domingo, 17 de enero de 2016

Investidura

 
La sesión que ha configurado las cortes generales de esta XI legislatura nos ha adelantado las dos variables sobre la que pilotará su vida política, sea ésta larga o corta. 
La primera de ellas es el pacto, no siempre fácil y siempre bajo la sombra de la tracción a las propias filas. Veamos qué matices encontramos en los distintos pactos.
Al Partido Popular, con 7'2 millones de votos y 123 escaños le corresponde la iniciativa de buscar apoyos parlamentarios suficientes para un gobierno. Es casi seguro que será el candidato de SM El Rey para esta labor. Pero el PP lo tiene complicado. Durante cuatro años ha acaparado el poder institucional del Estado en todos los niveles, local, regional y central. Y solo en contadas ocasiones ha llegado a acuerdos. Esta forma casi despótica de ejercer la mayoría absoluta no solo le ha pasado  factura en las urnas, sino que le está dificultando llegar a un acuerdo de gobernabilidad en esta legislatura. Resulta terriblemente complicado explicar a cualquier electorado progresista que después de una legislatura tan unilateral se permita formar gobierno al mismo PM inmovilista que ayer se oponía a todo pacto. 
Por tanto el partido popular, de momento, solo cuenta con el apoyo de ciudadanos (Cs) lo que suma 163 diputados, eso exigiría el apoyo de algunos minoritarios y periféricos, cosa con la que no puede contar, o con la abstención del Partido Socialista.
No obstante, al PP no le apremia formar gobierno, porque la idea de unas elecciones anticipadas no pasaría factura a los conservadores. Muy al contrario, la experiencia y los sondeos (siempre tomados con cautela) el voto se polariza hacia las principales opciones ideológicas, lo que supone un cierto auge del PP a costa de Ciudadanos principalmente. Suele ser habitual ante un escenario de repetición electoral que aumente la abstención a causa de la frustración. Escenario que beneficia a los conservadores, por ello aunque el Partido Popular trabaje en pro de formar gobierno, es una labor para lo que el tiempo juega a su favor. Más si tenemos en cuenta que el candidato a PM es especialista en dejar pasar el tiempo y que éste solucione sus problemas. 
Para Ciudadanos la situación está libre de incógnitas. Piensa apoyar un gobierno conservador como opción más votada a cambio de influir en una futurible agenda de reformas. Ni locos entrarían a formar parte del gobierno porque ésto le pasaría una factura enorme. La casi desaparición de los Lib-Dem de la escena política británica es un aviso a Ciudadanos demasiado contundente para dejarlo pasar. 
Pero aunque los resultados de Ciudadanos los hayan dejado bastante lejos de hacedor de gobiernos que las encuestas le daban, esta semana se ha abierto un escenario interesante: el de mediador entre conservadores y socialdemócratas. Es verdad que no todo es mérito suyo, ya que con 40 escaños su capacidad de movimiento es escasa, pero en la conformación de la Mesa del Congreso hemos visto como la inacción de Podemos ha ayudado a Ciudadanos a fraguar un pacto que ha dado a la presidencia a los socialistas, la mayoría a los conservadores y donde podemos se ha autoexcluido. 
Parece pues, que la torpeza de Podemos ha otorgado a Ciudadanos el papel de mediador entre los dos grandes partidos. Si ha funcionado para configurar la Mesa del Congreso, ¿Por qué no para investir al próximo PM? Veremos, aunque se trata de una opción muy civilizada, nórdica y un poco alejada de la Carrera de San Jerónimo hoy en día. 
Por su parte el Partido Socialista, que no ha sufrido un total descalabro y tiene unos nada despreciable 90 escaños, le ha tocado bailar con la más fea, puesto que por mucho que se empeñe su Secretario General, no está en condiciones de ser investido PM, pero de él depende, bien la investidura de otro (por acción o por omisión), bien la repetición de elecciones. 
Un primer supuesto que se le abre al Secretario General, y digo al Secretario General, porque parece que es una opción mayoritariamente rechazada por barones y ejecutiva, es la de formar gobierno en solitario. 
No cabe duda que a la mayoría del establishment socialdemócrata le encantaría llegar a la Moncloa, pero a esta mayoría no se le escapa que los números son insuficientes y las peripecias para formar un gobierno extraordinariamente débil les obliga a unas concesiones intolerables. 
