progresista que después de una legislatura tan unilateral se permita formar gobierno al mismo PM inmovilista que ayer se oponía a todo pacto. 
Por tanto el partido popular, de momento, solo cuenta con el apoyo de ciudadanos (Cs) lo que suma 163 diputados, eso exigiría el apoyo de algunos minoritarios y periféricos, cosa con la que no puede contar, o con la abstención del Partido Socialista.
No obstante, al PP no le apremia formar gobierno, porque la idea de unas elecciones anticipadas no pasaría factura a los conservadores. Muy al contrario, la experiencia y los sondeos (siempre tomados con cautela) el voto se polariza hacia las principales opciones ideológicas, lo que supone un cierto auge del PP a costa de Ciudadanos principalmente. Suele ser habitual ante un escenario de repetición electoral que aumente la abstención a causa de la frustración. Escenario que beneficia a los conservadores, por ello aunque el Partido Popular trabaje en pro de formar gobierno, es una labor para lo que el tiempo juega a su favor. Más si tenemos en cuenta que el candidato a PM es especialista en dejar pasar el tiempo y que éste solucione sus problemas. 
Para Ciudadanos la situación está libre de incógnitas. Piensa apoyar un gobierno conservador como opción más votada a cambio de influir en una futurible agenda de reformas. Ni locos entrarían a formar parte del gobierno porque ésto le pasaría una factura enorme. La casi desaparición de los Lib-Dem de la escena política británica es un aviso a Ciudadanos demasiado contundente para dejarlo pasar. 
Pero aunque los resultados de Ciudadanos los hayan dejado bastante lejos de hacedor de gobiernos que las encuestas le daban, esta semana se ha abierto un escenario interesante: el de mediador entre conservadores y socialdemócratas. Es verdad que no todo es mérito suyo, ya que con 40 escaños su capacidad de movimiento es escasa, pero en la conformación de la Mesa del Congreso hemos visto como la inacción de Podemos ha ayudado a Ciudadanos a fraguar un pacto que ha dado a la presidencia a los socialistas, la mayoría a los conservadores y donde podemos se ha autoexcluido. 
Parece pues, que la torpeza de Podemos ha otorgado a Ciudadanos el papel de mediador entre los dos grandes partidos. Si ha funcionado para configurar la Mesa del Congreso, ¿Por qué no para investir al próximo PM? Veremos, aunque se trata de una opción muy civilizada, nórdica y un poco alejada de la Carrera de San Jerónimo hoy en día. 
Por su parte el Partido Socialista, que no ha sufrido un total descalabro y tiene unos nada despreciable 90 escaños, le ha tocado bailar con la más fea, puesto que por mucho que se empeñe su Secretario General, no está en condiciones de ser investido PM, pero de él depende, bien la investidura de otro (por acción o por omisión), bien la repetición de elecciones. 
Un primer supuesto que se le abre al Secretario General, y digo al Secretario General, porque parece que es una opción mayoritariamente rechazada por barones y ejecutiva, es la de formar gobierno en solitario. 
No cabe duda que a la mayoría del establishment socialdemócrata le encantaría llegar a la Moncloa, pero a esta mayoría no se le escapa que los números son insuficientes y las peripecias para formar un gobierno extraordinariamente débil les obliga a unas concesiones intolerables. 
Para empezar Ciudadanos ha anunciado su voto negativo a un gobierno del PSOE y Podemos, con lo que esta opción ya cuenta con 163 votos negativos. No solo eso, los demás grupos van a vender muy caro su apoyo. 
Podemos quería que se retorciese el reglamento del Congreso para que sus coaliciones periféricas conformasen cada uno su propio grupo y no ha sido así por amplio acuerdo de la Mesa. Nada menos que un acuerdo que representa a 253 diputados y quince millones de electores han dejado fuera a "esa mayoría social, el pueblo" del que se hace eco Podemos. 
Así que esta jugada ha alejado a Sánchez de la Moncloa. Puede que Pablo Iglesias tenga razón y que, retórica incendiaria al margen, sea la primera piedra de un acuerdo para investir PM. Veremos. 
Pero las acciones del Secretario General no se han quedado ahí. Durante la constitución del nuevo Senado, éste ha cedido para que ERC y DL pudieran formar grupo propio en la cámara Alta. Algo incomprensible porque se trata de los grupos secesionistas que están lanzando un órdago al Estado al más alto nivel. Por tanto, ¿A qué demonios responde esta jugada? Parece un movimiento destinado a obtener el apoyo a una posible investidura. Apoyo que empujaría a Podemos a elegir entre apoyar a Sánchez o propiciar un gobierno conservador. 
Pero las incertidumbres de Sánchez no terminan ahí. Éste cuenta con que Podemos se conforme como un grupo propio cuando no lo son. Aunque pudiera contar con el apoyo de los 42 duputados de Podemos, las mareas y comú han dicho que su línea roja son sendos referendos de autodeterminación, algo inaceptable para el PSOE. 
¿Por qué se empeña entonces Pedro Sánchez en formar gobierno a cualquier precio? Pues porque su futuro como líder socialista depende de llegar a la Moncloa. Tras los malos resultados del PSOE y estos movimientos contra barones y ejecutiva, la única posibilidad de mantener el liderazgo del partido es mediante su investidura como PM.
¿Quiere decir esto que el PSOE puede romperse? Soy de la opinión de que de ninguna manera. Sánchez no es tan importante como para aglutinar a facción alguna. Lo más probable es que el PSOE busque un recambio a Sánchez en la secretaría general en el congreso que tienen en Febrero y que éste quiere retrasar en contra de la opinión del resto del partido. 
