domingo, 24 de enero de 2016

Editorial: bufonada de Iglesias

 
El pasado viernes, mientras el secretario general del PSOE se entrevistaba con SM El Rey, éste le comunicó la intención del líder de Podemos de conformar una coalición en el que el líder morado se autonombraba vicepresidente y se apropiaba de un sin fin de ministerios "del cambio".
Poco después Iglesias escenificaba, al lado de los ministrables del cambio, su pseudo oferta de coalición. 
A día de hoy no sabemos si se trata de una oferta legítima. Desde luego las formas fueron de una osadía y una prepotencia dignas de estudio. El líder, rodeado de todos sus apoyos, exigiendo un número muy desproporcionado de ministerios teniendo en cuenta su peso político. 
Iglesias asegura que para que un gobierno socialista sea realmente del cambio, necesita de una tutela, en este punto puede que no se equivoque porque el PSOE siempre ha actuado de acuerdo con los compromisos europeos que éstos quieren romper y con la estabilidad del Estado que éstos quieren lapidar en beneficio propio. Por ello Pablo Iglesias desea entrar a tutelar la acción de gobierno del PM Pedro Sánchez. ¡Y de qué manera! No solo se queda con la vicepresidencia, sino que exige un número de ministerios vitales para el control de la economía, la educación y la seguridad del Estado.
Las demandas del líder morado son nada menos que la vicepresidencia (única, por supuesto), los ministerios de: Economía, Educación, Defensa, Interior, Exteriores, Justicia y rtve. Amén de ello, un nuevo ministerio, de Plurinacionalidad, iría para el partido de Ada Colau, encaminado a organizar una consulta de secesionista; y Trabajo y Asuntos Sociales para IU. Casi nada para un partido que apenas supone la mitad de diputados que el PSOE y que ni siquiera le garantiza el voto afirmativo de sus compañeros de grupo parlamentario, que tienen sus propias exigencias y su disciplina de partido al margen de Podemos. 
Semejante sarta de majaderías nos lleva a pensar que se trata de una oferta pensada para ser rechazada por el PSOE. En primer lugar porque con tamañas exigencias dejarían el papel de PM como un mero espectador y al PSOE con Sanidad y Administraciones Públicas cuando tienen el doble de diputados. 
Obviamente Iglesias cree que le beneficia una nueva cita electoral y así traslada todo el peso del fracaso de una supuesta negociación al PSOE, aunque dada la oferta, creo que se ha pasado de frenada y es entendible un rechazo. 
Otra posibilidad es la ya anunciada por el propio Iglesias en la revista de izquierdas New Left Review que llamaba a explorar las divisiones internas del PSOE para fracturar el partido y así acometer el tan ansiado Sorpasso. El 20D ha mostrado que, de no ser por las alianzas periféricas, Podemos se hubiera quedado a dos millones de votos del PSOE. Una cifra un tanto humillante para la esperanza blanca de la izquierda, así que el plan B de Iglesias, muy inteligente, es provocar una división interna de tal calado que termine por dividir el partido o dejarlo noqueado a fin de lograr lo que en condiciones normales no pudo hacer. Es la llamada Sorpassokización que tan bien describió Manuel Jabois esta semana. División interna entre quienes, como el que escribe, considera que el auténtico enemigo a muerte del PSOE, es Podemos y que debería hacerse todo lo posible por asfixiar a este nuevo partido cuyo fin es la fagotización del PSOE, y quienes ingenuamente creen que hay espacio para trabajar en aras de un gobierno progresista. 
Pero como bien analizó Rafa de Miguel en El País esta semana, no puede haber entendimiento entre quienes son adversarios directos, y más con quien ha declarado en repetidas ocasiones que desea tu desaparición. 