Para empezar Ciudadanos ha anunciado su voto negativo a un gobierno del PSOE y Podemos, con lo que esta opción ya cuenta con 163 votos negativos. No solo eso, los demás grupos van a vender muy caro su apoyo. 
Podemos quería que se retorciese el reglamento del Congreso para que sus coaliciones periféricas conformasen cada uno su propio grupo y no ha sido así por amplio acuerdo de la Mesa. Nada menos que un acuerdo que representa a 253 diputados y quince millones de electores han dejado fuera a "esa mayoría social, el pueblo" del que se hace eco Podemos. 
Así que esta jugada ha alejado a Sánchez de la Moncloa. Puede que Pablo Iglesias tenga razón y que, retórica incendiaria al margen, sea la primera piedra de un acuerdo para investir PM. Veremos. 
Pero las acciones del Secretario General no se han quedado ahí. Durante la constitución del nuevo Senado, éste ha cedido para que ERC y DL pudieran formar grupo propio en la cámara Alta. Algo incomprensible porque se trata de los grupos secesionistas que están lanzando un órdago al Estado al más alto nivel. Por tanto, ¿A qué demonios responde esta jugada? Parece un movimiento destinado a obtener el apoyo a una posible investidura. Apoyo que empujaría a Podemos a elegir entre apoyar a Sánchez o propiciar un gobierno conservador. 
Pero las incertidumbres de Sánchez no terminan ahí. Éste cuenta con que Podemos se conforme como un grupo propio cuando no lo son. Aunque pudiera contar con el apoyo de los 42 duputados de Podemos, las mareas y comú han dicho que su línea roja son sendos referendos de autodeterminación, algo inaceptable para el PSOE. 
¿Por qué se empeña entonces Pedro Sánchez en formar gobierno a cualquier precio? Pues porque su futuro como líder socialista depende de llegar a la Moncloa. Tras los malos resultados del PSOE y estos movimientos contra barones y ejecutiva, la única posibilidad de mantener el liderazgo del partido es mediante su investidura como PM.
¿Quiere decir esto que el PSOE puede romperse? Soy de la opinión de que de ninguna manera. Sánchez no es tan importante como para aglutinar a facción alguna. Lo más probable es que el PSOE busque un recambio a Sánchez en la secretaría general en el congreso que tienen en Febrero y que éste quiere retrasar en contra de la opinión del resto del partido. 
La otra opción es que el PSOE se abstenga en el último momento favoreciendo la investidura de un PM conservador. La jugada puede salirle bien si la legislatura dura lo máximo posible y si pacta un calendario de reformas que el PSOE pueda apadrinar como suyas y le dé réditos políticos, aislando y quemando a Podemos, arrinconándolo como un partido protesta. Esta es la opción preferida de Bruselas, la socialdemocracia europea y grupos de presión cercanos a la socialdemocracia española como el grupo Prisa y su portavoz, El País, así como de quien les escribe. 
¿Y si se repiten las elecciones? Entonces el congreso de febrero estará sumamente interesante para saber si el partido mantiene a un mal candidato o se expone a buscar uno nuevo. Veremos. 
La situación de Podemos es, a priori, un poco más sencilla que la del PSOE. Lejos de ser la gran formación de izquierdas que esperaban ser, Podemos se ha convertido en voz de los más variopintos colectivos que tienen en común el rechazo a la actual forma de hacer política. 
La realidad de estos últimos días ha mostrado lo que Pablo Iglesias se empeñaba en negar desde el día de las elecciones: Podemos ha obtenido 3'5 millones de votos y 42 escaños. Que no están nada mal para una formación novel, pero que están a dos millones de votos del principal partido de centro-izquierda. 
La amenaza de las alianzas periféricas de abandonar a Podemos al ser palpable la imposibilidad de la formación morada de conseguirles sus propios grupos parlamentarios ha abierto la veda. 
La conformación de la mesa del Congreso ha dejado en evidencia varias cuestiones. 
La primera es que se han auto excluido del primer gran acuerdo de la legislatura corriendo el riesgo de volverse irrelevantes. De ahí los números que sus diputados montaron el día de Configuración de las Cortes para atraer una atención que habían perdido ante el acuerdo del que se excluyeron.
La segunda es que el liderazgo de Pablo Iglesias no es tan férreo como para arrastrar a los 68 diputados restantes de su formación. Efectivamente, como comenté en una entrada anterior, 27 de ellos tienen lealtades distintas. 