La otra opción es que el PSOE se abstenga en el último momento favoreciendo la investidura de un PM conservador. La jugada puede salirle bien si la legislatura dura lo máximo posible y si pacta un calendario de reformas que el PSOE pueda apadrinar como suyas y le dé réditos políticos, aislando y quemando a Podemos, arrinconándolo como un partido protesta. Esta es la opción preferida de Bruselas, la socialdemocracia europea y grupos de presión cercanos a la socialdemocracia española como el grupo Prisa y su portavoz, El País, así como de quien les escribe. 
¿Y si se repiten las elecciones? Entonces el congreso de febrero estará sumamente interesante para saber si el partido mantiene a un mal candidato o se expone a buscar uno nuevo. Veremos. 
La situación de Podemos es, a priori, un poco más sencilla que la del PSOE. Lejos de ser la gran formación de izquierdas que esperaban ser, Podemos se ha convertido en voz de los más variopintos colectivos que tienen en común el rechazo a la actual forma de hacer política. 
La realidad de estos últimos días ha mostrado lo que Pablo Iglesias se empeñaba en negar desde el día de las elecciones: Podemos ha obtenido 3'5 millones de votos y 42 escaños. Que no están nada mal para una formación novel, pero que están a dos millones de votos del principal partido de centro-izquierda. 
La amenaza de las alianzas periféricas de abandonar a Podemos al ser palpable la imposibilidad de la formación morada de conseguirles sus propios grupos parlamentarios ha abierto la veda. 
La conformación de la mesa del Congreso ha dejado en evidencia varias cuestiones. 
La primera es que se han auto excluido del primer gran acuerdo de la legislatura corriendo el riesgo de volverse irrelevantes. De ahí los números que sus diputados montaron el día de Configuración de las Cortes para atraer una atención que habían perdido ante el acuerdo del que se excluyeron.
La segunda es que el liderazgo de Pablo Iglesias no es tan férreo como para arrastrar a los 68 diputados restantes de su formación. Efectivamente, como comenté en una entrada anterior, 27 de ellos tienen lealtades distintas. 
Es más, SM El Rey ha venido a echar más leña a la división de Podemos al anunciar que se va a reunir por separado con cada una de las entidades que forman su heterogéneo grupo, acentuando la identidad de cada uno de ellos. 
Alianzas que se basaban en una exigencia común: un grupo parlamentario propio. Algo que el líder morado no dudó en prometer sabiendo, o no, que no estaba en su mano cumplir tal promesa. 
Por ello, junto con el PP, Podemos era el partido más beneficiado si se repetían las elecciones. El hecho de que éstas propiciasen una polarización del voto les beneficiaba y así lo constata los sondeos de la Sexta y Metroscopia. Pero quien les escribe es de la opinión de que ambos parten de la premisa sin confirmar de que Podemos repetiría alianza con sus actuales socios periféricos. Algo que esta semana no está tan claro a la luz de la amenaza de abandono de la formación morada. 
Aunque tienen hasta el martes para negociar, dudo que cambie su situación ya que, a pesar de que el PSOE diera luz verde a sus grupos o se abstuviese, los tres votos del PP y los dos de Cs hacen que la mayoría de la mesa del Congreso lo rechace. 
Así que a Podemos unas nuevas elecciones le abren el escenario del tan esperado Sorpasso al PSOE siempre que logre atar a sus socios. Pero se enfrenta a cuatro grandes desafíos para ello. 
El primero es la financiación. Tres elecciones en 2015 han dejado las finanzas de Podemos temblando y con poca capacidad para atender las necesidades de unas nuevas elecciones generales. Más aún si tenemos en cuenta que los estatutos de la marca prohiben pedir préstamos bancarios para su financiación. 
El segundo desafío son las primarias. El Líder tendría la obligación de someterse a unas nuevas primarias antes de las elecciones. Con todos los problemas internos que tienen no sería descabellado que volviesen a surgir ante unas nuevas primarias. 
El tercero es el ya comentado de si son capaces de aglutinar a sus socios una vez que ha quedado claro que no depende de Iglesias si éstos tienen o no grupo parlamentario propio. 
Finalmente, la cuarta, es si un partido novel como Podemos puede mantener la participación que tan buenos resultados les ha dado. El electorado de Podemos es tradicionalmente absentista y esta por ver si unos nuevos comicios mantienen la participación. La experiencia nos ha indicado que ésta suele declinar de repetirse, algo que iría en contra de Podemos. 
Así pues parece estar la situación que se le abre a los cuatro principales partidos. Veremos si sus intereses partidistas coinciden y se evitan nuevos comicios o, como se empeñan en aparentar, cada uno se encuentra en su trinchera a la espera de lo inevitable. 
La segunda nota que caracterizará la legislatura se basa en los símbolos. Ya hemos visto como en los principales consistorios "del cambio" muchos partidos han sustituido la falta de programa o de apoyos por meros gestos. El miércoles fuimos testigos de cómo los gestos se hicieron los protagonistas de la sesión de formación de las nuevas Cortés Generales. Bebé en un congreso que cuenta desde hace décadas con guardería, formas peregrinas de jurar los cargos, atuendos ingeniosos camuflan el hecho de que el partido que abanderaba el cambio no lo ha conseguido en la dirección que deseaba. Hubo cambio, y de qué forma, pero el primer asalto de la vida política ha noqueado a quien cacareaba que podían y al final, tras muchos aspavientos, no pudieron formar una mesa del Parlamento ajustada a sus necesidades.