viernes, 22 de julio de 2016

Editorial: el PSOE no se puede arrinconar


Después de la breve XI legislatura parece que los partidos han arrinconado la hipótesis de una nueva repetición de elecciones. Una repetición electoral estaba en las quinielas de todos los partidos en enero, principalmente del PP y Podemos que esperaban sacar réditos de la polarización en nuevos comicios. Al final solo uno de ellos disfrutó del éxito de tal hipótesis. Pero en este caso en la mente de todos está alejar el fantasma de la repetición electoral. Sería un desastre político nacional e internacional. Pero ello no impide que este desastre sea una baza negociadora. En este caso aparecer como el responsable de unos terceros comicios podrían suponer la muerte de un partido político. 
Con todo, parece que los partidos han desempolvado sus maquinarias y hasta Podemos ha dejado la cantinela de negociaciones en Streaming para, de forma más secreta de lo que había defendido a principios de año, lanzarse a negociar. 
Esta semana ha tenido lugar la configuración de las Cortes y, con ella, de sus órganos rectores. De los cuales el de mayor trascendencia, por tratarse de la tercera magistratura del Estado, es la Presidencia del Congreso de los Diputados. Aunque hasta ahora se trataba de un cargo simbólico, el final del bipartidismo como lo conocíamos ha devuelto al Parlamento el protagonismo, por eso el partido que controle sus tiempos se anota un importante tanto. 
No solo eso, a nadie se le escapa el hecho de que las negociaciones sobre la presidencia de la cámara van íntimamente ligadas a la investidura de un PM, así que los partidos jugaron sus cartas en este sentido. 
El PP maniobró muy bien, aparentemente. Se quiso reservar el control de la cámara y lo ha conseguido. Ha colocado a un cercano colaborador de Rajoy en la presidencia y se ha asegurado el apoyo de Ciudadanos para ello. Así, el centro-derecha se asegura cinco de los nieve miembros de la mesa, incluyendo dos puestos para Ciudadanos.
Ciudadanos ha salido muy bien parado de esta negociación. Personalmente creo que el que más. Sin tener derecho a un solo puesto en la mesa debido a su merma electoral, Cs se hace nada menos que con la vicepresidencia primera y una secretaría. El PP cedió semejante botín ante la esperanza de que Cs tornase su abstención a Rajoy por un SI y trasladase al PSOE la presión de la investidura. No pocos barones socialistas habían hecho público que sería muy difícil decirle NO a Rajoy si éste se presentaba ante la cámara con 170 votos afirmativos. 
El PSOE, por el contrario negoció, según mi opinión, francamente mal. Sánchez parece haber copiado la estrategia que tan bien le salió a Rajoy durante la pasada legislatura. Desde la noche electoral ha desaparecido para que los focos se centrasen en el PP, cuya victoria le otorga la iniciativa de formar gobierno. Personalmente hasta aquí no me parecía mala estrategia, puesto que tanto Podemos como el PP seguían volcando todo tipo de responsabilidades hacia el PSOE. El PP la abstención y Podemos la iniciativa para formar un gobierno alternativo. 
El cálculo del PSOE, con el que coincido, es que el PP forme gobierno y, a ser posible, con otros apoyos que le permitan salvar la cara con un voto en contra. Así el PSOE se asegura la legitimidad de liderar la oposición (legalmente ya lo es al ser el segundo partido) y relega a Podemos a mero tercer partido. Muchos pensamos que la normalidad parlamentaria, lejos de asegurar a Podemos como alternativa según defiende su líder, lo va a desgastar enormemente. La retahíla de fracasos parlamentarios que ha cosechado durante su breve estancia en el parlamento indican un amateurismo que afianza esta hipótesis. 
Pero a mi entender, el PSOE encaró muy mal las negociaciones para la formación de la mesa del congreso. Partió de premisas falsas y por ello el resultado de las negociaciones terminó en fracaso.