Así que dado lo absurdo de la oferta, por muy incapaz debe tener Pablo Iglesias a Pedro Sánchez para ofrecer semejante estupidez con la esperanza de que se siente a negociar. Y realmente parece que el diagnóstico del líder morado es correcto, porque frente al rechazo casi unánime de líderes actuales e históricos del PSOE, Sánchez no ha dado un no tan rotundo como la insultante bufonada merecería. Ha tenido que ser la ejecutiva a través de un comunicado quien tilde de chantaje la oferta de Iglesias, encaminada a hacer fracasar toda formación de un gobierno alternativo posible. Pero no todo parece estar perdido en la cabeza de Sánchez, puesto que, lejos de contestar y sentarse a negociar este fin de semana como reclamaba Iglesias, Sánchez no solo no le ha contestado sino que se reunió ayer con Rivera para sondear otras opciones. 
Ayer Iglesias en una entrevista concedida al órgano de comunicación de su partido, la Sexta, exigió a Sánchez en tono apremiante que hablasen del gobierno y le afeó que no le hubiera contestado de ninguna forma pese haberle mandado un whatsapp. Puede que Sánchez opte por la estrategia de Rajoy y, en lugar recoger la responsabilidad del fracaso de las negociaciones, simplemente mareé la perdiz haciendo que el regalo envenenado de la formación morada muerda por sí solo. Veremos. 
Si por el contenido la oferta no parece algo digno de ser tenido en cuenta, por las formas menos si cabe. No solo no hubo conversaciones previas de ninguna clase, sino que el secretario general del PSOE se enteró por el Rey durante su audiencia y, por si fuera poco, a la salida de la misma se encontró con la rueda de prensa donde Pablo Iglesias marcaba las líneas maestras de su gobierno del cambio.
Así que, para el que escribe, la oferta de pacto no es sino un regalo envenenado que, en el mejor de los casos dirige el país a unas nuevas elecciones y, en el peor, está encaminado a generar división en el seno del PSOE. Sea por las causas que fuere, el Partido Socialista no debería hacer ningún caso a esta supuesta propuesta, ni siquiera molestarse en contestar a la espera que la necesidad de espectáculo que tiene Pablo Iglesias, le haga víctima de su propio show
Para finalizar, solo apuntar que me resulta muy curioso que podemos haya solicitado para su líder una sola vicepresidencia, cuando por lo menos es merecedora de dos, una para él y otra para un ego desmedido del que hemos sido testigos una vez más. 

domingo, 17 de enero de 2016

Investidura

 
La sesión que ha configurado las cortes generales de esta XI legislatura nos ha adelantado las dos variables sobre la que pilotará su vida política, sea ésta larga o corta. 
La primera de ellas es el pacto, no siempre fácil y siempre bajo la sombra de la tracción a las propias filas. Veamos qué matices encontramos en los distintos pactos.
Al Partido Popular, con 7'2 millones de votos y 123 escaños le corresponde la iniciativa de buscar apoyos parlamentarios suficientes para un gobierno. Es casi seguro que será el candidato de SM El Rey para esta labor. Pero el PP lo tiene complicado. Durante cuatro años ha acaparado el poder institucional del Estado en todos los niveles, local, regional y central. Y solo en contadas ocasiones ha llegado a acuerdos. Esta forma casi despótica de ejercer la mayoría absoluta no solo le ha pasado  factura en las urnas, sino que le está dificultando llegar a un acuerdo de gobernabilidad en esta legislatura. Resulta terriblemente complicado explicar a cualquier electorado progresista que después de una legislatura tan unilateral se permita formar gobierno al mismo PM inmovilista que ayer se oponía a todo pacto. 
Por tanto el partido popular, de momento, solo cuenta con el apoyo de ciudadanos (Cs) lo que suma 163 diputados, eso exigiría el apoyo de algunos minoritarios y periféricos, cosa con la que no puede contar, o con la abstención del Partido Socialista.
No obstante, al PP no le apremia formar gobierno, porque la idea de unas elecciones anticipadas no pasaría factura a los conservadores. Muy al contrario, la experiencia y los sondeos (siempre tomados con cautela) el voto se polariza hacia las principales opciones ideológicas, lo que supone un cierto auge del PP a costa de Ciudadanos principalmente. Suele ser habitual ante un escenario de repetición electoral que aumente la abstención a causa de la frustración. Escenario que beneficia a los conservadores, por ello aunque el Partido Popular trabaje en pro de formar gobierno, es una labor para lo que el tiempo juega a su favor. Más si tenemos en cuenta que el candidato a PM es especialista en dejar pasar el tiempo y que éste solucione sus problemas. 
