martes, 8 de marzo de 2016

Editorial: Investidura, segunda parte


SM el Rey, después de una segunda ronda de consultas otorgó a Pedro Sánchez por mediación del Presidente de las Cortes, el privilegio de ser Su candidato a PM. Oferta que Sánchez no declinó.
SM el Rey, Felipe VI, se estrena en estas lides con un papel nada fácil. Su padre siempre había encargado formar gobierno a candidatos que estaban avalados por un fuerte respaldo parlamentario. Pero los resultados del 20D dibujan un escenario endemoniado que otorga al nudo jefe del Estado un papel menos protocolario que el de su padre. 
Así que la legislatura que había comenzado plagada de momentos inéditos, no se desvió del nivel de situaciones bizarras cuando el PM en funciones y ganador de las elecciones declinó hasta en dos ocasiones la tarea de conformar un ejecutivo. Increíblemente Mariano Rajoy no se echaba a un lado como algunos pensamos en un primer momento, sino que se mantiene expectante a la espera de que sus adversarios políticos se desgasten. Y es que tal vez no se entienda la jugada maestra del PM sin atender a la espectacular rueda de prensa del líder del tercer partido, Pablo Iglesias, lanzando una audaz oferta de gobierno en coalición a los socialistas.
Tras la audiencia con el Rey y mientras el líder socialista todavía estaba reunido con el monarca, Pablo Iglesias, rodeado de sus adláteres, propuso a Pedro Sánchez un gobierno de coalición donde la formación morada se reservaba la mitad de los ministerios, todos ellos estratégicos. 
Una oferta de dudosa legitimidad dado el elevado calado de las exigencias. La poca viabilidad de la oferta de Iglesias fue juzgada de este modo por los estrategas del PP que vieron la oportunidad de desgaste en el seno de la izquierda, pero para eso necesitaban tiempo, así que Mariano Rajoy declinó ser candidato a PM, esperando que las estocadas entre Sánchez e Iglesias le encumbraran por descarte. 
Pero entonces estalló el enésimo escándalo de corrupción en Valencia. En el peor momento posible. No es que sea ninguna noverdad que la corrupción azota al PP de valencia, la importancia de este escándalo es que deja al PM un paso más lejos de la reelección. Además, Mariano Rajoy tuvo, como lider del partido Popular, una oportunidad de oro que echó por tierra. Si hubieta cesado a Rita Barberá al instante podría haber reconducido la crisis a su favor. Pero no solo no hizo eso, sino que optó por la peor decisión posible: introducir a Barberá en la Diputación Permanente del Senado.
La segunda consecuencia de este escándalo, además de matar una ya descartada Gran Coalición, fue echar a Ciudadanos en brazos del PSOE. Albert Rivera aspira a arañar el electorado de centro-derecha desencantado con los escándalos de corrupción y la falta de liderazgo de los conservadores. Con un perfil más moderado, liberal y juvenil, el líder de Ciudadanos tiene todo que ganar y muy poco que perder de pactar con un PSOE cada vez más moderado. 
Por si fuera poco el líder de Podemos se lo puso muy fácil a Rivera. La estrategia de pacto a quemarropa que Podemos ha propuesto al PSOE no ha hecho más que molestar a los socialdemócratas. Cada salida de tono de Iglesias en ruedas de prensa echaba más al PSOE en brazos de ciudadanos. No sólo fueron las formas tabernarias y dignas de activista de facultad y megáfono, sino que el absurdo documento que la formación morada trasladó a Ferraz eran cien páginas de puro despropósito. 
El documento no sólo redundaba en la petición de los ministerios estratégicos del Estado, todos ellos lejos del trabajo social y de carácter de orden público, sino que sus propuestas atentan gravemente contra la división de poderes y sitúan a la economía española al borde del default. 
La supeditación de los jueces y fiscales anticorrupción bajo la batuta de la súper vicepresidencia de iglesias supone un recorte en la ya débil separación de poderes española. No sólo eso. Dejar rtve, el CNI, la comisión delegada de asuntos económicos, el CIS y el SEPI bajo su mando supone vaciar de contenido el cargo de PM. 
Económicamente el documento no tiene desperdicio. Pide un aumento del gasto público de 96.000 millones de euros que pretende financiar con las cuentas del gran capitán y una subida de impuestos que doblaría la actual presión fiscal en todos los sectores. Todo ello mientas da por hecho que el BCE seguirá financiándonos sin fin y que la Comisión Europea nos dejará seis años para ajustar nuestro abultado déficit publico. En fin, el documento es una quimera que nos saldría a mil millones por página de llevarse a cabo. Todo lo cual nos hace preguntarnos si estamos realmente ante un documento legítimo o bien es un adoquín más que pretende llevarnos a nuevas elecciones que es lo que parece pretender Pablo Iglesias en busca de ese sorpasso o Sorpasokización que no llega.
Siendo todavía ingenuo podría pensar que el documento y las exigencias de Iglesias son legítimas y que pretenden un "reparto proporcional de ministerios", incluso ignorando que reserva para IU con dos diputados el poderoso Ministerio de Economía y Hacienca, aún así pudiera pesnar que realmente Pablo Iglesias desea un cambio de gobierno. Pero esa ingenuidad se disipó con el debate de investidura. No por el sentido de la votación de Podemos que es entendible y muy legítima. Sino por el tono y el fondo de las intervenciones de Iglesias.
Una vez descartado el apoyo parlamentario al pacto PSOE-Cs, podemos podía optar por el no o por la abstención. Muy legítimamente Podemos y sus confluencias votaron no respondiendo a calculos electorales. Pablo Iglesias sabe bien que las cifras para un gobierno de progreso no dan, a menos que considere partidos de izquierdas (como así ha dicho en el debate) a partidos conservadores y católicos como el PNV y Convergencia. Pasando este nuevo gazapo político de Iglesias por alto, los modos de la negociación hicieron imposible que fraguase un pacto con el PSOE, y el tono del debate parlamentario iban encaminados a romper los pocos puentes que pudieran quedar para una futura negociación.
