martes, 5 de enero de 2016

Editorial: Jaque a Artur Mas



Si Cataluña no es España, desde luego se le parece bastante. Antaño encarnación de las mejores virtudes, hoy Cataluña parece el escaparate de los peores vicios patrios. Corrupción endémica, atomización política y estancamiento parlamentario entre otros. 
Este domingo, el partido asambleario anticapitalista CUP ha acabado con la legislatura antes de que empiece al darle el no definitivo a la investidura de Artur Mas. 
Ahora parece que la parálisis institucional es todo responsabilidad de las CUP que con poco más de trescientos mil votos tenían en jaque a todo el parlamento autonómico. Pero nada más lejos de la verdad. La situación de parálisis de Cataluña tiene largo recorrido y un solo responsable con nombres y apellidos: Artur Mas i Gavarró. 
No seré yo quien defienda a las CUP, pero lo cierto es que son de los pocos partidos que han actuado con coherencia y responsabilidad para con su electorado y militancia. Han defendido en campaña y después por activa y por pasiva que no facilitarían la investidura de Artur Mas. Cuando se les puso entre la espada y la pared y volcaron sobre ellos toda la responsabilidad apelaron a su militancia en una votación kafkiana que quedó extrañamente en empate. Al final la directiva del partido tomó la decisión de ser coherentes con dicha promesa dando el NO definitivo a Artur. 
Ante esto, todo el establishment independentista se volcó en reproches a la CUP, sin tener en cuenta que un no a Mas, no era un no un JuntsPelSi. Es más, ayer mismo la formación anticapitalista alentó la investidura del líder de ERC, cosa que éste rechazó hoy mismo
Para evitar que la región se encaminase a los cuartos comicios autonómicos en cinco años, se había sugerido dar libertad devoto a los diputados de las CUP, o incluso se leía por las redes sociales que solo un Tamayazo podría salvar a Mas. Pero no parece que eso vaya a suceder, al menos a día de hoy, puesto que el President ha manifestado su intención de convocar el lunes nuevas elecciones
Así pues, parece que estamos ante el enésimo episodio del fin de un líder que se niega a morir políticamente, pero que en su empeño se ha llevado a todos y casi todo por delante. 
La primera víctima de su huída hacia adelante fue su propio partido. Cada vez que el President ha convocado elecciones anticipadas su partido ha perdido una docena de escaños. Primero fue cuando encomendó a CiU a la veleidad independentista para salvar su pellejo. Quedó merced de ERC en una legislatura corta.
Cuando pisó el acelerador del llamado prucés convocando una pseudo consulta, propició la ruptura con el que había sido su socio durante treinta y siete años: Unió.
Con trabajo firmó una alianza con ERC para que derecha burguesa e izquierda independentista se presentasen juntos en unas elecciones autonómicas calificadas de plebiscitarias en la candidatura unitaria JuntsPelSi. En éstas elecciones el bloque representado por convergencia perdió otros doce escaños quedando más aún a merced de su nuevo socio, ERC. 
Las autonómicas del 27S dieron un resultado agridulce para el President, puesto que a pesar de resultar de lejos la fuerza más votada, no se logró la ansiada mayoría absoluta quedando el futuro en manos de la CUP como ya hemos comentado. 
Las Generales del 20D tampoco arrojaron un buen resultado para la nueva convergencia: Democracia y Libertad, que pasó a ser la cuarta fuerza política tras Comú, ERC y PSC.
Lo que me resulta más curioso es el estado de letargo en el que se encuentran los militantes y dirigentes de la ex convergencia. Desde fuera da la sensación que asisten paralizados a la deriva de autodestrucción al que les lleva Artur Mas. Lo que en cualquier partido Europeo e incluso español habría supuesto una dimisión o una seria crisis de liderazgo, aquí parece no existir atisbo de crítica o acción alguna. Este es otro de los aspectos que acercan a Convergencia más a la dinámica hispana de partidos que a la europea, donde un líder que lleva cosechando pérdidas en elecciones sucesivas le habrían hecho dimitir. 
Así pues, después de arruinar la coalición CiU, la propia Convergencia, después del no de la CUP de esta semana parece también enterrado el llamado Prucés. Artur Mas nunca fue el padre del independentismo en Cataluña, pero podría ser el enterrador del que ha sido en siglos el intento más serio de secesión. 
Y mientras el líder catalán se estaba preocupando de salvar su propia carrera política por encima de todo lo demás, la gestión de la Generalitat ha tocado fondo. Rescatada por el fondo de liquidez autonómico, perdiendo empresas a cada año que pasa, con una deuda descomunal y prorrogando más de una vez los presupuestos, estamos ante lo que la Comisión Europea ha calificado como la región peor gobernada de Europa
Este es el legado de un político que se resiste a desaparecer de la escena pública y hace bien, porque una vez que los focos dejen de apuntarle puede que la trama de corrupción instalada en su partido por su mentor le alcance finalmente. 
Personalmente creo que Artur Mas librará alguna batalla más antes de desaparecer políticamente, pero por el camino aún dejará alguna víctima más de su maldición, la maldición de Artur Mas

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