Para Ciudadanos la situación está libre de incógnitas. Piensa apoyar un gobierno conservador como opción más votada a cambio de influir en una futurible agenda de reformas. Ni locos entrarían a formar parte del gobierno porque ésto le pasaría una factura enorme. La casi desaparición de los Lib-Dem de la escena política británica es un aviso a Ciudadanos demasiado contundente para dejarlo pasar. 
Pero aunque los resultados de Ciudadanos los hayan dejado bastante lejos de hacedor de gobiernos que las encuestas le daban, esta semana se ha abierto un escenario interesante: el de mediador entre conservadores y socialdemócratas. Es verdad que no todo es mérito suyo, ya que con 40 escaños su capacidad de movimiento es escasa, pero en la conformación de la Mesa del Congreso hemos visto como la inacción de Podemos ha ayudado a Ciudadanos a fraguar un pacto que ha dado a la presidencia a los socialistas, la mayoría a los conservadores y donde podemos se ha autoexcluido. 
Parece pues, que la torpeza de Podemos ha otorgado a Ciudadanos el papel de mediador entre los dos grandes partidos. Si ha funcionado para configurar la Mesa del Congreso, ¿Por qué no para investir al próximo PM? Veremos, aunque se trata de una opción muy civilizada, nórdica y un poco alejada de la Carrera de San Jerónimo hoy en día. 
Por su parte el Partido Socialista, que no ha sufrido un total descalabro y tiene unos nada despreciable 90 escaños, le ha tocado bailar con la más fea, puesto que por mucho que se empeñe su Secretario General, no está en condiciones de ser investido PM, pero de él depende, bien la investidura de otro (por acción o por omisión), bien la repetición de elecciones. 
Un primer supuesto que se le abre al Secretario General, y digo al Secretario General, porque parece que es una opción mayoritariamente rechazada por barones y ejecutiva, es la de formar gobierno en solitario. 
No cabe duda que a la mayoría del establishment socialdemócrata le encantaría llegar a la Moncloa, pero a esta mayoría no se le escapa que los números son insuficientes y las peripecias para formar un gobierno extraordinariamente débil les obliga a unas concesiones intolerables. 
Para empezar Ciudadanos ha anunciado su voto negativo a un gobierno del PSOE y Podemos, con lo que esta opción ya cuenta con 163 votos negativos. No solo eso, los demás grupos van a vender muy caro su apoyo. 
Podemos quería que se retorciese el reglamento del Congreso para que sus coaliciones periféricas conformasen cada uno su propio grupo y no ha sido así por amplio acuerdo de la Mesa. Nada menos que un acuerdo que representa a 253 diputados y quince millones de electores han dejado fuera a "esa mayoría social, el pueblo" del que se hace eco Podemos. 
Así que esta jugada ha alejado a Sánchez de la Moncloa. Puede que Pablo Iglesias tenga razón y que, retórica incendiaria al margen, sea la primera piedra de un acuerdo para investir PM. Veremos. 
Pero las acciones del Secretario General no se han quedado ahí. Durante la constitución del nuevo Senado, éste ha cedido para que ERC y DL pudieran formar grupo propio en la cámara Alta. Algo incomprensible porque se trata de los grupos secesionistas que están lanzando un órdago al Estado al más alto nivel. Por tanto, ¿A qué demonios responde esta jugada? Parece un movimiento destinado a obtener el apoyo a una posible investidura. Apoyo que empujaría a Podemos a elegir entre apoyar a Sánchez o propiciar un gobierno conservador. 
Pero las incertidumbres de Sánchez no terminan ahí. Éste cuenta con que Podemos se conforme como un grupo propio cuando no lo son. Aunque pudiera contar con el apoyo de los 42 duputados de Podemos, las mareas y comú han dicho que su línea roja son sendos referendos de autodeterminación, algo inaceptable para el PSOE. 