La primera de las falsas premisas fue creer que Podemos era un partido fiable, nada más lejos. Podemos es un partido que solo puede crecer a costa del PSOE. Los dos partidos no pueden ocupar el mismo espacio político a la vez, así que el futuro de uno pasa irremediablemente por el fracaso del otro. Pablo Iglesias sabe esto muy bien. Por eso cuando el PSOE estaba negociando con Errejón la configuración de la mesa del Congreso, Iglesias se preparaba para pactar con los nacionalistas su propio candidato: Xabier Doménech, colocando así al PSOE ante la tesitura de votarles a ellos o aceptar el candidato del PP. Hay que decir que el PSOE pecó de novato pensando que en Podemos Errejón sigue siendo un interlocutor válido. Después de la purga de Enero y de ver cómo Iglesias no tuvo escrúpulos en puentear a su número dos, los socialdemócratas han constatado lo difícil que resultan los contactos con la formación morada. 
Por su parte, Podemos pecó de novato pensando que los nacionalistas iban a dejar de lado su ideología para echarse en brazos de la nueva política. De ahí la sorpresa del profesional politólogo Pablo Iglesias al ver que la derecha Catalana y Vasca pactaba (a cambio de grupo parlamentario propio) con la derecha Española. 
Lo que es menos comprensible, desde mi punto de vista, es la poca pericia del PSOE. Los socialdemócratas sabían que, a pesar de contar con una supuesta buena voluntad de Podemos, los números no daban para sacar adelante a Patxi López y menos sin ayuda de los grupos nacionalistas. Así que, no comprendo que el PSOE haya optado por una automarginación dejando espacio a Iglesias para hacer su propia política. 
El PSOE pecó de ingenuo pensando en que era posible un pacto con Cs y Podemos a la vez para reelegir a López. Cualquier observador ya tendría bastante claro que, tras fracasar la investidura de Sánchez, ambos partidos eran por completo incompatibles. Intentar repetir semejante movimiento es de necios. 
El propio Iglesias se dio cuenta de que los números no daban cuando, en un intento de última hora,  buscó el apoyo recíproco del PSOE para apoyar al candidato que pasase a segunda vuelta. El PSOE respondió airadamente que su candidato era Patxi López pasase lo que pasase. Semejante respuesta evidencia el malestar entre los socialdemócratas por la jugarreta de Iglesias. 
El hecho de que el PSOE haya desechado intentar formar un gobierno alternativo es otra de las consecuencias de esta falta de confianza hacia Podemos. ¿Qué clase de alianza se puede forjar con un partido donde, a la mínima, su líder actúa por su propia cuenta ignorando a su propio negociador y a su supuesto socio?
Así pues, configurada la mesa del congreso se ve el gran triunfo de Ciudadanos y lo precario del pacto del Partido Popular. El acercamiento a grupos nacionalistas parece estar espantando a Ciudadanos que ha amenazado a Rajoy pasar de la abstención a la negativa en su inestidura si sigue en manos de los nacionalistas. Con lo que la pelota vuelve otra vez al tejado del PSOE. Por eso creo que lo más hábil por parte de los conservadores hubiera sido dejar la presidencia para los socialdemócratas y una vicepresidencia a Cs de manera que atase a ambos lados del espectro ideológico. Si al final como parece todo reside en una abstención del PSOE, la presidencia del Congreso hubiera sido un caramelo que podría hacerla algo más digerible. Ahora con dos mediocres puestos en la mesa y apeado de la presidencia parece que el voto negativo de los socialistas se ha afianzado, alejando la posibilidad de una abstención. 
De esta situación es también responsable el propio PSOE que ha optado por negociar con quien sabía no daban los números y desechar una opción similar a la de la legislatura pasada. 
El Partido Socialista no solo es el líder de una futurible oposición, sino que debe actuar como tal y no debe dejarle ese espacio político a Podemos. Iglesias es muy hábil y sabe que se encuentra en una posición marginal del Congreso, fuerte pero apartada de las negociaciones. Si el PSOE quiere que el trabajo parlamentario termine de achicharrar a quien es su enemigo político (declarado) debe dejarle el menor margen posible. 
La ingenuidad de los socialdemócratas al negociar con Podemos dejó en evidencia su derrota. Aunque también evidenció que la división dentro de la formación morada está lejos de solventarse, puesto que según parece, Iglesias llevó a cabo negociaciones paralelas sin el conocimiento de su número dos. 

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