Pablo Iglesias sabe, y así lo ha declarado en muchas ocasiones, que el futuro de Podemos y de él mismo como líder político, como referente de la izquierda, pasa por la destrucción o irrelevancia del PSOE, una pasokización a la griega que parece no termina de llegar.
El tono bronco del debate empleado por Iglesias resume su frustración por el sorpasso que no llega y, a la vez, dinamita las opciones de un pacto posterior por mucho que durante la segunda sesión, en un medio de una autentica bufonada de intervención, tendiese la mano a Sánchez.
El problema para Iglesias es que parte de la opinión pública afín al PSOE que aún simpatizaba con la idea de pactar con Podemos se está desencantando. La falta de argumentos de Iglesias le llevó a resucitar asuntos políticos de los años ochenta cuando tenía lugar la guerra sucia contra ETA, tildando a todo el Partido Socialista como Partido manchado de cal viva. Es dudoso que empleando estos calificativos su voluntad sincera sea buscar el pacto. Más bien intenta hacer naufragar toda opción de pacto mientras vuelca la responsabilidad al PSOE, pero su alma de tertuliano ha echado por tierra esta opción.
La salida de tono de Iglesias fue tan visceral que lejos de romper el pacto que Sánchez tenía con Rivera, éstos anunciaron que las posteriores negociaciones las harán de forma conjunta.
Y es que lejos de comparar a Podemos con el PP, Rajoy ayudó a que la alianza PSOE-Cs se hiciera más fuerte.
Ambos partidos votaron no en la sesión de investidura, pero resulta difícil tomar ambos argumentos por igual. No es posible aceptar que el pacto es a la vez la negación de las políticas de Rajoy como dijo el líder conservador y que son una continuidad como declaró el líder morado.
¿Tenía Podemos otra opción? Personalmente creo que si, y que la opción más inteligente para Iglesias hubiera sido la abstención por varios motivos.
El primero es que habría sido el gran responsable de desalojar a Rajoy de la Moncloa que es lo que siempre vendió a su electorado.
En segundo lugar se habría ungido como el líder de la oposición de izquierdas, papel con el que ahora no goza. Habría conseguido el ansiado papel de guardián de la esencia de la izquierda frente a un PSOE tentado a ir más al centro atraído por Ciudadanos.
Tercero, tendría en su mano la continuidad del gobierno habida cuenta la oposición frontal del PP a cualquier medida que supusiera un retroceso en sus políticas.
Por todo esto, creo que la opción más inteligente para Podemos, incluso egoístamente hablando, hubiera sido la abstención.
Pero lo curioso del tema es que estos argumentos también le sirven al PP. De haberse abstenido se habrían convertido en líderes de la oposición y en sostén del gobierno para las medidas propuestas por ciudadanos, al tiempo que tendrían tiempo para recomponer su liderazgo y hacer limpieza mientras son otros los que se desgastan en un complicado gobierno de coalición muy en minoría.
Lo que pasa es que ni el grupo parlamentario popular ni el confederal de Podemos votó según sus propios intereses de partido, sino que lo hizo atendiendo a los intereses particulares de sus respectivos líderes. A muy pocos analistas se le escapa que cuando Rajoy negó dos veces asumir el papel de ganador de las elecciones e intentar formar gobierno estaba cavando su propia tumba política al dejar escapar el protagonismo político. En un primer momento parecía la jugada más inteligente puesto que todos los grupos parlamentarios se iban a tomar la revancha de una legislatura dominada por el rodillo parlamentario para escenificar una especie de moción de censura contra el PM. 
Pero la situación se tornó en su contra cuando el protagonismo se centró en el PSOE y en su candidato, Pedro Sánchez. Quien era casi un cadáver político, cuestionado por la ejecutiva y desesperado porque la Presidencia del Gobierno le salvase, ha salido bastante bien del paso de la investidura, pese a su fracaso. El ir de la mano de Ciudadanos le ha conferido al candidato socialdemócrata un halo de centrismo y pactismo que sitúa a PP y Podemos en los extremos del espectro político. En mi opinión ha sido una buena jugada. 
Así pues el debate parlamentario, aunque destinado al fracaso ha puesto las cartas boca arriba de cara al electorado. Ha mostrado los posibles pactos y la capacidad de entendimiento de unos y de otros. Por eso mismo, no creo que sea un ejercicio inútil. Aunque la votación ha impedido un cambio en el ejecutivo, sabemos que el PP y Podemos no se van a mover de sus posiciones. El PP parece anclado en que Mariano Rajoy sigue siendo su candidato mientras se oye ruido de sables en bambalinas, habrá que ver si el PP sacrifica el liderazgo de Rajoy por mantener la Moncloa. Pero sea como fuere, en mi opinión Mariano Rajoy sale debilitado de este proceso de investidura. 
En segundo lugar, Podemos parece que sigue a pies juntillas los intereses de su líder, Pablo Iglesias, cuya prioridad no es desalojar al PP del gobierno sino el tan ansiado asalto a los cielos, o súper vicepresidente o nada. Ya sabemos a qué atenernos. 
Así pues, posturas tan enfrentadas han propiciado la alianza por el centro entre el PSOE y Ciudadanos que como bloque (así es como tras la investidura ambos se autodenominan) nadie consigue aunar más apoyos. Veremos si el bloque es tan rígido como hoy parece. Por el momento el moribundo liderazgo de Rajoy y la soberbia desmedida de Iglesias han fraguado el mejor cemento para una relación duradera.