¿Por qué se empeña entonces Pedro Sánchez en formar gobierno a cualquier precio? Pues porque su futuro como líder socialista depende de llegar a la Moncloa. Tras los malos resultados del PSOE y estos movimientos contra barones y ejecutiva, la única posibilidad de mantener el liderazgo del partido es mediante su investidura como PM.
¿Quiere decir esto que el PSOE puede romperse? Soy de la opinión de que de ninguna manera. Sánchez no es tan importante como para aglutinar a facción alguna. Lo más probable es que el PSOE busque un recambio a Sánchez en la secretaría general en el congreso que tienen en Febrero y que éste quiere retrasar en contra de la opinión del resto del partido. 
La otra opción es que el PSOE se abstenga en el último momento favoreciendo la investidura de un PM conservador. La jugada puede salirle bien si la legislatura dura lo máximo posible y si pacta un calendario de reformas que el PSOE pueda apadrinar como suyas y le dé réditos políticos, aislando y quemando a Podemos, arrinconándolo como un partido protesta. Esta es la opción preferida de Bruselas, la socialdemocracia europea y grupos de presión cercanos a la socialdemocracia española como el grupo Prisa y su portavoz, El País, así como de quien les escribe. 
¿Y si se repiten las elecciones? Entonces el congreso de febrero estará sumamente interesante para saber si el partido mantiene a un mal candidato o se expone a buscar uno nuevo. Veremos. 
La situación de Podemos es, a priori, un poco más sencilla que la del PSOE. Lejos de ser la gran formación de izquierdas que esperaban ser, Podemos se ha convertido en voz de los más variopintos colectivos que tienen en común el rechazo a la actual forma de hacer política. 
La realidad de estos últimos días ha mostrado lo que Pablo Iglesias se empeñaba en negar desde el día de las elecciones: Podemos ha obtenido 3'5 millones de votos y 42 escaños. Que no están nada mal para una formación novel, pero que están a dos millones de votos del principal partido de centro-izquierda. 
La amenaza de las alianzas periféricas de abandonar a Podemos al ser palpable la imposibilidad de la formación morada de conseguirles sus propios grupos parlamentarios ha abierto la veda. 
La conformación de la mesa del Congreso ha dejado en evidencia varias cuestiones. 
La primera es que se han auto excluido del primer gran acuerdo de la legislatura corriendo el riesgo de volverse irrelevantes. De ahí los números que sus diputados montaron el día de Configuración de las Cortes para atraer una atención que habían perdido ante el acuerdo del que se excluyeron.
La segunda es que el liderazgo de Pablo Iglesias no es tan férreo como para arrastrar a los 68 diputados restantes de su formación. Efectivamente, como comenté en una entrada anterior, 27 de ellos tienen lealtades distintas. 
Es más, SM El Rey ha venido a echar más leña a la división de Podemos al anunciar que se va a reunir por separado con cada una de las entidades que forman su heterogéneo grupo, acentuando la identidad de cada uno de ellos. 
Alianzas que se basaban en una exigencia común: un grupo parlamentario propio. Algo que el líder morado no dudó en prometer sabiendo, o no, que no estaba en su mano cumplir tal promesa. 
Por ello, junto con el PP, Podemos era el partido más beneficiado si se repetían las elecciones. El hecho de que éstas propiciasen una polarización del voto les beneficiaba y así lo constata los sondeos de la Sexta y Metroscopia. Pero quien les escribe es de la opinión de que ambos parten de la premisa sin confirmar de que Podemos repetiría alianza con sus actuales socios periféricos. Algo que esta semana no está tan claro a la luz de la amenaza de abandono de la formación morada. 
Aunque tienen hasta el martes para negociar, dudo que cambie su situación ya que, a pesar de que el PSOE diera luz verde a sus grupos o se abstuviese, los tres votos del PP y los dos de Cs hacen que la mayoría de la mesa del Congreso lo rechace. 
Así que a Podemos unas nuevas elecciones le abren el escenario del tan esperado Sorpasso al PSOE siempre que logre atar a sus socios. Pero se enfrenta a cuatro grandes desafíos para ello. 