Es más, SM El Rey ha venido a echar más leña a la división de Podemos al anunciar que se va a reunir por separado con cada una de las entidades que forman su heterogéneo grupo, acentuando la identidad de cada uno de ellos. 
Alianzas que se basaban en una exigencia común: un grupo parlamentario propio. Algo que el líder morado no dudó en prometer sabiendo, o no, que no estaba en su mano cumplir tal promesa. 
Por ello, junto con el PP, Podemos era el partido más beneficiado si se repetían las elecciones. El hecho de que éstas propiciasen una polarización del voto les beneficiaba y así lo constata los sondeos de la Sexta y Metroscopia. Pero quien les escribe es de la opinión de que ambos parten de la premisa sin confirmar de que Podemos repetiría alianza con sus actuales socios periféricos. Algo que esta semana no está tan claro a la luz de la amenaza de abandono de la formación morada. 
Aunque tienen hasta el martes para negociar, dudo que cambie su situación ya que, a pesar de que el PSOE diera luz verde a sus grupos o se abstuviese, los tres votos del PP y los dos de Cs hacen que la mayoría de la mesa del Congreso lo rechace. 
Así que a Podemos unas nuevas elecciones le abren el escenario del tan esperado Sorpasso al PSOE siempre que logre atar a sus socios. Pero se enfrenta a cuatro grandes desafíos para ello. 
El primero es la financiación. Tres elecciones en 2015 han dejado las finanzas de Podemos temblando y con poca capacidad para atender las necesidades de unas nuevas elecciones generales. Más aún si tenemos en cuenta que los estatutos de la marca prohiben pedir préstamos bancarios para su financiación. 
El segundo desafío son las primarias. El Líder tendría la obligación de someterse a unas nuevas primarias antes de las elecciones. Con todos los problemas internos que tienen no sería descabellado que volviesen a surgir ante unas nuevas primarias. 
El tercero es el ya comentado de si son capaces de aglutinar a sus socios una vez que ha quedado claro que no depende de Iglesias si éstos tienen o no grupo parlamentario propio. 
Finalmente, la cuarta, es si un partido novel como Podemos puede mantener la participación que tan buenos resultados les ha dado. El electorado de Podemos es tradicionalmente absentista y esta por ver si unos nuevos comicios mantienen la participación. La experiencia nos ha indicado que ésta suele declinar de repetirse, algo que iría en contra de Podemos. 
Así pues parece estar la situación que se le abre a los cuatro principales partidos. Veremos si sus intereses partidistas coinciden y se evitan nuevos comicios o, como se empeñan en aparentar, cada uno se encuentra en su trinchera a la espera de lo inevitable. 
La segunda nota que caracterizará la legislatura se basa en los símbolos. Ya hemos visto como en los principales consistorios "del cambio" muchos partidos han sustituido la falta de programa o de apoyos por meros gestos. El miércoles fuimos testigos de cómo los gestos se hicieron los protagonistas de la sesión de formación de las nuevas Cortés Generales. Bebé en un congreso que cuenta desde hace décadas con guardería, formas peregrinas de jurar los cargos, atuendos ingeniosos camuflan el hecho de que el partido que abanderaba el cambio no lo ha conseguido en la dirección que deseaba. Hubo cambio, y de qué forma, pero el primer asalto de la vida política ha noqueado a quien cacareaba que podían y al final, tras muchos aspavientos, no pudieron formar una mesa del Parlamento ajustada a sus necesidades. 

1 comentario:

José Anido dijo...

Señor Alonso, felicito por su magnífico artículo. Una vez más ofrece una visión clara en estos tiempos de confusión. Algunos periodistas y politólogos profesionales deberían tomar ejemplo de sus análisis.

Si me permite hacer una indicación, desde la confianza de ser uno de sus asiduos lectores, el cónclave socialista no se celebrará hasta principios de abril como muy pronto: el Comité federal que lo va a convocar se ha retrasado al 30 de enero y hacen falta 60 días para organizarlo. Una lástima que los barones no hayan forzado la mano de quien sólo los lleva al desastre.
http://politica.elpais.com/politica/2016/01/07/actualidad/1452195984_827948.html
http://politica.elpais.com/politica/2016/01/11/actualidad/1452497741_728768.html

Un afectuoso saludo de parte de quien espera sus destilados de sentido común.