El primero es la financiación. Tres elecciones en 2015 han dejado las finanzas de Podemos temblando y con poca capacidad para atender las necesidades de unas nuevas elecciones generales. Más aún si tenemos en cuenta que los estatutos de la marca prohiben pedir préstamos bancarios para su financiación. 
El segundo desafío son las primarias. El Líder tendría la obligación de someterse a unas nuevas primarias antes de las elecciones. Con todos los problemas internos que tienen no sería descabellado que volviesen a surgir ante unas nuevas primarias. 
El tercero es el ya comentado de si son capaces de aglutinar a sus socios una vez que ha quedado claro que no depende de Iglesias si éstos tienen o no grupo parlamentario propio. 
Finalmente, la cuarta, es si un partido novel como Podemos puede mantener la participación que tan buenos resultados les ha dado. El electorado de Podemos es tradicionalmente absentista y esta por ver si unos nuevos comicios mantienen la participación. La experiencia nos ha indicado que ésta suele declinar de repetirse, algo que iría en contra de Podemos. 
Así pues parece estar la situación que se le abre a los cuatro principales partidos. Veremos si sus intereses partidistas coinciden y se evitan nuevos comicios o, como se empeñan en aparentar, cada uno se encuentra en su trinchera a la espera de lo inevitable. 
La segunda nota que caracterizará la legislatura se basa en los símbolos. Ya hemos visto como en los principales consistorios "del cambio" muchos partidos han sustituido la falta de programa o de apoyos por meros gestos. El miércoles fuimos testigos de cómo los gestos se hicieron los protagonistas de la sesión de formación de las nuevas Cortés Generales. Bebé en un congreso que cuenta desde hace décadas con guardería, formas peregrinas de jurar los cargos, atuendos ingeniosos camuflan el hecho de que el partido que abanderaba el cambio no lo ha conseguido en la dirección que deseaba. Hubo cambio, y de qué forma, pero el primer asalto de la vida política ha noqueado a quien cacareaba que podían y al final, tras muchos aspavientos, no pudieron formar una mesa del Parlamento ajustada a sus necesidades. 

martes, 5 de enero de 2016

Editorial: Jaque a Artur Mas



Si Cataluña no es España, desde luego se le parece bastante. Antaño encarnación de las mejores virtudes, hoy Cataluña parece el escaparate de los peores vicios patrios. Corrupción endémica, atomización política y estancamiento parlamentario entre otros. 
Este domingo, el partido asambleario anticapitalista CUP ha acabado con la legislatura antes de que empiece al darle el no definitivo a la investidura de Artur Mas. 
Ahora parece que la parálisis institucional es todo responsabilidad de las CUP que con poco más de trescientos mil votos tenían en jaque a todo el parlamento autonómico. Pero nada más lejos de la verdad. La situación de parálisis de Cataluña tiene largo recorrido y un solo responsable con nombres y apellidos: Artur Mas i Gavarró. 
No seré yo quien defienda a las CUP, pero lo cierto es que son de los pocos partidos que han actuado con coherencia y responsabilidad para con su electorado y militancia. Han defendido en campaña y después por activa y por pasiva que no facilitarían la investidura de Artur Mas. Cuando se les puso entre la espada y la pared y volcaron sobre ellos toda la responsabilidad apelaron a su militancia en una votación kafkiana que quedó extrañamente en empate. Al final la directiva del partido tomó la decisión de ser coherentes con dicha promesa dando el NO definitivo a Artur. 
Ante esto, todo el establishment independentista se volcó en reproches a la CUP, sin tener en cuenta que un no a Mas, no era un no un JuntsPelSi. Es más, ayer mismo la formación anticapitalista alentó la investidura del líder de ERC, cosa que éste rechazó hoy mismo
Para evitar que la región se encaminase a los cuartos comicios autonómicos en cinco años, se había sugerido dar libertad devoto a los diputados de las CUP, o incluso se leía por las redes sociales que solo un Tamayazo podría salvar a Mas. Pero no parece que eso vaya a suceder, al menos a día de hoy, puesto que el President ha manifestado su intención de convocar el lunes nuevas elecciones
Así pues, parece que estamos ante el enésimo episodio del fin de un líder que se niega a morir políticamente, pero que en su empeño se ha llevado a todos y casi todo por delante. 
La primera víctima de su huída hacia adelante fue su propio partido. Cada vez que el President ha convocado elecciones anticipadas su partido ha perdido una docena de escaños. Primero fue cuando encomendó a CiU a la veleidad independentista para salvar su pellejo. Quedó merced de ERC en una legislatura corta.
Cuando pisó el acelerador del llamado prucés convocando una pseudo consulta, propició la ruptura con el que había sido su socio durante treinta y siete años: Unió.
Con trabajo firmó una alianza con ERC para que derecha burguesa e izquierda independentista se presentasen juntos en unas elecciones autonómicas calificadas de plebiscitarias en la candidatura unitaria JuntsPelSi. En éstas elecciones el bloque representado por convergencia perdió otros doce escaños quedando más aún a merced de su nuevo socio, ERC. 
Las autonómicas del 27S dieron un resultado agridulce para el President, puesto que a pesar de resultar de lejos la fuerza más votada, no se logró la ansiada mayoría absoluta quedando el futuro en manos de la CUP como ya hemos comentado. 
Las Generales del 20D tampoco arrojaron un buen resultado para la nueva convergencia: Democracia y Libertad, que pasó a ser la cuarta fuerza política tras Comú, ERC y PSC.
Lo que me resulta más curioso es el estado de letargo en el que se encuentran los militantes y dirigentes de la ex convergencia. Desde fuera da la sensación que asisten paralizados a la deriva de autodestrucción al que les lleva Artur Mas. Lo que en cualquier partido Europeo e incluso español habría supuesto una dimisión o una seria crisis de liderazgo, aquí parece no existir atisbo de crítica o acción alguna. Este es otro de los aspectos que acercan a Convergencia más a la dinámica hispana de partidos que a la europea, donde un líder que lleva cosechando pérdidas en elecciones sucesivas le habrían hecho dimitir. 
Así pues, después de arruinar la coalición CiU, la propia Convergencia, después del no de la CUP de esta semana parece también enterrado el llamado Prucés. Artur Mas nunca fue el padre del independentismo en Cataluña, pero podría ser el enterrador del que ha sido en siglos el intento más serio de secesión. 
Y mientras el líder catalán se estaba preocupando de salvar su propia carrera política por encima de todo lo demás, la gestión de la Generalitat ha tocado fondo. Rescatada por el fondo de liquidez autonómico, perdiendo empresas a cada año que pasa, con una deuda descomunal y prorrogando más de una vez los presupuestos, estamos ante lo que la Comisión Europea ha calificado como la región peor gobernada de Europa
Este es el legado de un político que se resiste a desaparecer de la escena pública y hace bien, porque una vez que los focos dejen de apuntarle puede que la trama de corrupción instalada en su partido por su mentor le alcance finalmente. 
Personalmente creo que Artur Mas librará alguna batalla más antes de desaparecer políticamente, pero por el camino aún dejará alguna víctima más de su maldición, la maldición de Artur Mas

domingo, 3 de enero de 2016

Bienvenidos al parlamentarismo


Si en algo tiene razón Pablo Iglesias es que las elecciones del 20D suponen un cambio de sistema, pero no el cambio que él desearía y defendía antes de caerse del caballo camino de Damasco. Sino un cambio hacia la literalidad de la letra de la constitución. España sobre el papel era un país parlamentario, pero actuaba como un sistema presidencial de turno como si se tratase de EEUU donde demócratas y republicanos pugnan por el poder mientras que los terceros candidatos eran un chiste.
Aquí en España, aunque alguno de los terceros candidatos (y los primeros y segundos) son un chiste, se ha propiciado la vuelta a un sistema parlamentario típicamente europeo. El problema es que estamos desentrenados. Como decía Iñaki Gabilondo, pactar suena a claudicar, ceder a rendición y compromiso a derrota. Pero vamos por partes. 
La sorpresa del día de las elecciones fue que, extrañamente, no todos se llevaron la Victoria, sino que todos perdieron en mayor o menor medida, bienvenidos al reparto de las miserias parlamentarias. 
El partido popular ganó las elecciones. Es una afirmación sin matices. Con más de 7 millones de votos y 123 escaños (122 si tenemos en cuenta el escaño por Segovia que irá al grupo mixto) ha sido el partido más votado con dos millones de votos de diferencia sobre el segundo. Lo extraño es que ese resultado no es suficiente para garantizar que gobierne. En España es insólito llegar al gobierno con menos de diez millones de votos, otro indicativo del inicio de la era de las minorías absolutas. 
Después de una legislatura con grandes derrotas para el PP y pocas victorias pírricas, soy de la opinión que han salvado bastante bien los muebles, dadas las circunstancias.
El candidato era malo, lastrado por una corrupción endémica del partido que se retrotrae a su fundación y con una implicación personal en el escándalo de su tesorero no auguraba un gran éxito.
Económicamente el PM tampoco puede tirar cohetes. Aunque termina la legislatura con el paro ligeramente más bajo que en 2011, tiene dos millones menos de trabajadores en activo, lo que supone un grave problema para el sistema de pensiones, la falsa austeridad que ha aplicado ha tenido el nocivo efecto secundario de elevar la deuda pública más de un 30% con respecto al 2011, rondando el billón de euros y el 100% del PIB. Es un alivio que el PM defienda su labor económica. Con un rescate que no llaman rescate y con un PM escondido tras sus ministros, sobre todo la Vicepresidenta y De Guindos, creo que seguir por encima de los cien escaños es un milagro, más si tenemos en cuenta el auge de un partido que le disputa parte de su espacio electoral. 
El PSOE por su parte, ha obtenido los peores resultados electorales de la Tercera Restauración, con 90 escaños y 5'5 millones de votos se dejan 20 escaños y dos millones de votos respecto a 2011, un castigo demasiado severo teniendo en cuenta que no estaba en el gobierno y que su candidato era tan malo como el del partido en el gobierno. La diferencia estriba en que los demás partidos pugnaron por el espacio electoral del PSOE más que por el del PP. De ahí que su secretario General se encuentre aliviado a pesar de los malos resultados. 
Podría haber sido peor, podría haber sido relegado a la tercera posición y por poco no ha sucedido. Pero la debacle tiene nombre y apellidos, relegado a posiciones minoritarias en Madrid, Cataluña o País Vasco, la dependencia de Andalucía, Extremadura y, en menor medida, La Mancha atan más al Secretario General.
Al final el bipartidismo ha tocado fondo, pero está lejos de desaparecer. Con 213 escaños y con algo menos de catorce millones de votos aún supone la mitad del electorado. Evidentemente ha quedado muy tocado, pero está lejos de desaparecer. Si con candidatos mediocres y partidos metidos en escándalos de corrupción el bipartidismo todavía aúna uno de cada dos votos, es que ha tocado fondo. 
La explicación es obvia y la han dado todos los diarios a lo ancho de la prensa española: la pirámide de población española hace que el electorado se incline por los partidos que ya conocen según su ideología. El reparto provincial de escaños hace que los partidos con mayor implantación se los lleven. Así pues, los partidos emergentes tienen que pelear en las circunscripciones más grandes, pero también tienen que enfrentarse a una competencia feroz. 
El tercer partido en liza es Podemos que entra con fuerza en el parlamento. Para su líder es un éxito, pero un éxito no exento de grandes peros. 
Para empezar no sabemos la cuenta exacta de resultados de podemos. A priori nos encontramos con un éxito de algo menos de cinco millones de votos y 69 escaños. Algo impresionante para un partido de reciente creación, con antecedentes dudosos y con un programa que ha ido mutando por momentos para adaptarlo a sus necesidades alejándolo de sus posiciones iniciales. Pero si acercamos la lupa a los resultados nos entran dudas de si esos casi cinco millones de votos y 69 escaños son enteramente suyos.
El que les escribe es de la opinión que no. No todos los escaños son suyos y hoy el partido y su líder tienen grandes hipotecas a sus espaldas.
Lo cierto es que la jugada de Pablo Iglesias fue muy inteligente. Tras los mediocres resultados en las regionales de junio, vio que sus pocos éxitos residían en los municipios donde no se habían presentado. Así que el Líder hizo de la debilidad virtud y renovó los pactos con fuerzas periféricas que tan buenos resultados le dieron. Y fue sin duda una estrategia ganadora, puesto que de esos 69 diputados, 27 se los debe a formaciones periféricas que han tenido el mismo tirón que las municipales donde Podemos ha tenido poco o nada que ver. Tanto es así que durante las negociaciones para esa "confluencia" dichas fuerzas han exigido al Líder tener su propio grupo parlamentario. Sin duda a Pablo le gustó la idea de poder controlar no uno, sino cuatro grupos parlamentarios, pero dado el éxito de estas formaciones, ¿realmente controla esos grupos parlamentarios? ¿Se puede decir que Podemos tiene 69 escaños?
El que suscribe es de la opinión que los escaños que solo deben lealtad al Líder son 42 con 3'5 millones de votos. Los otros 27 escaños, llegado el caso, tienen otros Señores, otras lealtades.
Y esto se está viendo estos días donde, en medio del caos interno del PSOE, Pablo Iglesias ha sugerido priorizar la agenda social frente a todo lo demás, obteniendo la seria advertencia de Ada Colau que impedirá la investidura de cualquier dirigente del PSOE, máxime sino admite un referéndum para la secesión de Cataluña. Con estos mimbres es lógico que uno se pregunte quién manda realmente en Podemos.
Y esto nos lleva a la que considero única vencedora de las elecciones: Ada Colau.
La regidora de la ciudad condal ha aportado a la coalición Podemos un millón de votos y doce escaños, con esa aportación si bien no es la jefa de Podemos, puede condicionar de tal forma la política de la formación morada que tampoco podemos afirmar que exista un liderazgo consolidado e independiente del líder de Vallecas.
Por su parte Albert Rivera ha obtenido unos resultados decepcionantes en contraste con las expecativas que le daban los sondeos.
Aunque cuarenta diputados y mas de tres millones de votos son un logro magnífico para una formación que solo tenía experiencia autonómica, está lejos de ser el hacedor de PM que parecía destinado a ser. Durante la noche electoral sacó pecho y reclamó haber tenido más votos que Podemos sin sus alianzas periféricas. Efectivamente, sus cuarenta escaños son solo suyos, pero dado que podríamos estar ante una legislatura fallida de poco podrían valerle, una vez que la suma con el PP no llega para una investidura.
Y es que la final, ciudadanos resultó ser una burbuja demoscópica que estalló víctima del voto útil que, en no pocos sitios, terminó en manos del PP. 
Quien se ha llevado una de las peores partes de la jornada electoral fue IU que ha pasado de once escaños a solo dos. Es una lástima porque la formación izquierdista lleva décadas defendiendo lo que ahora ha vendido tan bien Podemos. Alberto Garzón fue víctima de sus propias ilusiones, pensaba que el líder de podemos contemplaba la confluencia como un pacto entre iguales, pero terminó aceptando lo que era un secreto a voces: solo hay un líder posible de la izquierda y la confluencia escondía una mera sumisión de IU a los objetivos de podemos. De ahí que, después de intentarlo todo, Alberto Garzón y el viejo PCE prefirieron apostar y perder que desaparecer en la amalgama de la formación morada. 
El caso es que no deja de ser decepcionante que en plena descomposición del bipartidismo tu formación baje nueve escaños, pero ya se sabe que toda la culpa es de la ley electoral. 
Con estos mimbres las diversas formaciones tienen la responsabilidad de sacar adelante una legislatura que se anuncia difícil. Pero será complicado que los partidos políticos abandonen unas trincheras donde llevan más de treinta años instalados.
Como decía el exPM Felipe González, "estamos ante un parlamento a la italiana pero sin italianos que lo gestione". Veremos si los partidos logran cambiar su vocabulario y pacto deja de ser sinónimo de claudicación. Veremos si la altura de miras de los partidos de hoy hacen gala de la tan cacareada y alabada capacidad de pacto de la Transición. Veremos.